Crónicas 2017

En esta sección se publicarán las Crónicas que escribirán los participantes y el Equipo de ERS durante la Primera y Segunda Fase. 

1. Crónicas del equipo de organización.

29 de Julio de 2017

Ayer llegamos al cuartel de Ceuta al estilo “Rumbo al Sur”: sin nada que se asemejase al horario previsto, dejándonos llevar por  la aventura, que hace que nos adaptemos, ya que, al igual que ocurre en la vida, tanto las circunstancias como el tiempo actúan a su libre albedrío, siendo la mejor opción dejarse mecer por las olas del destino, sea cual sea la costa donde acabes varado. Ayer esta aleatoriedad nos llevó a llegar al cuartel donde montamos campamento un par de horas más tarde de lo estipulado, nada nuevo bajo el Sol para aquellos que ya hemos vivido este viaje en cada poro de nuestra piel, en cada uno de nuestros cinco sentidos y que acuñamos los recuerdos de las cosas improvisadas como algo más valioso que cualquier tesoro de los que Elcano y Magallanes guardaban otrora bajo sus bodegas, deseosos de demostrar a los Reyes españoles que aventura no había sido en vano, que el mundo aún guardaba tesoros escondidos, sólo al alcance de aquellos locos dispuestos a soñar.

Al grito de los rasposos “buenos días” que ya se han convertido en el mecanismo que activa el Sistema Nervioso Simpático de los expedicionarios, despertamos ante un tímido amanecer, escondido tras la bruma y procedemos a iniciar el día bailando al monótono son de las zapatillas chocando al trote con la tierra de Ceuta, en un cuartel donde los legionarios cantaban a su amada La Muerte, al tiempo que corrían a abrazarla y besarla.

Tras un bocadillo de nocilla que sabe a manjar divino, tenemos el “privilegio” de poder visualizar el lugar donde tantas almas, con su correspondiente equipaje cargado de sueños y falsas promesas de un lugar donde no existe la miseria, donde tan sólo con desear algo es suficiente para tenerlo, yacen sepultadas bajo toneladas de agua, pasto de los peces y los telediarios que rellenan unos minutos de su tiempo con los sueños rotos de miles de personas que cometieron el error de pensar que, por qué no, quizá ellos también merecían las oportunidades de las que disponían sus hermanos, sus iguales, diferenciados por apenas 14,5 km que se antojan eternos, casi irreales al observar las diferencias existentes entre dos puntos que son capaces de mirarse mutuamente a los ojos de costa a costa, pero que deciden apartar la mirada.

            Tras el siempre tedioso trámite de la frontera, Marruecos nos recibe con todos sus contrastes, siendo el paisaje el primero que choca a la vista, pintado con una paleta de colores que va desde el verde que se asoma a sus costas, a los tonos rojizos, tornándose desérticos a medida que abandonamos el olor a salitre. Sin embargo, falta algo, todos nuestros sentidos nos indican que ya estamos aquí, que África está dispuesta a acogernos, de nuevo a algunos de nosotros, pero hay algo en mi interior que no termina de encajar, una pieza del puzzle que, a pesar de parecer la adecuada, no permite terminando, dejando una sensación de vacío, de pensar que quizá soy yo el que ya no encaja aquí, que hace demasiados años que manché esta camiseta verde con la arena rojiza del África negra. Hasta que ocurre, como siempre en este viaje, lo inesperado que todos estábamos esperando, el imprevisto que hace de “Rumbo al Sur” algo único, imposible de explicar con las limitaciones de nuestro lenguaje, incapaz de definir con exactitud la sensación que produce escuchar a un hombre anónimo de un pueblo anónimo para nosotros, orador inesperado ante 100 almas ávidas de saber más de todo, hablar de racismo, definido por él mismo como “ la falta de comunicación entre los jóvenes”, de falsas promesas del sueño europeo con las que los chavales vestidos con camisetas de equipos de fútbol de alto nivel se embarcan, si no hoy mañana, en una barcaza tan llena de sueños que lo más probable es que acabe en el fondo del Estrecho. El lenguaje limita también la definición del olor a “Kaftka” inundando el aire de un pueblo iluminado con luces que parecen sacadas de un cuento de “Las 1001 noches”, la sensación de ver a unos jinetes ataviados con los mismos ropajes que hace cientos de años tiñieron de sangre sus antepasados, suya y de otros tantos, los nuestros entre ellos. Porque algo se remueve dentro de mi cuando alzo la mirada a las estrellas, la tierra deshaciéndose bajo mis pies y el canto de varios hombres fundiéndose con la noche e indicándome que ahora sí, he vuelto a África, vuelvo a sentir el remolino dentro de mí que me inquita y me hace querer descubrir más al mismo tiempo, deseoso de ver las sorpresas que nos depara el viejo continente. Es hora de comenzar a cumplir sueños. Hola de nuevo vieja amiga.

