Crónica Adriana del Fraile

Tras diez días aquí, llegamos al ecuador de la expedición. Despertarnos cada mañana en un lugar diferente solo nos recuerda lo privilegiados que somos.

Después de recoger y desayunar lo más rápido posible, comienza el día. No hay dos días iguales, paisajes muy variados pero todos alucinantes, y personas nuevas que forman esta aventura.

Cuando llega el momento de irse a dormir, debido al cansancio, el saco se convierte en una cama de cinco estrellas en la que caer dormido, hasta que en pocas horas, «El novio de la muerte» marca el inicio de un nuevo día y nos recuerda que tenemos historias por vivir y un gran país por recorrer.

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