Crónicas finales expedicionarios

¿Dónde está mi corazón?

Mi pasaporte ahora tiene dos sellos: uno de entrada a la República Dominicana el pasado 20 de Julio y muy a mi pesar, otro de salida con fecha de hoy, 5 de Agosto.

Ayer visitamos la ciudad de Samaná donde nos recibió la alcaldesa de la ciudad. Nos acogieron con bailes típicos del país acompañado de un discurso, en él la anfitriona dijo: “espero que la República Dominicana haya tenido el suficiente impacto en su corazón como para que quieran volver”.

El problema: yo ya no sé dónde está mi corazón. Un trozo se quedó en la visita a Cometas de la Esperanza y su labor con los niños buzo, otro cacho está en un pueblo de Barahona con la niña del vestido rosa, también se quedó en el pico Duarte. Sin duda, gran parte lo tienen mis compañeros rumberos y otro siempre ha estado con mi madre.

Recordando lo que digo la alcaldesa, tengo claro que este país me ha cambiado y algún día volveré para que mi corazón se reencuentre con las partes de él que siempre estarán aquí.

Cristina Santacreu
Expedicionaria ERS 2021

 

El último día mi expedición

El último día de expedición, el ir y venir de los expedicionarios recogiendo sus macutos, la organización introduciendo todo el material en los camiones rumbo al aeropuerto. Desde el momento en el que abres los ojos notas que algo ha cambiado, el ambiente es distinto todo el mundo tiene ganas de reencontrarse con sus seres queridos, pero nadie quiere dejar atrás todo lo vivido. Pasados los primeros compases de la mañana empiezan a circular los cuadernos de tus compañeros pidiéndote unas palabras de despedida, en este momento te haces plenamente consciente de que en menos de 24 horas te vas a separar de la gente con la que has convivido día y noche durante 16 días, amigos que se han convertido en parte de tu familia y gente que eran completamente desconocidos, ahora compartís una historia que os acompañará el resto de vuestra vida.

Si ya era duro el viaje de vuelta lo es más aún los días venideros, son unos días en los que te sientes vacío, desorientado, exhausto, has pasado de tener mil cosas que hacer, más de ciento veinte historias por conocer, a despertarte en tu casa, en tu cama, recién duchado, con el desayuno esperándote en la cocina y rodeado de tu familia. Aunque la alegría por el regreso es innegable, el hueco que deja toda la gente que has conocido no es sencillo de llenar. Ahora solo toca mirar hacia delante y poner Rumbo a una nueva aventura.

Julio Ayala Maya
Expedicionario ERS 2021

 

Ya estamos de vuelta en España y en mi caso de camino a la playa; mirando el paisaje no puedo evitar pensar en los contrastes entre ambos países, presentes en las diferencias entre el paisaje tropical, verde y frondoso de República Dominicana y el paisaje seco y amarillo español.

Sin embargo, estos contrastes también están presentes en otros aspectos como las ciudades, la manera de vestir de la gente y la forma de ser de las personas, que es una de las cosas que más me ha sorprendido de este maravilloso país.

Hemos tenido la oportunidad de conocer una cultura que tiene mucho que enseñarnos. Los dominicanos son personas cercanas pero sobre todo son personas llenas de vida, personas que son capaces de exprimir cada día al máximo y disfrutar de cada momento. Siempre con una sonrisa y acogiéndonos en cada lugar que visitamos como si fuésemos su familia.

Son personas que ponen el amor hacia los demás por encima de todo, y que a pesar de las dificultades, nunca dejan de confiar en que las cosas saldrán bien.

Esta manera de afrontar la vida, me hace replantearme la forma de vivir que tenemos en España, creo que en este lado del Atlántico a veces nos faltan esas ganas, porque a pesar de ser nosotros los que en teoría tenemos más facilidades para vivir mejor, son ellos los que son más felices.

Este viaje me ha servido para darme cuenta de que no es más feliz el que más tiene sino que debemos buscar ser felices con poco; que con una mochila y cuatro camisetas se puede ser feliz; y que como nos comentó un padre dominicano hay más en el dar que en el recibir y así lo hemos comprobado estos días.

Muchas gracias por todo,

Inés Ferrer
Expedicionaria ERS 2021

¿Y tú, qué harás cuando lleguemos a españa?
Fue la pregunta que se oía los últimos días entre todos nosotros.
Ya han pasado 24 horas desde la vuelta a nuestra realidad y es como si te despertaras de un sueño del que no te querías despertar.
Hace 18 días embarque en una nueva aventura con ciento y pico chicos de la misma edad.
vuelvo atrás y me imagino en el avión hace 18 días muerta de nervios y sin saber lo mucho que me impactaría este viaje.
No voy a mentir, el despertarte sobre las cinco y media, seis de la mañana, el pasar hambre y sed y la incertidumbre del día a día fue duro a veces,  pero de alguna  manera ahora mismo daría todo por volver y eso es  lo bonito y extraño de rumbo al sur.
Durante la expedición hemos hecho cosas inolvidables como ver caimanes, bailar bachata, marchas, subir el pico más alto del país , charlas, dormir en sitios imaginables, ir a playas paradisiacas jugar con niños y mucho más.
Ya estamos de vuelta en casa con duchas, comida y una cama cual no hemos visto en 18 días, pero daría todo eso por la esterilla, las duchas en el mar y mi ración diaria de chope.
No podemos volver a República Dominicana pero todos los recuerdos los guardo como la mejor experiencia de mi vida.

