Saliendo de la puerta de Chevere Beach, en la playa de la Ciénaga, me paro un momento a hablar con Jimmy. Durante la conversación veo pasar a los expedicionarios en pequeños grupos dirigiéndose a los autobuses más adelante. Sorprende ver como en menos de veinte minutos se han despertado, recogido, desayunado y salido y tienen tiempo y ganas de reírse entre ellos y hablar de cualquier cosa. Ya se han hecho a la rutina del viaje, a pesar de que esta brille por su ausencia.
Un trayecto de un par de horas nos separa de nuestro próximo destino, la zona de Aguacatera. Salimos de los autobuses, nos pega el sol. Cremita, que es importante, y a seguir a Chema y a las pickups. Unas horas más tarde, tras subidas y bajadas y sudores generalizados pero bien llevados llegamos al poblado Wiwa «Gochek», o algo parecido, puesto que la lengua Wiwa no se escribe y ciertas palabras no pueden expresarse correctamente con nuestras letras.
Los Wiwa son, junto a otros tres pueblos indígenas, pobladores de la Sierra Nevada. El «Mamo», jefe espiritual o chamán del pueblo nos hace una especie de ritual que consiste en cerrar los ojos y dar vueltas sobre uno mismo. Francisco y Lorenzo, cuyos nombres reales son impronunciables, serán nuestros guías hoy. En un momento dado me pongo a hablar con Francisco, me habla de la leyenda Wiwa de la creación del mundo. Según ellos, los Wiwa y el resto de pueblos del Nevado son «hermanos mayores» del resto de personas en la Tierra. Deben velar por el cuidado de la Tierra y de las tradiciones Wiwa. El significado del nombre del pueblo es «reconstrucción». Me explica Francisco que de alguna manera este pueblo reconstruyó el orden y el respeto a la naturaleza en la zona.
Marchamos en paralelo a un río, nuestros guías, vestidos de blanco, como es costumbre entre los Wiwa. Mascan continuamente hojas de coca y con su saliva y cal agrandan, durante toda su vida, una especie de cacharro llamado «Tamburrio», en el que, según ellos, graban los recuerdos y las experiencias que viven durante toda su vida. Mientras alucino con lo que me cuentan estos hombres tan pequeños llegamos a una enorme cascada en la que nos bañamos todos. A la vuelta bailes tradicionales, música y fútbol con los chicos. Charla de Telmo, inspiradora en todos los sentidos.
Y con un frío espantoso nos dormimos. Y con ganas de mañana, y con pena por que acabe.


