Terminamos Toledo siendo un poco infantiles, y después de dos semanas llenas de ilusión y nervios iguales a los que tiene un niño en Navidad, nos pusimos el macuto de entusiasmo a la espalda y comenzamos nuestro viaje, para algunos sólo físico, para otros algo más trascendental, hacía el Perú.
Si nos quedamos en la superficie de lo que llevamos de viaje, diremos que el vuelo de 12 horas se hizo largo aunque divertido y las visitas por Lima fueron interesantes e incluso algunas impactantes. La llegada al poblado en el desierto de Santa Rosa nos dejó boquiabiertos por su sumisión en la pobreza, y la final del mundial en Guadalupe nos trajo otra vez a la vida a aquellos que ya nos dejábamos arrastrar por el cansancio. Y así con todas las experiencias de las que se forma nuestro viaje. Ahora bien, explicar con palabras lo que a veces ni nosotros entendemos no es tarea sencilla, pero simplemente el intento de hacerlo se suma a la lista de las experiencias vividas en estas tierras sureñas .
Toledo fue como la previa a la fiesta, donde todos tenemos expectativas que cumplir y ningún final asegurado, donde pase lo que pase todos intentamos dar lo mejor, para llegar preparados al «show» de verdad. Como padres, expedicionarios o simplemente fans y seguidores de Rumbo ya conoces todo lo vivido y todo lo sentido durante la fase toledana, por eso es hora de cruzar la puerta de la discoteca para ver de qué va la fiesta en realidad.
Seguimos sin conocernos todos entre todos a pesar de haber convivido juntos durante tantos días, pero las personas, tanto compañeros como monitores y gente de equipo se sienten un poco más en casa y eso, alivia la mente y el cuerpo.
Sentirse uno más bailando con la gente de Guadalupe dentro de la Iglesia, nos trae de vuelta el brillo propio en los ojos y el que se refleja en los demás. Aprender un poco más sobre historia y tradición peruana, además de temas sociales o económicos fuera de lo tradicional o impuestos, gracias a la gente local y a los monitores de Rumbo, nutre nuestras mentes y nos abre puertas a crecer e indagar.
Formar parte de tan bellos paisajes como las dunas, los bosques o la selva, es algo que nos enriquece en todos los aspectos. Y recibir la invitación y ayuda de niños peruanos para jugar un rato en las lianas del río sin siquiera pedirlo, aporta visión y perspectivas diferentes a lo que normalmente acostumbramos.
Todos estos son sólo algunos de los muchos temazos que se han pinchado en nuestra fiesta, y los que por mi parte más he bailado y disfrutado en medio de la pista.