Jimena Conde
Expedicionaria ERS 2021

 


17:30h y solo has comido una barrita a pachas con tu compa desde el desayuno de las 7:00h. El hambre aprieta.

3:00h y y te encuentras de madrugada poniendo la mosquitera entre bostezos y traspiés del cansancio. Cierras los ojos y oyes “Diana, Isla de la Española, buenos días, todos arriba.” Solo han pasado 3h pero parecen que fueran un par más (o no).

10h de bus parecen minutos entre siestas mal dormidas, intensos debates, acordes de ukelele y risas, muchas risas.

10h de ascensión al Duarte quizás no fueron tan breves mientras cruzabas “El arrepentimiento” bajo tu capa de agua con el diluvio universal cayendo sobre ti.
Pero sí lo fueron cuando tocamos el cielo de las Antillas después de 30km y bandera dominicana ondeante al amanecer.

65 días tardan en eclosionar los huevos de las tortugas marinas de la Bahía de las Águilas. Pero en apenas media hora la luna y el sol se dan la mano sobre sus aguas caribeñas.

La última vez que supiste qué día era te dirigías a Barajas con dos macutos a la espalda y, de repente, te duchas con agua caliente – o sencillamente te duchas -, bebes de algo que no es una cantimplora con arena y dejas de sentir el suelo bajo tu espalda cada noche.

Es la magia de España Rumbo al Sur, el tiempo se dilata y se contrae de forma extraordinaria. Pobres los ilusos que pensaron que Rumbo había llegado a su fin.

Buen viaje, amigo rumbero. Esto no ha hecho más que empezar.

El 6 de agosto de 2021 era, sin nosotros saberlo, el primer día del resto de nuestras vidas; las vidas rumberas.

Una vez rumbero, siempre rumbero.

Laura Correa
Expedicionaria ERS 2021

 

No quepo.

Una palabra un tanto inusual en el día a día. Yo, en cambio, la he utilizado hoy al menos tres veces ya.
“No quepo” le decía ayer a mi binomia cuando montabamos la mosquitera compartida. Utilizando de apoyo las mochilas de ambas. Misión: no morir acribillados por los mosquitos.

“No quepo” le decía al dominicano que me ha echado una mano en la cueva subaquatica de las pozas. Una cueva que te conducía río arriba hacia las cascadas de agua cristalina.

“No quepo” me digo a mí misma mientras escribo esta crónica bajo la luna llena. Los pies hundidos en la arena blanca y salpicados por el agua caribeña a las tantas de la mañana.

No quepo en mí, mi alegría no cabe en mí.

El sonido de las olas romper acompaña al reflejo de la querida luna.

“No quepo” pienso mientras plasmo en un cuaderno lleno de recuerdos mi felicidad al estar en la orilla de una playa paradisíaca mientras los demás expedicionarios duermen.

Un cuaderno, mar y felicidad. Porque no cabe más alegría en mí, no quepo.

Maider Aranguren
Expedicionaria ERS 2021

 

Hay lugares de los que no se vuelve y este es uno de ellos. Parte de mi se ha quedado ahí, parte de ellos se ha venido conmigo, como una astilla en el corazón, una cuenta pendiente (con el lugar, conmigo misma).
He conocido la vida, he visto cómo se aferra al mundo, cómo lo inunda todo, incluso la he visto nacer. La vida se nutre de vida y se nutre de muerte. La he visto en su forma más pura, en su estado más salvaje, más natural, la he visto sin filtros, la he visto desnuda, sin edulcorantes, la he visto real, cruel, inocente.
Miro a través de la ventana del autobús y veo un paisaje infinito, que asciende al cielo en tonos verdes, y que limita con el suelo de tono marrón donde se posan las plantaciones de caña de azúcar y hogares hechos de madera y chapas metálicas. Viviendas bajas, de muy poca amplitud y muy endebles a simple vista, sin agua corriente, pocos muebles donde se apilan objetos básicos, y de las paredes cuelgan telas de color y fotos. Son casas en las que todo se comparte, desde la comida, hasta la intimidad. Animales de granja merodean con libertad y pies descalzos corren tras una pelota. Todo inundado por la luz y vegetación. Desde la distancia se puede respirar la felicidad, la tranquilidad y sencillez del lugar.
Miro al interior del autobús y todo son sonrisas, personas que expiran felicidad, entonando al unísono una de esas canciones que mueve masas. Nadie piensa en mañana ni en ayer, todos contemplan el paisaje pasar y se miran a los ojos en cada estribillo. Y ahí sentada, esto lo es todo para mi: tengo el pecho lleno. Me doy cuenta de que la belleza habita en lo sencillo, de que la felicidad viene de lo pequeño, de lo admirable que es saber fascinarse con lo conocido de manera ingenua, encontrar la adrenalina en la paz.
Daniela Azpiroz
Expedicionaria ERS 2021

