Hoy las densas e interminables gotas de una tormenta tropical nos han despertado a las 5:00. Así, sin previo aviso, han mojado nuestra ropa e incluso nuestra tienda. Rápidamente hemos recogido el campamento disfrazados con nuestro poncho de agua.
Con las gotitas recorriendo nuestra cara, hemos hecho deporte y nos hemos tomado un vaso de leche calentito con una galletas militares que nos han sentado com un abrazo cuando más lo necesitas.
Hartos de esperar y de la incesante agua, nos hemos subido al barco que nos llevaría a Necoclí. Entre las olas y las risas encontré una paz que parece no querer abandonarme en toda esta increíble experiencia.
Más tarde, comimos y cogimos el bus en dirección a Arboletes, un pueblo encantador. Allí, sus gentes nos recibieron con su danza típica y unas palabras que siempre nos hacen sentir como en casa.
Después, fuimos a la playa y junto a la orilla del mar montamos nuestras tiendas. Al terminar mis amigos y yo decidimos elevar nuestra visita y disfrutar de las estrellas. Las amistades más bonitas son con las que puedes tener conversaciones profundas mirando al cielo con una sonrisa.
El día ha terminado con una sopa, una película y un sobre de jamón compartido que hizo que ese momento fuera inolvidable. Justo cuando voy a cerrar los ojos, no puedo evitar pensar en lo afortunados que somos de poder vivir una tormenta tropical en Colombia y, sobre todo de poder irme a dormir cada noche con dolor de tripa de tanto reír. Creo que eso es lo que más me gusta de España Rumbo al Sur.


