La mamba negra

Por la pista de tierra, esa tierra anaranjada típica de África, se suceden los colegiales uniformados, que se ponen un pañuelo en la boca para evitar el polvo que desprenden los vehículos, ladrillos acumulados en cualquier sitio esperando ser usados, puestos de patatas, bananas o maíz en los que rara vez se ve a nadie comprar o mujeres transportando comida o leña en su cabeza, para lo que usan una especie de cojín acolchado con forma de donut.

La jornada de hoy ha sido principalmente en el autobús, ya que había que recorrer más de 350 kilómetros entre Kamwenge y Masindi, en el lago Albert, corriendo en paralelo a la frontera del Congo. Fue tras despedirnos de los alumnos del colegio Sant Anthony en una emotiva ceremonia con bailes de los más pequeños, donde los expedicionarios hicieron entrega de 20 ordenadores para las clases del centro.

Una de las primeras paradas, en el bosque ecuatorial de Kibale, los jóvenes alucinaron con la cantidad de mariposas que había en la carretera y lo frondoso del bosque, de árboles enormes con alargadas dianas. En su interior se encuentra la mayor reserva de chimpancés de África, y por eso precisamente la carretera que lo cruza está perfectamente asfaltada ya que miles de turistas (musungu es como llaman los ugandeses al hombre blanco) acuden aquí cada año.

En una de las paradas para tratar de ver algún chimpancé y volar el dron en una selva que recordaba a la de Tarzán con sus lianas, nos encontramos con una mamba negra. Uno de los expedicionarios descubrió la serpiente y de inmediato los monitores dispersaron al grupo, ya que es una de las serpientes más peligrosas de África y capaz de saltar más de dos metros al atacar. En ese momento nuestro cocinero ugandés Walter, le golpeó la cabeza con un palo. No queríamos matar a la serpiente, pero los locales las matan por sus creencias tradicionales de que dan mala suerte.

Una hora después nos sorprende encontrar turistas después de una semana sin verlos. Es en Fort Portal, la urbe cercana a la reserva natural, donde los adolescentes visitan los puestos de un mercado tradicional, donde se venden todo tipo de legumbres, frutas, hortalizas y hasta zapatillas New Balance de segunda mano por cuatro euros.

Al retomar la marcha varios expedicionarios sacan la cabeza por la ventanilla. “Es que está precioso”, razona una de las jóvenes. Y es verdad. El paisaje ha cambiado súbitamente. Pequeñas montañas se agolpan en el horizonte, de un verde intenso debido a las plantaciones de té, que contrastan con el intenso amarillo de los campos de maizales del sur. Los agricultores lo recolectan con rudimentarias maquinarias de metal que cortan las hojas. Durante el trayecto también vemos babuinos, que están tranquilamente al pie de la carretera.

Ya bien entrada la noche, cerca de las 00.00, tras largas horas por caminos con numerosos baches, la expedición llega a Masindi, al pie del lago Albert, también conocido como lago Mobutu Sese Seko, una de las joyas del Gran Valle del Rift, descubierto por el explorador británico Samuel Baker en 1864 y con una longitud de 160 kilómetros. Por esta zona se grabó ‘La Reina de África’ y a Ernest Hemingway y a su mujer se les dieron por desaparecidos tras un accidente de avioneta. Tras varios talleres de periodismo, los expedicionarios se fueron a la cama sobre las tres de la mañana. Apenas tres horas para dormir, aunque les servirá para recobrar fuerzas ya que por primera vez dormirán sobre césped y con una temperatura muy agradable. Mañana les espera una marcha hacia las cataratas de Murchison.

Serafín de Pigafetta.
Cronista oficial de España Rumbo la Sur.