Crónica expedicionario Gonzalo Ramos

Crónica 31 de Julio
Como todo lo bueno, todo se acaba. Hoy desafortunadamente por temas de salud, debo abandonar la expedición y regresar a España.
Por última vez, los Salesianos nos levantaban con el deporte mañanero. Duro, difícil, pero siempre mereciendo la pena, porque de las muchas cosas que he aprendido en España Rumbo al Sur, una de ellas ha sido que a quien madruga, Dios le ayuda. El amor que los Salesianos me han transmitido estos últimos 11 días ha sido inolvidable. Ya son casi parte de la familia de la forma como nos acogían ayer.
Después de un día increíble. Sintiendo el amor, el tacto, el arte que lleva la fabricación de los puros de La Aurora. Roberto amablemente nos explicaba con sus 35 años de experiencia su oficio y la complejidad de un trabajo tan bonito que después de tantos años, se sigue haciendo a mano.
Y de un momento ha otro, los médicos, a los que les estoy enteramente agradecido, me comunicaban que la expedición era mejor que la disfrutase en casa, ya que La Isla de la Española había exprimido todo de mi.
Es así de rápido, como las cosas pueden cambiar de un momento a otro. Por lo que me llevo como gran lección, el disfrutar, el vivir cada momento, cada día como si fuese el último. Por que es difícil que se vuelva a repetir.  Igual que esta experiencia inolvidable.
España Rumbo al Sur, muchísimas gracias por esta expedición tan increíble y nos vemos muy pronto!

Gonzalo Ramos Cervera
Expedicionario ERS 2021

Crónicas III expedicionarios

Silencio. Nadie se mueve. Todo el campamento duerme. Y de repente, un grito perfora la calma “¡La española, diana!”

Cierras con más fuerza los ojos. Cansancio, confusión, agujetas. Pero te sobrepones a todo y te incorporas. Y te das cuenta: estás aquí. Al otro lado del mundo, en un país completamente desconocido que despierta todos los sentidos.

Hoy hemos podido descubrir varias de esas miles de facetas que en su conjunto forman esta maravillosa isla. Rincones de esos que solo se descubren con Rumbo. Monumentos que se alzan en medio  de una ciudad recordando a héroes nacionales, una película sobre la gesta de Colón al llegar a estas tierras y partidos de vóley contra los salesianos, que con tanto cariño nos han acogido todos estos días. No han sido todo momentos fáciles, hemos pasado sed, calor y hemos padecido los efectos de la humedad; pero todo esto carece de importancia, cuando miramos a nuestro alrededor. Risas, abrazos, caras de felicidad… y a lo lejos hay quien cree avistar una cometa que surca el cielo transmitiendo esperanza.

No ha sido un día cualquiera, ninguno aquí lo es. Se te abren los sentidos sin que te des cuenta y la mirada se vuelve más profunda. Se palpa la felicidad en el ambiente.

Ya se ven las estrellas en el cielo y todos nos preparamos para descansar. El campamento vuelve a dormir; y de nuevo solo se escucha el silencio.

Blanca García García
Expedicionaria ERS 2021

 

“Tengo sed.” Esta ha sido la frase que ha rodado por mi cabeza a lo largo del día de hoy tras conocer la organización Cometas de Esperanza. Este proyecto surgió del basurero de Rafey en el barrio de La Mosca hace 14 años, cuando su fundador, Óscar, fue consciente de la necesidad de ayudar a los niños buzo. Óscar es un hombre sediento por mejorar el mundo, por ello va ideando nuevas iniciativas. No se conforma con lo conseguido, sino que trata de seguir avanzando.

El proyecto comenzó ayudando a familias que vivían en el basurero buceando entre la basura en busca de alimentos. Óscar comenzó a idear soluciones para ayudarles. El primer paso fue vivir durante 6 meses en el basurero y 14 años más tarde, Cometas de Esperanza ha sido galardonada con honores y premios a la excelencia educativa y ha conseguido que varios de los niños que un día fueron buzos hoy asistan a la universidad.

Después de esta visita hemos ido a un museo donde nos han tratado como reyes. Aire acondicionado, comida y una peli son algunos de los lujos que nos han dado. Me ha impactado mucho el cambio tan radical y la diferencia entre los dos lugares. Ojalá no acostumbrarme a estas desigualdades ni al dolor de las personas. Espero que nunca deje de impactarme el sufrimiento del mundo para trabajar por un mundo mejor. Óscar nos ha explicado que a las personas a las que ayudas, son las que luego se ponen al servicio de las demás. Tal y como ha dicho, “Te han salvado, ahora te toca salvar.” Nosotros ya estanos salvados, es hora de que nos pongamos a trabajar para cambiar el mundo.

Al pensar en república dominicana surgen imágenes de lugares como Punta Cana. No obstante, existe una segunda cara de la moneda más allá de las playas paradisíacas y de los hoteles de lujo, este país tiene mucho que enseñar.

En rumbo cada día conocemos una faceta, de manera que al igual que los exploradores en su día, poco a poco  vamos descubriendo los tesoros de la isla de La española.

Pilar Pardo de Santayana
Expedicionaria ERS 2021

 

Ir caminando, levantar por un momento la vista y sorprenderse con un paisaje impresionante. Ir en el autobús, asomarse por la ventana y no poder evitar sonreír al ver vacas y palmeras conviviendo juntas. Ir en mula por el monte, con las imponentes montañas a tus pies…

Nuestros días mientras vivimos aquí están repletos de esos momentos, todos ellos diferentes y con algo que los hace especiales, pero con una cosa en común: todos piden a gritos ser capturados, inmortalizados. Nos llaman a buscar nuestro móvil en el bolsillo para poder guardarlo ahí siempre. Por supuesto, después de 13 días de expedición, hemos asimilado que en nuestro bolsillo como mucho, encontraremos un cordino, un mosquetón o, si tenemos suerte, una barrita. Desde luego, nada con lo que sacar una foto. Así que, llegados a este punto, aunque siga dando pena dejar pasar la oportunidad de una foto preciosa, hemos tenido que aprender a mirar el paisaje de otra forma. Con los cinco sentidos e imaginando que lo estamos guardando para que, más adelante, alguno de nosotros lo escriba en el diario, otros lo pinten con acuarelas en el bus y otros, simplemente, lo guarden en su memoria.