Omar Arabi Fernández
Equipo Medico, Enfermero
Ex expedicionario ERS Mali 2008  

África

África.
Niños que se acercan
para saludar con una sonrisa,
y niños que se acercan, desesperados,
para meterse debajo del bus
y poder pasar la frontera.
Rostros felices y
rostros desesperados.
Pueblos que permanecen en estancados en el tiempo
y pueblos que caminan hacia adelante.
Gentes quietas
y gentes que corren para huir.
Grandes montañas arenosas
e infinitos valles de palmerales.
Sol abrasante
y viento huracanado.
Rostros quemados por el sol
y almas quemadas por la desesperación.
África es bella y dura a un tiempo,
alegre y triste,
llena de sonrisas y lágrimas,
estepas y desiertos,
roca y arena.
Soledad diurna
y multitud nocturna.
Levantas la cabeza para contemplar
el cielo estrellado,
y lo agachas para que
el sol no te abrase.
Así es África.
Jesus Santiago
Pater de ERS.

Aún no lo saben.

Lugares donde las manecillas ni los números corren.
Espacios donde el tiempo no es el presente ni el futuro forma parte de tu incertidumbre.
Son paisajes y asfaltos cambiantes, donde las calzadas, caminos, senderos, pasillos y galerías parece que se conforman en el sentido de tus pasos. La vida en estos viajes no es cómo seguir el sendero marcado o el camino de Baldosas Amarillas de Dorothy, todo lo contrario; es tararear el “caminante no hay camino” de Serrat.
Son muchos los viajes que he hecho a lo largo de mi corta pero intensa vida. Uno de ellos hace 13 años me marco la vida indiscutiblemente con el gran Miguel de la Quadra-Salcedo del cual no despego de mi piel por todas aquellas enseñanzas que cuando tan solo era un niño me dio. Hoy, aquí me encuentro, con su sobrino, y con casi 100 jóvenes, que cómo yo en su día, experimentan una sensación única aunque muchos de ellos quizás aún no lo saben. 

Aún no lo saben porque yo he vivido su piel.

Aún no lo saben porque son miles los estímulos de todos los tipos que les entran. 

Aún no lo saben porque apenas han dormido durante estos 15 días. 

Aún no lo saben porque no son conscientes de que tienen amigos en toda la península. 

Es extraña la sensación de pensar como con 15 días de viaje te encuentras en una edad dónde los primeros días echas de menos tu celular y eres incapaz de hablar de corrido con tu compañero de bus y los últimos de esos días no extrañas nada, sólo unas croquetas de casa y te preguntas cuando volverás a ver las estrellas desde la arena de una duna con 82 compañeros y gran parte del equipo de apoyo. 

Yo, casi acercándome a la treintena aún disfruto con estos chutes de adrenalina que te da la vida.

El viaje, que sin el no me siento realizado, muy alejado de la reserva de hotel y la tumbona en la playa. 

El calzarte una bota para andar y a la mínima oportunidad descalzarte siempre que puedas. 

El ansia de ver agua correr y meter la cabeza, los pies o girar la cabeza si caen apenas unas gotas que puedan mojar tu rostro. 

