Sevilla amanece lloviendo. A mares, como solo sabe hacerlo allí. Un joven de dieciséis años dobla corriendo la calle Almirantazgo rumbo al Archivo de Indias, en el edificio renacentista de La Lonja de Mercaderes. Es Carlos Toro. Lleva ya meses desempolvando legajos y documentos para recomponer la historia de uno de tantos capitanes de la conquista olvidados por la historia. Ha perdido ya la cuenta de las noches que se ha quedado sin dormir preparando el trabajo con el que aspira a conseguir una de las cotizadísimas plazas de la Ruta Quetzal. Él todavía no lo sabe, pero está a punto de embarcarse en una forma de vida que ya no le abandonará. El veneno de la aventura está a punto de instalarse.
Más de treinta años nos separan de esta escena. En este tiempo, Carlos Toro ha servido a las órdenes de Miguel de la Quadra-Salcedo y ahora de Telmo. Treinta años de expediciones, de desafíos y de aventuras. Toro representa como pocos los valores de España Rumbo al Sur: esfuerzo, generosidad, amistad, curiosidad… y tiene una carcajada que animaría a un cantante de fados con depresión.
Es una de las cosas únicas de España Rumbo al Sur. Esta noche, sentados en torno a la furgoneta de material, conviven ya cuatro generaciones de aventureros. No sé de dónde viene esa maldita manía de mirar con desdén a los que vienen y a los que precedieron, pero Rumbo al Sur es inmune a esa horrible costumbre. No hay atisbo de desdén y mucho de admiración mutua. Carlos Toro ya celebró sus cincuenta, hay aventureros de más de sesenta y las últimas incorporaciones aún no han cumplido los veinte. Un coro de risas recibe a los que nos acercamos a comentar las mejores jugadas del día. No sólo genera un entorno único para trabajar. Es el caldo perfecto para garantizar la transmisión de los valores de la aventura, la cooperación y el conocimiento. Y son ya veinte ediciones.
La jornada ha sido intensa, como siempre. Entrenamientos en pista americana, en pista de combate y en buceo han dado paso a los talleres y a las conferencias. Hoy con la participación de la escuela de toreo del retiro, entre otros.
A las doce de la noche encontramos a los expedicionarios esperando para iniciar una marcha nocturna de orientación por parejas (binomios) hasta el campamento. Son ya las tres de mañana cuando finalmente se apagan las luces. En pocos segundos ya solo se oye la respiración pesada acompasada por el canto de los grillos. A las tres y medias suena el toque formación. Sólo llevamos tres días, pero los expedicionarios salen ya de sus sacos a la carrera y en pocos minutos están formados y listos para una sesión de ejercicios nocturnos. A las cuatro vuelven las respiraciones y los grillos. Cuando suena el toque de diana parece que acabaras de cerrar los ojos. Todo esto podría parecer una ocurrencia gratuita, pero no lo es. El momento de medir las fuerzas es en Toledo, no en África o en Colombia. Y es muy diferente afrontar una expedición dudando de si podrás con ello que sabiendo de lo que eres capaz.
La expedición amanece cansada, pero con un brillo de orgullo. Muchos se han visto por primera vez dando una talla altísima y sin una sola queja. Se saben fuertes y están orgullosos. Es un grupo excepcional.
Me ha llamado la atención un expedicionario en el que ya me he fijado antes. Estaba preparado antes que los demás. Un poco separado del grupo. Callado. La mirada fija en las primeras luces de la mañana. Él todavía no lo sabe, pero creo que ha prendido la llama de la aventura. Esa que se queda para siempre. Dentro de pocos años estará sentado a la luz de furgoneta de material, recogiendo el testigo de los que le preceden y transmitiendo el legado a los siguientes.
Algún día las carcajadas de Carlos Toro se oirán en la taberna de oficiales. Sentado en la mesa del fondo compartiendo anécdotas y risas con Miguel y con aquel capitán de Cortés que rescató del olvido. Pero sus valores y su legado estarán a buen recaudo en manos de una nueva generación de aventureros que, seguro, serán mejores que nosotros.
Eduardo Martínez de Ubago
A Juan Aldaz, nuestro nuevo Pigafetta. La pluma es tuya amigo. Las mejores líneas de España Rumbo al Sur están por escribir todavía.