De eso trata Rumbo al Sur, de ver sitios impresionantes allá donde vamos, de estar con gente que hace reír a cada instante, de descubrir rincones en los que te gustaría quedarte, no teniendo otra opción que vivir ese momento antes de que llegue el siguiente, aún más bonito y memorable. Es difícil dejar de preocuparse por el “luego” pero, si aprendes a hacerlo, dejará de ser importante que sólo queden 4 días de expedición, ya que sabrás que aquello que has vivido y sentido lo has hecho al máximo y que lo que queda por venir va a ser espectacular, sea lo que sea. Sólo hay que seguir recolectando esos momentos. Porque de ellos se compone el viaje. El viaje de nuestras vidas.

Cristina Casado
Expedicionaria ERS 2021

 

Los minutos se convierten en horas mientras que el paisaje cambia imperceptible a través de la ventanilla. Las conversaciones han quedado reducidas a susurros que pueden convertirse de nuevo en un coro jaleando la canción del verano. El autobús se ha convertido en nuestro lugar de relax, ahí donde no hay nada más que hacer más allá de encontrar una postura con la cual podamos seguir andando cuando nos levantemos. Llevamos 13 días de expedición y comienza a notarse en nuestras caras cansadas, en nuestras camisetas desgastadas pero, sobre todo, en la familia que nos hemos convertido, otro año más.

Para mucha gente la falta de sueño es una lacra, para nosotros es la virtud de poder aprovechar aún más el día. Para otros tantos el no ducharse es algo similar a una tortura, pero para nosotros significa la libertad de no tener preocupaciones más allá de qué es lo que vamos a ver hoy o qué llevará el bocadillo que nos ha preparado el equipo de cocina.

El viaje está lleno de momentos definitorios, aquellos que, cuando hablemos de este viaje dentro de unos años serán los que queden. Una subida por las pozas, abrazados por la naturaleza, en las que cada una de ellas te invitaba a subir a la siguiente, un poquito más allá. La llegada a la playa que nos acogería esa noche, tras una marcha donde el cansancio y el hambre pesaban más que la mochila, pero que se evaporaron al pisar la arena caribeña que nos haría de colchón esa noche, con las olas arrullándonos. La subida al Duarte, el pico más alto del Caribe, donde nuestras piernas y las mulas que nos acompañaban eran nuestras grandes aliadas. Merecía la pena levantar la vista del suelo, a riesgo de tropezarse, para ver que estábamos navegando en un mar de árboles, donde las nubes se nos habían quedado a la zaga. La sensación de coronarlo es algo indescriptible, donde el orgullo y el sufrimiento se abrazan para dar lugar a esa nueva sensación.

Hoy, a medida que se acaba el viaje, parecía que el día no iba a ser más que horas de bus donde recuperar el sueño. Qué equivocados estábamos. Al llegar a nuestro destino nos ha recibido un atardecer pintado con una paleta de colores que sólo la naturaleza puede diseñar. La playa del Valle nos recibía entre sus montañas, mientras el atardecer iba dando paso a un manto de estrellas que nos observan titilantes. Deseosos de probar las aguas de este lugar, nos hemos adentrado al mar, donde nos ha rodeado algo digno de un cuento: este lugar está lleno de placton luminiscente, que parecía reflejar el millar de estrellas que pintaban el cielo.

El colofón del día ha sido una hoguera hecha con fuego y música, donde los expedicionarios han cantado la canción creada específicamente para este viaje, llena de ilusión y magia. Digna de una noche como esta. Digna de Rumbo al Sur.

Omar Arabi
Enfermero. Equipo santitario ERS 2021
Antiguo expedicionario ERS 2008

 

 

Crónicas Expedicionarios

PICO DUARTE

Mis botas de montaña son azules. Grandes. Estilo astronauta. Son un 42, dos números más de lo usual y estos dos últimos días no he parado de mirarlas. 3098 metros de altura, 29 km de subida y otros tantos de bajada tienen la culpa.

En el transcurso de 48 horas he hecho mi primera guardia nocturna, he desayunado a las 4 de la mañana, he tomado uno de los mejores chocolates calientes de mi vida y he conversado con una mula que me ayudó durante el trayecto.

Subiendo, cuando me sentía lo suficientemente segura, apartaba la mirada de mis botas y me daba cuenta de que ya estaba por encima de las nubes, en el cielo desde hacía rato, más alta que los pinos que me rodeaban.

Al final, tras darme cuenta de todo esto, volví a fijar los ojos en mis botas de astronauta para asegurar mis pasos hasta la cima.

Cristina Santacreu
Expedicionaria ERS 2021

Día 10 de expedición. Una hilera de luces comienza, aún de noche, la segunda parte de la ruta hacia el pico Duarte. Tras una larga subida bajo lluvia y mucho frío, comienza a amanecer y vemos cada vez más cerca nuestro objetivo de coronar un “tres mil”.

En cuanto nos pudimos dar cuenta estábamos en el cielo del Caribe, en el punto más alto de las Antillas Insulares, donde se podían ver las nubes bajo nosotros.

La felicidad se refleja en todas nuestras caras. El esfuerzo de habernos levantado a las 4 am ese día y el anterior, cobra sentido y ha merecido mucho la pena.

