El día comenzó curioso, desde que nos levantamos a las 8 a.m. en Santa Rosa. No habían pasado ni quince minutos y ya estábamos rumbo a nuestro próximo destino, sin todavía haber tenido tiempo de asimilar el maravilloso lugar del que nos despedíamos y con la incertidumbre de cuál sería el nuevo lugar que visitaríamos.
Finalmente llegaríamos a Carquín, una ciudad con puerto, gente maravillosa y una iglesia increíble en la que pudimos oír Misa. Nada más comer nos dirigimos con una sensación de orgullo inmenso para animar a nuestro equipo de fútbol que logró ganar la final del mundial. La tarde fue legendaria, llena de alegría, bailes y un grupo de españoles de la expedición de España Rumbo al sur invadiendo las calles de una ciudad de Perú.
De vuelta en el bus retomamos nuestra ruta y terminamos pasando la noche en una zona natural rodeada de montañas y recibiendo calor de una gran fogata situada en medio del campamento.


