Llegada a la misión católica de Mbarara

A eso de las cinco de la mañana, mientras la expedición dormía en una explanada del Parque Nacional de Mburo, y dos expedicionarias hacían guardia nocturna alrededor del campamento algo les asustó. Un bufido de algún animal. A la mañana siguiente se especuló mucho sobre de dónde procedía el sonido, y sobre todo de qué, pero nadie lo sabía a ciencia cierta, aunque todo apuntaba a que era una facócero comiendo las piñas del desayuno. Lo único claro fue que las dos adolescentes pasaron su guardia entre asustadas y emocionadas, y seguramente esa sensación no se les olvide en todo el viaje.

Despertar en un paraje así, donde en cualquier momento te puede sorprender un animal salvaje, es una sensación única. Tienes el vértigo ese de cuando niños de ser el día de Reyes y no saber qué te va a esperar. A las 6.30 de la mañana, al albur del amanecer, los expedicionarios emprendieron una marcha saliéndose de la pista que atraviesa el parque de Mburo, pudiendo disfrutar aún más de los animales, mientras un pequeño grupo se dirigía con Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo al lago Kichira para recorrerlo en canoa en busca de los hipopótamos, pero, pese a su puntualidad casi suiza -están en  las orillas y cuando empieza a picar el sol se meten al agua para no quemarse, algo que los lugareños tienen controlado-, hoy no aparecieron por donde les esperábamos. Lo que sí vimos fueron las enormes huellas que dejan en la orilla.

Después de que una avería en el camión de material -arreglada ‘in situ’- hiciera que se retrasase la salida, el convoy España Rumbo al Sur arrancó hacia Mbarara, donde, con los brazos abiertos, como siempre hacen los religiosos, nos recibieron en la Congregación Sisters of our Lady of Good Consel, con la que mantiene proyectos puntuales la ONG española África Directo.

La ciudad en sí tenía el típico caos circulatorio de cualquier urbe africana. Coches que cruzan sin control, que esquivan a otros por milímetros y muchos motoristas, algunos incluso con sombrilla instalada para esquivar el calor que comenzaba a apretar de lo lindo. Ya dentro de las cuidadas instalaciones de la congregación, los adolescentes alucinaron con la cálida voz de Sister Pelagia, Madre superiora de la Misión. De gesto amable y rasgos muy marcados, la propia bonhomía que transmitía su voz y lo que contaba despertó el aplauso repetido del grupo, que la obligó a pedir que la dejaran continuar.

“Estamos muy contentos de que vengáis, gracias por todo lo que hacéis, os recibimos con mucha gratitud”, aseguró la monja sobre la elección de ERS de visitar su país y participar en proyectos de colaboración además de traer material hospitalario y ordenadores para varios proyectos. Sister Pelagia les dijo algo realmente importante, algo que el director de la expedición les dice a los adolescentes desde el principio: “Nosotros estamos aquí para escuchar a la gente que quiere ser escuchada”.

En la actualidad en la congregación, creada en 1935, trabaja en tres países -Uganda, Tanzania y Ruanda- con más de 330 hermanas y además de escolarizar a niños con pocos recursos o huérfanos, atienden a personas con adicciones y también a refugiados, ya que Uganda es uno de los países africanos que más reciben tanto de Sudán del sur como de Somalia, Ruanda o Congo.

“Nuestra misión es evangelizar a través de la educación de los más pequeños y atender a quien lo necesite. Yo no tengo posesiones, pero Dios hace todo por mi felicidad”, les explicaba la hermana, cuya congregación dio la bienvenida al grupo con bailes tradicionales y con una comida de chapati y café. Sólo fue el aperitivo del recibimiento que la expedición recibió al llegar a otro complejo educativo de la misma congregación pero en Butare, a unas dos horas de viaje, en un paraje paradisiaco, en medio de la montaña, a la que se llegaba por vastos terrenos de bananos y papiros.

Cientos de niños, adolescentes y monjas que estudian en este centro desde infantil a la Univeridad recibieron al convoy como si fuera la selección de fútbol tras ganar el Mundial. Carreras detrás de los autobuses, saludos, y luego efusivos besos y abrazos a todos. “Nos han dado las manos, nos han dicho que bienvenidos, ha sido muy especial”, relataban los adolescentes exaltados. Una experiencia increíble para los jóvenes, que después de disfrutar de varios bailes tradicionales compartieron con ellos ritmos más españoles, como ‘La Macarena’.

Sonidos de una orquesta del centro ponían  ritmo al campamento, mientras los jóvenes preparaban sus mochilas tras el intenso viaje, se preparaba una conferencia sobre cooperación y varios de los expedicionarios ayudaban en las labores de cocina como habitualmente, unas labores esta vez mucho más cómodas por las facilidades ofrecidas por la congregación.

“Ha ido una auténtica maravilla el día de hoy, representa muy bien el viaje”, afirma el director de la expedición, Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo. “Lo que hemos hecho hoy te refuerza en lo que que crees y esperas de África. Recibimientos cariñosos, empatía y la maravilla de noche que hemos vivido cerca de la reserva de Mburo, con los pescadores con los que hemos estado, con la búsqueda del hipopótamos, hablar con la gente, ver la maravillla de la luz de África, donde la luz de la mañana y tarde es impresionante y al mediodía es bestial”.

“Llevamos poco tiempo aquí pero el tiempo en África se estira hacia el infinito, la gente se va adaptando, como dicen los marineros se van poniendo a son de mar, volviéndose más fuertes y más duros. Te olvidas de tí, te fijas en los demás. No piensas en ti sino en las cosas que merecen la pena”, afirma el director de esta aventura que coge ya visos de convertirse en una de las más intensas y maravillosas.

SERAFÍN DE PIGAFETTA
Cronista oficial de España Rumbo al sur