¿Quién pudiera imaginar que tras una espera tan larga llegaría verdaderamente este día? En la imaginación de muchos, o al menos en la mía, se había formado una ilusión que yo contemplaba como una niebla lejana, sin tener en cuenta que en algún momento me vería sumido de nuevo en esta loca aventura en calidad de cronista. Y esta mañana, por fin, he visto lo cercana que está esta nueva expedición que nos llevará a cruzar el Atlántico en unos pocos días rumbo a Perú.
Pero como toda aventura que se precie, precisamos de un preludio a la altura de la obra, y qué mejor preludio que este; cuatro días bajo el abrasador sol de Toledo, acompañando, durmiendo y sirviendo junto al Ejército de Tierra español.
Llegan los primeros expedicionarios cargados hasta arriba con todos los artilugios necesarios para estos cuatro días. Como heroicos sherpas llegando a la cima del Everest, dejan a un lado las mochilas y se inscriben, y conocen a los que a partir de hoy serán sus compañeros y al equipo de la expedición.
Un ambiente de ilusión mezclada con inevitable miedo rodea el polideportivo. Empiezan a hablar entre ellos, se ríen y juegan al fútbol. Telmo nos avisa del comienzo de esta primera fase de España Rumbo al Sur 2026. El teniente coronel Santiago González nos da una charla de bienvenida en el salón de actos que trata sobre la fuerza de los valores en el ejército y del orden necesario para llevar a cabo cualquier objetivo. Lorenzo Cooklin, Director general de la Fundación Mutua Madrileña, extrapola esta fuerza de los valores al ámbito empresarial, y deja ver una vez más el apoyo de la Mutua a la expedición y a su labor para con los jóvenes.
Es el ejército el eje central de estos días, marcados por el aprendizaje de los expedicionarios en materia de cultura de defensa, y en el conocimiento también de las dinámicas del Ejército de España, arraigadas en la más antigua de las tradiciones marciales de Europa y del mundo. Es su historia un relato digno de ser contado. El General Olazábal, navarro y experimentado soldado al frente de tropas españolas por todo el mundo, nos ha contado la historia de los que, antes que nosotros, formaron la personalidad de nuestras fuerzas armadas.
Las calles de Toledo son un viaje al pasado, un nostálgico espejo de las ciudades que erigieron nuestros antepasados sobre el suelo que pisamos en nuestros días. Gonzalo Rodríguez es toledano y conoce al detalle la historia de su ciudad y de su patria, de la que es férreo defensor desde el debate cultural, filosófico, social y sobre todo histórico. A las puertas de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo, donde yacen los restos del Greco, habla apasionadamente de la encrucijada que vive cada una de nuestras almas, la encrucijada que nos llevará a la gloria o al abismo. Son las suyas palabras de verdad que engrandecen el espíritu de quien las oiga.
Una primera jornada intensa que nos deja entrever todas las grandes cosas que nos esperan estos cuatro días. Tras las puertas del antiguo palacio de Sisla esperamos el amanecer. Son 180 las almas que nos hemos embarcado en esta aventura que hoy ha dado comienzo.


