Pedro Calderón de la Barca fue un soldado viejo de los Tercios que vivió el auge y la caída de la hegemonía española en Europa, durante el siglo XVII. Siguiendo el modelo de caballero renacentista (como Garcilaso de la Vega), Calderón fue poeta y soldado, fue artista con un toque más barroco, decadente, autor de teatro inconmensurable, y también de unos versos dedicados al ejército que aún a día de hoy son fiel reflejo de los principios que lo rigen: «Ese ejército que ves; vago al yelo y al calor; la república mejor; y más política es; de un mundo en que nadie espere; que ser preferido pueda; por la nobleza que hereda; si no por la que él adquiere; porque aquí la sangre excede; el lugar donde uno se hace; y sin mirar cómo se nace; se mira cómo procede; Aquí la necesidad no es infamia; y si es honrado; pobre y desnudo un soldado; tiene más cualidad; que el más galán y lucido; Porque aquí a lo que sospecho; no adorna el vestido al pecho; que el pecho adorna al vestido; (sigue). Son estos versos una apología del espíritu castrense que hemos conocido y cuyo ejemplo es ahora más fácil de seguir.
Es un espíritu de aventura e inconformismo el que nos han transmitido estos cuatro días. Es también la admiración a nuestro ejército y la convivencia con militares uno de los más valiosos regalos que nos llevamos.
Entramos el jueves con mil cosas en la cabeza, con mil miedos y con mil ilusiones. Hoy salimos con mil certezas, a la espera de un viaje que no hay que esperar que nos cambie, si no que nos devuelva una mirada ilusionada de la vida, una mirada única.
Gracias al Ejército de Tierra, gracias a Telmo y a Isa, al equipo de ERS y gracias también a cada uno de vosotros, expedicionarios, por ser motor de todas estas cosas buenas que habéis hecho posibles.