Comienza el descenso y nuestro nuevo objetivo es volver al refugio, donde nos espera un chocolate caliente y unas patatas asadas, que serán la única comida del día.

Después de eso comienza el descenso de verdad, lo que tardamos 8 horas en subir el día anterior. Entre pasos y mulas por fin llegamos y vamos directos al río, al lado de donde íbamos a dormir.

Ya estando todos como nuevos nos espera lo mejor. Unos lugareños habían estado desde las 9 de la mañana cocinando al fuego 3 cerdos en puya, que fueron un verdadero banquete para nosotros. Para animar el ambiente, también tuvimos música en directo, y pasada medianoche nos fuimos a dormir sin saber qué nos esperaría el día anterior.

María Mendizábal Quirós
Expedicionaria ERS 2021

Me despierto rodeada de gente por todas partes y entre ronquidos y bostezos, consigo llegar a la puerta del refugio. Son las 4 de la mañana y mientras los más atrevidos se disponen a coronar el Duarte, yo me dispongo a hacer guardia, con un frío escalofriante que ni la hoguera ni el chocolate caliente consiguen atenuar. A las 7 iniciamos la marcha tras un desayuno tan completo que nos anticipaba lo que iba a ser la jornada.

Debido a mi lesión en las rodillas, tuve que realizar el trayecto a lomos de una preciosa mula marrón, que a pesar de darme algún susto que otro, me llevó sana y sana al punto inicial. A pesar de tener unas ganas tremendas de hacer todo el trayecto a pie, la forma física no acompañaba. Lo positivo que me llevo, es que pude disfrutar de unas vistas increíbles y de tiempo para mí.

Ahora, termino esta crónica al compás del ritmo caribeño de una banda de Perico Ripiao, mientras observo con una sonrisa en la cara a mis compañeros, a mis amigos, dándome cuenta de lo mucho que los echaré de menos cuando no me despierte rodeada de ellos. Mi nueva familia.

Expedicionaria ERS 2021

 

4 de la mañana. La palabra “Diana” resuena por los rincones de la caseta en la que hemos dormido. Entre luces de frontales se encuentran los rumberos con los últimos preparativos. Hoy es el día que algunos temían y a otros emocionaban: subimos al Pico Duarte, el gigante más alto de las Antillas Insulares.

Tras un corto desayuno, cogimos unos mini buses hasta el inicio de la ruta. Allí, nos esperan decenas de mulas que nos acompañarán y ayudarán.

La subida se hace dura, pero la belleza de los paisajes que nos rodean hace que merezca la pena.

Cada trago de agua, cada barrita y cada ánimo son claves para cumplir nuestro objetivo.

A medida que subimos la flora va cambiando y las montañas del horizonte se hacen más cercanas. A ratos echo de menos mi cámara analógica, sobre todo para poder captar el misterio aportado por la niebla.

Tras varias paredes alcanzadas y kilómetros subidos llegamos al refugio donde pasaremos la noche.

Me enorgullece haber llegado hasta aquí, pero lo que más me emociona es ver como el resto de rumberos llegan ilusionados al final de la etapa.

Mañana algunos coronarán el Pico Duarte, mientras que yo me despido cenando un buen plato de arroz con judías.

Elisa García
Expedicionaria ERS 2021

La noche iba a ser corta y muy intensa.

Había estado pensando toda la noche en lo que nos esperaba al día siguiente.

A las 3 de la mañana me tocaba guardia, a la luz de la hoguera y el roce de la niebla.

Una hora más tarde nos levantábamos, en busca del Sol que nos llamaba al otro lado del valle del Parque Natural Armando ¿Semidíez?, mientras retratábamos en nuestras pupilas la llegada al Pico, junto a la estatua de Don Pablo Duarte.

Tras la marcha, marcada por la inestabilidad del tiempo y la carga de las mulas, coronamos el Pico. Tras ello, nuestra familia salesiana nos esperaba al calor de lo más puro de su cultura gastronómica. Puercos en Puya asados con leña tras 9 horas.

La noche iba a ser corta e intensa, vitoreando el gran triunfo y celebrando que somos unos de los pocos afortunados capaces de seguir disfrutando de la Familia Rumbo.

Ángela Sacó
Expedicionaria ERS 2021

SANTIAGO – COMETAS DE ESPERANZA

Amor, cuidado, protección; rehumanización. Rehumanización de unos niños que hasta hace poco estaban condenados a estar ahogados por la basura. Ingentes cantidades de residuos se erigen al final del barrio de La Mosca.

Sube la cuesta hasta el vertedero. Peléate con los tropezones semideshechos del suelo. Mira a tu alrededor, ¿ves algo?

Mira otra vez lo que parecen trapos ondeantes con el viento son personas que trabajan en sus laderas. La situación es cruda, pero al menos ya no se ven niños.

Niños que para ser sacados adelante en este ambiente hostil no verían a sus padres hasta más tarde del anochecer.

Niños que corrían el riesgo de no salir de allí nunca, enterrados por cartones, botellas, destinados a nadar eternamente con ellas.

Óscar y Andrea, con sus Cometas y Esperanza, les devolvieron el derecho a ser niños, a educarse en un entro que, con la misma cantidad de sudor, lágrimas y amor. Les da calidad educativa y calidez humana.

Se han convertido en el referente educativo del país. Los que un día veían el cielo contaminado sin expectativa de futuro ahora miran con esperanza al nuevo proyecto de la organización: la reconversión progresiva del vertedero en un parque ecológico.

