CRÓNICAS 2ª FASE. ABRIL 2017

Día 1  (8/4/17):

Primer día de reencuentro, de revivir sensaciones. Partimos desde Madrid, en un bus más pequeño, un grupo mas reducido, pero con las mismas ganas, ilusión e incertidumbre del primer día.

Aunque parezca mentira el grupo está lleno de desconocidos. Eso es algo que me alegra siempre, es genial conocer gente nueva. Nos acompañan dos nuevos monitores Nacho e Ibra a los cuales tengo muchas ganas de conocer.

Hemos cruzado en ferry y nos hemos instalado en el primer cuartel de la legión.  Un paraje curioso y alucinante en mitad de un bosque que por la oscuridad no hemos logrado ver bien.

Son las dos de la mañana y escribo durante una inesperada cama. Apenas vamos a dormir porque a las siete toca madrugar. Aunque parezca mentira (y probablemente mañana me arrepienta) quiero que sean ya las siete y nos despierten.

El mítico bocata de atún y pimientos ha revivido la nostalgia y esa sensación de desamparo, libertad, ilusión, las ganas de vivir, de desconectar y liberarse de todo.

Juan Muñoz Torío

 

Día 2 (9/4/17):

Tattiouine, nos ha recibido con los brazos bien abiertos, llegamos hace escasamente dos horas y nos han tratado como reyes.

Hemos pasado hacia el salón principal de la casa, una humilde choza, que alberga tanta vida a kilómetros y kilómetros del bullicio de la ciudad.

Sobre su mesa, el padre de la familia ha comenzado a desplegar un sin fin de manjares, tras un largo día de autobús, alimentándonos a base de un par de piezas de fruta. Tras haber cruzado la frontera y unas quince horas de autobús, bien se agradecía, los grandes platos llenos de verdura fresca y arroz; acto seguido nos han traído pollo con patatas, el mejor pollo que he tomado en mucho tiempo, este desprendía unos aromas que hacían derretir el paladar. No puedo describir la felicidad que siento, mi gratitud hacia estas personas que viven con tan poco queriendo compartir todo aquello que poseen. Para finalizar nos han ofrecido un  buen té, que olía genial una esencia difícil de olvidar.

La compañía es inigualable, estamos forjando una pequeña familia, llena de alegrías y risas que compartir.

Ahora simplemente, nos dedicamos a mirar a las estrellas soñando con un mañana pero viviendo el presente.

Escribo desde el tejado de una casa de adobe. Creo que ya va siendo horas de dormir, soy infinitamente feliz.

Blanca Kirkendall Pérez de Ayala.

Día 3: (10/4/17)

En el día de hoy, amanecemos en la acogedora aldea de Tattiouine. Entre todos los eventos destacables del día, los que más me han asombrado son sin duda la escalada y la visita al poblado bereber. Toda una experiencia de vida.

Resulta irónico ver a esta civilización en pleno siglo XXI, donde ni siquiera cuestionamos la facilidad con la que el agua emana del los grifos de nuestras casas. Esta gente viven del ganado y cada cierto tiempo parten hacia otros pastos mejores. Parece completamente impensable que tengamos en España la capacidad de adquirir, con facilidad, todo aquello que se nos antoje. Para nosotros, todo está al alcance de la mano y con los años vamos olvidando la magia de poder contar con cosas que otros matarían por tener.

Pararse a pensar por un segundo el hecho de que podríamos haber nacido en un poblado así, me hace ver un claridad la suerte y fortuna que tengo de tener la vida y la familia que tengo.

Jerónimo Delgado Notario

El día de ayer fue increíblemente intenso y completo; muy difícil de asimilar. Puede que por eso escriba al día siguiente para poner un poco de orden a mi cabeza y a ese cóctel de emociones vividas.

Como ya es costumbre y casi tradición en ERS, comenzamos el día temprano y haciendo deporte. Subimos a un monte desde el cual se veía el enclave en el que está situado el pueblo.

Después de un muy reconfortante desayuno, muy  esperado a causa de la precedente noche de frío en la azotea; fuimos al colegio. La verdad es que es una experiencia difícil de digerir y que indudablemente no te deja indiferente. La vitalidad y la energía que ciertos niños desprendían. Los niños se desenvolvían por la montaña en el campo como si fuesen cabras. Son niños muy listos y cariñosos, y lo que más pena me da es pensar en el futuro que les espera. En ese sentido tengo la suerte de poder hacer con mi vida lo que quiera. Soy un afortunado por la libertad y la cantidad de oportunidades que tengo, puedo hacer de mi vida lo que quiera.

Por la tarde visitamos uno de los sitios más preciosos cinematográficos e inauditos que he visto. Un sitio puramente africano, un cañón producido por los torrentes de agua. Las horas andando detrás de Sheriff, el jefe de la tribu, de la mano de Malak, su hija predilecta y con mucho potencial, se sucedían gustosamente. Continuamente estamos visitando y descubriendo paisajes que impresionan por su inmensidad.

