Crónica Oficial 15. 04 de agosto

Crónica 15. Día 4 agosto.

Último día de actividades. La agenda no puede estar más repleta.

Dormir en el monumento dedicado a fray Antonio de Montesino, gran defensor de los derechos de los indios, es un lujo solo al alcance de España Rumbo al Sur. Los imponentes 18 metros de altura hacen de esta escultura donada por el gobierno mexicano al dominicano uno de los baluartes de la capital.

La ciudad de Santo Domingo se construye en torno al río Ozama, arteria acuática que desgraciadamente recibe multitud de desechos. El de los residuos de plástico es uno de los grandes problemas de la ciudad. Algunos de los barrios más pobres de la capital viven de cara al río y contribuyen a que este mal se incremente y sea estructural y persistente en el tiempo.

Nuestros expedicionarios dedican sus primeros esfuerzos del día a la recogida de basuras en la playa junto al monumento donde hemos pernoctado. La visión de lo que podría ser otra magnífica playa caribeña, en este caso repleta de plásticos, es desoladora. Pero la vida se abre paso en los lugares más insospechados. A esa playa urbana aún vienen a desovar cada año un par de tortugas, guiadas por una fuerza muy superior a cualquier otra: el instinto.

Con este acto simbólico de recogida de basura, ERS vuelve a mostrar uno de los valores que pretende transmitir a los jóvenes participantes y a todo aquel que quiera escucharnos. La sensibilización en materia medioambiental es tan importante o más que la social y ERS siempre se implica con ella.

El frenético día continúa con una visita por las calles de Santo Domingo. Pasamos por la Catedral Primada de América, de la que conservaremos el recuerdo de su puerta gótica, su fachada plateresca y una bonita foto de grupo de toda la expedición.
Baile tradicional en la calle. El Ballet Folclórico Municipal, que recientemente hizo una gira por todo el país, nos muestra los diferentes tipos de baile tradicional en el Parque Colón. Sin solución de continuidad, Carolina Mejía, alcaldesa capitalina, nos da una acogedora bienvenida y elogia las virtudes del programa de España Rumbo al Sur.

Visitamos el Museo de las Atarazanas Reales. Aquí los jóvenes de ERS conocen la historia del Descubrimiento, historia precolombina, naufragios alrededor de toda la isla de La Española, instrumentos de navegación clásicos, restos recuperados de naufragios, sextantes y octantes, instrumentos de submarinismo tradicional y actual. Todo de la mano de los mejores expertos como Cruz Apestegui, especialista en arquitectura naval entre los siglos XVI y XVIII.

Alcázar de Colón. Lo construyó Diego, hijo del gran descubridor, que ejerció de gobernador en Santo Domingo. Volvemos a tener la suerte de recibir la explicación magistral del arqueólogo e historiador Adolfo López Belando. Su versado y apasionado discurso nos traslada siglos atrás a la sociedad colonial que se crea en La Española. Con él recorremos las Casas Reales, primeras viviendas de los gobernadores. Ahí se asienta la organización de la corona. Observamos, atrapados por el relato, el magnífico reloj de sol del siglo XVIII, cuya conservación es envidiable y lo hace ser uno de los pocos que existen y aún funcionan.

En nuestra rápida visita por las calurosas calles de Santo Domingo, caminamos junto a los cañones del navío Nuestra Señora de Guadalupe, que acabó sus días de navegación en el verano de 1724 en la bahía de Samaná, refugiándose de su última tormenta en el camino desde Puerto Rico a La Habana.

A continuación, entramos en la que fue la primera calle del Nuevo Mundo. En 1502 se construye por orden del gobernador Nicolás de Ovando y se denomina originalmente calle de la Fortaleza por nacer en la Fortaleza Ozama. Su denominación cambia con la llegada de María de Toledo, hija del Duque De Alba y mujer De Diego de Colón, en 1509. El hijo del Almirante sustituye a Nicolás de Ovando como gobernador de la ciudad y, junto a su ilustre consorte, se hicieron acompañar de un nutrido séquito de doncellas que, muy pronto, contrajeron matrimonio con hombres poderosos y ricos. Los cotidianos paseos de aquellas jóvenes mujeres casaderas por la primera calle de la ciudad, le valió el nombre con el que se sigue conociendo, la Calle de las Damas.

Camino de la Fortaleza Ozama, encontramos la casa de Francia, un edificio gótico de principios del siglo XVI que perteneció al gobernador Nicolás de Ovando, donde vivió Diego Colón y en el que Hernán Cortés fraguó su expedición a México. Renovada en 1932, se cedió en 1978 durante cincuenta años a Francia que la utilizó como centro cultural antes de transferir aquí su embajada.

Llegamos a la primera construcción militar del Nuevo Mundo, la Fortaleza Ozama, que recibe el nombre del cercano río Ozama (aguas navegables en Taino). Se construye a imagen y semejanza de la vivienda del Almirante Colón en La Isabela, cuya planta visitamos en nuestro paso por la antigua ciudad colombina. Bajo un framboyán uno de los guías oficiales Elías Paredes, nos explican la importancia y papel principal de la fortaleza en la defensa de la ciudad frente a los ataques de piratas y conquistadores franceses, ingleses y portugueses.

Aunque parezca mentira, sólo ha pasado medio día en nuestro frenético ritmo de vida que multiplica las horas en este viaje que ya va tocando a su fin. Por la tarde, la expedición se divide en varios grupos rotatorios para llegar a todo. Una de las estaciones es el convento de los dominicos, donde en 1538 se hace la primera universidad de América. El periodista y sacerdote Aridio Castro Tejada nos ilustra sobre la vinculación de Santo Domingo con la orden de los dominicos.
Otro grupo visita el Centro de Cultura Española (AECI) donde los chicos pueden ver dos exposiciones fotográficas. Cristina Rico nos recibe y dirige la interesante visita.

Al tiempo, otros dos grupos caminan hacia el Museo Infantil Trampolín, junto a la Fortaleza Ozama. Con ese nombre el museo genera expectación y confusión entre los jóvenes. Nos recibe el extraordinario patio central de una construcción colonial de una sola altura. Las palmeras de a pares en un jardín bien diseñado, dan paso a un camino empedrado central sobre el que se instala una gran pantalla.

El viceministro de medio ambiente, Federico Franco, que tanto nos ha ayudado en todo el recorrido por este país, agradece nuestro interés y elogia la valentía y sacrificio con los que nuestros expedicionarios afrontaron y superaron el tremendo reto de la subida al Pico Duarte. Esto le sirve de hilo conductor para dar paso a la conferencia de Iván Gómez, uno de los pocos caribeños que ha subido al Everest, hazaña que emprendieron tres dominicanos en 2011 y que llevó hasta la cima a dos de ellos. La charla despierta gran interés entre los expedicionarios que, de alguna forma, ven reflejados en su experiencia en el Pico Duarte este gran reto que supuso para Iván afrontar la escalada a la montaña más alta del Mundo.

Los minutos de descuento.
En la expedición de España Rumbo al Sur, donde todo se vive con una intensidad exacerbada, los minutos finales añaden un efecto de magnificación de los sentimientos. Más de un expedicionario me decía hoy que llevaba ya dos días en un tobogán emocional. Cuando una experiencia tan intensa va llegando a su fin, se entrelazan multitud de sensaciones y contradicciones. Uno quiere llegar a casa para dormir más de tres horas en un suelo a veces húmedo, pero no quiere dejar de vivir los momentos de emoción compartidos con el resto de expedicionarios que ahora son tus nuevos mejores amigos. Quieres comer bien y abundantemente, pero no quieres alejarte de esos nuevos sabores y olores de la comida local recién conocida. Quieres tu ducha de agua caliente y sin restricción de tiempo, pero sabes que echarás de menos el tacto de la lluvia tropical en tu rostro. Quieres ver a tu familia y a tus amigos, pero no quieres separarte de esa nueva familia que se ha creado en el esfuerzo compartido. Quieres afrontar los nuevos proyectos que te esperan al regreso, pero sabes que ya no los verás con los mismos ojos.

Los minutos de descuento en España Rumbo al Sur, son tan importantes como todos los anteriores, es el momento en que las amistades inquebrantables se consolidan, las lágrimas de emoción brotan en algunos casos sin control, los cuadernos se llenan de bonitas palabras y mejores sentimientos, los recuerdos del viaje te llevan a pensar que no has hecho otra cosa en la vida.

Este viaje iniciático, esta experiencia de vida, les abre una ventana maravillosa de posibilidades que muchos no consideraban y que ahora podrán desarrollar. El concepto de VIAJAR ya ha cambiado para todos. El interminable relato que es este viaje en sus vidas, deja de lado momentáneamente ese adjetivo que, sin embargo, volverá recurrentemente en forma de otras experiencias que no afrontarían de no haber vivido la aventura de España Rumbo al Sur.

 

Carlos Toro Moreno.
Cronista oficial ERS 2021.

Crónica 14. Día 3 agosto.

En España Rumbo al Sur los días no siempre son de 24 horas. Casi siempre son más largos. Si no, no podríamos explicar cómo se hacen tantas cosas sin apenas interrupción.

A veces esa interrupción llega en pleno momento de descanso.

Hacer vivac en un paraíso como en la playa de Samaná es algo excepcional en la vida de cualquiera y relativamente habitual en España Rumbo al Sur.

El campamento reposa. Eran algo más de las tres de la madrugada cuando la lluvia, que ha amenazado la expedición desde el primer día, llega con estruendo. Una imparable cortina de agua hace que cada uno de los expedicionarios improvise una forma diferente de resguardarse y seguir durmiendo. Hay soluciones muy diversas, unos echan mano de la funda vivac y se envuelven en ella con la mochila abrazada, otros montaron su techo base y les ha funcionado, otros se dejan empapar por la torrencial y corta lluvia, otros buscan refugio contra una de las rocas que se elevan al final de la playa o se pegan a la humeante hoguera que parece tocar a su fin elevando una espesa columna de humo blanco.

Es increíble lo mucho que han evolucionado los chicos en esta expedición. Tres horas después y antes de despuntar el sol, nos levantamos con más o menos porcentaje del cuerpo mojado. Cada uno cuenta cómo ha salvado la situación, algunos con cara de pocos amigos y otros contentos por haber sabido protegerse. La actitud en general es genial y el grupo vuelve a darnos otra lección de fortaleza y capacidad de adaptación.

En más de una ocasión hemos hablado con expedicionarios de las diferencias entre la realidad y el concepto romántico de aventura. A todos nos evoca esa concepción romántica la escena de Memorias de África en la que la baronesa Bixen (Meryl Streep) sobrevuela el espectacular paisaje keniata en la avioneta de Denys Flinch (Robert Redford). Todos queremos vivir esa parte de la aventura y soñamos desde nuestro sofá con ser la baronesa en aquel momento. Lo que no se ve (y esta es la fantasía que ejemplifica la realidad) es que cuando la señora Bixen baja del avión, tiene el pelo enredado y lleno de mosquitos, alguno de los cuales le habrá transmitido la malaria, lo que le provocará unas tremendas irregularidades intestinales, escalofríos y dolor muscular por la fiebre. Esta es la diferencia entre el concepto ideal de aventura y la realidad que arrastra la misma.

Aunque ya lo habían hecho, esta madrugada, nuestros expedicionarios han dejado muy atrás aquel ideal y ya han vivido en carnes propias lo que se sufre y se disfruta con las actividades de aventura.

Otra cosa que nos define en ERS es que somos hacedores de cosas. Con la incomodidad de la lluvia recibida en la noche y tras haber extendido toda la ropa, sacos y aislantes mojados, la expedición se prepara para realizar una marcha a través de la espesa selva que recorre la montaña este de la bahía.

En esta expedición se hacen muchas actividades y no hay muchos momentos en los que permanezcamos parados en ningún sitio. Los guías calculan que podremos llegar al cráter del volcán convertido en laguna natural, en una hora y media. No contábamos con la intensa lluvia que se colaba tamizada entre las copas de los árboles y que hacía del camino un tobogán casi impracticable. El paso de cada expedicionario hacía que la espesa arcilla anaranjada fuera más y más resbaladiza. Llegaría un momento en el que no era suficiente con asirse a cada tronco y a cada piedra para continuar con la ascensión o con el descenso correspondiente. El grupo iba avanzando en fila india por un paisaje increíble de sendero selvático, a la izquierda en ocasiones veíamos la bahía y la verde cadena montañosa que cierra la bahía por el oeste, aguas turquesa, selva verde intenso, playa blanca.

Después de que la cabecera de marcha llegara hasta el cráter, una vez comprobada la dificultad de acceso del último tramo y de regreso para todo el grupo, decidimos tomar el plan B de extracción. Cambio de plan y salida por un camino alternativo hacia el mar, donde nos esperaba una embarcación para hacer la aproximación a la playa por grupos. Después de superar el gran desafío del Pico Duarte, esta marcha resultaba dura. La capacidad de adaptación de los chicos y de reacción por parte de la organización, hizo de esta actividad una nueva experiencia inolvidable.

Una vez regresa todo el grupo a la playa de Samaná y tras la deliciosa comida que teníamos preparada, un grupo de jóvenes ayuda en las labores de pesca tradicional que nos muestran los pescadores locales. Es curioso comprobar que, pese a los 6.500 kilómetros que separan Samaná de la costa mediterránea andaluza, el arte de pesca de tirar del copo se replica de forma idéntica.

Volvemos a vivir otro pequeño lujo al llegar a la capital y comprobar que pernoctaremos en uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

Fray Antonio de Montesino, nos acoge imponente sobre la bahía capitalina. Ya con la noche avanzada acoplamos a toda la expedición en la zona que nos habilitan en el monumento. Para que nos hagamos una idea, el poder pasar la noche ahí es como si nos permitieran hacerlo en plena plaza de Colón de Madrid.

Como fin de jornada, se proyecta la película Alba de América de Juan de Orduña, exactamente 529 años después de que Colón saliera de Palos camino de su primer viaje.

De regreso en Santo Domingo, nos queda apurar las últimas horas de este día y los últimos días de este fantástico viaje experiencial.

