CALDERÓN DE LA BARCA, LA VIDA ES SUEÑO
«Qué es la vida, un frenesí.» Son las seis de la mañana, me despierto sobresaltado por la alarma, sudado, medio dormido, ayer me acosté a las dos de la mañana por terminar de hacer las mochilas, y obviamente, no las terminé, por lo que ahora me tora hacerlo. En una hora y media tengo que estar en el aeropuerto, voy «pegao», me toca acelerar. Desayuno corriendo, me doy una ducha, y finalmente termino las mochilas… Ya voy tarde, aún no he salido de casa, son las siete y media pero afortunadamente no vivo muy lejos del aeropuerto. Me monto en el coche, salgo hacia el aeropuerto y… ¡atasco! Finalmente acabo llegando a las ocho al aeropuerto, por lo que llego con retraso, pero al menos llego.
«Qué es la vida, una ilusión, una sombra, una ficción.» Son las cinco de la mañana, recuerdo haber visto viviendas en la parte alta del cerro de San Cristóbal, pero ahora solo se ve una mancha negro azabache deforme en la mitad de la montaña, la cual en su cima tiene una gran cruz iluminada. Irónico, ¿verdad? Nos despertaron, cogimos las mochilas, recogimos todo y, como todos los días, nos metimos en el bus a la aventura, sin saber a dónde íbamos. Terminamos en un cerro arenoso, lleno de casas bajas semiderruídas o deterioradas, calles sin asfalto llenas de perros y gatos sin collar ni nombre, podías llegar a preguntarte: «habrá más perros que personas?» Llegamos a un colegio llamado «Santo Tomás de Valencia» curiosamente llevado por un sacerdote valenciano, el Padre Vicente que nos contó todo sobre el proyecto.
«Que todo gran bien es pequeño»: en los pocos días que llevamos en Perú ya hemos hecho varios actos benéficos, como acompañar a chicos en los extrarradios de Lima, plantar árboles en la capital y muchas otras cosas, que por pocas y pequeñas que parezcan, mejoran gradualmente el mundo.
«Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son»: Volviendo al día de hoy, después de la charla con el Padre Vicente, fuimos a dar un paseo por la cima del cerro en el que estamos actualmente, había unas maravillosas vistas desde la cima, desde la cual se veían tanto el océano como las montañas interiores.
Bajando y subiendo los cerros arenosos se nos llenaron las botas de arena, jugando por las dunas y saltando por los desniveles. Después de bajar las dunas de los cerros, participamos en una misa tradicional en Latín y para terminar, tuvimos la presentación del equipo de Rumbo al Sur, del que aprendimos mucho.
Con estos párrafos iniciados con fragmentos de La Vida es Sueño, de Calderón de la Barca, pretendo transmitir que muchas cosas de nuestra vida diaria son superfluas, y podemos vivir, como aquí en Perú, en sencillez, paz y espíritu de ayuda.