Mañana llego a Madrid, otra vez y cómo siempre, con ese síndrome postvacacional que me persigue desde que era un crío y pasaba los veranos en campamentos de verano, mañana, me toca sentarme 8 horas en una oficina con aire acondicionado, sin poder tocar la tierra, respirar aire limpio o descalzarme de las sandalias mientras edito videos.
Cómo siempre comienza de nuevo la cuenta atrás, con las aventuras que da la vida y la preocupación del futuro venidero. Contando las semanas hasta que algún día opte por la vida nómada y encuentra la manera de SUPERvivir viajando.
Mañana estoy en un lugar donde las manecillas y los números corren.
Un espacio donde el tiempo es el presente y el futuro forma parte de tu incertidumbre. 

Ibra Youssef
Equipo Audiovisual.

SEMILLAS

No cualquier adolescente decide irse de vacaciones sin su teléfono inteligente.
No cualquier adolescente realiza un microemprendimiento para pagarse sus vacaciones.
Y es que una expedición de España Rumbo al Sur no es para cualquiera: dos semanas durmiendo al raso, ejercicio matutino, convivencia, formación, observación, superación y aventura, sobre todo eso: Aventura.

Algo diferente ha de trazar el impulso de un joven para cambiar su destino de confort veraniego por viajar a África. Quizás un miedo que afrontar, un golpe de viento, un cambio de estación o un amanecer de dudas el que les empuja a cargar sus mochilas.
Ese algo marcará un antes y un después. Un querer creer en sus impulsos.
El día uno estrenan botas y a los pocos días las arenas del desierto llenan sus pasos. Tierra, piedra, adobe, paja, agua dulce y salada componen el equipaje de expedicionarias y expedicionarios que cambian el verano mediterráneo por los cincuenta grados a la sombra de una palmera saharaui.
La frontera de Europa, el descenso del Guadalquivir, el genocidio verde de Doñana, el indómito clima del Atlas bereber, el hundirse en el ascenso a la Gran Duna de Erg Chevi, el tradicional zoco de Merzouga; son esas cosas que inundan los litros de las mochilas, son esas cosas que rebasan las redondas pupilas.
Esas cosas son ese algo. Ese impulso que pone rumbo de retorno hacia lo humano, lo primitivo de este ser que desconoce de líneas rectas, de límites de acero que nos separan y nos hacen creer que somos distintos. Pero no, no más nómadas que un árbol somos. Un árbol que expande al viento sus semillas para desenraizarse sin temor y mezclarse con ese algo por descubrir.

Guillermo Jiménez Carazo
Equipo audiovisual.

 

España Rumbo al Sur emprende hoy el camino de vuelta, rumbo al norte. Siguiente escala, Rabat, donde estaremos con el embajador de España.

Hoy les toca todo el trabajo a Joaquín y Fili, excelentes conductores y mejores personas que sin duda forman parte importante de ERS.
Al iniciar el camino de vuelta, tengo una sensación rara, como de domingo por la tarde, parece que esto se termina.
El que escribe, comenzaba el viaje en Madrid sin saber lo que le esperaba, sin prácticamente conocer a sus compañeros de viaje. Todo era incertidumbre e ilusión por la aventura. Podría escribir mil páginas y me quedaría corto, por lo que solo voy a decir “gracias”. Me quedo con la sensación de que cada día a conseguido la difícil tarea de superar al anterior. Gracias, a los más de 80 chicos maravillosos, que además de poner a prueba mi paciencia, no han perdido la oportunidad de demostrar que son excelentes. Gracias a todos los que componéis la organización. La entrega y el esfuerzo de cada uno, consigue que ERS funcione como un reloj, un reloj que se retrasa constantemente, por la sorpresas que vamos encontrando por el camino y que no se dejan escapar.
Antes de venir, no alcanzaba a comprender que ERS es mucho más que una expedición, es una gran familia. Una gran familia de la que estoy de la que estoy encantado de haber comenzado a formar parte. Espero y deseo que, con el esfuerzo, siga siendo así mucho tiempo.
Una vez más, gracias y mil gracias a cada uno de vosotros. Sin duda habéis sido lo mejor del viaje y lo mejor de todo “lo que me llevo” de ERS.

