Crónica 31 julio. Túcume-Chicama

Amanecemos cuando el sol todavía no sale frente a nosotros. El viento arrastra la arena que nos rodea y enfría las tiendas y los sacos. Coincide el amanecer con nuestra salida rumbo al Sur. Marchamos entre el mar y la arena durante horas, entre pueblos de pescadores, caballitos de totora, nubes blancas y un sol que hoy ha salido sin pretensión de derretirnos. Por fin nos hemos bañado en el Océano Pacífico.

Solos en un mundo sin casas ni ruidos externos al mar y al viento hemos marchado. El silencio se rompe con la llegada de las pickups. Las banderas en alto, cortando el aire y el agua de la orilla, los expedicionarios a bordo, la voz en grito unido se torna. El infinito desierto se convierte en un camino recto a lo desconocido. La alegría, la ración militar y la tarde que culmina frente a la ola de Chicama, cuna del surf peruano.

En el pueblo de Malabrigo trasnochamos con la historia de Thor Heyerdahl y las aventuras de los navegantes que han convertido en leyenda estas costas del norte peruano.

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