Poco a poco van quedando menos días. Una cosa que tiene rumbo es que cada día que pasa, consigue sacar una nueva versión de ti misma, agradeciendo cosas que siempre has dado por hecho.
Me encontré dando las gracias por dormir en caliente, tras la friolera de la noche anterior y con el saco seco. Cada mañana siento que amanezco mejor, sonriendo más, y más feliz de poder aprovechar esta experiencia.
A pesar de la caminata de ayer, las rodillas no me dolían como esperaba, y me desperté con más energía que el día anterior. Habíamos madrugado muchísimo y tras dormir las seis horas de bus, cosa de la que no era capaz hace un mes, me despierto de la mejor manera, llegando al destino más esperado de toda la expedición: el Amazonas.
Dándonos la bienvenida de la manera más bonita y memorable, me duermo feliz y con ganas de saber que pasará mañana.


