Crónica María Pérez-Juez

Hoy, tras un largo día de bus, he podido reflexionar sobre el viaje y la suerte que tengo. Por un lado de tener un lecho, una familia y amigos que me quieren. Por otro lado, de poder vivir ésta experiencia, de ser yo una de las seleccionadas entre cientos de solicitudes, que ahora va sentada en este bus disfrutando del encanto de este país.

Después de éstos días en la selva, explorando la cultura de una comunidad indígena y ayudándoles a través de diversas tareas, me doy cuenta de lo feliz que se puede ser con tan poco. Especialmente al ver sus caras de ilusión tras pintar un edificio o simplemente al pasar un rato con ellos. En momentos así pienso en lo superficiales que son en realidad nuestros problemas diarios que fuera de este entorno parecen tan profundos, y de tantas cosas que damos por hecho y que deberíamos agradecer más.

Por otro lado pienso en todas las horas de móvil que ahora me parecen una pérdida de tiempo, frente a lo divertido que ha sido mi día de hoy rodeada de buenas personas y sin cosas en exceso, comiendo de raciones militares o jugando con mis amigos al mus.

Ahora sólo me queda aprovechar al máximo el resto de días en Perú y seguir explorando las maravillas de este país con todos los expedicionarios y buenas personas que he tenido, una vez más, la suerte de conocer.

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