Éstos días el espíritu de los expedicionarios es lo que está haciendo brillar toda la selva. La verdad es, que ver cómo la gente joven arrima el hombro y ponen todo su tiempo y esfuerzo en pintar aulas o cortar madera para otros, no se ve todos los días, y me enorgullece pensar que estoy formando parte de ello.
Éste espíritu ya se vio en otras ocasiones, como cuando nos negábamos a subir en las pick ups para poder terminar la marcha a pie. Da igual que estemos sucios, cansados o que llevemos ocho horas caminando, ese espíritu nunca se apaga, asombra y contagia a todos los que están cerca.
Ahora más que nunca me doy cuenta de que lo que forma España Rumbo al Sur no son los destinos, ni los viajes sino las personas que te acompañan por el camino. Sus ganas de ayudar, de aprender, de descubrir y sobre todo de vivir experiencias que saben que les va a cambiar.
Sólo llevamos la mitad de la expedición y puedo decir sinceramente, que no soy la misma que se subió al avión o que llegó a Toledo, y también puedo afirmar que ese cambio a sido a mejor. Nunca me cansaré de agradecer a la gente que hace de esta experiencia algo único, ellos son la cerilla que enciende la llama de nuestro espíritu. Muchas gracias.


