Durante toda la expedición, la frase que más se ha repetido es que esta es una experiencia única y que somos unos privilegiados, y sin duda es así. En no más de trece días hemos conocido ciudades y rincones increíbles y es que ¿En qué momento hemos podido ver el distrito de Santa Rosa ubicado frente al Océano Pacífico y conocer a su gente? ¿O descubrir la Ciudad Sagrada de Caral y «El Machupichu del Norte»?
Una de las cosas que destacaría de Perú son sus paisajes. Sobre todo el más esperado por nosotros y el que domina el terreno del Perú: la selva Amazónica.
En estos pocos días que hemos estado aquí nos hemos dado cuenta de lo especial que es esto. Éste lugar invita a la tranquilidad y la felicidad, y ésto es justo lo que me transmitió el río que vimos al llegar, el cual nosotros separaba de nuestro cobijo. La rápida corriente del agua, la exuberante vegetación en los lindes y la luz del incipiente atardecer, daban una apariencia mágica, de película.
Llevando la mitad de la expedición, ya estamos habituados a la «rutina» de Rumbo. Tanto que sabemos que aquí nada es fijo y nos encontramos en estado continuo de expectación, y así surgen los mejores momentos. Bañarnos en un río del Amazonas fue algo increíble. Tirándonos río abajo lo único que se veían eran las caras de felicidad de los expedicionarios. Un chapuzón que ninguno olvidará jamás.
Digno de agradecimiento es que tanto aquí como en Guadalupe o Chachapoyas, los locales se han volcado plenamente en nuestra acogida. Nos han enseñado sus tradiciones mediante bailes regionales y siempre han estado dispuestos a ofrecer. Esto es algo especial de Rumbo: buscar la conexión entre personas, y ya no sólo por el hecho de colaborar, por ejemplo, con la comunidad, sino también entre nosotros, porque incluso pintando una pared ya a mitad de viaje, puedes hacer un amigo que en poco más de un día ya se convierte en alguien en quien confiar.
A pesar de que puede ser demandante en cuanto a las horas de sueño y el estilo de viaje, todo esto merece la pena cuando te levantas rodeado de plantas con hojas más grandes que nuestras cabezas. Además nos enseña cómo muchas cosas de nuestro día a día son irrelevantes, mientras que una sola conversación puede valer oro.
Finalmente me gustaría terminar con una frase que ha dicho hoy el Sacerdote que ha celebrado la Misa: «que lo único que nos quite el sueño, sea ser hombres buenos».


