Decía Charles Dudley Warner que “no hay momento de mayor dicha en cualquier peregrinaje que el comienzo del mismo”, y así se desprendía de los ojos brillantes y expectantes de los más de 60 chavales que comenzaron en la Puerta Cero del Santiago Bernabéu su aventura hacia el país alauí. Tanta ilusión contagiaba incluso a sus padres. “Están en muy buenas manos”. “Es una experiencia que les va a marcar, les cambia muchísimo, les hace ser más conscientes”, decían María y Cristina, a las que si dejasen se subían al autobús también sin mochila ni nada. 

Y a las 10.50 horas arrancaba del ardiente asfalto madrileño la duodécima expedición de España Rumbo al Sur, dirigida por Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo, cuyo equipo funciona como un mecano, desde la dirección hasta los mismos conductores del autobús. Si no que se lo digan a unos ocho expedicionarios a los que Fili, uno de los conductores, ‘fichó’ camino de Mérida por no tener el cinturón puesto o amagar con poner los pies en el respaldo del asiento. Apuntó sus nombres en una libretica, por si fueran reincidentes en el futuro y tuvieran que asumir una sanción, educativa, claro está. Y es que el Fili tiene alma de maestro, como él mismo admite ‘sotto voce’. 

Las alargadas sombras proyectadas por los muros ajenos al paso de los años del Acueducto romano de Los Milagros de Mérida sirvieron de cobijo para los expedicionarios en la primera parada del viaje, donde degustaron el bocadillo y comprobaron el rigurosísimo calor de la España central, con 40 grados a la sombra, un buen anticipo de lo que encontrarán al llegar al norte de África el mismo jueves. Un total de 73 pilares del acueducto pespuntan en el horizonte de la ciudad causando todavía la sorpresa por su buen estado, teniendo en cuenta que fueron construidos en el siglo I D.C. 

“Mis padres me han dicho que lo pase bien”, decía Álvaro, expedicionario de 15 años cuyo viaje a Marruecos será el primero de su vida. “Ya he hecho alguna vez acampada”, desvelaba el joven, que aunque no supiera nada de lo que es dormir a la intemperie se sacaría un Máster en estos 16 días de la mano del jefe de monitores, Pablo Martos, que al llegar al Cuartel Usac de Pineda, antiguo hospital militar general, de Sevilla, dio un ramillete de consejos para moverse en las marchas, manejarse en el campamento e hidratarse. Sus consejos solo son interrumpidos cuando suena la arriada de bandera y oración, para la que todos se cuadran.  

‘Semper fidelis’, el Ejército español abre las puertas a España Rumbo al Sur una vez más, en unas amplias instalaciones con palmeras que vienen como anillo al dedo al convoy aventurero, al que se unieron los expedicionarios del sur de España, sumando un total de 82 chavales. Por un lado se despliega el equipo médico, Mar de Lombera, médico de la expedición y Omar Arabi, enfermero que catalagonan todos los medicamentos, vendas, y demás material. “Tenemos muchísimo material este año, esperemos no tener que usar ni un poco”. Por otro, en las cocinas, el equipo de Cristina Foret y ella, claro, preparan la paella para la cena, que se toma en el comedor del mismo Ejército. El equipo de intendencia, por su lado, prepara el campamento. 

Corre una ligera brisa frisando la medianoche, cuando los jóvenes, en un círculo casi completo, se ponen a cantar Taburete o Melendi al ritmo de un par de guitarras españolas y un cajón falmenco. Hasta se baila, sevillas, claro, gracias al ‘sector andaluz’. Un momento de solaz antes del gran día de mañana, cuando recorrerán el Guadalquivir en las lanchas de desembarco de la Ármada española, simulando el primer viaje de Magallanes cuando dio la vuelta al mundo, en palabras de Aldaz, “el inicio de la globalización”. Ya por la tarde, los jóvenes afrontarán su primera marcha por las playas de Doñana hasta Matalascañas. Veremos si al llegar al campamento sigue habiendo ganas de cantar.  

Cronista oficial de España Rumbo al Sur.

Serafín de Pigafetta