Abrimos los ojos tras una intensa noche de lluvia y tormenta, deseando tener aún algo de ropa seca.
Teníamos un largo día por delante y una marcha que dependiendo de a quién le preguntaras, duraba entre 4 u 8 horas. Emprendimos el camino rodeados de de playas paradisiacas y de paisajes inigualables. De repente, estábamos en Panamá, en la playa de La Miel, en cuyo cartel de entrada podía leerse «Bienvenidos al paraíso». ¡Y tanto que lo era!
Al continuar, las piernas empezaron a flaquear y cada paso suponía un mayor esfuerzo. Sin embargo, abandonar no era una opción, ya que nos movía la ilusión y la certeza de tener una mano amiga en la que sostenernos en caso de necesidad.
Cada paso era una aventura y tuve la suerte de pertener al primer grupo, dirigido por Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo.
Llegamos a Bahía Aguacate y pudimos descansar mental y físicamente.
Pasamos el resto del día bañándonos, haciendo snorkel y pesacando o, al menos, intentándolo.
Día 24 de julio, sin duda resonará siempre en mi memoria y sonreiré al recordarlo.
Lola Llamas
Expedicionaria ERS 2025