Carlos Toro Moreno
Cronista oficial ERS 2021.

 

 

Crónicas finales expedicionarios

¿Dónde está mi corazón?

Mi pasaporte ahora tiene dos sellos: uno de entrada a la República Dominicana el pasado 20 de Julio y muy a mi pesar, otro de salida con fecha de hoy, 5 de Agosto.

Ayer visitamos la ciudad de Samaná donde nos recibió la alcaldesa de la ciudad. Nos acogieron con bailes típicos del país acompañado de un discurso, en él la anfitriona dijo: “espero que la República Dominicana haya tenido el suficiente impacto en su corazón como para que quieran volver”.

El problema: yo ya no sé dónde está mi corazón. Un trozo se quedó en la visita a Cometas de la Esperanza y su labor con los niños buzo, otro cacho está en un pueblo de Barahona con la niña del vestido rosa, también se quedó en el pico Duarte. Sin duda, gran parte lo tienen mis compañeros rumberos y otro siempre ha estado con mi madre.

Recordando lo que digo la alcaldesa, tengo claro que este país me ha cambiado y algún día volveré para que mi corazón se reencuentre con las partes de él que siempre estarán aquí.

Cristina Santacreu
Expedicionaria ERS 2021

 

El último día mi expedición

El último día de expedición, el ir y venir de los expedicionarios recogiendo sus macutos, la organización introduciendo todo el material en los camiones rumbo al aeropuerto. Desde el momento en el que abres los ojos notas que algo ha cambiado, el ambiente es distinto todo el mundo tiene ganas de reencontrarse con sus seres queridos, pero nadie quiere dejar atrás todo lo vivido. Pasados los primeros compases de la mañana empiezan a circular los cuadernos de tus compañeros pidiéndote unas palabras de despedida, en este momento te haces plenamente consciente de que en menos de 24 horas te vas a separar de la gente con la que has convivido día y noche durante 16 días, amigos que se han convertido en parte de tu familia y gente que eran completamente desconocidos, ahora compartís una historia que os acompañará el resto de vuestra vida.

Si ya era duro el viaje de vuelta lo es más aún los días venideros, son unos días en los que te sientes vacío, desorientado, exhausto, has pasado de tener mil cosas que hacer, más de ciento veinte historias por conocer, a despertarte en tu casa, en tu cama, recién duchado, con el desayuno esperándote en la cocina y rodeado de tu familia. Aunque la alegría por el regreso es innegable, el hueco que deja toda la gente que has conocido no es sencillo de llenar. Ahora solo toca mirar hacia delante y poner Rumbo a una nueva aventura.

Julio Ayala Maya
Expedicionario ERS 2021

 

Ya estamos de vuelta en España y en mi caso de camino a la playa; mirando el paisaje no puedo evitar pensar en los contrastes entre ambos países, presentes en las diferencias entre el paisaje tropical, verde y frondoso de República Dominicana y el paisaje seco y amarillo español.

Sin embargo, estos contrastes también están presentes en otros aspectos como las ciudades, la manera de vestir de la gente y la forma de ser de las personas, que es una de las cosas que más me ha sorprendido de este maravilloso país.

Hemos tenido la oportunidad de conocer una cultura que tiene mucho que enseñarnos. Los dominicanos son personas cercanas pero sobre todo son personas llenas de vida, personas que son capaces de exprimir cada día al máximo y disfrutar de cada momento. Siempre con una sonrisa y acogiéndonos en cada lugar que visitamos como si fuésemos su familia.

Son personas que ponen el amor hacia los demás por encima de todo, y que a pesar de las dificultades, nunca dejan de confiar en que las cosas saldrán bien.

Esta manera de afrontar la vida, me hace replantearme la forma de vivir que tenemos en España, creo que en este lado del Atlántico a veces nos faltan esas ganas, porque a pesar de ser nosotros los que en teoría tenemos más facilidades para vivir mejor, son ellos los que son más felices.

Este viaje me ha servido para darme cuenta de que no es más feliz el que más tiene sino que debemos buscar ser felices con poco; que con una mochila y cuatro camisetas se puede ser feliz; y que como nos comentó un padre dominicano hay más en el dar que en el recibir y así lo hemos comprobado estos días.

Muchas gracias por todo,

Inés Ferrer
Expedicionaria ERS 2021

¿Y tú, qué harás cuando lleguemos a españa?
Fue la pregunta que se oía los últimos días entre todos nosotros.
Ya han pasado 24 horas desde la vuelta a nuestra realidad y es como si te despertaras de un sueño del que no te querías despertar.
Hace 18 días embarque en una nueva aventura con ciento y pico chicos de la misma edad.
vuelvo atrás y me imagino en el avión hace 18 días muerta de nervios y sin saber lo mucho que me impactaría este viaje.
No voy a mentir, el despertarte sobre las cinco y media, seis de la mañana, el pasar hambre y sed y la incertidumbre del día a día fue duro a veces,  pero de alguna  manera ahora mismo daría todo por volver y eso es  lo bonito y extraño de rumbo al sur.
Durante la expedición hemos hecho cosas inolvidables como ver caimanes, bailar bachata, marchas, subir el pico más alto del país , charlas, dormir en sitios imaginables, ir a playas paradisiacas jugar con niños y mucho más.
Ya estamos de vuelta en casa con duchas, comida y una cama cual no hemos visto en 18 días, pero daría todo eso por la esterilla, las duchas en el mar y mi ración diaria de chope.
No podemos volver a República Dominicana pero todos los recuerdos los guardo como la mejor experiencia de mi vida.

Jimena Conde
Expedicionaria ERS 2021

 


17:30h y solo has comido una barrita a pachas con tu compa desde el desayuno de las 7:00h. El hambre aprieta.

3:00h y y te encuentras de madrugada poniendo la mosquitera entre bostezos y traspiés del cansancio. Cierras los ojos y oyes “Diana, Isla de la Española, buenos días, todos arriba.” Solo han pasado 3h pero parecen que fueran un par más (o no).

10h de bus parecen minutos entre siestas mal dormidas, intensos debates, acordes de ukelele y risas, muchas risas.

10h de ascensión al Duarte quizás no fueron tan breves mientras cruzabas “El arrepentimiento” bajo tu capa de agua con el diluvio universal cayendo sobre ti.
Pero sí lo fueron cuando tocamos el cielo de las Antillas después de 30km y bandera dominicana ondeante al amanecer.

65 días tardan en eclosionar los huevos de las tortugas marinas de la Bahía de las Águilas. Pero en apenas media hora la luna y el sol se dan la mano sobre sus aguas caribeñas.

La última vez que supiste qué día era te dirigías a Barajas con dos macutos a la espalda y, de repente, te duchas con agua caliente – o sencillamente te duchas -, bebes de algo que no es una cantimplora con arena y dejas de sentir el suelo bajo tu espalda cada noche.

Es la magia de España Rumbo al Sur, el tiempo se dilata y se contrae de forma extraordinaria. Pobres los ilusos que pensaron que Rumbo había llegado a su fin.

Buen viaje, amigo rumbero. Esto no ha hecho más que empezar.

El 6 de agosto de 2021 era, sin nosotros saberlo, el primer día del resto de nuestras vidas; las vidas rumberas.

Una vez rumbero, siempre rumbero.

Laura Correa
Expedicionaria ERS 2021

 

No quepo.

Una palabra un tanto inusual en el día a día. Yo, en cambio, la he utilizado hoy al menos tres veces ya.
“No quepo” le decía ayer a mi binomia cuando montabamos la mosquitera compartida. Utilizando de apoyo las mochilas de ambas. Misión: no morir acribillados por los mosquitos.

“No quepo” le decía al dominicano que me ha echado una mano en la cueva subaquatica de las pozas. Una cueva que te conducía río arriba hacia las cascadas de agua cristalina.

“No quepo” me digo a mí misma mientras escribo esta crónica bajo la luna llena. Los pies hundidos en la arena blanca y salpicados por el agua caribeña a las tantas de la mañana.

No quepo en mí, mi alegría no cabe en mí.

El sonido de las olas romper acompaña al reflejo de la querida luna.

“No quepo” pienso mientras plasmo en un cuaderno lleno de recuerdos mi felicidad al estar en la orilla de una playa paradisíaca mientras los demás expedicionarios duermen.

Un cuaderno, mar y felicidad. Porque no cabe más alegría en mí, no quepo.

Maider Aranguren
Expedicionaria ERS 2021

 

Hay lugares de los que no se vuelve y este es uno de ellos. Parte de mi se ha quedado ahí, parte de ellos se ha venido conmigo, como una astilla en el corazón, una cuenta pendiente (con el lugar, conmigo misma).
He conocido la vida, he visto cómo se aferra al mundo, cómo lo inunda todo, incluso la he visto nacer. La vida se nutre de vida y se nutre de muerte. La he visto en su forma más pura, en su estado más salvaje, más natural, la he visto sin filtros, la he visto desnuda, sin edulcorantes, la he visto real, cruel, inocente.
Miro a través de la ventana del autobús y veo un paisaje infinito, que asciende al cielo en tonos verdes, y que limita con el suelo de tono marrón donde se posan las plantaciones de caña de azúcar y hogares hechos de madera y chapas metálicas. Viviendas bajas, de muy poca amplitud y muy endebles a simple vista, sin agua corriente, pocos muebles donde se apilan objetos básicos, y de las paredes cuelgan telas de color y fotos. Son casas en las que todo se comparte, desde la comida, hasta la intimidad. Animales de granja merodean con libertad y pies descalzos corren tras una pelota. Todo inundado por la luz y vegetación. Desde la distancia se puede respirar la felicidad, la tranquilidad y sencillez del lugar.
Miro al interior del autobús y todo son sonrisas, personas que expiran felicidad, entonando al unísono una de esas canciones que mueve masas. Nadie piensa en mañana ni en ayer, todos contemplan el paisaje pasar y se miran a los ojos en cada estribillo. Y ahí sentada, esto lo es todo para mi: tengo el pecho lleno. Me doy cuenta de que la belleza habita en lo sencillo, de que la felicidad viene de lo pequeño, de lo admirable que es saber fascinarse con lo conocido de manera ingenua, encontrar la adrenalina en la paz.
Daniela Azpiroz
Expedicionaria ERS 2021

Crónica expedicionario Gonzalo Ramos

Crónica 31 de Julio
Como todo lo bueno, todo se acaba. Hoy desafortunadamente por temas de salud, debo abandonar la expedición y regresar a España.
Por última vez, los Salesianos nos levantaban con el deporte mañanero. Duro, difícil, pero siempre mereciendo la pena, porque de las muchas cosas que he aprendido en España Rumbo al Sur, una de ellas ha sido que a quien madruga, Dios le ayuda. El amor que los Salesianos me han transmitido estos últimos 11 días ha sido inolvidable. Ya son casi parte de la familia de la forma como nos acogían ayer.
Después de un día increíble. Sintiendo el amor, el tacto, el arte que lleva la fabricación de los puros de La Aurora. Roberto amablemente nos explicaba con sus 35 años de experiencia su oficio y la complejidad de un trabajo tan bonito que después de tantos años, se sigue haciendo a mano.
Y de un momento ha otro, los médicos, a los que les estoy enteramente agradecido, me comunicaban que la expedición era mejor que la disfrutase en casa, ya que La Isla de la Española había exprimido todo de mi.
Es así de rápido, como las cosas pueden cambiar de un momento a otro. Por lo que me llevo como gran lección, el disfrutar, el vivir cada momento, cada día como si fuese el último. Por que es difícil que se vuelva a repetir.  Igual que esta experiencia inolvidable.
España Rumbo al Sur, muchísimas gracias por esta expedición tan increíble y nos vemos muy pronto!

Gonzalo Ramos Cervera
Expedicionario ERS 2021

Crónicas III expedicionarios

Silencio. Nadie se mueve. Todo el campamento duerme. Y de repente, un grito perfora la calma “¡La española, diana!”

Cierras con más fuerza los ojos. Cansancio, confusión, agujetas. Pero te sobrepones a todo y te incorporas. Y te das cuenta: estás aquí. Al otro lado del mundo, en un país completamente desconocido que despierta todos los sentidos.

Hoy hemos podido descubrir varias de esas miles de facetas que en su conjunto forman esta maravillosa isla. Rincones de esos que solo se descubren con Rumbo. Monumentos que se alzan en medio  de una ciudad recordando a héroes nacionales, una película sobre la gesta de Colón al llegar a estas tierras y partidos de vóley contra los salesianos, que con tanto cariño nos han acogido todos estos días. No han sido todo momentos fáciles, hemos pasado sed, calor y hemos padecido los efectos de la humedad; pero todo esto carece de importancia, cuando miramos a nuestro alrededor. Risas, abrazos, caras de felicidad… y a lo lejos hay quien cree avistar una cometa que surca el cielo transmitiendo esperanza.

No ha sido un día cualquiera, ninguno aquí lo es. Se te abren los sentidos sin que te des cuenta y la mirada se vuelve más profunda. Se palpa la felicidad en el ambiente.

Ya se ven las estrellas en el cielo y todos nos preparamos para descansar. El campamento vuelve a dormir; y de nuevo solo se escucha el silencio.

Blanca García García
Expedicionaria ERS 2021

 

“Tengo sed.” Esta ha sido la frase que ha rodado por mi cabeza a lo largo del día de hoy tras conocer la organización Cometas de Esperanza. Este proyecto surgió del basurero de Rafey en el barrio de La Mosca hace 14 años, cuando su fundador, Óscar, fue consciente de la necesidad de ayudar a los niños buzo. Óscar es un hombre sediento por mejorar el mundo, por ello va ideando nuevas iniciativas. No se conforma con lo conseguido, sino que trata de seguir avanzando.

El proyecto comenzó ayudando a familias que vivían en el basurero buceando entre la basura en busca de alimentos. Óscar comenzó a idear soluciones para ayudarles. El primer paso fue vivir durante 6 meses en el basurero y 14 años más tarde, Cometas de Esperanza ha sido galardonada con honores y premios a la excelencia educativa y ha conseguido que varios de los niños que un día fueron buzos hoy asistan a la universidad.

