Las olas rompen contra las rocas y se funden en la arena del puerto de Malabrigo. Los barcos pesqueros no salen hasta marzo, y en la bahía fondeados vigilan en silencio la costa. Perezoso alumbra el día las espumas que rompen la quietud del mar a nuestro frente. El deporte, descalzos en la playa, da el pistoletazo de salida de la nueva jornada.
El taller de surf ha sido la principal de las actividades de la mañana. Han podido los expedicionarios tener una primera toma de contacto con este deporte, y otros simplemente practicarlo como tantas otras veces lo han hecho en el pasado. Qué mejor lugar que en la ola de Chicama, izquierda más larga del planeta, para remar contra viento y marea y coger las olas que en esta bahía aparecen.
El sol ha salido al mediodía, y los expedicionarios han tenido tiempo libre para campar a sus anchas por este pueblo maravilloso que nos ha recibido con los brazos abiertos. Tiendas de ponchos y fruterías, así como algún que otro restaurante, han sufrido la invasión de los expedicionarios deseosos de recuerdos y comidas que llevarse a España sobre ellos o en ellos mismos.
Román Beltrán fundó la Cofradía de la Santa Cruz de Motupe un cuatro de agosto de 1928. Después de la misa en la Plaza de Armas hemos podido pasar un estupendo rato junto a su familia, que saca en procesión la cruz que su abuelo trajo de la ciudad de Motupe desde su vivienda hasta la iglesia de la plaza, donde se encuentra con una preciosa Virgen del Carmen que corona el retablo. La familia nos ha contado su increíble historia y nos ha invitado a un buenísimo chocolate caliente.
Podría decirse que, por ahora, agosto nos está tratando bien.


