Perú es diferente. Se nota, se siente y se ve en las casas, baños, carreteras, coches, edificios públicos e incluso en los cortes de pelo. Sin embargo, a pesar de esas diferencias, hay una cosa que me fascina y contrasta con ellas, que se percibe con los cinco sentidos. Algo tan simple como darte cuenta de que los peruanos son iguales que nosotros. Hablan español, tienen aspiraciones como las que pudiera tener una persona en España y juegan al fútbol y a las cartas, entre otras cosas.
En viajes como este, te das cuenta de que las personas no son más ni menos por vivir donde viven. Son gente que, con los recursos con los que cuentan desde que nacen, consiguen superarse a sí mismos día a día por ellos y sus hijos, como lo haría una persona en India, Estados Unidos, Australia, Alemania o sin ir más lejos, España.
Lo que quiero decir es que a pesar de que a la vista las diferencias se ven tan evidentes y gigantescas, estas personas son iguales que el resto del mundo pero viviendo en un lugar del mapa llamado Perú.
Por eso agradezco mucho la oportunidad de haber vendido a este viaje con Rumbo al Sur, ya que puedo conocer el mundo un poco más y conozco historias y personas geniales.