Después de esta visita hemos ido a un museo donde nos han tratado como reyes. Aire acondicionado, comida y una peli son algunos de los lujos que nos han dado. Me ha impactado mucho el cambio tan radical y la diferencia entre los dos lugares. Ojalá no acostumbrarme a estas desigualdades ni al dolor de las personas. Espero que nunca deje de impactarme el sufrimiento del mundo para trabajar por un mundo mejor. Óscar nos ha explicado que a las personas a las que ayudas, son las que luego se ponen al servicio de las demás. Tal y como ha dicho, “Te han salvado, ahora te toca salvar.” Nosotros ya estanos salvados, es hora de que nos pongamos a trabajar para cambiar el mundo.

Al pensar en república dominicana surgen imágenes de lugares como Punta Cana. No obstante, existe una segunda cara de la moneda más allá de las playas paradisíacas y de los hoteles de lujo, este país tiene mucho que enseñar.

En rumbo cada día conocemos una faceta, de manera que al igual que los exploradores en su día, poco a poco  vamos descubriendo los tesoros de la isla de La española.

Pilar Pardo de Santayana
Expedicionaria ERS 2021

 

Ir caminando, levantar por un momento la vista y sorprenderse con un paisaje impresionante. Ir en el autobús, asomarse por la ventana y no poder evitar sonreír al ver vacas y palmeras conviviendo juntas. Ir en mula por el monte, con las imponentes montañas a tus pies…

Nuestros días mientras vivimos aquí están repletos de esos momentos, todos ellos diferentes y con algo que los hace especiales, pero con una cosa en común: todos piden a gritos ser capturados, inmortalizados. Nos llaman a buscar nuestro móvil en el bolsillo para poder guardarlo ahí siempre. Por supuesto, después de 13 días de expedición, hemos asimilado que en nuestro bolsillo como mucho, encontraremos un cordino, un mosquetón o, si tenemos suerte, una barrita. Desde luego, nada con lo que sacar una foto. Así que, llegados a este punto, aunque siga dando pena dejar pasar la oportunidad de una foto preciosa, hemos tenido que aprender a mirar el paisaje de otra forma. Con los cinco sentidos e imaginando que lo estamos guardando para que, más adelante, alguno de nosotros lo escriba en el diario, otros lo pinten con acuarelas en el bus y otros, simplemente, lo guarden en su memoria.

De eso trata Rumbo al Sur, de ver sitios impresionantes allá donde vamos, de estar con gente que hace reír a cada instante, de descubrir rincones en los que te gustaría quedarte, no teniendo otra opción que vivir ese momento antes de que llegue el siguiente, aún más bonito y memorable. Es difícil dejar de preocuparse por el “luego” pero, si aprendes a hacerlo, dejará de ser importante que sólo queden 4 días de expedición, ya que sabrás que aquello que has vivido y sentido lo has hecho al máximo y que lo que queda por venir va a ser espectacular, sea lo que sea. Sólo hay que seguir recolectando esos momentos. Porque de ellos se compone el viaje. El viaje de nuestras vidas.

Cristina Casado
Expedicionaria ERS 2021

 

Los minutos se convierten en horas mientras que el paisaje cambia imperceptible a través de la ventanilla. Las conversaciones han quedado reducidas a susurros que pueden convertirse de nuevo en un coro jaleando la canción del verano. El autobús se ha convertido en nuestro lugar de relax, ahí donde no hay nada más que hacer más allá de encontrar una postura con la cual podamos seguir andando cuando nos levantemos. Llevamos 13 días de expedición y comienza a notarse en nuestras caras cansadas, en nuestras camisetas desgastadas pero, sobre todo, en la familia que nos hemos convertido, otro año más.

Para mucha gente la falta de sueño es una lacra, para nosotros es la virtud de poder aprovechar aún más el día. Para otros tantos el no ducharse es algo similar a una tortura, pero para nosotros significa la libertad de no tener preocupaciones más allá de qué es lo que vamos a ver hoy o qué llevará el bocadillo que nos ha preparado el equipo de cocina.

El viaje está lleno de momentos definitorios, aquellos que, cuando hablemos de este viaje dentro de unos años serán los que queden. Una subida por las pozas, abrazados por la naturaleza, en las que cada una de ellas te invitaba a subir a la siguiente, un poquito más allá. La llegada a la playa que nos acogería esa noche, tras una marcha donde el cansancio y el hambre pesaban más que la mochila, pero que se evaporaron al pisar la arena caribeña que nos haría de colchón esa noche, con las olas arrullándonos. La subida al Duarte, el pico más alto del Caribe, donde nuestras piernas y las mulas que nos acompañaban eran nuestras grandes aliadas. Merecía la pena levantar la vista del suelo, a riesgo de tropezarse, para ver que estábamos navegando en un mar de árboles, donde las nubes se nos habían quedado a la zaga. La sensación de coronarlo es algo indescriptible, donde el orgullo y el sufrimiento se abrazan para dar lugar a esa nueva sensación.

Hoy, a medida que se acaba el viaje, parecía que el día no iba a ser más que horas de bus donde recuperar el sueño. Qué equivocados estábamos. Al llegar a nuestro destino nos ha recibido un atardecer pintado con una paleta de colores que sólo la naturaleza puede diseñar. La playa del Valle nos recibía entre sus montañas, mientras el atardecer iba dando paso a un manto de estrellas que nos observan titilantes. Deseosos de probar las aguas de este lugar, nos hemos adentrado al mar, donde nos ha rodeado algo digno de un cuento: este lugar está lleno de placton luminiscente, que parecía reflejar el millar de estrellas que pintaban el cielo.

El colofón del día ha sido una hoguera hecha con fuego y música, donde los expedicionarios han cantado la canción creada específicamente para este viaje, llena de ilusión y magia. Digna de una noche como esta. Digna de Rumbo al Sur.

Omar Arabi
Enfermero. Equipo santitario ERS 2021
Antiguo expedicionario ERS 2008

 

 

Crónica 13. Día 2 agosto.

Interminables llanuras de palmeras cocoteras. A la derecha se pierde la vista entre el enjambre de flexibles y esbeltos troncos. Caballos y vacas dispersos pastan con la calma que se hace todo en estas latitudes. Al fondo la vegetación de eleva tomando cota en una pequeña meseta. A la izquierda, las olas rompen unos cuarenta metros antes de morir en una orilla blanca salpicada de palmeras que, esta vez, se inclinan hacia el mar en una reverencia continua y bien merecida por lo espectacular del paisaje.

Entre cabezadas más o menos largas, es esto lo que ve la expedición en gran parte del recorrido entre La Isabela y Samaná.

Tranquilo amanecer en el privilegiado enclave de la primera ciudad española en América. La rutina de las primeras horas se desarrolla de forma automática. Castañeteo de tazas y potos en el desayuno. No puede quedar nada. Autobuses preparados y mochilas cargadas. Batida de limpieza comunitaria para que todo quede mejor que cuando llegamos.

En jornadas como esta, en las que la vida transcurre en la carretera, el descanso necesario llega con mayor o menor comodidad. Las horas de sueño se incrementan. Los momentos de charlas entre expedicionarios, que ya se consideran amigos, dan paso a animados debates de todo tipo y temática. Una vez más, nos sorprende el nivel dialéctico de muchos y el interés por aprender y aportar de todos. 

Cada año, España Rumbo al Sur transmite una serie de valores que consideramos imprescindibles para conseguir una mejor sociedad. Trabajo en equipo. Solidaridad. Cultura del esfuerzo. Espíritu de superación. Estos son algunos de los muchos valores que se intercambian de forma osmótica entre expedicionarios y equipo de organización.

Todos aprendemos de todos. El programa académico cuenta con expertos profesionales y docentes de primer nivel en sus materias. Los jóvenes expedicionarios nos enseñan con su actitud y sus múltiples aptitudes.

Samaná nos acoge como esa ciudad antigua con toques de modernidad que se reflejan en hoteles y restauración de reciente construcción, que acogen cada vez a más turistas en esta bella bahía de playas paradisíacas y acantilados propios de otras latitudes.

La expedición concluye sus casi doce horas de desplazamiento con la llegada a la playa del Valle. Bahía en forma de herradura que casi encierra un  mar propio en su interior. Palmeras, mangles, guayacanes, la flora es espectacular. Apenas por unos minutos hemos sido testigos del más espectacular de los atardeceres de esta edición. El sol se oculta tras un promontorio cargado de vegetación, con un hilo de palmeras que cortan su artista contra el cielo que se oscurece.

El espacio elegido para montar nuestro campamento nómada es la playa de levante. Un farallón de roca sirve de separación respecto a la entrada a esta enorme cala. Una vez se establece el lugar de la pernocta, toca baño rápido antes de que se termine de ir la luz, recogida de leña, ayuda en la elaboración de la cena, encender una enorme  hoguera, rodearla y dejarse atrapar por el sentimiento atávico implícito en toda fogata.

El momento es mágico. El lugar es un paraíso. La temperatura templada. Olor a mar, leña quemada y vegetación húmeda. Algunos en el agua ya de noche, comprueban el efecto lumínico del plancton al agitarla. El cielo se abre casi en su totalidad y ubicamos las principales estrellas y constelaciones en lugares nuevos respecto a lo acostumbrado. Un coro de insectos y anfibios ponen banda sonora a la intensa oscuridad. La fogata ejerce su efecto sobre el grupo. Todos en círculo, atrapados por la perfección del momento, esbozamos una sonrisa mientras escuchamos fascinados la canción que un grupo de talentosos expedicionarios ha creado para esta edición.

Para rematar la jornada, vivimos otro de esos pequeños lujos que sólo se pueden tener en esta expedición. Nuestro profesor senegalés Malamine Gaye deleita a todos con su charla sobre literatura española.

Día inolvidable en España Rumbo al Sur, para jóvenes y adultos.

Y eso que hoy no iba a pasar nada. Solo kilómetros.

Carlos Toro Moreno
Cronista oficial ERS 2021

Crónica 12. Día 1 agosto.

Primera luz del día, aún no se despierta el campamento pero algunos expedicionarios ya se revuelven en sus sacos. El canto persistente de un pájaro bobo acompaña a la coral de cremalleras de los sacos. Huele a naturaleza salvaje, estamos rodeados de arbustos y árboles endémicos como el cambrón o el mangle botón, también el guayacán, cuya madera fue muy apreciada para la construcción de naves dada su dureza.

La suave caricia de una casi inexistente ola lame la orilla de arena blanca con un rumor repetitivo. La temperatura es cálida pero el leve viento la suaviza y reduce la continua sensación de humedad.

Aún se recorta un cuarto de luna menguante en pleno cenit sobre nuestras cabezas, mientras el sol comienza a penetrar entre la dispersa arboleda que jalona el camino de entrada a las instalaciones del Museo Arqueológico de La Isabela. 

Cuando pensamos por un momento en el lugar cargado de historia en el que hemos pernoctado y donde pasaremos la jornada de hoy, logramos imaginar las sensaciones vividas por aquellos que llegaron por vez primera a estas tierras. Y esto es justamente lo que también han sentido los expedicionarios con la actividad de prospección de este terreno al que acaban de llegar. Han de estudiar la orografía, hacer un mapa de la zona, investigar y clasificar la flora y fauna autóctona, tanto terrestre como marina, detectar los peligros y bondades del lugar. De hecho, es justo lo que hizo el almirante Colón con su tripulación para decidir que esta bahía de La Isabela era el lugar adecuado para establecer la primera ciudad creada por España en el Nuevo Mundo.

Las tres primeras horas del día se consumieron con los grupos dispersos por los alrededores de nuestro campamento, reconociendo el terreno y tomando notas de lo que iban encontrando. Antes de la cena, cada grupo realiza la presentación de su trabajo de análisis. Los integrantes de esta edición vuelven a demostrar el gran nivel de formación y de creatividad que tienen. Algunos de los mapas elaborados bien podrían servir para hacerse una idea muy proporcionada de la zona.

Hay personas que resultan ser todo un descubrimiento. Adolfo López Belando es una de ellas. Es mucho más de lo que dice su tarjeta de visita y ha sido, a lo largo de su vida, mucho más que un simple arqueólogo y guía experto en La Isabela. La pasión con la que cuenta cada detalle y su basto conocimiento de las ruinas que visitamos, hacen que dejemos de lado el intenso calor que transmite el sol perpendicular y nos sumergimos en su explicación erudita.

Hemos tenido la inmensa suerte de que nos guíe en el Museo La Isabela, narrándonos las circunstancias en las que se fraguaron los viajes colombinos, cómo se desarrollaron y el resultado de los mismos como primer paso hacia la globalización que tan presente tenemos cinco siglos después.

Posteriormente nos ha mostrado las ruinas de la ciudad con tanto lujo de detalle, que era fácil imaginar a Cristóbal Colón eligiendo el promontorio donde se construyó La Isabela, con la idea de defenderla de los portugueses más que de los indígenas. Construyó una muralla cuya planta queda a la vista. La base de una torre marca la manga de agua donde se construyó el primer astillero del Nuevo Mundo.

Adolfo continúa dibujándonos la ciudad con las ruinas de la mayor Alhóndiga (almacén real) construida fuera de los grandes puertos españoles. Tenía dos pisos y estaba soportado por columnas de piedra y suelo de madera. Colón tenía guardado aquí todo lo que trajo de España (aceite, harina, etc.) que después distribuía o vendía entre los nobles castellanos que habitaban la ciudad.

Es una auténtica pena saber que estas ruinas podrían estar mucho mejor conservadas, de no haber sido porque en los años 40 y ante la inminente visita de los próceres de la patria, el dictador Trujillo mandara limpiar toda la Alhóndiga, lo que fue interpretado erróneamente como una demolición con maquinaria pesada.