Volviendo a la raíz del problema ya erradicado, los niños buzo, el siguiente paso a es cambiar el entorno para transformar así a las personas que viven en él.

Carolina de Alejandro Izquierdo
Expedicionaria ERS 2021

 

 

 

 

 

Día 5

Me encuentro en la noche, probablemente una de las más transparentes y bellas que haya vivido. Esta vez somos mis compañeros y yo quienes guardan las espaldas del grupo. Un luz intensa me muestra sin tapujos la belleza de mi entorno, y es que la luna y el ritmo del oleaje me permiten entender lo minúsculo que soy en este mundo. La mañana comienza con serenidad y es el despertar en este espacio lo que nos lleva a a muchos a aventurarnos en el azulado mar.

A lo largo del día, hemos podido pescar, conocer el entorno, jugar entre nosotros, ver tortugas salir de sus nidos y disfrutar de talleres de formación académica. La unión que se crea con el paso del tiempo entre los expedicionarios es digna de agradecer. De nuevo en la orilla de la playa, bajo el silencio de la noche escucho el oleaje y recuerdo como he vivido este último día de expedición a RD.

Samuel Velasco diez
Expedicionario ERS 2021

Día 4

Bajo aquella enorme luna de medianoche, exhaustos y aturdidos nos encontrábamos. Y aunque la noche no nos permitía vislumbrar la llamada “Bahía de las Águilas”, convencidos estábamos de que la marcha nocturna valió la pena. Iluminados por la noche y la luz de nuestros frontales, sacamos sacos y esterillas para ocupar gran parte de la playa.

El cansancio nos venció y rápidamente nos acostamos para la mañana siguiente despertarnos y descubrir aquella agua turquesa. No éramos conscientes de tener el Caribe bajo nuestros pies, y tras un par de mangos, la salida del sol y mucha ilusión, corrimos hacia el agua como niños. Éramos felices.

El día había comenzado y las tortugas marinas nos esperaban. De nido a nido, fuimos con la esperanza de rescatar a las tortugas escondidas en la arena por sus madres.
Con mucha suerte, logramos salvarlas y llevarlas a su hábitat natural. No nos creíamos lo vivido. La noche se acercó y tras varias charlas sobre aquella enorme luna de medianoche ya no tan exhaustos y aturdidos, nos encontrábamos de nuevo.

Sergio Solís Sánchez
Expedicionario ERS 2021

 

Tras una larga espera a las guaguas y una siestecita en el trayecto, daba comienzo la aventura de hoy. Esta se trató de una ruta por el río de la zona de Barahona y sus pozas. Cuando nos montamos en aquellas pick-ups nadie se podía imaginar lo que nos depararía el día.

Muchos botes y empujones después, llegamos al comienzo de nuestro camino. Un camino cuanto menos curioso. Piedras, barro, ramas caídas y árboles frondosos. Una combinación perfecta que a más de uno le hizo temer por su integridad física en más de una ocasión. A pesar de los resbalones y caídas, la euforia de trepar y saltar por aquellos rincones salvajes era incontenible. Al final de la ruta, un idílico río de aguas cristalinas nos esperaba a los rumberos. Por fin pudimos descansar del insoportable calor de estos días.

Tocó volver y la alegría seguía estando presente. El día continuaba y otra vez nos encontramos en las guaguas. ¿Rumbo? Desconocido como siempre. Una caminata nocturna nos ha traído al lugar donde dormimos esta noche: “La Bahía de las Águilas”. Y es así como entre los mosquitos atraídos por la luz de mi frontal y en mitad de una hermosa playa caribeña, me despido. Buenas noches.

Marta Acero
Expedicionaria ERS 2021

 

24 de Julio, cuarto día de expedición en el que pocos nombres quedan por preguntar. El sol se alza por el este y nos recuerda que hoy empieza un nuevo día, semejante a aquella vida paralela que dejamos atrás. Despertamos en aquella imagen idílica caribeña que tanto hemos visto en fotos. Ese momento que tanto estábamos esperando ha llegado y comienza un día impredecible cuyas expectativas serán sobrepasadas.

Despertamos rodeados de aquellas personas con las que viviremos esta experiencia, esas personas que poco a poco nos han empezado a importar y que se han convertido en amigos, grandes amigos. Amigos con los que viviremos anécdotas que contar para siempre, llenas de risas que nos permiten desconectar y darnos cuenta de que estamos rodeados de una arena más blanca de lo que habíamos imaginado. Los rumbos piratas de nuestra infancia. Esos mangos adictivos que nos malacostumbrarán a una vida caribeña tan deseada cuya utopía ha desaparecido.

Mientras las pequeñas tortugas emergen de sus nidos nos replanteamos si verdaderamente merecemos esto, y te das cuenta de que no. Esos viajes en barco con los nativos y aquella comida que tanto apreciamos. Esas hogueras vivas y llenas de ilusión y cercanía acompañados de pescado frito capturado por la familia rumbera. Son estos momentos en los que te das cuenta de que efectivamente no nos lo merecemos, como si de estar soñando se tratase.

Pero claro, todo sueño tiene un fin, y finaliza cuando menos lo deseas, con la despedida del sol por el oeste.

Santiago Fanjul
Expedicionario ERS 2021

Bajo el sol de Barahona, los expedicionarios subidos al remolque de un camión, ascendemos la montaña de una selva húmeda del caribe. Tras molestos baches causados por la rocosa y desnivelada superficie del suelo, llegamos finalmente a un paraíso natural.

