Recuperando las esencias de la navegación

 Pocos pintores han conseguido resumir de forma tan maravillosa en un cuadro la certeza del paso del tiempo, la crudeza de la evolución, como Turner en ‘The fighting Temeraire’, el óleo del buque de vela de la Real Marina británica que a mediados del siglo XIX era remolcado por el Támesis para su desgüace por un barco de vapor, más nuevo, más moderno, mientras el cielo se torna anaranjado, adentrándose hacia el crepúsculo en una metáfora perfecta. Atrás quedaban sus épocas de gloria, sus gestas.

Hoy en día, donde la tecnología de última generación se convierte en obsoleta una semana después, un mes después, volver a las esencias tiene un doble valor. España Rumbo al Sur (ERS), la expedición de aventura y solidaridad dirigida por Telmo Aldaz de la Quadra Salcedo, en una nueva vuelta de tuerca, ha decidido precisamente volver al origen, navegar a vela, como Hernán Cortés, como Colón, como Magallanes, como los descubridores y conquistadores que le dieron la gloria imperdurable a nuestro país siglos atrás.

Para ello Aldaz de la Quadra Salcedo y la codirectora, Isabel Ussía, han puesto en marcha el primer curso de navegación antigua ERS, donde los participantes por primera vez pueden ser de todas las edades, una demanda que viene de lejos, sobre todo fruto de esos padres de expedicionarios a los que las aventuras de sus hijos por África no sólo les produce orgullo, sino envidia sana.

Así, 24 valientes con ánimos de salirse de la cotideanidad, de los mismos planes de siempre, se embarcaron en Valencia en el Cervantes Saavedra, un antiguo buque faro construido en Escandinavia en los años 30, y que fue transformado en los 70 en un velero de recreo aprovechando su casco de acero reforzado para el hielo. Un barco de vela majestuoso de casi 50 metros de eslora y ocho de manga, que guarda las esencias de décadas en alta mar, de interiores de madera barnizados con sumo cuidado y que le transporta a uno a otras épocas donde navegar era descubrir tierras y lugares por primera vez.

Aquí, durante los próximos cuatro días, conocerán de primera mano todos los secretos de la navegación, con las maniobras de atraque-desatraque, el izado de velas, la particularidad de los vientos y la cabullería, las maniobras de desembarco y fondeo, la lectura de las cartas náuticas…

En un goteo incesante los nuevos marineros llegan al Puerto de Valencia, donde está atracado el barco, capitaneado por Norah, que dirige una tripulación de diez expertos marinos. La capitán es firme y atenta, pendiente de que los grumetes que somos absorbamos los mayores conocimientos durante la visita.

Empezamos con el sistema de seguridad y abandono del barco en situaciones de emergencia, aprendiendo dónde y cómo se ponen los chalecos salvavidas, dónde están los hidrantes y las mangueras por si hubiera un incendio, el sistema sopep contra los derrames de hidrocarburos.

Da la sensación de que hay mucha más seguridad que en el edificio más moderno. La visita a la sala de máquinas sorprende a muchos, con ese motor de 520 kilovatios (alrededor de 700 caballos) de más de 40 años de antigüedad pero que funciona con la precisión de un reloj suizo.

“Si alguien cae al agua, el que lo haya visto que nunca pierda su referencia, porque en plena noche, a partir de diez metros, no se ve nada”, recomienda la capitán antes de que el director de la expedición haga la presentación del equipo que dará los talleres y conferencias. El ambiente en cubierta es húmedo y nos obliga a abrigarnos bien. “Vamos a aprender las maneras de vivir de los barcos que cosían el mundo en la antigüedad”, resalta Aldaz de la Quadra Salcedo a modo de presentación.

Comenzamos las labores de desatraque. Los alumnos las realizan con el asesoramiento de la atenta tripulación: retiran la escalerilla de entrada al barco, sueltan los cabos, dirigen el barco a proa y popa desde el cuadro de mando para salir del puerto sin ningún percance comunicándose por walki-talkies de un lado a otro. Rápidamente estamos ya navegando hacia Ibiza, a donde esperamos llegar sobre las 13.00 horas del día siguiente. La cena, un puré y redondo de ternera rozando la medianoche ponen el broche final a una tarde intensa. Las estrellas nos cubren como un manto punteado mientras nos dirigimos a los camarotes entre el leve balanceo del barco. Ya estamos en la mar.

Serafín de Pigafetta (Cronista de España Rumbo al Sur)