La descripción pormenorizada del resto de la ciudadela en ruinas, nos muestra la imagen del primer hospital que también pudo servir de polvorín en otra época, de la primera iglesia construida en América por los españoles, en la que se dio la primera misa con asistencia de indígenas que aceptaban los nuevos cultos religiosos. Muchas primeras construcciones y única casa que se conserva del almirante Colón. Ubicada en una esquina de la planicie al borde del acantilado. Rodeada de una muralla y con una torre adosada a la vivienda para poder defenderse.

La cantera. Tras un breve paseo que nos adentra en el bosque bajo que va paralelo a la línea de playa, Adolfo nos narra, sentado sobre una gran piedra caliza en forma de cubo, un sillar a medio cortar, como todo este farallón es de caliza Isabela. Cada bloque puede pesar entre 200 y 300 kg.

El sillar a medio cortar se quedó ahí en el momento en que se da la orden de trasladar la ciudad a Santo Domingo.

Árboles. Además de arqueólogo, Adolfo es un buen naturalista y nos habla de los árboles más comunes en la zona y algunos de los que nos rodean en ese momento. El cambron y mangle botón (crece sobre la roca) mangle blanco que tiene corteza claras, mangle rojo que crece en el agua del mar. Entre sus raíces se refugian los alevines de peces de muchas especies que se mantienen gracias a esas raíces y esos peces mantienen los arrecifes de coral y gracias a eso se mantienen los peces de aguas interiores. Así, comprobamos que sin el manglar, sería imposible conservar el equilibrio medioambiental.

Con semejante cantidad de información, las inquietas mentes de los expedicionarios generan multitud de preguntas sobre arqueología, botánica, historia, navegación, etc.

Pocas veces un ponente ha generado tantas preguntas respecto a tantos temas. Mil gracias Adolfo.

Sería una pena y, casi un delito, no aprovechar la magnífica playa que caía a los pies de los restos de La Isabela. Todo el mundo al agua. Tibia. Casi transparente. Allá donde querríamos estar cualqueira de nosotros.

La agotadora mañana aconsejaba que los contenidos del programa académico para por la tarde, fueran de lo más entretenido. Se generan tres grupos para rotar por tres actividades.

1- Bailes dominicanos

2- Navegación

3- Supervivencia y montaje de vivac

1- Bailes dominicanos. Alba es la monitora encargada de que los expedicionarios aprendan dos de las danzas típicas de esta nación dominicana.

El merengue y la bachata son los principales ritmos dominicanos. Tienen orígenes africanos, americanos y españoles. Música con mucha percusión, con mucho movimiento por su origen africano, pero con la postura base de bailes españoles y europeos.

Una persona toma el mando y otra se deja llevar.

2- Navegación. Diego Riestra. 

Con pocos medios técnicos y mucha imaginación ha hecho que los expedicionarios casi sientan el aire en la cara y el peligro de la botavara rozando sus cabezas. Conseguir mantener la atención de los alumnos en estas condiciones no es fácil, pero ya hemos comprobado que tampoco imposible. Nociones de navegación, entender el viento y de seguridad, lo más importante.

3- Supervivencia y montaje de vivac. Roberto G. Calderón y Victor Cabrera

Preparamos a los expedicionarios para poder afrontar cualquier circunstancia de peligro en la naturaleza. Tan importante es salvar situaciones de peligro imprevisto como preparar el lugar donde pernoctar en una naturaleza no siempre amable.

En este taller los expedicionarios aprenden técnicas de supervivencia para ser autónomos y salvar la vida ante situaciones críticas.

El agotador día que hemos vivido nos deja a todos exhaustos. También expectantes ante lo que nos queda de viaje, que empieza a no ser mucho. Como los primeros días, tenemos el síndrome de no me quiero perder nada, pero esta vez con mucho más sueño e infinitas menos fuerzas.

Carlos Toro Moreno.
Cronista Oficial ERS 2021

Crónicas Expedicionarios

PICO DUARTE

Mis botas de montaña son azules. Grandes. Estilo astronauta. Son un 42, dos números más de lo usual y estos dos últimos días no he parado de mirarlas. 3098 metros de altura, 29 km de subida y otros tantos de bajada tienen la culpa.

En el transcurso de 48 horas he hecho mi primera guardia nocturna, he desayunado a las 4 de la mañana, he tomado uno de los mejores chocolates calientes de mi vida y he conversado con una mula que me ayudó durante el trayecto.

Subiendo, cuando me sentía lo suficientemente segura, apartaba la mirada de mis botas y me daba cuenta de que ya estaba por encima de las nubes, en el cielo desde hacía rato, más alta que los pinos que me rodeaban.

Al final, tras darme cuenta de todo esto, volví a fijar los ojos en mis botas de astronauta para asegurar mis pasos hasta la cima.

Cristina Santacreu
Expedicionaria ERS 2021

Día 10 de expedición. Una hilera de luces comienza, aún de noche, la segunda parte de la ruta hacia el pico Duarte. Tras una larga subida bajo lluvia y mucho frío, comienza a amanecer y vemos cada vez más cerca nuestro objetivo de coronar un “tres mil”.

En cuanto nos pudimos dar cuenta estábamos en el cielo del Caribe, en el punto más alto de las Antillas Insulares, donde se podían ver las nubes bajo nosotros.

La felicidad se refleja en todas nuestras caras. El esfuerzo de habernos levantado a las 4 am ese día y el anterior, cobra sentido y ha merecido mucho la pena.

Comienza el descenso y nuestro nuevo objetivo es volver al refugio, donde nos espera un chocolate caliente y unas patatas asadas, que serán la única comida del día.

Después de eso comienza el descenso de verdad, lo que tardamos 8 horas en subir el día anterior. Entre pasos y mulas por fin llegamos y vamos directos al río, al lado de donde íbamos a dormir.

Ya estando todos como nuevos nos espera lo mejor. Unos lugareños habían estado desde las 9 de la mañana cocinando al fuego 3 cerdos en puya, que fueron un verdadero banquete para nosotros. Para animar el ambiente, también tuvimos música en directo, y pasada medianoche nos fuimos a dormir sin saber qué nos esperaría el día anterior.

María Mendizábal Quirós
Expedicionaria ERS 2021

Me despierto rodeada de gente por todas partes y entre ronquidos y bostezos, consigo llegar a la puerta del refugio. Son las 4 de la mañana y mientras los más atrevidos se disponen a coronar el Duarte, yo me dispongo a hacer guardia, con un frío escalofriante que ni la hoguera ni el chocolate caliente consiguen atenuar. A las 7 iniciamos la marcha tras un desayuno tan completo que nos anticipaba lo que iba a ser la jornada.

Debido a mi lesión en las rodillas, tuve que realizar el trayecto a lomos de una preciosa mula marrón, que a pesar de darme algún susto que otro, me llevó sana y sana al punto inicial. A pesar de tener unas ganas tremendas de hacer todo el trayecto a pie, la forma física no acompañaba. Lo positivo que me llevo, es que pude disfrutar de unas vistas increíbles y de tiempo para mí.

Ahora, termino esta crónica al compás del ritmo caribeño de una banda de Perico Ripiao, mientras observo con una sonrisa en la cara a mis compañeros, a mis amigos, dándome cuenta de lo mucho que los echaré de menos cuando no me despierte rodeada de ellos. Mi nueva familia.

Expedicionaria ERS 2021

 

4 de la mañana. La palabra “Diana” resuena por los rincones de la caseta en la que hemos dormido. Entre luces de frontales se encuentran los rumberos con los últimos preparativos. Hoy es el día que algunos temían y a otros emocionaban: subimos al Pico Duarte, el gigante más alto de las Antillas Insulares.

Tras un corto desayuno, cogimos unos mini buses hasta el inicio de la ruta. Allí, nos esperan decenas de mulas que nos acompañarán y ayudarán.

La subida se hace dura, pero la belleza de los paisajes que nos rodean hace que merezca la pena.

Cada trago de agua, cada barrita y cada ánimo son claves para cumplir nuestro objetivo.

A medida que subimos la flora va cambiando y las montañas del horizonte se hacen más cercanas. A ratos echo de menos mi cámara analógica, sobre todo para poder captar el misterio aportado por la niebla.

Tras varias paredes alcanzadas y kilómetros subidos llegamos al refugio donde pasaremos la noche.

Me enorgullece haber llegado hasta aquí, pero lo que más me emociona es ver como el resto de rumberos llegan ilusionados al final de la etapa.

Mañana algunos coronarán el Pico Duarte, mientras que yo me despido cenando un buen plato de arroz con judías.

Elisa García
Expedicionaria ERS 2021

La noche iba a ser corta y muy intensa.

Había estado pensando toda la noche en lo que nos esperaba al día siguiente.

A las 3 de la mañana me tocaba guardia, a la luz de la hoguera y el roce de la niebla.

Una hora más tarde nos levantábamos, en busca del Sol que nos llamaba al otro lado del valle del Parque Natural Armando ¿Semidíez?, mientras retratábamos en nuestras pupilas la llegada al Pico, junto a la estatua de Don Pablo Duarte.

Tras la marcha, marcada por la inestabilidad del tiempo y la carga de las mulas, coronamos el Pico. Tras ello, nuestra familia salesiana nos esperaba al calor de lo más puro de su cultura gastronómica. Puercos en Puya asados con leña tras 9 horas.

La noche iba a ser corta e intensa, vitoreando el gran triunfo y celebrando que somos unos de los pocos afortunados capaces de seguir disfrutando de la Familia Rumbo.

Ángela Sacó
Expedicionaria ERS 2021

SANTIAGO – COMETAS DE ESPERANZA

Amor, cuidado, protección; rehumanización. Rehumanización de unos niños que hasta hace poco estaban condenados a estar ahogados por la basura. Ingentes cantidades de residuos se erigen al final del barrio de La Mosca.

Sube la cuesta hasta el vertedero. Peléate con los tropezones semideshechos del suelo. Mira a tu alrededor, ¿ves algo?

Mira otra vez lo que parecen trapos ondeantes con el viento son personas que trabajan en sus laderas. La situación es cruda, pero al menos ya no se ven niños.

Niños que para ser sacados adelante en este ambiente hostil no verían a sus padres hasta más tarde del anochecer.

Niños que corrían el riesgo de no salir de allí nunca, enterrados por cartones, botellas, destinados a nadar eternamente con ellas.

Óscar y Andrea, con sus Cometas y Esperanza, les devolvieron el derecho a ser niños, a educarse en un entro que, con la misma cantidad de sudor, lágrimas y amor. Les da calidad educativa y calidez humana.

Se han convertido en el referente educativo del país. Los que un día veían el cielo contaminado sin expectativa de futuro ahora miran con esperanza al nuevo proyecto de la organización: la reconversión progresiva del vertedero en un parque ecológico.

Volviendo a la raíz del problema ya erradicado, los niños buzo, el siguiente paso a es cambiar el entorno para transformar así a las personas que viven en él.

Carolina de Alejandro Izquierdo
Expedicionaria ERS 2021

 

 

 

 

 

Crónica Oficial II. 31 julio

Crónica 11. Día 31 julio

6 de enero de 1494. Se inaugura la villa de Isabela en la costa norte de La Española, primera ciudad del Nuevo Mundo, destino de nuestra expedición en esta jornada. Esto es empezar por el final, pero cambiamos de cronista y, por tanto, cambiamos de estilo.

Puede resultar extraño pensar que la primera ciudad fundada en el Nuevo Mundo por los españoles surgiera en el segundo viaje de Colón, tras el primer asentamiento forzado por el hundimiento de la nao Santa María y la consiguiente construcción del efímero Fuerte Navidad. La Isabela, que debe su nombre a la reina católica que encabezaba el potentado Reino de España, nos recibe en la actualidad en sus horas bajas. Pasó de ser la ciudad que canalizaba todo el tráfico entre la isla y España, a ser abandonada por completo en 1500 y un lugar idílico en la actualidad, por su naturaleza y su parque arqueológico, que nos acoge poco antes de ocultarse el sol en un entorno amable, con playas de arena blanca y con unas aguas en las que prácticamente solo percibes el cambio de medio pero no de temperatura.

Ahí es donde acabará el día de hoy, tras haber recorrido más de cuatro horas de carretera y haber visitado una fascinante fábrica de tabacos.

El reloj sobrepasaba ligeramente las 17 horas cuando llegábamos al Parque Natural de la Hispaniola y contemplábamos por primera vez el contraste de las inmóviles aguas turquesa de la orilla con la turbulentas olas que rompían contra un arrecife coralino a unos trescientos metros de la orilla. Los expedicionarios ya sabían que hoy tendríamos la oportunidad de acabar la jornada en una playa que albergaba restos arqueológicos de la primera ciudad fundada por los españoles a este lado del Atlántico, la Ciudad primera en America, fundada por Colón, La Isabela.

El conocerla en profundidad solo era cuestión de tiempo.

Pero esto es el final de la historia.

Prosigamos por el principio.

Normalidad. 2:20h de la madrugada y comienza la proyección de la película Apocalipto. Nadie se queja. Anunciamos que mañana comienza la jornada a las seis en punto con multideporte. Nadie se queja. Después de un día intenso y tras tantos otros llenos de actividades y emociones, esta es la normalidad en España Rumbo al Sur. Lo impensable en sus vidas antes de la expedición, es ahora  lo cotidiano. 

Apenas tres horas de reposo sobre aquellos aislantes y sacos que ya tornaron en la más mullida de las camas, es suficiente para afrontar un día nuevo e ilusionante.

El Instituto Politécnico Industrial de Don Bosco nos contempla silencioso. Sus magníficas instalaciones, nos motivan en nuestro deporte matutino. Tras ese primer despertar del cuerpo y mente, nuestro equipo de cocina tiene preparado el desayuno que, en este caso, es especial gracias al brownie de chocolate con que nos obsequian los padres Salesianos. Orden religiosa que nos ha dado cobijo en diferentes ciudades de las visitadas. Una de las claves que hacen posible este programa es la hospitalidad que nos prestan determinadas organizaciones y órdenes religiosas.

