En Huacho no se esperaban que 200 españoles llegaran hoy a poner patas arriba su tranquilo domingo en la plaza de armas viendo la final del partido. No se esperaban tampoco que el entusiasmo de los 147 jóvenes les invadiera a ellos también, y no pensaban que acabarían saliendo por sus propias calles ondeando banderas españolas tras la victoria de nuestra selección.
Pero finalmente se han volcado todos con nosotros, desde el padre Juan, de la parroquia de Carpín, hasta Armalinda, señora de 81 años con la que largo rato he compartido inquietudes y alegrías, y lo mismo ella conmigo.
Ha pasado todo lento, y volando. Ha sido tenso y tranquilo. Los nervios han dado paso a la esperanza, y la esperanza a la celebración. Celebración generalizada y eufórica. Somos campeones, poco más puedo decir. Desde las ruinas de la Ciudad Sagrada de Caral trato de retroceder la vista unas escasas horas. Tan sólo encuentro un agradable sentimiento de alegría, un sueño cumplido de hispanidad y un orgullo hispano que en Huacho ha desbordado y se ha convertido en verdadera unión y hermandad.
Cómo he dicho, poco más puedo decir. Bocadillo de atún.