Borja Chavarri Vargas.

Monitor ERS.

Mosaico en movimiento.

En total armonía con el entorno con una actitud camaleónica, mis botas del color del polvo avanzan a paso acelerado. ¡Ojalá pudieran ellas apreciar la inmensidad del mundo sobre el que dejan huella! ¡Ojalá conocieran la obra de arte de la que forman parte! Un mosaico de dimensiones infinitas en el que diminutas teselas de colores tierra y verdes intensos se abrazan entre ellas en un baile de movimiento lento. Una pieza artística única que España Rumbo al Sur trata de conocer en profundidad, cada año un poco más, a cada paso una tesela; trazando un mapa de rutas hacia lo salvaje, donde las necesidades primitivas y la curiosidad guían nuestros días.

Mi tercer viaje, mi segundo destino, quinientos compañeros de ruta, tres perspectivas. Pero cada vez que camino con España Rumbo al Sur, siento que mis pasos van en la dirección correcta. Un viaje no cambia una vida – ni si quiera tres viajes- pues sigo viviendo en el mismo lugar, estudiando la misma carrera y tomando café cada domingo con los mismos amigos. Sin embargo, debo reconocer que recorrer este mosaico con España Rumbo al Sur hace que, inexplicablemente, cambie la forma en la que enfrentamos las situaciones cotidianas y que la base sobre la cual se basan nuestros planes de futuro varíe considerablemente de dirección.

Conmoverse con una sonrisa a medias, el brillo en unos ojos tristes, pequeños placeres que antes no existían.  Sentir libres los dedos de los pies al quitarse las botas, un plato de lentejas en una noche fría, que de tus pestañas lluevan granitos de arena al parpadear, echar una carrera al sol cada amanecer sabiendo que nunca más volverás a ganarle, y contar las estrellas, o las piedras del camino, o las gotas de agua de una cantimplora vacía, y sentir, vivir y disfrutar de cada una de ellas y de todas las demás que podamos imaginar.

Y ahora, un mosaico en miniatura cuelga en mi pared. Y cada noche sueño cómo mis botas del color del polvo recorren cada una de sus teselas. Sueño con no tener que soñar, tan sólo recordar.

María Guevara Perea.

Monitora ERS.

Día 12. Crónica oficial. De hechiceros y grilletes

De hechiceros y grilletes

Los expedicionarios abrieron los ojos como platos cuando el hechicero desplegó una piel de serpiente de casi dos metros ante ellas. “¿Y esto qué es?”, preguntó un miembro de la expedición sobre un hueso extraño, de animal, posado sobre la alfombra. “Es un hueso de avestruz…”. ¿De avestruz? “Sí, es un remedio para el reumatismo; hay que rayarlo y tomarlo hervido”, respondió el hechicero. La pintoresca escena ocurrió en el alargado zoco de Merzouga, donde hoy los expedicionarios tuvieron la sensación de que podían encontrar de todo y a un precio nunca visto (en España).

Fue un momento de contacto con las gentes locales y de comprar algún regalo a la familia. Los adolescentes se desperdigaron por la calle principal, olieron las numerosas especies de los puestos (comino, cúrcuma, jengibre…), apiladas como si fueran una duna, miraron pendientes y collares hechos a mano, probaron zumos de mango, naranja, o pistacho cuyo puro sabor difícilmente podríamos probar en España y sobre todo aprendieron el hábil arte del regateo.

“Estas niñas saben mucho; ya me dan el precio de las cosas”, protestaba un vendedor de platería ante la férrea oferta de dos expedicionarias. Más allá, otros aventureros se sorprendían al oler una suerte de jabón que en verdad producía de forma natural el mismo efecto que el Vicks Vaporups, como se afanaba en pregonar el vendedor. En otro puesto, sorprendía la cantidad distinta de dátiles que podía haber, mientras calle arriba un puesto de algo parecido a crepes con nocilla se estaba hinchando los bolsillos a vendérselos a los chavales a un precio irrisorio: 5 dirhams (50 céntimos).