A estas alturas del viaje y habiendo rebasado el ecuador del mismo, este excepcional grupo de expedicionarios ya puede con todo. Nuevamente nos lo iban a confirmar. Dos días después de la ascensión al Pico Duarte, vemos tanto a expedicionarios como a equipo con secuelas en sus andares. Sin embargo, nada les impidió dar todo en las actividades deportivas del día anterior, junto a antiguos y actuales alumnos del Centro Salesiano. Nunca es fácil al principio, pero la capacidad de superación y los límites de su esfuerzo han crecido dentro de cada expedicionario hasta el punto actual en el que nada les detiene. Este es un viaje único que cambia la vida cada año a un centenar de jóvenes cargados de valores y de razones. Con estos expedicionarios, lo volvemos a conseguir.

No siempre hay un hito para cada día. Sin embargo, en esta edición de ERS en La Española, la sucesión de jornadas extraordinarias hace que aquella máxima no se cumpla. Hoy teníamos la visita a La Aurora, primera fábrica de tabacos de la isla, fundada en 1903 y con presencia actualmente en 93 países. Tamboril, capital mundial del tabaco y municipio norteño de incierta etimología, acoge en sus tierras la sede de aquella fábrica de cigarros.

El tabaco, símbolo y uno de los productos estrella del descubrimiento del Nuevo Mundo, es el protagonista de la jornada. Con algo más de un siglo de historia, La Aurora y su museo sobre este cultivo, nos muestra la historia de la deseada, y mucho más tarde, denostada planta. La historia del tabaco es la historia del comercio entre continentes tras el primer viaje del almirante Colón. Es originario de la cuenca del Orinoco y su cultivo se extiende a través de las diferentes comunidades indígenas hasta llegar a los grupos Tainos del Caribe.

Los expedicionarios recorren el itinerario guiado por la fábrica, conociendo su historia y presenciando el proceso desde la selección de semillas hasta la elaboración del cigarro puro.

En la galera se encuentra Nelson, uno de los trabajadores que, por parejas, desarrollan con habilidad de artesano viejo ese trabajo repetitivo pero único de la fabricación del cigarro. La galera alberga a 55 pares de empleados. Manos robustas y ágiles que se mueven con pericia, ajadas y delicadas al mismo tiempo. Nelson se encarga del hacer el empuño, primera fase de la fabricación en la que el capote (hoja más suave que envuelve al resto), abraza otra capa, la tripa, que proporciona el aroma y sabor característicos de cada tipo de cigarro. Cada puro que fabrica tiene tabaco con semillas de cinco países (Brasil, República Dominicana, Ecuador (capote), Cubano y Nicaragua). Nos cuenta y muestra cómo, tras realizar el empuño y recortar el cilindro de hojas, lo pesa para que cumpla con el estándar de ese modelo y lo deposita en la prensa para compactarlo.

La siguiente fase corresponde al compañero que se sienta junto a Nelson y que ejerce las funciones de rolador. Con la agilidad del que ha repetido la secuencia millones de veces, envuelve la última hoja, que dará la prestancia y aspecto exterior definitivos al cigarro. Realiza la operación de corte y envoltura con una precisión milimétrica, movimientos rítmicos y resultado excelente. Alrededor de 700 veces diariamente repetirán Nelson y su compañero esta rutina.

El recorrido por la fábrica nos llena de sensaciones y aromas. Uno de los más inesperados es el del andullo, pasta de tabaco preparada con hojas procesadas para mascar. Se usan hojas de palma para compactar todo. No agregan nada, es la fermentación del tabaco durante 2 años y la expulsión del amoniaco los que le dan un sorprendente aroma a melaza.

Tras esta visita y una vez llegamos a La Isabela, sentados frente a la inmensa bahía, podemos imaginar perfectamente el tránsito de galeones y otras naves que conectaban el Nuevo Mundo con la vieja España a través del tabaco. Para reforzar esa visión, la expedición concluye la jornada con una charla de Telmo sobre el viaje que realizó, en una réplica de las carabelas que utilizó Cristóbal Colón para llegar a estas tierras, capitaneada por el Capitán Carlos Etayo Elizondo.

Después como parte del programa académico se proyecta la película, 1492. Jamás olvidaran los expedicionarios ver esta película en las ruinas de la primera ciudad del nuevo mundo.

El limpio cielo estrellado arropa a toda la expedición que va quedando en silencio para dar fin a otra jornada inolvidable.

 

Carlos Toro Moreno
Cronista oficial ERS 2021

 

 

Crónica Oficial. 01 agosto

Océano Atlantico. Algún lugar en el paralelo 18. 1 de agosto de 2021

Inicio mi guardia a media noche. El Almirante ha mandado navegar solo con el treo, sin bonetas, y reforzar la vigilancia. Al parecer ayer vieron en La Pinta una caña, un palo labrado, y el propio Almirante dijo haber visto una luz en el horizonte. Yo ya no me lo creo. Hace ya días que tampoco me creo las posiciones que nos informan. Hemos andado muchas más leguas de las que nos nos han contado. La polar ya no levanta un palmo del horizonte. Ayer me tocó inventario de provisiones y no hay ni para recorrer la mitad de lo que hemos navegado. Vamos a morir de hambre si antes no nos devora este mar del infierno, que hace días que ha empezado a rugir avisándonos de que se agotó su paciencia.

Quinientos treinta años y diez mil metros de altura me separan de esta escena. En algún lugar debajo de mi, tal día como hoy, un grupo de valientes estaban a punto de transformar el mundo para siempre en una gesta irrepetible.

Solo quedan seis horas para aterrizar en Madrid. Ayer tuve que abandonar la expedición. Son pocos los días que me perderé. Una barbaridad cuando pienso en el valor que tiene cada minuto en Rumbo al Sur.

El avión ahora duerme, se han apagado las luces, solo queda el ruido de los motores y un bebé que llora al fondo. Ahora si, lejos de la vorágine de la expedición, los recuerdos se ordenan y todo cobra sentido. España Rumbo al Sur no es una gesta como la que ha servido de hilo conductor de esta edición, pero también es absolutamente único. No hay un proyecto que combine aventura, descubrimiento, conocimiento y transformación como este. “Rumbo al Sur pone en contacto a gente estupenda con gente estupenda”, dice siempre Telmo. Quizá sea ese el secreto.

Empezando por lo más importante, la razón de existir de rumbo: los expedicionarios. Fisicamente inagotables. Acometieron en dos días una expedición al Duarte que habitualmente se hace en tres jornadas y la noche siguiente agotaron al grupo Perico Ripiao a golpe de merengue y bachata. Curiosos, todo les interesa. Tratan de llegar al fondo de las cosas. No se conforman con los titulares, debaten todos los ángulos, se implican.  Comprometidos, son los primeros en sumarse a las actividades de voluntariado, los que toman la iniciativa. Los que se acercan a los niños en los poblados y a los cooperantes en las organizaciones que visitamos. Mucho lo traen de casa. Rumbo al Sur consigue incorporar, a todo ese talento, una experiencia transformadora de esfuerzo, de aventura, de amistad, de solidaridad. Muchos están decidiendo el rumbo de sus vidas, de sus estudios. En sus manos está el mundo de las próximas décadas. Quienes hemos convivido con ellos sólo podemos pensar que lo mejor está por llegar.

La calidad del equipo de organización de Rumbo daría para varias crónicas. Muchos fueron antes expedicionarios. Gente excepcional que sacrifica sus vacaciones para colaborar en un proyecto en el que creen.  Y lo hacen sin guardarse nada. Entregando hasta la última gota de lo mejor que tienen, que es mucho. El conjuro que los reúne es una receta secreta que combina el talento y el carisma de Isabel Ussía con la magia Aldaz de la Quadra-Salcedo. Son los dignos herederos de una casta de personajes excepcionales. Telmo es el Almirante de esta expedición. Hemos hablado de su liderazgo natural en otras ocasiones, pero no es el único Aldaz . Su hermana Mar es irrepetible; historiadora, culta, original, divertida y con una resistencia física que no es de este planeta. Muchas de las cosas especiales que pasan en la expedición llevan su firma. 

Su hermano Vito es el refugio al que todos acudimos cuando flaquea el ánimo. Inteligente, rápido, con el sentido del humor más brillante que hemos conocido… culto como todos los de la saga, arquitecto. Los expedicionarios le adoran y en la organización juega un papel fundamental sosteniendo una bandera de ánimo y de humor que no hemos visto caer ni en las situaciones más difíciles.

Rumbo al Sur es una empresa de descubrimiento que embarca a toda esta tripulación en un viaje que les acerca a otros mundos. Lugares que cuestionan muchos de los paradigmas que damos por ciertos, donde lo básico es un lujo, donde la vida se abre camino a trompicones. Y también a personas que dan un testimonio de vida inspirador. La vida a bordo es parte de la experiencia. Se navega sin comodidades, sin lujos, en una estrechísima convivencia. Toca arrimar el hombro, estar pendientes unos de otros, dar apoyo y apoyarse, aprender a ser fuerte y también a ser vulnerable.

Nadie vuelve indiferente de esta aventura. Lo que dejamos cuando partimos sigue ahí a la vuelta, pero la mirada ha cambiado. Nada se ve ya con los mismos ojos.

El avión sigue incansable devorando kilómetros por encima del Atlántico.

La expedición duerme ya en La Isabela, primer asentamiento en el nuevo mundo. Mañana llegarán a las costas de Samaná, donde Colón fue recibido a flechazos por los indígenas en su primer viaje.

Y nuestro angustiado marinero acaba de despertar a toda la tripulación a gritos. ¡Tierra! ¡Tierra! Se llamaba Juan Rodríguez Bermejo. 

Eduardo Martínez de Ubago de Liñán
Cronista Oficial ERS 2021

Crónica 10

Santiago de los Caballeros. 30 de julio de 2021.

Lisandro acaba de licenciarse en artes escénicas por la universidad de Santo Domingo. Es un chico sensible, brillante, con una prometedora carrera por delante. Si hubiéramos venido hace catorce años le habríamos encontrado buscando restos de comida entre las montañas de desperdicios del vertedero de Rafey. Lisandro y su hermano eran “niños buzo”. Uno de los muchos que malvivían en este vertedero buscando plásticos, aluminios, algo vendible… y comida. A última hora conseguían olvidar por unos minutos su miserable existencia mirando al cielo y a su pequeña cometa. Por la noche buscaban hueco entre los desperdicios.

Su hermano murió, como tantos, aplastado entre los cartones de su improvisado refugio. Lisandro tuvo la suerte de caer en la órbita de la ONG Cometas de Esperanza (en honor a la que ellos volaban) y hoy colabora con la organización para seguir integrando niños del barrio de La Mosca. Cometas de Esperanza se ha convertido en la más reconocida de las organizaciones humanitarias de la isla.

Hoy hemos podido conocer de primera mano su obra, sus trabajadores, su presidente Oscar Faes… y no hemos querido irnos sin dar un paseo por el vertedero donde pasó Lisandro su infancia. El calor y el olor son casi insoportables. Ha sido menos de una hora. Los niños buzo vivían aquí.

En el camino de vuelta al autobús reina el silencio. Las miradas se esquivan vergonzosas para no encontrarse empañadas de tristeza. En este caso mezclada por la esperanza y la alegría de ver cómo organizaciones como Cometas de Esperanza han conseguido integrar a todos los “niños buzo” y son ya un referente del sistema educativo de Santo Domingo.

Todo esto pasaba en Santiago de los Caballeros, segunda ciudad más poblada del país. Llegó a ser la capital de la república durante la guerra de la restauración contra Haití donde jugó un papel clave. Allí encontramos el famoso monumento a los Héroes de la Restauración donde el padre Fernando Yoldi nos ha explicado el contexto histórico de la ciudad, clave en la formación de la república. La posterior visita al Centro León ha completado la actividad cultural en la ciudad.

En Santiago de los Caballeros existió una casa de citas donde acudían músicos a interpretar ritmos folclóricos. Se llamaba Perico Ripiao. Desde entonces, así se llama a los cuartetos tradicionales que a golpe de acordeón, tambora y güira, sacan brillo a las suelas de los zapatos… y a las hebillas de los cinturones. Ayer moría en esta ciudad Johnny Ventura, el padre del merengue moderno dominicano. Ondeaban a media asta las banderas de la ciudad y España Rumbo al Sur quiso anoche dedicarle su particular homenaje. Un grupo Perico Ripiao estuvo con la expedición hasta que aguantaron las caderas. Nadie podría haber adivinado que acabábamos de bajar del pico Duarte. Los compases del merengue volverán a sonar cuando volvamos a España. Pero ya nunca volverán a ser lo mismo para los expedicionarios. El merengue ya tiene algo nuestro, algo que nos transporta a aquel día en Jarabacoa en que murió Johnny Ventura y aprendimos a bailar merengue al son de su música.

La jornada acaba en el fantástico colegio de Los Salesianos de Santiago, donde nuestra expedición ha podido medirse al fútbol, voley y baloncesto con lo más granado de los jóvenes salesianos. El padre Yoldi, que nos acompañó al monumento a los héroes, nos ha vuelto a acompañar en una magnífica conferencia integrando la historia del colegio, de la ciudad y de la llegada de los primeros conquistadores.

Ya se cierran los ojos. Las imágenes del día se entremezclan… el último pensamiento es para Lisandro, con su magnífica carrera de artes escénicas por delante. Y para todos los que han podido salir del horror de la vida en el vertedero gracias a Cometas de Esperanza. Y para los que, como su hermano, se quedaron en el camino.

Eduardo Martínez de Ubago de Liñán
Cronista Oficial

Crónica 9. 29 de julio

Jarabacoa. 29 de julio de 2021

Neno no es negro, ni taíno, ni blanco. Es las tres cosas. Es Dominicano. Enjuto, de piel oscura, bajo de estatura, zambo de piernas. Neno es el guía del parque nacional Armando Bermúdez que acompaña al grupo de cabeza en la ascensión al pico Duarte. Sube ligero, a saltitos, bailoteando, mascullando frases ininteligibles entre risas. Cuando la pendiente se pone imposible, pega una carrerita para mostrarnos de lo que es capaz. Neno alterna su trabajo de albañil en Santiago de los Caballeros con el de guía en el parque y nos cuenta orgulloso que siempre va en cabeza por él, Neno, nunca se pierde. 

