Un frío gélido despierta a los que, ingenuos, pensaron que en Sisla hacía el mismo calor por la el día que por la noche. Un extraño amanecer el de esta segunda jornada. Amanece al mismo tiempo la conciencia del que hasta ahora no ha sido muy consciente de lo que está pasando y de lo que está viviendo, y amanece cayendo al foso de la pista de combate. Como dice aquel refrán: «Al calor, buen humor», y si no lo dice, que empiece a decirlo, porque aquí se lo toman todo entre risas y emoción.
Al son del taconeo desfilan los 140, guiados por los Caballeros Alumnos que, voluntarios, van a instruirnos en estos cuatro días. Son estos Caballeros Alumnos los que, tras su formación en la Academia, pasarán a formar parte del cuerpo de suboficiales del ejército de Tierra español en calidad de sargentos. El orden cerrado no es algo fácil de dominar, es un comportamiento unitario de gran cantidad de personas, la representación de lo que es el ejército, un solo cuerpo, muchas personas, una voz, un sentir, una misión. Aunque ninguno de los expedicionarios había hecho nunca orden cerrado previamente, aprenden con gran velocidad y, cuando quieren darse cuenta, están desfilando en envidiable armonía entre la Academia, el Tajo, y el imponente Alcázar de Toledo.
Pregunto a un expedicionario un banal «¿Qué tal?», me responde «Pues parece que llevamos ya tres días en Toledo, pero no son ni las doce. Bien, por lo demás». Tras un pertinente «Me alegro» (que soluciona toda situación) me acerco a la cocina a desayunar junto con el resto.
Se suceden las horas entre clases magistrales y actividades rotatorias con gran relevancia de cara a la expedición. El sinfín de acontecimientos da lugar a la tarde. La piscina ha ayudado a revitalizar un poco a los que ya caían sentados durante los talleres.
Son Chapu Apaolaza, Jano García, Coco Robatto y Txomín unos de los más importantes exponentes en cada uno de sus campos (Jano en la comunicación audiovisual centrada en la actualidad, Coco en la política, Chapu en la escritura y la opinión y Txomín en la investigación histórica), influyendo sus ideas en gran parte de la sociedad española inconformista y rebelde ante lo establecido. Pocas veces se verá a cuatro personas dedicadas a diferentes ámbitos y ambientes juntarse en el cine de la Academia de Infantería de Toledo para dar una conferencia de incalculable valor a unos jóvenes de entre 15 y 18 años. Pocas veces. Pero una la hemos presenciado, y, desde luego, nadie ha quedado indiferente.
Siempre se ha dicho (digo siempre porque no sé quién fue el primero en decirlo) que hay tres tipos de conversaciones: las que tratan sobre personas, sobre cosas y sobre ideas. Me quedo con el tercer grupo. Coco, Jano, Chapu y Txomín también lo son, y nada de lo que han dicho merece ser menospreciado. Me quedo sin duda con una preciosa frase de Chapu que venía al caso de la infravaloración del Hombre, en mayúscula, en los tiempos que corren: «¿De qué serviría el mundo si no existieran hombres para observarlo?».
Y con esta reflexión marchamos de nuevo a Sisla, en espera de la tercera jornada de esta aventura


