Día 15. Crónica oficial. LA REALIDAD TRAS LA FRONTERA

LA REALIDAD TRAS LA FRONTERA

Las pisadas de los chavales por el patio del Cuartel de la Legión en Ceuta retumbaban por todo el recinto frisando las siete de la mañana. Como si fuera una manada de ñus huyendo de un león. Eran los ejercicios físicos matinales, de los que pocos días se han librado los expedicionarios, a los que seguramente, si usted es padre de alguno de ellos, va a encontrarlo más delgado y seguramente más fibroso cuando este miércoles por la noche retorne la expedición al estadio Santiago Bernabéu. 

Los adolescentes mantienen conversaciones desde hace varios días sobre qué es lo que les gustaría comer al llegar. Que si un bocadillo de tortilla, que si unas croquetas, que si una hamburguesa…

Aparte de las experiencias vividas durante todos estos días en suelo marroquí, seguramente relativizarán algo esas fantasías gastronómicas después de escuchar, precisamente en un cerro sobre el que se divisaban los 14 kilómetros que separan África de España, el relato de varias de estas personas subsaharianas que llevan más de cinco meses esperando ser trasladadas a la Península en el Centro de EstanciaTemporal de Inmigrantes (Ceti).  

Con ellos trabaja la asociación San Antonio, dirigida por el padre Rolando Durán, Misionero Javeriano, muy amigo de España Rumbo al Sur, que resumió de forma perfecta su situación: “Saltan la valla para ganarse el sueño de tener una vida mejor”. En la asociación les dan clases de español o informática, les enseñan a escribir, y pueden usar Internet para comunicarse con sus familiares, además de ir empezando a conocer su cultura.  

“El ser humano es igual en todos los sitios y merecen el mismo respeto por parte del resto de seres humanos”, dijo Celia, responsable de San Antonio en una charla con los chavales, que destacó que lo más importante para los subsaharianos que llegan arriesgando su vida es que “se sientan queridos y acogidos”. 

“Cuando les veamos en España, vendiendo en el top manta, vamos a pararles y mirarles, decirles buenos días, ellos tienen las mismas necesidades que nosotros”, añadió el padre Rolando antes que Johannes, de Camerún, contara su caso ante la estupefacción de los chavales al escuchar el relato de su dura vida cuando sólo habían visto casos como el suyo en televisión, donde no tienen rostro definido, ni pasado, y habitualmente sólo son un número dentro de una estadística. 

Les contó que lleva ya cinco meses en el Ceti, cuando se han dado casos en que la espera es menor (los subsaharianos que más tiempo llevan son trasladados a la Península cuando el centro, con capacidad para 600 personas, se colapsa). “Os preguntaréis por qué abandonamos nuestro hogar en África para irnos a Europa…es una oportunidad para una nueva vida, una vida de bienestar, queremos ganarnos la comida con nuestro sudor”. 

“Queremos seguir aprendiendo, y espero que en un futuro nos encontremos”, les confesó con el corazón en la mano ante su atenta mirada. Por la tarde, los expedicionarios se acercaron hasta las puertas del Ceti, donde conocieron a los subsaharianos que saltaron ayer la valla. “Para poder opinar hace falta conocer”, les explicó Aldaz de la Quadra-Salcedo, director de la expedición antes de que mantuvieran un encuentro de una hora con los subsaharianos. 

Entre los internos, jóvenes que salieron hace cuatro años de sus países y aunque llegaron pronto a Marruecos, y lo intentaron varias veces, no lo consiguieron hasta hace poco. 

SERAFÍN DE PIGAFETTA