16. Crónica Oficial. EL FINAL, EL PRINCIPIO

EL FINAL, EL PRINCIPIO

Un abrazo de esos casi eternos, de los que se recuerdan toda la vida. Lágrimas surcando muchas mejillas sonrojadas. Fotos de recuerdo. Amigos y amigas para siempre. Móviles recuperados y encendidos. Una llamada. Más lágrimas. Una mirada perdida desde el Ferry al Estrecho de Gibraltar, esos 14 kilómetros que separan dos mundos tan distintos, reflexionando quizá sobre lo que dejamos atrás, lo que hemos visto. noches al raso. Piedras clavándose en la espalda. Los gritos de Martos para despertar cuando el sol sólo se intuye. Carreras por la playa, por los cuarteles. 

El bueno rollo de todos los equipos: cocina, material, médicos y enfermeros, audiovisual y monitores. Los bailes de Rocío hasta que se hizo el esguince. Y los de Creever, como se mueve ese chaval. La subida de bandera en Sevilla, todos firmes como un palo. Los largos en seco de Guillén. Las películas de Mar, a unas horas imposibles. La sonrisa eterna de Isabel, mujer de Telmo, que trabaja todo el año en la sombra para que todo salga bien, y que siempre tiene una palabra de ánimo para todos. El grito de “¿Alguien ha visto mi frontal?” cuando no se ve un pimiento.

Los ojos puros de los nómadas beréberes, su leche de cabra para todos cuando nosotros somos los que tenemos de todo y ellos no. El viento azotando a los aventureros con violencia en la ruta por el Atlas. El agua gélida de la presa. El calor en las lanchas de la Armada recorriendo el Guadalquivir. El vaivén de los camellos. Los 47 grados de Merzouga. El baño en la piscina, catártico. “¿Se puede repetir postre?”. El sabor de la fruta, maravilloso. Tormentas de arena. 

Telmo liderando los pasos por el desierto. Las vistas desde la Gran Duna. Cantimploras llenas. Cantimploras vacías. El agua tibia del lago de Isli. Dormir en una suerte de cráter. El colchoncito cómodo del desierto. Bajar dunas haciendo la croqueta. Fabricar tendederos con palos. Potabilizar agua. Los crepes de Nutella a cinco dirham. Los zumos de naranja que saben a naranja. El mal humor del principio de Fili, el autobuses, con su marcaje férreo a los chavales. 

El testimonio de las Hermanas de Tattiouine que te hace creer aun más en el ser humano. La llamada de ayuda desgarrada de los subsaharianos que han entrado en Ceuta a la carrera. Las estrellas por la noche, imposible contarlas todas. Estrellas fugaces. Recuerdos de la vida acomodada que se borran. La mirada enseñada para saber si ese suelo será cómodo para dormir. El pan con tomate del desayuno. Cantimploras que desaparecen y a los días vuelven a aparecer. Lavar la ropa en el río, frotando, como antiguamente. Chavales que vuelven cambiados. Querrán serán mimados y luego se harán los duros. “Lo hago yo mamá”. Se les pasará. A todos nos pasa, pero algo muy en su interior está brotando ya y les hará personas más maduras, más inquietas, más sensibles, y a juicio de este cronista que les ha acompañado en este viaje, más personas. España Rumbo al Sur.   

SERAFÍN DE PIGAFETTA