Un agua azul cristalina bajando por rocas atravesaba la selva. La ruta de cinco horas estaba al comenzar. Con esperanzas de no mojar las zapatillas al cruzar el rio, poco sabíamos que acabaríamos nadando con la misma ropa para cruzarlo.

Debido a la dificultad del ascenso por la roca, nos vimos obligados a caminar por el río como si no tuviera agua. Con una gran humedad en el ambiente, llegamos a la cima de la montaña, probablemente cerca del nacimiento Del Río, donde se formaban unas piscinas naturales cristalinas delimitadas por la roca.

Esta gran maravilla de la naturaleza dominicana nos hizo sentir felicidad. Sin cámaras ni móviles, estas imágenes del paisaje que hemos visto hoy, se nos quedarán grabadas en la mente. Tras la puesta de sol, nos dirigimos en autobús a nuestro siguiente destino.

Victoria de la Puente
Expedicionaria ERS 2021

 

Esta mañana nos hemos despertado antes de la hora establecida, sobre las 6.40 am. El deporta ha sido leve, incluso estuvimos bailando antes de comer todos juntos dentro del mar de color turquesa. Es la arena más blanca que he visto nuca, hay conchas por todos lados y vuelan mariposas negras y amarillas dando al lugar un aspecto paradisíaco.
Montamos varios techos basha para refugiarnos del sol y para desayunar tomamos los mejores mangos que he probado. Me dejé sorprender por la oratoria del profesor senegales de la universidad de Dakar, Malamine Gaye, que dio un discurso impecable y conmovedor de la colonización y esclavitud africana. Vimos desenterrar bastantes crías de tortuga marina, pues el lugar es una playa natural de anidación.

Comimos arroz a la dominicana y pollo.
Este día de descanso tropical era lo que muchos necesitábamos. Montamos en barcas que nos llevaron a hacer snorkel y pude ver y tocar estrellas de mar. Comenzamos unos talleres de orientación y supervivencia mientras contemplábamos una puesta de sol de colores rosados y azucarados.

Pronto anocheció y los monitores encendieron una gran hoguera para ahuyentar a los mosquitos de alrededor y nos sentamos a cenar. Esta mañana no podía imaginar que hoy sería un día tan enriquecedor.

Aitor Martin Nieto
Expedicionario ERS 2021

Tras cuatro horas de sueño comienza la guardia del campamento. Los turquesas de la playa cobraban color mientras los expedicionarios dormían en un sueño que se mezclaba con el romper de las olas. El desayuno compuesto por mango inició una guerra por la apreciada fruta. Fuimos partícipes y colaboradores de un espectáculo natural, el nacimiento de 32 tortugas Carey. Bahía de las Águilas, denominada así por el feroz depredador de las tortugas fue nuestro campamento base durante dos noches. Varias charlas de supervivencia nos aportaban nociones básicas de supervivencia.

Carlos, un barquero dominicano, nos dirigió a una cala más alejada. Junto a la puesta de sol del caribe encontramos unas salinas naturales, y el día llegó a su fin con una cena de salmonetes pescados por algunos expedicionarios y una charla sobre el desembarco de Colón en las Américas. La pesadez de los párpados cesó lentamente un día espectacular.

Javier Arizón
Expedicionario ERS 2021

Llevamos 5 días en los que he vivido y sentido cosas que nunca antes había podido imaginar. República Dominicana me ha enseñado muchas cosas, he conocido gente maravillosa que nunca olvidare y he visto paisajes que me han dejado sin aliento. Siento que estoy creciendo como persona de una forma que nunca imaginé que podría. Está siendo increíble y estoy muy agradecido por todo.

Xabier Rodríguez Irguibell
Expedicionario ERS 2021

 

Esta mañana no ha habido voces altas, ni tampoco cánticos militares. Esta mañana nos han despertado los primeros rayos de sol de la Bahía de las Águilas, una playa de arena blanca con agua cristalina. A medida que el sol se ha levantado hemos recogido el campamento y comenzado la ruta de vuelta al autobús. Durante el camino más de uno se ha mareado por el calor antes de refugiarse en la sombra de unos arboles, Debido a un cambio de planes, nos hemos visto obligados a volver a Barahona, donde los Salesianos nos han dado una cálida bienvenida para celebrar el Santo De Santiago hemos improvisado una misa muy acogedora, que para mí ha sido especialmente emotiva. Después de tanto tiempo se me había olvidado el encanto de dar La Paz y cantar junto al coro. Una vez terminada la misa nos hemos subido de nuevo al bus donde hemos pasado aproximadamente unas 6 horas. Pero entre muchas risas y alguna que otra siesta de han pasado volando. Finalmente, hemos llegado a nuestro destino,  Jimaní.

Antes de sacar la almohada Telmo nos ha contado una de sus grandes aventuras navales que nos ha dejado con ganas de más.

Alejandro Mateo Cobo
Expedicionario ERS 2021

Día 3

Árboles como rascacielos, naturaleza, cascadas que sonorizan el ambiente y un río que serpentea por la selva decoran el paraje de postal de ensueño del que pudimos disfrutar ayer.

El día empezó con el deporte de siempre, seguido de recoger las mochilas y esperar para empezar el que iba a ser el mejor día hasta el momento.
Al subir a las pick-up pudimos comprobar que mientras nos acercaban a las pozas, nos hacían disfrutar de una montaña llena de botes, subidas y bajadas. Aquí comenzó la verdadera aventura.

