Con el sonido de las olas y unas maravillosas vistas, despertamos en una de las playas de Arboletes. Un pueblo que nos recibió la tarde pasada con mucho agradecimiento e ilusión, cantando y bailando bailes típicos de aquel pueblo con ese nombre tan peculiar: Arboletes.
En la mañana hicimos deporte nada más levantarnos, como de costumbre. Después de ello viví una de las experiencias más satisfactorias de mi vida: fuimos a un volcán de lodo. Ya había oído hablar de esos volcanes con el típico sermón de que te rejuvenece la piel. Nos explicaron un poco en qué consistía y fuimos a la aventura. EStuvimos todos dentro de esa explanada que parecía cmento recién hecho, Una vez dentro se sentía muy extraño. Es una sensación bastante difícil de definir. Costaba moverse. Era como si te atrapasen, pero tampoco te sentías agobiado ya que el propio lodo hacía que no te hundieses. Al salir del lodo, rápidamente nos limpiamos todo el cuerpo en la playa. El pelo se sentía mucho más suave y limpio.
Por la tarde, pusimos rumbo al autobús hacia un lugar llamado Calamar, un pueblo aparentemente pequeño. La llegada tras siete horas de trayecto fue muy caótica debido a que nos quedamos en un edificio muy pequeño para todos nosotros. Pero tras una buena organización y cooperación de todos nosotros, dormimos muy agradecidos bajo un techo donde pudimos resguardarnos del diluvio.
Jaime Moreno
Expedicionario ERS 2025