Ajeno al bullicio y al timo, porque no decirlo, que se produce ciudades turísticas como Fez o Marrakech, en el zoco de Merzouga, donde la mayoría era gente local menos nosotros,  se cobraban los precios que se cobran a los marroquíes, lo que lo convierte en más real, en más auténtico. Mientras recorrían el mercado, empezó a resonar por los altavoces de una mezquita el “Ala Ahkbar” (Alá es grande), lo que sorprendió a algunos de los expedicionarios, ya que todas las noches dormimos fuera de loas ciudades donde sí es habitual escuchar las cinco llamadas a la oración . “¿Y qué es eso?”, llegó a preguntar alguna.

Sin duda el producto que más triunfó fue una especie de churro con forma de rosca, bastante grande, y que sólo costaba un dírham.  Háganse a la idea. Algún chaval se puso tibio, como era de esperar. “Es que sólo vale diez céntimos”, exclamaba uno de los chicos, que como el resto no ha visto un dulce en todo el viaje.

Ya atrás quedaba otro despertar en las dunas, donde el escaso sueño no evitó que los expedicionarios afrontaran la dura subida a la Gran Duna, desde la que se tenía una sobrecogedora imagen de todas las olas de arena del desierto hasta que alcanzaba la vista. Luego, muchos bajaron haciendo la croqueta o saltando, como si aquello fuera el Parque de Atracciones.

El día acabó con una experiencia realmente africana, una visita a la fiesta de un poblado Gnagua, Elkhamlia, de una etnia marroquí cuyos descendientes provenían de los antiguos esclavos que vinieron de Tombuctú. De raza negra, vestidos con túnicas y turbante blanco, sus cánticos acompañados de los tambores y una suerte de castañuelas (‘ticarchasi’) metálicas, inspiradas en los grilletes que tenían los esclavos y con lo que se cree que hacían percusión en los momentos más duros de su cautiverio, embriagaron a la expedición.

Esta música, que podía tocarse durante días, puede, según esta etnia, provocar a quien la toca y la escucha entrar en trance al acompasarse el latido del corazón con el golpeo de los tambores. Pasada la una de la mañana, el grupo emprendió otra vez camino al desierto para vivir su última noche aquí. Incluso la luna se iluminó casi llena para guiar sus pasos.

Serafin de Pigafetta   

4.crónicas expedicionarios

UN CAMBIO DE RUMBO

Quién nos iba a decir que el cansancio acumulado durante los cuatro primeros días en el sur de España iba a convertirse en una experiencia única al cruzar los catorce kilómetros que nos separan del continente africano.

En estos quince días hemos conseguido desprendernos de nuestra rutina y salir de nuestra zona de confort, para así entrar en un tercer mundo desconocido para la mayoría. Nuestros miedos han quedado atrás gracias al apoyo de todo el equipo de España Rumbo Al Sur, que han conseguido que creamos en nosotros mismos y nos han hecho ver que no tenemos límites.

Gracias a esta oportunidad que nos han brindado, hemos llegado a tener  unos valores que veíamos  lejos  al principio de la expedición. Sin embargo, nos ha sido difícil alcanzar esos valores, ya que el día a día acaba siendo agotador. Todas esas largas e irrepetibles marchas que empezaron en Doñana, se dirigieron rumbo a África, hacia zonas como el Atlas y el Sahara, son la causa de nuestro cansancio. Otra de nuestras preocupaciones es el factor sorpresa que nos mantiene en ascuas durante todo el día, sin saber por ejemplo las horas de sueño o nuestro próximo destino.

Acercándose ya el final de esta inolvidable expedición,  nos damos cuenta de la suerte que hemos tenido de haber podido disfrutar de este viaje. Una oportunidad que no todos viven y los que sí, son personas que nos llevamos para siempre.

 

Lucía Sierra, Alejandra de Dalmases, Lucía Varela, Marta Tellería, Carolina Marín.

 

Día 11 de la expedición. “Primer día en el desierto del Sahara”.

