El milagro del agua

En Reji, un poblado en el centro de la Oromia, en plena sabana, sus habitantes hacían dos días de viaje para coger el agua de un pozo. Viajaban un día entero, dormían bajo una acacia, y al día siguiente volvían a su hogar. Pero había un problema. Grande. El agua tenía tanta concentración de sales que hacía que no fuera potable, lo que provocaba diversas enfermedades gastrointestinales entre la población. Gracias a la colaboración de una empresa española, las hermanas salesianas de Zway lograron cavar un pozo y, a 183 metros de profundidad, hallaron agua mineral. El hallazgo cambió la vida de más de 20.000 personas.

“Fue impresionante”, relata la hermana Salesiana Nieves Crespo, madrileña, sobre una de los muchísimos proyectos que ha realizado su congregación en más de 25 años en terreno. En este en concreto, fue tal la cantidad de agua hallada que se instalaron diez tanques de 100.000 litros cada uno, se construyeron 28,5 kilómetros de tuberías y siete abrevaderos, además de numerosas fuentes. Se cambió la vida de las poblaciones a 30 kilómetros a la redonda.  “Hasta las vacas beben agua potable”, precisaba la hermana en el salón de actos de una Misión tras llegar bien entrada la noche.

Hanna tenía dos años cuando su caso llegó a la congregación, y sólo tenía tres kilos de peso, además de una malformación en el corazón. Su fotografía, frágil, desvalida, un amasijo de huesos, estremece a los expedicionarios cuando Nieves la proyecta. Gracias a la ayuda de la Misión, sin embargo, fue operada en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid y los cuidados de las salesianas fueron vitales para que ahora sea una niña lozana y sana que acude al colegio como todos los demás niños. Su caso sirvió además para abrir la puerta a que médicos de ese centro madrileño acudan a operar a Etiopía.

Ahora en verano hay más de 20 voluntarios que dan clases de inglés a más de 400 niños.  “Aquí hay personas de una talla humana increíble, viniendo hasta cinco veranos consecutivos, doctores, enfermeras, profesores, psicólogos…”, relata la hermana sobre un centro donde hay una escuela profesional de moda de la que han salido 500 personas directamente al mundo profesional, así como informática. En total, acuden al centro educativo 2.500 personas entre infantil y grado. Mañana conoceremos con detalle la labor que realizan las hermanas.

Camino de Zway ha cambiado totalmente el paisaje, al encontrarnos ‘sólo’ a a 1.500 metros de altura. Cruzamos lagunas, con numerosas aves anidando en ellas, como el caribú, llanuras extensas pobladas de acacias con volcanes perfilándose a lo lejos. Para comer nos detenemos en el Saint Mary Center de la iglesia católica en Meki, gestionado por los misioneros de San Pablo, una orden laica, montada en 2013 por María José Morales, catalana con una extensa experiencia en misiones en diferentes puntos del globo.

La instalación está en un vergel, con chozas hechas de juncos, tradicionales de la etnia shiramo, y numerosos árboles que proyectan sombra en casi todo el espacio. El centro está centrado principalmente en mujeres sin trabajo, muchas de ellas víctimas de la trata de seres humanos en países árabes, que consiguen volver a Etiopía gracias a organizaciones internacionales. Eso las que tienen suerte. Aquí reciben formación en peluquería -de hecho varias expedicionarias se hacen trenzas-, costura y cocina. La comida resulta estupenda, sobre todo porque, aparte de verdura y injera, hay pizza, lo que resulta un manjar a estas alturas, pese a que los expedicionarios ya se han convertido en expertos de esta aventura loca tan maravillosa.

SERAFÍN DE PIGAFETTA
Cronista de España Rumbo al Sur