El dia empezaba con el toque de diana a las cuatro. Noche cerrada, fresca, quieta. Solo se oye el canto lejano de un gallo despistado. Una luna ya menguante pero todavía valiente vigila en lo alto, centinela, el amanecer de la expedición. El campamento se mueve rápido pero con una calma de esas que preceden a la tempestad.

En la base de la ascensión, en el municipio de La Ciénaga, nos esperan ciento veinticinco mulas amarradas dispersas por el bosque. Fijas al frente, resignadas, no nos miran. No les hace falta. Saben lo que les espera, nosotros aún no. La ascensión al pico Duarte es una prueba de esfuerzo descomunal. No para expedicionarios de dieciséis años, ni para monitores de treinta. Lo es para montañeros, para bomberos y para marines americanos. Dos mil metros de diferencia de cota, dos mil trescientos metros de desnivel acumulado, rampas interminables del veinticinco por ciento… en apenas unas horas. Estaba todo preparado para que muchos no pudieran subir: setenta mulas de silla, cincuenta de carga, campamentos intermedios… pero ha ocurrido lo que nadie esperaba: todos han llegado por su pié a la base de “Compartición”, a solo quinientos metros de la cumbre. La ascensión final se plantea voluntaria esperando una docena de valientes. Han subido cien.

El camino ha arrancado como arrancan las cosas en esta edición de España Rumbo al Sur. Entre bromas, carcajadas, conversaciones animadas, algunas más íntimas. A los cinco kilómetros empiezan las rampas imposibles. Las bromas no cesan, ahora entrecortadas por la respiración, las mulas siguen esperando su oportunidad para rescatar a los rezagados. El espectáculo es imponente. Un bosque húmedo tropical atravesado por un arroyo de aguas cristalinas. Palmeras, helechos, nogales. La densidad del sotobosque es tal que es difícil imaginar cómo se abrirían paso los primeros exploradores cuando no había senderos. Según sube la altitud va cambiando el paisaje. El bosque húmedo da paso a un bosque de coníferas hasta un momento en el que no sabríamos si estamos en Santo Domingo o en el valle del Baztán.

Más de mil metros de desnivel más tarde, y después de más de ochos horas llegamos al campamento de “Compartición”. La lluvia nos ha respetado la mayoría del camino, pero ha querido poner un punto de dureza adicional con un chaparrón de última hora que ha dejado gran parte del material empapado. Unas barracas de madera nos dan la bienvenida. Felicitaciones, abrazos, risas… y nos preparamos para pasar la noche. No hay lugar para mucha fiesta. A las cuatro de la mañana estaremos ya iniciando la acometida a la cumbre del pico Duarte.

Noche fría, de alta montaña. Viento. Muchos escuchamos desvelados los ruidos de la noche. Fuera, el aullar del viento sobre las copas de los árboles se mezcla con el ruido de la lluvia. Dentro, una gotera marca el ritmo y se mezcla con el crepitar del fuego y un coro de suaves ronquidos. No hay fuerzas ni para roncar como Dios manda. Todo junto forma una extraña orquesta que tiene algo de armónico. El sueño se va colando despacito.

La subida al pico Duarte de madrugada no es bonita ni fea. Es invisible. Sólo vemos el corto espacio que separa nuestras botas de las de enfrente y algún arbusto que se cuela en el haz de luz. Nuestros pasos suenan ahogados en el suelo húmedo del bosque. Sólo nos delatan las diminutas luces de los frontales en una extraña columna de luciérnagas. A sólo cincuenta metros de la cumbre la niebla y la lluvia no dan tregua. Todo augura una llegada descafeinada, fría, opaca, eclipsada por la niebla. Seguimos inasequibles acometiendo las últimas rampas casi a cuatro patas. Cuando llegamos a la cumbre el frío, la niebla y la humedad no invitan a quedarse… A punto estamos de dar la vuelta cuando ocurre el milagro. Un fuerte viento arrastra las nubes. De repente todo se vuelve naranja a nuestro alrededor. El sol aún no se ve pero la luz lo envuelve todo. De repente, la nube se disuelve en jirones y aparece el astro rey asomando por la cordillera, naranja, imponente. Explosión de gritos, carcajadas, abrazos, algunas lágrimas. En pocos minutos empieza a aparecer una cordillera majestuosa a nuestro alrededor, el macizo central de Santo Domingo a los pies de la más alta de las cumbres de las Antillas: El pico Duarte.

La atracción del descenso son, ahora sí, las mulas. Todos los expedicionarios tienen la oportunidad de recorrer largos recorridos a lomos de las bestias. Andando, trotando, algún galope. La columna de mulas andando por los desfiladeros dibuja una bella escena que parece de otro tiempo. Cuando llegamos al colegio de los Salesianos son ya más de diez las horas que hemos pasado andando o cabalgando. El cansancio no puede eclipsar la sensación de logro, de desafío, de orgullo por lo conseguido. Ahora toca descansar y saborear la experiencia.

Mañana viajaremos a Santiago de los Caballeros. Quizá encontremos a Neno, sin botas ni mochila, colocando ladrillos o enfoscando una pared. Pero para nosotros ya siempre será el héroe que logró conducirnos hasta el pico Duarte con sus andares, sus bailoteos y sus risas. Siempre al frente porque él, Neno, nunca se pierde. 

Eduardo Martínez de Ubago
Cronista Oficial ERS 2021

Día 5

Me encuentro en la noche, probablemente una de las más transparentes y bellas que haya vivido. Esta vez somos mis compañeros y yo quienes guardan las espaldas del grupo. Un luz intensa me muestra sin tapujos la belleza de mi entorno, y es que la luna y el ritmo del oleaje me permiten entender lo minúsculo que soy en este mundo. La mañana comienza con serenidad y es el despertar en este espacio lo que nos lleva a a muchos a aventurarnos en el azulado mar.

A lo largo del día, hemos podido pescar, conocer el entorno, jugar entre nosotros, ver tortugas salir de sus nidos y disfrutar de talleres de formación académica. La unión que se crea con el paso del tiempo entre los expedicionarios es digna de agradecer. De nuevo en la orilla de la playa, bajo el silencio de la noche escucho el oleaje y recuerdo como he vivido este último día de expedición a RD.

Samuel Velasco diez
Expedicionario ERS 2021

Día 4

Bajo aquella enorme luna de medianoche, exhaustos y aturdidos nos encontrábamos. Y aunque la noche no nos permitía vislumbrar la llamada “Bahía de las Águilas”, convencidos estábamos de que la marcha nocturna valió la pena. Iluminados por la noche y la luz de nuestros frontales, sacamos sacos y esterillas para ocupar gran parte de la playa.

El cansancio nos venció y rápidamente nos acostamos para la mañana siguiente despertarnos y descubrir aquella agua turquesa. No éramos conscientes de tener el Caribe bajo nuestros pies, y tras un par de mangos, la salida del sol y mucha ilusión, corrimos hacia el agua como niños. Éramos felices.

El día había comenzado y las tortugas marinas nos esperaban. De nido a nido, fuimos con la esperanza de rescatar a las tortugas escondidas en la arena por sus madres.
Con mucha suerte, logramos salvarlas y llevarlas a su hábitat natural. No nos creíamos lo vivido. La noche se acercó y tras varias charlas sobre aquella enorme luna de medianoche ya no tan exhaustos y aturdidos, nos encontrábamos de nuevo.

Sergio Solís Sánchez
Expedicionario ERS 2021

 

Tras una larga espera a las guaguas y una siestecita en el trayecto, daba comienzo la aventura de hoy. Esta se trató de una ruta por el río de la zona de Barahona y sus pozas. Cuando nos montamos en aquellas pick-ups nadie se podía imaginar lo que nos depararía el día.

Muchos botes y empujones después, llegamos al comienzo de nuestro camino. Un camino cuanto menos curioso. Piedras, barro, ramas caídas y árboles frondosos. Una combinación perfecta que a más de uno le hizo temer por su integridad física en más de una ocasión. A pesar de los resbalones y caídas, la euforia de trepar y saltar por aquellos rincones salvajes era incontenible. Al final de la ruta, un idílico río de aguas cristalinas nos esperaba a los rumberos. Por fin pudimos descansar del insoportable calor de estos días.

Tocó volver y la alegría seguía estando presente. El día continuaba y otra vez nos encontramos en las guaguas. ¿Rumbo? Desconocido como siempre. Una caminata nocturna nos ha traído al lugar donde dormimos esta noche: “La Bahía de las Águilas”. Y es así como entre los mosquitos atraídos por la luz de mi frontal y en mitad de una hermosa playa caribeña, me despido. Buenas noches.

Marta Acero
Expedicionaria ERS 2021

 

24 de Julio, cuarto día de expedición en el que pocos nombres quedan por preguntar. El sol se alza por el este y nos recuerda que hoy empieza un nuevo día, semejante a aquella vida paralela que dejamos atrás. Despertamos en aquella imagen idílica caribeña que tanto hemos visto en fotos. Ese momento que tanto estábamos esperando ha llegado y comienza un día impredecible cuyas expectativas serán sobrepasadas.

Despertamos rodeados de aquellas personas con las que viviremos esta experiencia, esas personas que poco a poco nos han empezado a importar y que se han convertido en amigos, grandes amigos. Amigos con los que viviremos anécdotas que contar para siempre, llenas de risas que nos permiten desconectar y darnos cuenta de que estamos rodeados de una arena más blanca de lo que habíamos imaginado. Los rumbos piratas de nuestra infancia. Esos mangos adictivos que nos malacostumbrarán a una vida caribeña tan deseada cuya utopía ha desaparecido.

Mientras las pequeñas tortugas emergen de sus nidos nos replanteamos si verdaderamente merecemos esto, y te das cuenta de que no. Esos viajes en barco con los nativos y aquella comida que tanto apreciamos. Esas hogueras vivas y llenas de ilusión y cercanía acompañados de pescado frito capturado por la familia rumbera. Son estos momentos en los que te das cuenta de que efectivamente no nos lo merecemos, como si de estar soñando se tratase.

Pero claro, todo sueño tiene un fin, y finaliza cuando menos lo deseas, con la despedida del sol por el oeste.

Santiago Fanjul
Expedicionario ERS 2021

Bajo el sol de Barahona, los expedicionarios subidos al remolque de un camión, ascendemos la montaña de una selva húmeda del caribe. Tras molestos baches causados por la rocosa y desnivelada superficie del suelo, llegamos finalmente a un paraíso natural.

Un agua azul cristalina bajando por rocas atravesaba la selva. La ruta de cinco horas estaba al comenzar. Con esperanzas de no mojar las zapatillas al cruzar el rio, poco sabíamos que acabaríamos nadando con la misma ropa para cruzarlo.

Debido a la dificultad del ascenso por la roca, nos vimos obligados a caminar por el río como si no tuviera agua. Con una gran humedad en el ambiente, llegamos a la cima de la montaña, probablemente cerca del nacimiento Del Río, donde se formaban unas piscinas naturales cristalinas delimitadas por la roca.

Esta gran maravilla de la naturaleza dominicana nos hizo sentir felicidad. Sin cámaras ni móviles, estas imágenes del paisaje que hemos visto hoy, se nos quedarán grabadas en la mente. Tras la puesta de sol, nos dirigimos en autobús a nuestro siguiente destino.

Victoria de la Puente
Expedicionaria ERS 2021

 

Esta mañana nos hemos despertado antes de la hora establecida, sobre las 6.40 am. El deporta ha sido leve, incluso estuvimos bailando antes de comer todos juntos dentro del mar de color turquesa. Es la arena más blanca que he visto nuca, hay conchas por todos lados y vuelan mariposas negras y amarillas dando al lugar un aspecto paradisíaco.
Montamos varios techos basha para refugiarnos del sol y para desayunar tomamos los mejores mangos que he probado. Me dejé sorprender por la oratoria del profesor senegales de la universidad de Dakar, Malamine Gaye, que dio un discurso impecable y conmovedor de la colonización y esclavitud africana. Vimos desenterrar bastantes crías de tortuga marina, pues el lugar es una playa natural de anidación.

Comimos arroz a la dominicana y pollo.
Este día de descanso tropical era lo que muchos necesitábamos. Montamos en barcas que nos llevaron a hacer snorkel y pude ver y tocar estrellas de mar. Comenzamos unos talleres de orientación y supervivencia mientras contemplábamos una puesta de sol de colores rosados y azucarados.

Pronto anocheció y los monitores encendieron una gran hoguera para ahuyentar a los mosquitos de alrededor y nos sentamos a cenar. Esta mañana no podía imaginar que hoy sería un día tan enriquecedor.

Aitor Martin Nieto
Expedicionario ERS 2021

Tras cuatro horas de sueño comienza la guardia del campamento. Los turquesas de la playa cobraban color mientras los expedicionarios dormían en un sueño que se mezclaba con el romper de las olas. El desayuno compuesto por mango inició una guerra por la apreciada fruta. Fuimos partícipes y colaboradores de un espectáculo natural, el nacimiento de 32 tortugas Carey. Bahía de las Águilas, denominada así por el feroz depredador de las tortugas fue nuestro campamento base durante dos noches. Varias charlas de supervivencia nos aportaban nociones básicas de supervivencia.

Carlos, un barquero dominicano, nos dirigió a una cala más alejada. Junto a la puesta de sol del caribe encontramos unas salinas naturales, y el día llegó a su fin con una cena de salmonetes pescados por algunos expedicionarios y una charla sobre el desembarco de Colón en las Américas. La pesadez de los párpados cesó lentamente un día espectacular.

Javier Arizón
Expedicionario ERS 2021

Llevamos 5 días en los que he vivido y sentido cosas que nunca antes había podido imaginar. República Dominicana me ha enseñado muchas cosas, he conocido gente maravillosa que nunca olvidare y he visto paisajes que me han dejado sin aliento. Siento que estoy creciendo como persona de una forma que nunca imaginé que podría. Está siendo increíble y estoy muy agradecido por todo.