Seis y cuarto de la mañana, es hora de levantarse. Abro los ojos y me doy cuenta de que me encuentro en un lugar y tiempo único. Estoy dentro del saco, en el desierto del Sahara, viendo amanecer. Como todos los días nos ponemos a hacer deporte, una serie de ejercicios para preparar el cuerpo un día más. Toca recoger y hacer el macuto para volver al pueblo donde pasaremos todo el día.

Al llegar tenemos tiempo para desayunar y justo después nos dividimos en grupo para comenzar los talleres.

La primera actividad que le toca a mi grupo es piscina, ¡Qué ganas teníamos todos de sumergirnos en agua¡ Lo pasamos como niños pequeños, nos costó salir del agua para ir al siguiente taller. Este segundo taller trataba la arquiterapia. En este taller nos emparejamos con personas con las que conocemos menos. Nos miramos a los ojos unos instantes. En ese tiempo deberíamos imaginarnos cómo era esa persona y cuando el tiempo acabase, dibujarlo.

El Padre Jesus nos dio un taller sobre literatura y técnicas de escritura para ayudarnos a realizar nuestras crónicas y escritos con estilo literario y con alma.

El último taller lo dio Roberto Becares el periodista que trabaja en el periódico “El Mundo”.  En él, pudimos preguntar todas las dudas que teníamos sobre el periodismo tras haber escuchado una explicación previa sobre su experiencia en determinados medios.

Al caer el sol, empezamos una marcha que duraría varias horas con destino a un oasis. En ésta ruta nos acompañan locales que nos guiarían con camellos. A mí me tocó montar en camello en el último turno y puedo decir que ha sido, hasta ahora, una de las mejores experiencias de mi vida.

Desde arriba contemplas el rastro que vamos dejando mientras caminamos en silencio para experimentar  verdaderamente cómo es formar parte de una caravana en el desierto.

Llega la hora de dormir. Me meto en el saco. Miro al cielo estrellado y me invade una sensación de libertad y serenidad. Cierro los ojos y el día acaba.

Irene Prieto

CRÓNICA DIA 11

Con el buenos días de Pablo nos despertamos para rápidamente empezar con algunos ejercicios para el core. Las vistas son impresionantes. El sol sale por el este e ilumina todo el desierto del Sahara con sus dunas interminables. A las 9 de la mañana el sol pica tanto como las 15h en España. El calor hace insoportable realizar ninguna actividad y nos dejan salas del hotel. Primero empezamos con un rato de piscina acabando con una buena ducha. ¡Qué gusto! No podía sentirme más limpia. Seguimos con el taller de las Rocíos sobre arteterapia psicográfica. Es el momento para pensar cómo me siento; agradecida por estar estos momentos aquí, entusiasmada por las pequeñas aventuras que nos quedan por vivir en los pocos días que faltan y con ganas de volver para contar lo ocurrido. El siguiente ejercicio es en parejas y voy con Isa. Mirando a sus ojos tengo que suponer lo que es  la otra persona y plasmarlo a través de un dibujo. Isa, me describe genial y me ha encantado su descripción. El último taller ha tocado con Carlos y el padre sobre arqueología.

En el tiempo libre, como ya nos ves, en la cafetería tomando una coca cola, un lujazo. Por la tarde nos ponemos rumbo al desierto y en un abrir y cerrar de ojos, estoy a dos metros del suelo montada en un dromedario bajo la luna, saboreando una nueva experiencia nunca vivida, intentando no pensar en cuanto tiempo estaría encima del animal y disfrutando del momento.

Con cansancio llegamos a nuestro destino, y tras una charla y una película, el sueño se apodera de mí.

Clara OrtÍ 

 

Día 11. Crónica oficial. EL SILENCIO INMENSO DEL DESIERTO

EL SILENCIO INMENSO DEL DESIERTO

Decíamos ayer que los chavales afrontaban su primera noche en el desierto de Erg Cherbi, a apenas 35 kilómetros de la frontera con Argelia, custodiados por miles de estrellas, y con la sensación, muchos días después, de que volvían a dormir sobre una superficie que bien podría ser un colchón. Por lo menos, a estas alturas del viaje.

