Salvar la vida para salvar vidas

A José Juan Valero, misionero comboniano, han estado a punto de matarle varias veces a finales de los 90, mientras comenzaba con las misiones al norte de Uganda. Fueron los rebeldes de Joseph Kony, el iluminado que tiene en jaque a varios países africanos -República Democrática del Congo, República Centroafricana, Uganda y Sudán del Sur- amedrentando a la población, secuestrando a jóvenes locales -alguno de ellos ha llegado a aparecer en Afganistán tras ser vendido varias veces como esclavo- y con la intención de crear un nuevo estado africano.

Cada día el líder de esta guerrilla apátrida dice que hay que matar a alguien por la motivación más absurda. Afirma que sueña todas las órdenes que da a sus 300 soldados, a los que el Ejército de ningún país ha podido echar mano todavía. En total, ha secuestrado a más de 28.000 personas. De una misión de Aboke se llevaron a 150 niñas. Una hermana comboniana les siguió y, con dinero, consiguió salvar a 125. Todas fueron maltratadas y vejadas. Una de ellas apareció años después con un niño.

En otra ocasión, Valero se enteró de que había un ataque en una aldea. Se desplazó hasta allí para intentar salvar con su ‘pick-up’ a todos los que pudiera. Una madre con su hijo en brazos estaba tan desesperada que le pidió que tuviera misericordia y fuera él y no los rebeldes quien la matara a ella y a su hijo ya que ellos serían crueles al máximo con ella. Él le dijo que estuviera tranquila y les salvó, pero aquel encuentro no se le olvidará en la vida.

“Las personas secuestradas vuelven con traumas, con actitudes diferentes”, les cuenta el misionero a los expedicionarios durante una parada en Gulu, antes de emprender un largo viaje hacia el sur del país, al lado de Kampala, y después de la enriquecedora experiencia de Palabek, donde los jóvenes han conocido la realidad de los refugiados de Sudán del Sur.

El padre Valero les explica a los adolescentes de España Rumbo al Sur  que el Gobierno de Uganda es ejemplar en el tema de los refugiados, ya que “les hacen sentir en casa”. Por ejemplo, no solo pueden estudiar en el colegio del asentamiento en el que estén, sino en cualquier otro centro del país.

Durante el camino, cruzando el Nilo Victoria, donde las gentes venden comida, se produce una de las situaciones más surrealistas, cuando un babuino se sube al capó del coche del equipo de audiovisual justo en el lado del conductor. Tan pichi él, lo que despertó las risas en el vehículo. Ya entrada la noche,  la expedición llegó a la misión de Don Bosco en Bombo.

SERAFIN DE PIGAFETTA

(Cronista de España Rumbo al Sur)