Visitar la tienda de los bereberes nómadas y descubrir su diferente forma de ver  entender la vida es brutal. Ahora mismo estoy escribiendo mientras un “habibi”(amigo en árabe) me observa. Simplemente me mira como si me estudiase como intentando entenderme. Su hospitalidad también es impresionante(ahora mismo me acaba de ofrecer un té).

Estoy ahora mismo en un estado de libertad plena. Me encuentro alejado de horarios y tiempo, en un lugar sin saber  exactamente cuándo ni dónde está. Alejado de toda tecnología, sin ninguna responsabilidad, sin ningún control de padres, sin plan establecido ni rumbo fijo(aunque siempre sea al sur), sin preocupaciones por ordenar o estudiar, sin familia cerca, sin mis amigos cerca. Solo estamos mis compañeros, mi mochila y yo. Aquí la vida va a otro ritmo, otro valor y otro sentido.

Ayer por la noche nos hicieron creer que dormíamos solos(en parte por nosotros como decían, aunque también para echarse unas risas). No sentía miedo, más bien la sensación era tensión, incertidumbre y ciertas ganas. Alcanzas un estado mental en el que te das cuenta de que eres independiente. No dependes de nada ni nadie; te das cuenta de lo que eres; de tu identidad.

Llevamos poco tiempo pero parece eterno el contraste de la vida aquí, la cual se sucede de manera monótona, contínua y rutinaria, calmada, sencilla y despreocupada; contrasta radicalmente con el espíritu aventurero, frenético, incansable, insaciable, que traemos.

Juan Muñoz Torío

MIRADAS QUE DAN VIDA

Ha sido un día bastante intenso, nuestros cuerpos descansas exhaustos en los sacos pero nuestra mente sigue despierta e inquieta, intentando digerir y asimilar todo lo vivido hoy.

Al despertarnos en la mañana, fuimos a dar un paseo por los alrededores de Tattiouine, acabamos subiendo un monte y terminamos el paseo con una sesión de yoga. Más tarde desayunamos productos típicos de aquí como miel y mermelada casera y aceite de argán con pan de pita.

Al terminar acudimos a la guardería del poblado, al entrar en la sala mis ojos no pudieron evitar dirigir la mirada hacia un niño de apena tres años, con la mirada perdida y los ojos color caoba. Este niño a la primera toma de contacto me robó el corazón y todo el empeño que ponía en mantenerme fuerte se derrumbó en el momento en el que este, un niño que apenas tenía fuerzas para mantenerse en pie, me agarró la mano con gran firmeza, haciéndome ver sus ganas de vivir. De repente, lágrimas cálidas brotaban sobre mis mejillas, ¿cómo un niño con el que apenas había dirigido una palabra podía despertar en mí tantos sentimientos? Yo solo espero que la vida le dé la oportunidad que se merece, al igual que todos aquellos niños que estaban junto a él, llenos de inquietudes y sueños.

Tras volver de la enfermería volví a la guardería donde enseñamos a los niños a jugar juegos típicos de nuestra niñez, es indescriptible cómo me sentía, había perdido diez años por un instante y veía a una Blanca Kirkendall de niña que solo quería jugar y brincar tal y como lo había hecho en su día.

Para entendernos hablamos el lenguaje universal de las manos, ese que nunca falla y tras dar un buen paseo revisando el sistema de abastecimiento de agua de Tattiouine, volvimos a jugar con los niños, esta vez eran muchos más, corrían en manada, ansiosos por jugar con nosotros, observándonos con lupa y con miradas de felicidad en estado puro.

Esta vez Sheriff y su familia nos prepararon un buen cuscús tradicional y con fuerza partimos hacia una preciosa caminata que por momentos se hacía interminable a causa del viento.

La paliza finalmente dio su fruto y en mi memoria quedará siempre guardados aquellos paisajes que llevará a la tumba conmigo.

Visitamos una Haima, donde vivía una familia nómada que, de buen grado, nos invitó a un té y a entrar en su pequeño rincón alejado del mundo.

Para terminar la caminata finalmente hicimos un poco de escalada, lo cual estuvo muy divertido, porque ya hemos formado una pequeña familia llena de confianza donde valoramos todas nuestras debilidades y fortalezas.

Al regresar, en la cena, nos prepararon arroz y todo tipo de verduras como el día anterior y una especie de potaje y unas brochetas de carne hechas a la brasa…nos tratan como verdaderos reyes, cuando son ellos los que merecen ser tratados así.

Nos juntamos la familia de Sheriff y nuestra pequeña familia rumbera a cantar y bailar en corro lo que es la típica música bereber, antes de hacer un pequeño curso de supervivencia que acabó en una perfecta hoguera cerca del embalse de agua del pueblo.

Ahora la habitación se sume en un perfecto silencio, lo vivido hoy deja mucho que pensar, ahora solo dejemos nuestra imaginación volar…

Blanca Kirkendall Pérez de Ayala.