“Ha sido una pasada, si es que hasta podías hacer una almohada con la arena”, comentaba uno de los expedicionarios tras una noche mágica, en la que el amanecer brindó de un abanico inmenso de naranjas a la fina arena que tenemos bajo los pies, y que, en el horizonte, se extendía como olas en el mar.

Fue una noche sin frío, ni calor, con una amable brisa que precedió a un amanecer (6.30 horas) en el que el capitán de esta expedición al desierto, Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo, descalzo sobre la arena, dio una charla sobre las duras condiciones del desierto,  y contó los adolescentes historias que les trasladaron a esas rutas caravaneras, en camello, que se realizaban en los siglos XIII, XIV o XV desde Tombuctú, la capital oficiosa de África, fundada por los tuaregs en 1.100, al Chad, a Tripoli o a la ciudad perdida Sybil Massa, otro de los núcleos urbanos de referencia.

Desde allí, durante semanas atravesando dunas en caravanas en fila india, afrontando temperaturas de más de 40 grados, los comerciantes trasladaban oro, sal o esclavos hacia los pueblos de la costa, de los que a cambio obtenían telas,  oro, especias y materias primas. Viajes extremos que los chavales pudieron comprobar por sí mismos en la marcha vespertina hacia del desierto. No duró tanto, obviamente, una ínfima parte, pero sí lo suficiente para comprobar in situ la extrema dureza del terreno desértico.

Pero antes los jóvenes tuvieron más charlas de formación, sobre narrativa, debate, cooperación o periodismo, y pudieron solazarse, aunque solo fuera media hora, en una piscina de Merzouga, el pueblo al lado de las dunas. “Jope, tengo frío en medio del desierto”, le confesaba con sorpresa una expedicionaria a otra cuando llevaba un rato largo a remojo.

Cuando el sol ya se iba poniendo, España Rumbo al Sur emprendió de nuevo el viaje, pero esta vez hacia el corazón de este desierto, la que llaman Gran Duna, una suerte de montaña de arena inmensa rodeada de pequeños oasis. Fue una marcha dura, porque dependiendo de lo apelmazada que estaba la arena, el pie se te hundía. “Llevo arena por todos los lados”, era el comentario más repetido entre los aventureros sobre un momento en el que, en un juego de palabras, en vez de tener arena en la bota, los chavales tenían una bota en la arena.

Los expedicionarios hicieron una breve parte del trayecto en camello, algo que se agradecía pero que obligaba a los jóvenes a mantenerse alerta y sujetarse bien para soportar el vaivén de este animal mágico, que, como explicó Pablo Martos, el jefe del campamento, tiene tres extremidades en la pata, es decir, dos rodillas, lo que le permite amortiguar el paso sobre la arena y le convierte un animal único en el mundo.

Ya con la única luz de la luna, como si fuera un flexo enorme, se produjo un momento especial, de esos que la expedición entera recordará toda la vida, cuando Martos pidió a todos “absoluto silencio” mientras desafiaban las dunas, como hacían en esas rutas desde Tombuctú, “escuchando solo el sonido de nuestros pies, reflexionando sobre la vida, viviendo de verdad el momento”. Fue la orden de Martos más espiritual, sin duda, y la que se ejecutó más rápido. Viéndolo desde la distancia, se perfilan en negros sombríos los perfiles de los camellos, de las mochilas, de los jeeps. En algunos momentos, a lo lejos, se intuía la radio colgada del hombro del guía de la expedición, que iba buscando el mejor recorrido, el menos duro.

Una duna abierta, con forma de luna, pegada a esa gran montaña de arena que les contamos al principio, sirvió de escenario perfecto para acabar la noche, cenar un bocadillo y fruta. Todavía hubo tiempo para recibir una pasionate  charla sobre derecho penal internacional impartida por el doctor en derecho internacional y profesor de Icade Alfredo Liñán y ver la película ‘Marchar o Morir’, protagonizada por Gene Hackman y un clásico imprescindible que verse la legión extranjera francesa en Marruecos. Y se preguntarán ustedes, ¿cómo se puede ver una película en el desierto  improvisando un panel sobre un jeep?

