Escuela secundaria de Butare.

La escuela de las Sisters of Our Lady of Good Counsel de Butare, una orden creada por una monja canadiense en los años 30, se ha convertido en una referencia educativa por el servicio que ofrecen a niños con pocos recursos. El centro, con diez edificios en medio de las montañas, cuenta con el apoyo de la ONG África Directo, que ha ayudado a las monjas a levantar una cocina, una biblioteca y ha financiado ocho depósitos de agua. En el recinto estudian 680 estudiantes de entre 11 y 22 años en una suerte de instituto desde el que luego pueden acceder a la universidad. Se preparan en materias como Inglés, Suahili, Informática, Biología, Química, Física, Historia y Geografía.

Aunque la mayor parte de la población habla su lengua tribal dependiendo de la zona -en este territorio se habla Runyankole-, muchos también hablan un poco de inglés (Uganda fue colonia inglesa) y suahili. Según las ONG, uno de cada cinco niños es analfabeto en el país, mientras la educación posprimaria ha aumentado considerablemente en los últimos años gracias a escuelas como esta y al impulso dado por el gobierno a la educación, algo que, entre otras cosas, ya permite que el país crezca a un ritmo del 7% anual.

Varias primitivas instalaciones deportivas -una red de voilebol sujeta a dos enormes palos y una pista de netball (ambas en campos de tierra)- rodean el complejo, donde «muchos niños de familias pobres tienen una oportunidad de estudiar que si no no tendrían», explica la religiosa Tushabe Perpetua, responsable del colegio. «Cuando esos niños llegan a la Universidad es algo muy emocionante», afirma mientras posa sus manos sobre el pecho, sobre el corazón. De los 680, 520 están aquí internados, gracias a las propias monjas, las ayudas de las ONG y del propio Estado ugandés.

Particularmente emotivo ha sido cuando los jóvenes de la expedición han entregado a los responsables del centro más de 20 ordenadores y numerosos material médico traído desde España. Varias habitantes de la zona, vestidas con hermosos trajes, sus mejores galas, les respondieron regalándoles piñas y unos hermosos aguacates, los más grandes y exquisitos que ha probado este cronista. La ceremonia acabó con bailes tradicionales a los que, una vez más, se apuntaron los adolescentes españoles.

«Nos habéis traído vuestra alegría, nos habéis traído ordenadores, pero sobre todo nos habéis traído vuestro corazón, venís a conocernos y luego a contar en vuestro país lo que habéis visto aquí», señalaba la Hermana Perpetua, que estos dos días ha estado pendiente a cada segundo de que la expedición se encontrara cómoda.

Y así ha sido. La mañana comenzaba con talleres de informática ofrecidos por los jóvenes a los alumnos de la escuela con los ordenadores traídos desde España, mientras el resto de expedicionarios visitaban el hospital y las casas de los oriundos de la zona, básicamente construcciones de adobe, que ellos mismos generan en grandes hornos.

Al lado de uno de ellos, una escuela infantil tan minúscula como preciosa y cuidada, con carteles colgados con objetos y su nombre en inglés (Car, bed…). En muchas de las casas las mujeres estaban haciendo cestos de palmita y rafia que luego venden por tres euros. Mientras, sus maridos trabajan en las plantaciones de plátano y café. La visita la realizaron acompañados de los estudiantes del colegio. «Es tan fácil comunicarte con ellos…», decía una de las jóvenes mientras se daba la mano a una chica de sus misma edad, con el pelo muy muy corto, como casi todas las jóvenes aquí.

Por la tarde, los jóvenes de ambos países se retaron a jugar al netball y al voleibol con resultado igualado y luego recibieron los talleres de emprendimiento de Diego Martínez y Ignacio Fernández, de Blue BBVA, que despertaron gran entusiasmo con ardientes debates entre los chavales. En el taller de hoy se les pedía que encontraran un problema antes de la solución dentro de la elaboración de un proyecto de emprendimiento en Uganda. Los jóvenes, que en estos talleres están aprendiendo técnicas de ‘design thinking’ para desarrollar una iniciativa de cooperación, estuvieron muy activos, proponiendo multitud de ideas. Los problemas que quieren afrontar se referían a educación, infraestructuras… A lo largo del viaje seguirán completando su formación y el desarrollo de sus ideas.

De fondo a la charla, celebrada en el patio central del recinto, se escuchaban los ensayos del coro de la escuela, en una de las aulas, lo que entreverado con las brillantes estrellas convertían la noche en una perfecta representación africana. Todavía después de la cena, consistente en una ensalada de aguacate, tomate y atún que ha hecho las delicias del grupo y arroz con cebolla, hubo más actividades, como la entretenida charla sobre economía y gestión del tiempo del monitor Borja Chávarri y la proyección de la película ‘El último rey de Escocia’.

SERAFÍN DE PIGAFETTA
Cronista oficial de España Rumbo al Sur