Surcando el bosque, cruzando el rio, montándonos las deportivas y, sobre todo, gracias a la ayuda de los demás, conseguimos llegar a nuestro destino. Pocos han sido los que no se han escurrido o caído y se han llevado un recuerdo de la aventura en su piel (en forma de rasguños o heridas). Sin embargo, todo tiene su recompensa y, de esta manera, como si el agua fuera oro, nos tiramos a ella y disfrutamos como los niños que nunca hemos dejado de ser. Algunos bucearon, otros se tiraron desde “acantilados” improvisados y los más curiosos nadaron por una cueva hasta el final de la poza.
Si algo destacaría del día de ayer sería, sin duda, la caminata a pie hacia las pozas mientras cantábamos, hablábamos y hacíamos amigos.
Por último, para terminar el día, hicimos una caminata hacia otro destino paradisíaco dónde dormiríamos: la Bahía de las Águilas. Un final perfecto para un día inmejorable.

Beatriz López Morato
Expedicionaria ERS 2021

 

Qué tranquilidad y qué preciosidad de lugar. Me encantan estos planes. La naturaleza en su pleno esplendor y naturalidad. El silencio del bosque, los pájaros cantando, el agua cayendo en cascadas, todos caminando en familia… ¡Qué felicidad!

Llegamos al punto más alto del río, ropa fuera y a bañarse. Está fría pero merece la pena. Poza tras poza, subimos y subimos. Saltos, caídas, moretones, heridas… daños colaterales sin importancia porque está siendo un día increíble.

Volvemos para comer. El camino de vuelta siempre se hace más corto. Parece que no hubiésemos pasado por aquí antes. Bocadillos, autobús y caminata hasta la playa, ¡qué lugar! Casi no se ve por la oscuridad pero ya empiezo a imaginarme como se verá mañana por la mañana.

Macarrones frente al mar del Caribe. ¿Quién nos lo iba a decir? La brisa marina, el sonido de las olas y la arena blanca maravillosa. Simplemente un día inolvidable.

Clara Luna Calleja
Expedicionaria ERS 2021

Os habla un chico navarro desde República Dominicana que os quiere contar cómo está siendo su experiencia en este viaje de iniciación a la cooperación. Por el momento distanciarnos del mundo privilegiado y aislarnos de toda comunicación me ha ayudado a integrarme en esta aventura y adentrarme aún más a fondo en la cultura dominicana. Ayer pude apreciar el milagro de la vida cuando logramos rescatar 32 crías de tortugas “Carey” enterradas en la arena.

Entre los paisajes que hemos visitado, el río situado en “La sierra de Bahoruco” me recordó a los paisajes del Pirineo navarro pero con una flora mucho más exótica. Por último, destacar que los locales dominicanos son extremadamente amables y acogedores.

Yago Filloy Vives
Expedicionario ERS 2021

 

 

Día 2

La mayoría de personas que miren pensarán en personas desdichadas, en casas pequeñas, en situaciones de riesgo. Pero nosotros tuvimos la suerte de conocer la verdadera naturaleza hospitalaria y agradecida de esta comunidad.

Mientras el sol se ocultaba tras el monte, el centro juvenil “Cristo Rey” de los Salesianos, nos guió por las calles del sector los guandules, para entregar un pequeño lote de comida. Contaba con arroz y pasta, entre otros, como regalo para algunas de las familias que viven una realidad tan diferente a la nuestra. Sus casas, pequeñas y precarias, adornan con vivos colores su día a día. Allá donde mirábamos había niños comiendo y jugando, saludando con una amplia sonrisa a todos los expedicionarios mientras sus madres les miraban con cariño desde las sillas que descansaban en cada porche.

Pocas veces he sentido con tanta claridad esa hermandad que se respiraba en el aire y que nos invadió al pisar sus calles. Nos sentimos acogidos como quien saluda a un viejo amigo, con la emoción de ponerse al día. Nos contuvimos con los abrazos, aunque no faltaron, así que nos conformamos con darle la mano a los niños mientras bailábamos todos juntos.

Quizás nosotros somos los afortunados que llegamos a conocer tan a fondo su comunidad. Nos recuerda que, a veces, para ver la verdadera belleza del mundo, hace falta mirar un poco más adentro.

Isabel Medina Henche
Expedicionaria ERS 2021

“Sus sonrisas de agradecimiento, sus manos sucias y pies descalzos”

Pobres ilusos que ante un “meted el bikini por si acaso” creíamos que íbamos a tocar las soñadas playas turquesas. Esperanzados subimos al bus. Me tocaba un largo viaje tirando de ukelele y buena compañía. En un abrir y cerrar de ojos llegamos al destino. Este, hasta el momento desconocido, resultó ser un colegio repleto de “salesianos humildes”.

Bailando con la gota gorda y tirando a canasta bajo el sol. Esperando con ansia el bocadillo para descubrir que lo más esperado aún no había llegado.
Tocaba cambiar ese turquesa de ensueño por otra realidad que (te) quita el sueño.
Subimos de nuevo a nuestro querido bus para llegar a un poblado con casas de aluminio y madera astillada. Los rumberos cogimos una bolsa de comida “per cápita” para asomarnos a esos hogares y contarles nuestra historia.

Todavía en el poblado tiramos una vez más de música, altavoz y micrófono. Esta vez invitábamos a bailar a los niños. Pasos improvisados y bailes desordenados.
Un padre nuestro en agradecimiento y de vuelta a nuestra dichosa comodidad.
Menos mal que hoy no hemos necesitado el bikini.

 

Genoveva Alférez
Expedicionaria ERS 2021