Pues es virtud de la multidisciplinar Mar de la Quadra-Salcedo, hermana de Telmo, tan aventurera como él, historiadora avezada que aprovecha cada instante para divulgar conocimientos, ya sea a los niños, al equipo, o si hace falta a los autobuseros, y que además es la responsable del equipo de medios. Es de alguna forma la líder invisible que con su hermano y Martos conforman el tridente perfecto para liderar esta apasionante aventura que se va a acercando inexorable a su fin, con la sensación de que ha sido todo tan intenso, tan sorprendente, que no parece que llevemos recorriendo África diez días, sino diez meses.

SERAFIN de PIGAFETTA

Dia 10. Cronica oficial. De cañones y kashbas

De cañones y kashbas

Muchos chavales, adormecidos por el vaivén de las curvas, se despertaron y observaron con sorpresa los cañones rocosos espectaculares del Valle del Todra, uno de los desfiladeros más bonitos del mundo. El río Todra recorre limpio y cristalino el desfiladero, dejando apenas sitio para dos carriles de circulación. Algunos viajeros, pero sobre todo marroquíes pasan, la tarde frente al río, al que da una sombra que dadas las altas temperaturas –que rozan los 39 grados- se agradecen. Por la carretera los aventureros son testigos de varias comitivas de boda.

Tras salir  del desfiladero, llegando a Tinherir, comienzan unos palmerales eternos, de túpidos verdes, cuya belleza se magnifica al estar al lado de las kashbas, espacios altos y fortificados de adobe de origen bereber que servían a sus habitantes para protegerse de los ataques de tribus rivales, pero también eran muy últiles para refugiarse de las tormentas de arena.

El viaje continuó hasta llegar a Merzouga, la puerta al desierto. Los chavales han pasado la noche durmiendo en las dunas, que dan inicio al infinito arenal que llega al horizonte y que hasta la mañana no sorprenderá a los chicos, que los últimos días van de novedad apabullante a novedad aun más sorprendente, como despertarse esta mañana viendo el precioso lago Ismil, de un verde esmeralda que fascina, rodeado de montañas, y en cuya orilla los expedicionarios pasaron la noche.

Por la mañana recibieron el último curso de supervivencia avanzada, con Guillermo García, experto en técnicas del medio natural. Muchos de los chicos lo vivieron con absoluta pasión. “Me ha sorprendido mucho cómo han sacado fruto de todo el proceso obteniendo un rendimiento”, comentaba el también monitor de campamento.

Con Guillermo aprendieron a realizar estructuras de fortuna para crear un refugio o un simple tendedero que usar cuando uno está de acampada, uniendo maderas en ángulos diferentes con nudos de gran resistencia, pero también se entusiasmaron conociendo cómo obtener agua de consumo y poder clarificarla haciendo un agujero en el suelo de 40 centímetros y sólo con trozos de una botella de plástico, hierbas, arena y una tela, o creando y manteniendo fuego con elementos de fricción.

Incluso filtraron agua hirviéndola con elementos naturales y la usaron para cocer una patata, algo que los dejó asombrados.  “Pensaba que hacer hogueras era más fácil, pero es más difícil de lo que parece, ha estado muy guay”, decía Clara tras la clase. Su compañera Ángela se felicitaba de haber conseguido filtrar el agua, porque “requería de mucha paciencia”.

“Estoy muy contenta de poder haber hecho lo de los palos con los nudos, lo voy a poner en práctica”, añadía Belén sobre una actividad que muchos chicos querían continuar, ya que aquí todo lo que huele a aventura es visto como un desafío para los expedicionarios.

Tras la clase, un baño en el precioso lago, calmado y con el  agua mucho menos fría que en la presa de Tatouine. Un refresco antes del largo camino hacia un desierto que mañana veremos en todo su esplendor.

 

SERAFÍN DE PIGAFETTA

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