Xabier Rodríguez Irguibell
Expedicionario ERS 2021

 

Esta mañana no ha habido voces altas, ni tampoco cánticos militares. Esta mañana nos han despertado los primeros rayos de sol de la Bahía de las Águilas, una playa de arena blanca con agua cristalina. A medida que el sol se ha levantado hemos recogido el campamento y comenzado la ruta de vuelta al autobús. Durante el camino más de uno se ha mareado por el calor antes de refugiarse en la sombra de unos arboles, Debido a un cambio de planes, nos hemos visto obligados a volver a Barahona, donde los Salesianos nos han dado una cálida bienvenida para celebrar el Santo De Santiago hemos improvisado una misa muy acogedora, que para mí ha sido especialmente emotiva. Después de tanto tiempo se me había olvidado el encanto de dar La Paz y cantar junto al coro. Una vez terminada la misa nos hemos subido de nuevo al bus donde hemos pasado aproximadamente unas 6 horas. Pero entre muchas risas y alguna que otra siesta de han pasado volando. Finalmente, hemos llegado a nuestro destino,  Jimaní.

Antes de sacar la almohada Telmo nos ha contado una de sus grandes aventuras navales que nos ha dejado con ganas de más.

Alejandro Mateo Cobo
Expedicionario ERS 2021

Día 3

Árboles como rascacielos, naturaleza, cascadas que sonorizan el ambiente y un río que serpentea por la selva decoran el paraje de postal de ensueño del que pudimos disfrutar ayer.

El día empezó con el deporte de siempre, seguido de recoger las mochilas y esperar para empezar el que iba a ser el mejor día hasta el momento.
Al subir a las pick-up pudimos comprobar que mientras nos acercaban a las pozas, nos hacían disfrutar de una montaña llena de botes, subidas y bajadas. Aquí comenzó la verdadera aventura.

Surcando el bosque, cruzando el rio, montándonos las deportivas y, sobre todo, gracias a la ayuda de los demás, conseguimos llegar a nuestro destino. Pocos han sido los que no se han escurrido o caído y se han llevado un recuerdo de la aventura en su piel (en forma de rasguños o heridas). Sin embargo, todo tiene su recompensa y, de esta manera, como si el agua fuera oro, nos tiramos a ella y disfrutamos como los niños que nunca hemos dejado de ser. Algunos bucearon, otros se tiraron desde “acantilados” improvisados y los más curiosos nadaron por una cueva hasta el final de la poza.
Si algo destacaría del día de ayer sería, sin duda, la caminata a pie hacia las pozas mientras cantábamos, hablábamos y hacíamos amigos.
Por último, para terminar el día, hicimos una caminata hacia otro destino paradisíaco dónde dormiríamos: la Bahía de las Águilas. Un final perfecto para un día inmejorable.

Beatriz López Morato
Expedicionaria ERS 2021

 

Qué tranquilidad y qué preciosidad de lugar. Me encantan estos planes. La naturaleza en su pleno esplendor y naturalidad. El silencio del bosque, los pájaros cantando, el agua cayendo en cascadas, todos caminando en familia… ¡Qué felicidad!

Llegamos al punto más alto del río, ropa fuera y a bañarse. Está fría pero merece la pena. Poza tras poza, subimos y subimos. Saltos, caídas, moretones, heridas… daños colaterales sin importancia porque está siendo un día increíble.

Volvemos para comer. El camino de vuelta siempre se hace más corto. Parece que no hubiésemos pasado por aquí antes. Bocadillos, autobús y caminata hasta la playa, ¡qué lugar! Casi no se ve por la oscuridad pero ya empiezo a imaginarme como se verá mañana por la mañana.

Macarrones frente al mar del Caribe. ¿Quién nos lo iba a decir? La brisa marina, el sonido de las olas y la arena blanca maravillosa. Simplemente un día inolvidable.

Clara Luna Calleja
Expedicionaria ERS 2021

Os habla un chico navarro desde República Dominicana que os quiere contar cómo está siendo su experiencia en este viaje de iniciación a la cooperación. Por el momento distanciarnos del mundo privilegiado y aislarnos de toda comunicación me ha ayudado a integrarme en esta aventura y adentrarme aún más a fondo en la cultura dominicana. Ayer pude apreciar el milagro de la vida cuando logramos rescatar 32 crías de tortugas “Carey” enterradas en la arena.

Entre los paisajes que hemos visitado, el río situado en “La sierra de Bahoruco” me recordó a los paisajes del Pirineo navarro pero con una flora mucho más exótica. Por último, destacar que los locales dominicanos son extremadamente amables y acogedores.

Yago Filloy Vives
Expedicionario ERS 2021

 

 

Día 2

La mayoría de personas que miren pensarán en personas desdichadas, en casas pequeñas, en situaciones de riesgo. Pero nosotros tuvimos la suerte de conocer la verdadera naturaleza hospitalaria y agradecida de esta comunidad.

Mientras el sol se ocultaba tras el monte, el centro juvenil “Cristo Rey” de los Salesianos, nos guió por las calles del sector los guandules, para entregar un pequeño lote de comida. Contaba con arroz y pasta, entre otros, como regalo para algunas de las familias que viven una realidad tan diferente a la nuestra. Sus casas, pequeñas y precarias, adornan con vivos colores su día a día. Allá donde mirábamos había niños comiendo y jugando, saludando con una amplia sonrisa a todos los expedicionarios mientras sus madres les miraban con cariño desde las sillas que descansaban en cada porche.

Pocas veces he sentido con tanta claridad esa hermandad que se respiraba en el aire y que nos invadió al pisar sus calles. Nos sentimos acogidos como quien saluda a un viejo amigo, con la emoción de ponerse al día. Nos contuvimos con los abrazos, aunque no faltaron, así que nos conformamos con darle la mano a los niños mientras bailábamos todos juntos.

Quizás nosotros somos los afortunados que llegamos a conocer tan a fondo su comunidad. Nos recuerda que, a veces, para ver la verdadera belleza del mundo, hace falta mirar un poco más adentro.

Isabel Medina Henche
Expedicionaria ERS 2021

“Sus sonrisas de agradecimiento, sus manos sucias y pies descalzos”

Pobres ilusos que ante un “meted el bikini por si acaso” creíamos que íbamos a tocar las soñadas playas turquesas. Esperanzados subimos al bus. Me tocaba un largo viaje tirando de ukelele y buena compañía. En un abrir y cerrar de ojos llegamos al destino. Este, hasta el momento desconocido, resultó ser un colegio repleto de “salesianos humildes”.

Bailando con la gota gorda y tirando a canasta bajo el sol. Esperando con ansia el bocadillo para descubrir que lo más esperado aún no había llegado.
Tocaba cambiar ese turquesa de ensueño por otra realidad que (te) quita el sueño.
Subimos de nuevo a nuestro querido bus para llegar a un poblado con casas de aluminio y madera astillada. Los rumberos cogimos una bolsa de comida “per cápita” para asomarnos a esos hogares y contarles nuestra historia.

Todavía en el poblado tiramos una vez más de música, altavoz y micrófono. Esta vez invitábamos a bailar a los niños. Pasos improvisados y bailes desordenados.
Un padre nuestro en agradecimiento y de vuelta a nuestra dichosa comodidad.
Menos mal que hoy no hemos necesitado el bikini.

 

Genoveva Alférez
Expedicionaria ERS 2021

Crónica 8. 27 de julio

Jarabacoa. 27 de julio de 2021

El día empieza como acabo el de ayer. Literalmente. El convoy sigue incansable devorando kilómetros. Solo cambia el punto kilométrico y el velo de la noche, que ya ha desaparecido dejándonos ver un nuevo paisaje. Ni rastro de cactus ni de iguanas. Bosques, prados verdes, plataneros. De vez en cuando un pueblito destartalado, con su habitual maraña de cables de luz colgando por el aire como lianas. Por fin llegamos a Jarabacoa.

Jarabacoa se sitúa en el mismo centro del sistema central. En la lengua de los indígenas taínos, combina Jaraba y Coba, Tierra de Fuentes de Agua. Fue una zona muy poco poblada hasta el siglo XIX, cuando las invasiones haitianas provocaron una huída masiva hacia esta zona.

Haití fue la segunda nación americana en independizarse, la primera república negra del mundo y una de las pocas rebeliones culminada con éxito. A ese punto se llega después de más de cien años de explotación de la que fue la más importante de las colonias francesas y una de las más lucrativas del mundo. Llegó a producir la mitad del azúcar consumido en Europa. El modelo de producción exigía un relevo permanente de esclavos. Su proporción llegó a ser de veinte a uno, y la llegada continua de africanos lo convirtió en una república negra. La división de la isla de La Española se había fraguado en el siglo XVII fruto de las incursiones de filibusteros y bucaneros desde la vecina isla de La Tortuga. La colonización pudo avanzar por toda la zona occidental de la isla, descuidada por los españoles, hasta la cesión en 1697.

El programa de España Rumbo al sur es intenso. Nómada. Siempre hay un después que apremia. Nunca se detiene. La oportunidad es única y no dejamos escapar ni una gota. Sólo unas pocas horas de sueño se interponen entre lo vivido y lo por vivir.

Para que la experiencia pose y también para prepararnos para la siguiente fase de la expedición son necesarios días como hoy, en los que por primera vez no hay prisa. Días de lavar, de lavarnos, de descansar. El programa académico toma el protagonismo sin apuros, dejando espacio para la conversación, para el debate. Hoy hemos desvelado el segundo capítulo de la historia del descubrimiento y hemos podido hacerlo entre todos, con un debate apasionante sobre la colonización Española. Su dimensión transformadora, cuestiones éticas, analogías con otras colonizaciones… nivelón de los expedicionarios una vez más. Al próximo que me diga que las nuevas generaciones no tienen valores lo mando internado a Rumbo al Sur.

El colegio de Los Salesianos de Jarabacoa no puede servir mejor a este propósito. Jardines, duchas, agua potable, zonas de sombra, pabellón de conferencias… Han merecido la pena las ocho horas de convoy nocturno.

Mañana vuelve la aventura a Rumbo al Sur. Nos esperan ciento veinte mulas, el pico Duarte en el desafío de llegar a la cumbre en las próximas cuarenta y ocho horas.

Eduardo Martínez de Ubago de Liñán
Cronista Oficial ERS 2021

Crónica 7. 26 julio

Ruta 47. 26 de julio de 2021

Hoy se han colado las siete bellas artes en la expedición de España Rumbo al Sur.  Todo tenía hoy un tinte cinematográfico, dramático, artístico, incluso irreal.

Ya por la mañana el campamento parecía una película ambientada en el delicioso hotel de Jimaní. Su sabor decadente y trasnochado es el entorno perfecto para una escena de cine colonial. Si no fuera por el bosque de mosquiteras amarradas a los árboles, cualquiera diría que estábamos en un resort de los años cincuenta: Piscina, música, risas, paseos, conversaciones, alguna guitarra de fondo… Los veteranos de Rumbo al Sur le llaman “momentos de descompresión”, que equilibran la dureza de otros en los que toca poner a prueba nuestra resistencia. Así me lo cuenta Carlos Toro, uno de los puntales de la expedición, apoyado en la balaustrada de madera que se asoma al jardín.

No tardamos en cambiar de viñeta. Estamos a unos pocos kilómetros de Haití y no vamos a perder la oportunidad de perdernos entre el caos del mercado de Malpasse, una zona franca de apenas doscientos metros donde Haitíes y Dominicanos intercambian libremente. No es un mercado de artesanos, no tiene nada de los encantos de las medinas, los zocos y los mercados medievales. Es una película distópica. Motos, carretillas, mujeres acarreando pesados bultos en sus cabezas, desorden, suciedad, calor, ruido, mucho ruido. Como experiencia no tiene precio. Para nosotros ha sido una película de apenas dos horas… para ellos es su película. En la última escena vemos a una bandada de flamencos a la orilla del lago Enriquillo a pocos metros del caos y la suciedad. Algo no encaja en la foto.

Tras una parada en nuestro querido hotel Jimaní para comer, la expedición parte rumbo a Jarabacoa. Parada obligatoria en al Parque Nacional Lago Enriquillo, uno de los pocos lugares donde aún se encuentran caimanes e iguanas. Las iguanas se encuentran a pocos metros de la entrada del parque, confiadas. Para encontrar a los caimanes tenemos que acercarnos a la orilla. El espectáculo es sobrecogedor. Un inmenso bosque de árboles muertos sobre un suelo de piedras blanquísimas se adentra en las aguas del lago. Es un paisaje fantástico, algo fantasmal, como sacado de un cuadro de Caspar Friedrich. Aquí viven las hienas de El Rey León, y Yoda da clases particulares. Aquí conoció el padre de Fujur, el dragón, al perro gigante, y tiene Conan el Bárbaro su campo de entrenamiento. Esquivando los árboles muertos, las barcas han acercado a algunos expedicionarios para ver los caimanes más de cerca, pero un vendaval de ha obligado a los botes a refugiarse en la orilla, como en las buenas historias.

Y no podía faltar algún ingrediente accidentado en la trama. Uno de los tres autobuses ha quemado los discos de freno y se ha visto obligado a parar. Afortunadamente contamos con más recursos que los conquistadores y no hemos tenido que desguazarlo para construir un fuerte… pero la reparación ha obligado a cambiar el programa: Viajaremos y dormiremos toda la noche. Las primeras luces de Jarabacoa nos verán doblar las últimas curvas.

Ahora el autobús duerme silencioso. Solo se oye la respiración de los expedicionarios y el murmullo de las teclas mientras escribo esta crónica. Fuera, las luces del convoy y el ruido de los motores rompen a su paso la tranquilidad de la noche. La escena tiene algo de aventura y mucho de magia.

Contínuará….

