DIA 3 . RECUPERANDO DOÑANA

Desde un altozano del Centro del Medano del Loro, en el Parque Natural del Coto de Doñana, se observa como las copas de los pinos cambian de color con una facilidad apabullante: verdes, naranjas, grises, negros… Su color depende de hasta que punto el virulento incendio que sacudió a finales de junio esta joya verde nacional afectó a cada uno de los ejemplares. Los chavales de España Rumbo al Sur se convirtieron hoy, gracias al Ejército español y a la Junta de Andalucía, en las primeras personas ajenas al parque que pudieron comprobar ‘in situ’ las consecuencias del incendio e incluso colaboraron con las labores de recuperación del Parque. 

Para hacerlo la expedición tuvo al teniente coronel Salvador Rosell, y a Jose María Galán, experto del parque, viejo conocido de la expedición y cuyos conocimientos sobre naturaleza siempre asombran a chavales y monitores. Galán explicó que varios factores provocaron que, pese a ser detectado relativamente pronto desde las torres de control del parque, el incendio avanzara como un huracán de llamas y cenizas: la temperatura alcanzaba hasta los 43 grados, y durante dos semanas, debido a que las mínimas temperaturas rozaban los 28 grados, los árboles habían sido sometidos a un estrés hídrico, que facilitó que el fuego se extendiera, ya que la copa viva deja que el tronco se seque ligeramente para evitar perder agua. 

“En solo una hora, el primer frente tenía 1.400 metros”, describía Galán sobre un incendio que devoró cerca de 9.000 hectáreas del Parque Natural, pero que no llegó a la reserva de la biosfera, auténtico corazón del parque, pese a que los vientos alcanzaron los 30 km/h. “Al final calculamos que ha afectado a 10.000 hectáreas”, informaba Galán ante unos jóvenes que no paraban de preguntar dudas sobre el fuego. 

La situación era tan dramática que media hora después de iniciar el vuelo el primer helicóptero tuvo que volver a la base porque se llegó a registrar un viento de 60 km/h. Dos días después de iniciarse, el incendio, gracias a la labor de contención de más de 700 profesionales contra el fuego y 24 medios aéreos, entre ellos personal de la Unidad de Emergencias del Ejército, fue estabilizado, y se quedó a unos siete kilómetros de afectar al núcleo urbano de Matalascañas. “Afortunadamente no hubo que lamentar ninguna víctima”. 

Mucho sorprendió entre los jóvenes también que empezaran a verse brotes verdes en el suelo calcinado, como las esparragueras que nacen aquí y allá, y también, como explicó Galán, como las hormigas sacan a la superficie del hormiguero las semillas acumuladas durante el invierno y que podrían servir también para que broten nuevas especies.   

La tarea de los expedicionarios no fue solo escuchar con atención las explicaciones del experto del parque de Doñana, sino colaborar activamente en una actividad para mejorar el parque. “España Rumbo al Sur ha sido la primera organización ajena al Coto en entrar a la zona afectada y realizar una acción de recuperación del entorno”, señalaba Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo, director de la expedición, después de que los 82 chavales desbrozaran decenas de matorrales de carpobrotus edulis, conocidos como uñas de león, frente al acantilado del recinto, que es usado como campo de prácticas por el Ejército. 

Esta especie es altamente invasiva, y los jóvenes se afanaron tanto que retiraron plantas para llenar dos camiones del Ejército. “Son como plátanos pequeños”, comentaba una expedicionaria. “Cuesta un montón, sobre todo arrancar la raíz”, añadía otra mientras tiraba con todas sus fuerzas. Más de una hora de trabajo al sol que tuvo su recompensa en un baño en el Atlántico, una playa infinita de arena blanca que era una mezcla entre “la costa mauritana y la playa de ‘El Planeta de los simios'”. Por la tarde, incluso, tuvo que volver una parte del grupo para finalizar el traslado de las uñas de león. 

Tanto se van acostumbando los expedicionarios al ritmo de Rumbo al ur que poco sorprendió que la comida en el campamento de El Picacho fuera a las 16.30 horas, un guiso potente para aguantar el ritmo de las actividades de la tarde, con charlas de expertos sobre cooperación, sostenibilidad, cuaderno de viaje, influencia de la psicología humana tras un desastre natural y biodiversidad. Ya tras la cena, los chavales disfrutaron de una carrera de orientación en plena oscuridad. La última prueba, encontrar el barracón donde dormir.

SERAFIN PIGAFETTA