Crónica 23 julio. Chachapoyas

Yo no nací si no para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida;
por vos he de morir y por vos muero.

De esta forma culmina el Soneto V de Garcilaso de la Vega, poeta y soldado, máximo exponente en España del hombre del Renacimiento. Pero no fue este el Garcilaso que definió con todo lujo de detalles la sociedad del Virreinato del Perú. Fue Garcilaso el Inca, hijo de noble español y princesa incaica, el que encarnó la nueva sociedad que en estas tierras se formaba. El mestizaje dejó su huella plasmada en la historia de la América hispana. En las plazas y las calles, en los balcones, en las risas, en las gentes, en las flores se entrevé aquel pasado que hoy está más presente que nunca.

Chachapoyas fue fundada por Alvarado en el siglo XVI, mientras Garcilaso de la Vega moría en Nantes dejando una joven pero extensa obra que ha perdurado hasta hoy. La conquista de estas tierras dio paso al mestizaje, y el mestizaje coincidió con el barroco Inca Garcilaso.

La alegría es general mientras subimos a Huancas andando. Desde las alturas de este pueblo vemos la inmensidad que nos rodea. Imaginan los expedicionarios a los antiguos conquistadores surcando estos montes locos. Chachapoyas desde aquí parece tan solo un ladrillo en el infinito.

Entre Garcilasos me muevo para decir, sin temor a equivocarme, dirigiéndome a Chachapoyas de parte de los que hoy formamos parte de esta expedición, que mi alma os ha cortado a su medida.

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