Eduardo Martínez de Ubago de Liñán
Cronista Oficial ERS 2021

Crónica 6. 25 julio

Jimaní. 25 de julio de 2021

La relación de los conquistadores con los indígenas fue intensa desde
el principio. Una vez establecido el primer destacamento en el fuerte
Navidad con treinta y nueve hombres, y ya en el camino de vuelta,
fueron recibidos con una lluvia de flechas en la bahía de Samaná. En
su siguiente expedición, que llega a las islas en noviembre de 1493,
la situación se recrudece. No encontraron un solo superviviente en el
fuerte Navidad. Todos murieron a manos de indígenas taínos mandados
por el cacique Caonabo. Los conflictos se mantienen hasta marzo de
1495, con el apresamiento del cacique y la batalla de la Vega Real. No
hubo pena de muerte para Caonabo, que es enviado a Castilla a
parlamentar con los Reyes Católicos. El naufragio del navío en que
viajaba evitó la conferencia.

La expedición de España Rumbo al Sur ha llegado hoy a Jimaní, entre
los lagos Enriquillo y Azuei. El primero es el lago más extenso de las
Antillas y debe su nombre al cacique taíno Guarocuya, sobrino de
temido Caonabo, rebautizado Enrique Bejo. Enriquillo fue criado en el
monasterio de Santo Domingo y tratado como ciudadano de Castilla. El
tratamiento jurídico decretado por los Reyes Católicos en las Leyes de
Burgos es absolutamente revolucionario para el contexto de la época.
En estas “Ordenanzas para el tratamiento de los Indios” se establece
su naturaleza jurídica como hombres libres con todos los derechos de
propiedad y prohibición expresa de ser explotados. Este documento es
el auténtico precursor de la declaración de derechos humanos que aún
tuvo que esperar hasta mediados del siglo veinte para ver la luz.

Esta mañana nos despedíamos del maravilloso campamento en Bahía de las
Águilas. Hemos tenido el privilegio de contar con un permiso
excepcional para pernoctar en medio del parque natural de Jaragua, en
una de las playas más impresionantes que verán nuestros ojos. Tocaba
devolverle al parque parte de lo que nos ha dado. Se ha formado una
impresionante compañía de recogida de basura que ha conseguido
acumular más de veinte sacos de desperdicios. El precio que ha habido que
pagar ha sido una caminata en condiciones muy complicadas de calor y
humedad. Una vez más la talla y la capacidad de esfuerzo de los
expedicionarios de Rumbo al Sur no ha decepcionado.

Los autobuses se han vuelto más silenciosos con el paso de los días. Ya
no es el guirigay de conversaciones cruzadas abriéndose paso entre la
música caribeña a todo trapo. Muchos aprovechan para descansar, para
escribir las crónicas, para anotar en el diario. Las conversaciones se
vuelven más íntimas… Todo esto hasta que el conductor del autobús
decide que ha llegado el momento del merengue y el reggaeton. La
cultura Dominicana no puede vivir en silencio, necesitan la musica .
Entonces comprobamos que a los expedicionarios no se les ha olvidado
bailar.

Por fin en Jimaní. Ha sido un viaje largo. Montar el campamento a la
orilla de la piscina del antiguo hotel Jimaní, tiene un encanto
especial y un delicioso sabor decadente. El hotel Jimaní es una joya
perdida de la arquitectura de la era Trujillo. El único que queda en
la isla, intacto desde entonces, suspendido en el tiempo. Hoy en
nuestros sueños quizá viajemos en canoa por las Antillas emulando a
Diego Méndez de Zamora en su expedición desde Jamaica a La Española en
1503… Hacía mucho tiempo que nadie nos contaba un cuento antes de
dormir.

Eduardo Martínez de Ubago de Liñán
Cronista Oficial ERS 2021

Crónica 5. 24 de julio

Playa Bahía de las Águilas. 24 de julio de 2021

República Dominicana es probablemente el país con la mayor influencia africana de América, y sin embargo no es posible aislarla. La llegada de africanos se remonta al siglo XVI, pero se mantiene durante décadas de forma continua. En Santo Domingo la hibridación de razas se produce de manera ininterrumpida como en ningún otro lugar en el mundo: indígenas taínos, europeos y africanos se entremezclan desde el primer momento, y esa hibridación impregna hoy todo lo que hacen. Si intentamos aislar las costumbres africanas, como haríamos con otras comunidades, fracasaremos en Santo Domingo. Está en todas partes.

Todo esto me lo cuenta Malamine. Malamine es un intelectual senegalés originario de San Luis que ejerce de profesor en la universidad de Dakar. Es doctor por la Universidad Complutense de Madrid y por la de Dakar. Habla cuatro idiomas y su español es extraordinariamente culto. Malamine es también príncipe heredero de una dinastía de doscientos años en San Luis.

La conferencia de Malamine tiene algo de trascendental. Su silueta se recorta frente al mar de Las Antillas mientras gesticula con un estilo que respira ritmos africanos. Quinientos años después vuelve al mismo mar que vieron sus antepasados, los primeros africanos de América, para hablarnos de la cultura africana, de la negritud. De cómo los movimientos de los años veinte en Harlem y posteriormente los que se producen en Martinica en 1935 rescatan la esencia de la cultura africana. Reivindican el derecho a la diferencia y recuperan la dignidad en una época en las que se extendía, entre los propios negros, un sentimiento de inferioridad tras años de abusos y de esclavitud. Las ordenes que dan los Reyes Católicos de igualdad y respeto a la población indígena con prohibición expresa de la esclavitud tuvieron que esperar casi cuatrocientos años para ver la luz en los vecinos del norte del continente.

Ayer montamos el campamento ya de noche cerrada. Esta mañana, a las seis y media, Telmo ha sustituido el habitual toque de diana por el Ave María Guaraní. Según íbamos abriendo los ojos al son de los compases de Morricone, se nos paraba la respiración ante el espectáculo de la Bahía de las Águilas con las primeras luces del día. El campamento se ha puesto en marcha despacio, en silencio, sin romper la magia del momento. Algunos se han acercado al borde del agua, otros miraban el amanecer desde el saco, hemos visto algunos abrazos y muchas miradas empañadas.

La Bahía de las Águilas forma parte del parque nacional de Jaragua. Aquí encontramos, entre otras cosas, una de las mayores reservas de tortugas marinas del planeta. A estas playas siguen llegando, años tras año, fieles a un instinto ancestral, cientos de tortugas que depositan en la arena su razón de existir. Dos meses después se produce el milagro. Cincuenta huevos por nido intentarán atravesar los diez metros que les separan del agua. Sólo cinco sobrevivirán.

Todo esto nos lo cuenta Ignancio Hernández Félix, responsable del parque. Lo que no esperábamos es que, después de tumbarse en la arena a unos pocos metros, y tras unos minutos de excavar, pudiera rescatar tres crías vivas de tortuga Tingal, la más grande de las que habitan estas aguas. Ignacio ha guiado a la expedición en una ruta por la playa tratando de descubrir nuevos nidos. Nadie soñaba haber podido ver una procesión de treinta tortugas que han equivocado la hora de salida. Si no hubieran sido rescatadas habrían muerto abrasadas por el sol antes de alcanzar la meta.

El resto de la jornada ha transcurrido entre baños, deporte, pesca y programa académico.  Nos vamos durmiendo despacio, como amanecimos, mecidos por el ruido de las olas y por los reflejos de la luna. Mañana quizá tengamos otro amanecer de música y mar.

Eduardo Martínez de Ubago de Liñán
Cronista Oficial ERS 2021

Crónica Oficial 4. 23 de julio

Bahía de las Águilas. 23 de julio de 2021

Agua. Pocas cosas se valoran más y se echan más de menos en la expedición que el agua. Agua corriente, agua para ducharnos. Ese agua que por habitual está en España muy lejos de ser el lujo en que se ha convertido aquí.

Después de tres días suspirando por un poco de agua por el cuerpo, nadie esperaba la fiesta de agua en que se ha convertido nuestra aventura hoy. Cuatro horas caminando por el río Pedernales, entre cañones y barrancos, en el maravilloso bosque tropical de la sierra de Bahoruco. Cuatro horas con las botas y las mochilas convertidas en anfibios. Cuatro horas donde la respiración se congela a cada momento ante el espectáculo de naturaleza que nos sorprende detrás de cada meandro. Cataratas, rápidos, pozas, cañones… todo cubierto por una maravillosa bóveda de bosque tropical tamizando la luz en caprichosos juegos de color.

La sierra de Bahoruco es parte de la reserva de la biosfera Jaragua-Bahoruco-Enriquillo, de casi cinco mil kilómetros cuadrados. Una joya de biodiversidad donde encontramos múltiples especies endémicas, más del cincuenta por ciento de las orquídeas que habitan el planeta y una variadísima población de reptiles, anfibios y mamíferos. En esta reserva encontramos el lago más grande del Caribe -lago Enriquillo- y un gradiente de altura que va desde los -40 en la superficie del lago hasta los 2.400 en la Loma del Toro. Santo Domingo es una de las poquísimas zonas del planeta que, lejos de deforestarse, tiene una política de recuperación de bosques que ya representan el 40% de la superficie.

La Isla de La Española es donde todo empezó, donde se inició la expansión de las provincias de ultramar de la corona de Castilla. Aquí encontramos la primera catedral, el primer hospital, los primeros juzgados, el primer obispado, la primera capitanía… y esto no es diferente para la exploración de la naturaleza. Encontramos referencias a este paraje ya en las primeras crónicas de Bartolomé de Las Casas.

Volviendo a la aventura por la sierra de Bahoruco, hoy la exigencia física no ha sido muy alta, pero sí la dificultad. Son muchas horas avanzando; algunas veces con el agua por la rodilla, otras  nadando, en ocasiones remontando cascadas y a ratos buscando pasos imposibles entre las rocas… No todos están igual de acostumbraos a las rutas acuáticas, pero todos han llegado sin más sobresaltos que algún chapuzón no planeado.

La aventura de hoy ha sido un regalo para todos. Un regalo de agua, de aventura, de naturaleza, de belleza y de diversión.

Mientras escribo esta crónica los autobuses navegan ya rumbo a la playa de la Bahía de Las Aguilas. Parece que el milagro del agua seguirá acompañándonos algún tiempo.

Eduardo Martínez de Ubago de Liñán
Cronista Oficial ERS 2021

 

Crónica Oficial 3. 22 de julio

Barahona. 22 de julio de 2021

Suso es cirujano pediátrico, terminando la residencia en Córdoba y anda pensando en la posibilidad de volver a Santo Domingo e instalarse aquí cuando acabe. Aprendió a apreciar la cultura de la isla aquel año que estudió en la Universidad Nacional Pedro Enrique de Ureña. Es su primer año en la expedición, como parte del equipo médico, pero parece que llevara aquí toda la vida. Una de esas personas fantásticas que acaban cayendo en la órbita de España Rumbo al Sur. Hoy he podido conocerle mejor, y es que no hay nada como un buen viaje en autobús para descubrir a aquellos con quienes compartimos saco, poto y cantimplora cada día.

Diego es un ingeniero coruñés que vivió seis años en Méjico, jugador de rugby de élite, aficionado a la historia, a la divulgación científica y un ejemplo de energía que nos inspira a todos a dar el máximo todas las mañanas. Es otro de esos nuevos fichajes que algo nos dice que ha venido para quedarse en la comunidad de ERS.

Conversaciones como estas se han repetido en todos los rincones de los autobuses. Día de viaje, de conocerse, de descansar, de pensar sobre lo que ya hemos vivido y lo que nos queda por delante.

Las conversaciones con Suso y con Diego me han hecho pensar sobre el verdadero secreto de España Rumbo al Sur: un equipo de personas absolutamente excepcional que se ha ido fraguando año tras año. Médicos, arquitectos, ingenieros, banqueros, fotógrafos, bomberos, militares, licenciados en económicas, en historia, en arte. Algunos no pasan de los 25 y otros ya cumplieron los 55. De todos los puntos cardinales, con experiencias, educaciones y razas diferentes, pero con un denominador común: hambre de aventura, de conocimiento, generosidad, entrega, capacidad de trabajo y de sufrimiento. Y alegría.

Sólo falta un ingrediente secreto para galvanizar este equipo alrededor de un sueño: el liderazgo natural y el carisma de Telmo. Telmo tiene esa magia de inspirar, de hacer sentir a todo el mundo especial. Telmo ha construido su liderazgo lejos del ejercicio de la autoridad, sin necesidad de mostrar los galones. El liderazgo de Telmo descansa en el aprecio, en hacer sentir a todo el mundo importante, en deshacer los conflictos sin perder el tono, en el sentido del humor. En haber sabido entender qué hace a Rumbo especial, en ser bandera incombustible de la ilusión.

Barahona nos recibe como lo hace este país, con música y baile. Cuando atravesamos la puerta del colegio Cristo Rey de Los Salesianos, ya hay un grupo de jóvenes en un escenario bailando merengue. Diez minutos después tenemos a toda la expedición ensayando sus primeros pasos. En Santo Domingo no hay mejor medicina que la música. A todas horas, saliendo de todas las puertas. El país vive a ritmo de merengue, de salsa y de bachata. Y la música nos sumerge en un humor especial, en un ambiente que sólo invita a integrarnos con nuestros nuevos amigos.

Con ese espíritu y con el “buen rollo” todavía metido en los huesos, toca hacer algo por los demás y por nosotros. El grupo de voluntarios de Los Salesianos nos regala el lujo de compartir con ellos la experiencia de repartir comida en uno de los barrios más desfavorecidos de la ciudad. Calles sin asfaltar, minúsculas casas de chapa, sin agua corriente, sin saneamiento, sin aislamiento, sin las comodidades básicas y sin embargo bello. El barrio se recorta contra las montañas que rodean la ciudad. Casas pintadas de vivos colores, humildes pero cuidadas, limpias, decoradas. El reparto de comida termina en una improvisada plazuela como acaban las historias en Santo Domingo: con baile y con música.

Mientras escribo esta crónica suena en directo un cuarteto, al que se acaban de incorporar algunos expedicionarios. Y así terminará la tercera jornada de la expedición. Con música y baile. ¿Cómo si no?

Eduardo Martínez de Ubago de Liñán
Cronista Oficial ERS 2021