Sevilla, el puerto del mundo.

Santi, expedicionario, ‘pallisoletano’, como él mismo se define (nació en Valladolid, pero se crió en Palencia), mediada la marcha por la playa de Coto Doñana, ocho kilómetros ya en las piernas, el sol afrontando ya anaranjado su caída hacia el horizonte, no lo dudó un segundo. Vio el palo y se hizo con él: “Me va a venir muy bien para montar un tendedero, que hoy quiero lavar ropa”. Se contaba hoy el segundo día de la expedición España Rumbo al Sur (ERS) pero algunos chavales tienen ya la mirada afilada como un cuchillo. Ven un rato para dormir, duermen. Ven un rato para cantar a pleno sol, aunque hasta las chicharras busquen la sombra, cantan. 

Rozaba casi la medianoche y los autobuses se dirigían hasta el cuartel Picacho, al lado de Huelva capital, para casi cerrar una jornada que amanecía a las 7.45 con ejercicios mañaneros y un poco de carrera, para ir estirando, no vaya a ser. Un desayuno de pan con tomate y fruta para andar el camino hacia el Ayuntamiento de Sevilla, donde la expedición fue recibida por el alcalde de la localidad, Juan Espadas, en el arranque oficial de la aventura. 

Fue aquí, en Sevilla, desde donde partió hace casi 500 años (en 1519) la expedición de Magallanes-Elcano que dio la primera vuelta al mundo, un hito “tan o más importante que el descubrimiento de América”, en palabras de Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo, director de ERS. De la capital andaluza salieron cinco barcos y 250 hombres. Tres años después sólo llegó una nave y 16 hombres, capitaneados por Elcano, que dirigió la expedición tras la muerte de Magallanes. 

“Es un orgullo estar en el que fue el centro del mundo, uno de los puertos más importantes de España y del mundo”, señaló Aldaz en la recepción en el salón Colón, cuyas paredes están tachonadas de historia. Para el alcalde, MRS es un proyecto “apasionante” y da “mucha envidia” ser uno de los aventureros, dijo con sinceridad para después acompañar a los jóvenes a una rápida visita a la sala capitular, levantada en el siglo XVI y donde se han realizado “más de 400 años de reuniones” del Consistorio. El techo y friso son piezas únicas de piedras labradas y altos relieves donde están representandos muchos de los monarcas españoles. 

Un paseo por el centro de Sevilla, disfrutando de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla, antecedió a una de las experiencias más emocionantes y únicas del viaje, un recorrido por el Guadalquivir hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda en las lanchas de desembarco anfibio de la Armada Española, las mismas que salen en las películas sobre el desembarco de Normandía o en la recién estrenada ‘Dunquerque’. “Son embarcaciones que tienen la misión fundamental de despliegue de fuerzas desde el mar a tierra y se usan también en misiones humanitarias”,  explicaba Manuel José Laso, comandante y capitán de corbeta sobre estas barcazas que estuvieron activas, por ejemplo, durante el desastre del Katrina. 

Durante las cuatro horas del trayecto, los aventureros aprendieron todo tipo de detalles sobre la embarcación, como que alcanza los 20 nudos de velocidad y puede llegar a dar cobijo a un tanque de combate tipo Leopard, que pesa casi lo mismo que la propia lancha: 62 toneladas. Pero lo más sorprendente es la resistencia que tiene, ya que sólo se hunde dos metros y medio de profundidad por mucho peso que soporte. Desde la embarcación iban cambiando los tonos de las orillas: de ocres a verdes, mientras garzas reales o gaviotas sobrevolaban la nave. Incluso el desembarco fue de película.

Comenzaba con tintes épicos así la marcha por la playa de Doñana, que los chavales aguantaron estoicamente y durante la que se cruzaban de vez en cuando jabalíes en busca de lo que pudiera haber traído la marea. Una recepción de autoridades daba la bienvenida al parque a la expedición. Entre ellos el gerente de Doñana, Juan José Chas; la alcaldesa de Almonte, Rocío Espinosa; y el consejero de Medio Ambiente, José Fiscal, que subrayó que era un “orgullo” que “los chavales que participan en esta aventura tengan la sensibilidad de adentrarse en Doñana”, cuyo “corazón” afortunadamente quedó indemne del reciente incendio, que afectó a una parte del parque natural que envuelve al parque nacional. 

La marcha acabó tras casi cinco horas, con los Unimogs de los servicios turísticos del parque de Doñana recogiendo a los expedicionarios. Antes de entrar a uno de ellos, Santi seguía maquinando ideas: “Si me lo dejaran pasar (el palo) en el ferry, podría hacer una antorcha con él en Marruecos”. 

SERAFÍN PIGAFETTA