Llevo cuatro días en Perú y aún no me creo lo que estoy viviendo. Ahora estoy en un autobús escribiendo estas líneas de camino a nuestro siguiente destino, porque así es España Rumbo al Sur, un no parar, un día exprimido hasta la última gota y un disfrute del presente que no he visto en ningún otro contexto aún.
No sé por dónde empezar a explicar esta experiencia, podría comenzar por hablar del magnífico país que estamos visitando, el Perú. Un país que es una mezcla perfecta de herencia cultural, naturaleza y gente con un corazón enorme, que como nos dijeron ya en Toledo, no dudan en poner su vida al servicio de la verdad, la belleza y la vida.
Me gustaría recalcar ese espíritu, la ilusión y la disciplina del magnífico equipo de ERS. Está formado por gente increíble que sacrifica sus vacaciones para hacer posible esta maravilla. Hay especialistas para todo: cocina, material, audiovisual, programa académico, monitores y mucho más. Me parece increíble cómo sobreponen el hacer las cosas con buena actitud e ilusión por encima del cansancio que trae un viaje como es este. Son capaces de sacrificar su sueño por hacer la comida del día siguiente o aguantarnos 21 días a todos con una paciencia infinita, y esto es de agradecer.
Voy a hacer un breve repaso de lo que hemos hecho, aprovechando que una crónica trata de eso. Aterrrizamos en Lima tras doce horas de vuelo, reventados pero con ganas de lo que venía. Pasamos unos días en la ciudad de Lima, donde conocimos gracias a unos guías maravillosos, el centro histórico y de ahí nos movimos hacia las afueras, donde estaban los cerros de la misma capital peruana. Allí conocimos personas en situaciones complicadas y fue allí también donde estuvimos trabajando con un colegio católico increíble.
Al día siguiente, partimos al norte rumbo a la ciudad sagrada de Caral, la ciudad más antigua de América pero todo esto saboreando aún la victoria y la emoción del día anterior cuando, alrededor de 150 españoles en un país extranjero unidos por una causa común, apoyábamos a la selección española de fútbol a muerte. Fue algo que hizo también más fuertes los lazos de unión entre toda la expedición.
Y para cerrar, quería decir que estamos pasándolo genial, que dormimos poco pero que las ganas no nos faltan y que estamos en muy buenas manos. Familias que esperáis en casa, podéis estar tranquilos.


