Crónica 18 julio. Álvaro Buxens

Sintiendo la brisa del Pacífico por primera vez, con la adrenalina al máximo sentado en el maletero de una Pick up, hoy (tercer día de la expedición) por la tarde, me he sentido como un verdadero aventurero acompañado de otros once compañeros de grupo.

También hoy, sin duda, ha sido el día en el que más nos hemos sumergido en el verdadera Perú. A partir de las 5:40 am nos hemos subido al bus en Lima y empezando a salir de esta ciudad rodando por carreteras de arena y casas muy humildes a nuestros lados, me he dado cuenta de esta realidad tan distinta y que no mentiré: me ha parecido dura. Es por eso que los habitantes de este país tienen tanto que enseñarnos.

Hablando de un momento concreto, ayer por la tarde, en un pequeño rato libre andando por Lima, me fijé en un restaurante y a la entrada había una señora en el exterior vendiendo postres. Esta majísima mujer, sin conocerme de nada y sin motivo alguno me regaló un trozo del bizcocho que vendía. Hablando con ella me contó que hace cuatro años, tras la muerte de su madre se hundió en una profunda depresión y para olvidarse de tanto dolor empezó a cocinar y vender estos dulces. He ahí la primera lección: la de aquella persona que todavía sigue luchando contra una depresión, con escasos recursos y tras un día ajetreado de trabajo, elije regalarme algo. Para mí, dice mucho de ella.

Tal como he aprendido de la gente de Perú, tengo la seguridad casi al 100% de que seguiré aprendiendo también de la gente maravillosa de esta expedición a la que he tenido la suerte de poder unirme, España Rumbo al Sur.

 

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