Un compás interminable de pisadas rodea los montes que protegen Kuelap, antigua ciudad de los llamados hombres de las nubes. Los pasos se acercan cada vez más, bordeando el inmenso valle que a nuestros pies se extiende. Horas y horas de marcha, bajo el sol, bajo la lluvia. Con calor las veces que con frío. Con gana o desgana, menos desgana que gana.
Un compás interminable de pisadas que se asombra ante el paisaje. Ante las quebradas y los cerros infinitos cuyas cimas se esconden sobre las nubes. Un compás ilusionado y cantarín que chulesco y victorioso se pasea por los pueblos de estos montes. Una voz de juventud y aventura que se desentiende de las comodidades y se adentra en las selvas y en los montes. Una mirada que se enfrenta a la tristeza y a la desunión.
Es este el compás interminable de pisadas que tras 35 kilómetros de marcha ha llegado esta noche a la Ciudad de las Nubes. Mochilas al hombro y mirada altiva. En sus murallas se resguardan nuestras tiendas.
Y si acaso os preguntaran, hoy, por encima de las nubes, 200 españoles aguardan una historia más que llene de alegría mañana las selvas y los montes del Perú.


