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Crónica oficial 2.

San Pedro de Macorís – Península de Samaná

“Aquellos indios, después, por la tarde, hicieron hogueras en tierra, para mostrar más valor, por lo que la barca tornó a ver qué querían; pero de ningún modo se pudo lograr que se fiasen y por ello se volvió. Eran los mencionados arcos de tejo, casi tan grandes como los de Francia e Inglaterra; las flechas son de tallos que producen las cañas en la punta donde echan la semilla, los cuales son macizos y muy derechos por largura de un brazo y medio; y arman la extremidad con un palillo de una cuarta y media de largo, agudo y tostado al fuego, en cuya punta hincan un diente o una espina de pez, con veneno. Por cuyo motivo, el Almirante llamó a dicho golfo , que los indios nombraban de Samaná, Golfo de las flechas…” (COLON, F. Historia del Almirante Cristóbal Colón. P. 68).

Pusimos rumbo a la bahía de Samaná desde San Pedro de Macorís. Tras el deporte matutino, nos despidieron “Nuestros Pequeños Hermanos” con la promesa de volver pronto a visitarles. En el viaje hasta Sabana del Mar, los expedicionarios fueron descubriendo los parajes de montaña, de selva, de altiplanicie, donde el verde intenso se funde con una tierra roja y negra que asalvaja el paisaje.

Tras tres horas de viaje, llegamos a Sabana del Mar, donde embarcamos en sendos catamaranes para cruzar la bahía de Samaná. En otra época, de enero a marzo, nos comenta el patrón que esa bahía se llena de ballenas que van a reproducirse. En esta época no hay ballenas, pero los expedicionarios disfrutan del trayecto a pesar de las olas y de acabar empapados. Al cruzar la bahía, evocamos la primera vez que el Almirante Colón la exploró y lo recibieron a flechazos.

La ciudad de Samaná recibe a la expedición de un modo tranquilo, como pasa la vida por estas latitudes. La sempiterna música en cada esquina anima a muchos a mover tímidamente sus pies al ritmo de la bachata, mientras otros descansan en la ensenada.

Esa noche amenaza lluvia y los planes deben cambiar. El Liceo del Limón se ofrece a acogernos durante una noche de lluvia y viento, antes de iniciar la marcha hacia su cascada. Ana Nadal, Profesora de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, imparte una conferencia titulada “El viaje como transformador del proceso educativo”. En poco menos de una hora, Ana , con su dulce tono de voz, sumerge a los viajeros en la magia de los viajes como proceso de formación. “Mi papá decía “, explica Ana, “que el ser humano es tiempo; somos pasado (memoria), somos futuro (deseos, proyección,…) y somos presente, que es la unión de pasado y futuro; de la memoria y el deseo de proyectarnos. Pero no solo somos memoria individual (el recuerdo de nuestras vivencias…), somos también memoria colectiva en la medida que formamos parte de una memoria de grupo que es nuestra sociedad, que e su conjunto también posee un pasado que nos engloba a todos”.

Ese día la diana suena las 4:30. Carlos Toro, jefe de monitores, tiene la intención de que lleguemos al Salto del Limón al amanecer, cuando aún no haya ningún turista. Y lo consigue. Llegamos a las siete y media de la mañana a la cascada principal del río Limón, un salto de agua de unos 60 metros, donde el verde selvático se funde con un agua turquesa. “Esto es una chulada”, me dice Minerva, expedicionaria de Madrid mientras me confía sus gafas antes de sumergirse en la cascada. Los expedicionarios disfrutan de un paraje espectacular que el turismo comienza a contaminar si se visita a medio día.  Tras esto, se decide descender por el propio río Limón, lo que obliga a los expedicionarios a entrar en el río e ir sorteando pequeños saltos de agua, pozas y piedras mohosas. El descenso es bastante duro  (“inspirador” me dice Guillermo, un expedicionario de Madrid), pero el paisaje del río, que nada tiene que envidiar al escenario de “ La Misión”, dota a la experiencia de un halo de misterio y aventura que se refleja en la cara de los expedicionarios.

Descansamos en la casa que tiene en el Limón Jaime Fernández, uno de los españoles que se encuentran dispersos por el mundo y que ha fundado una ONG llamada “Proyects for Childrens”, con la finalidad de ayudar a la formación de los jóvenes de El Limón. Tras esto, Jaime hace su petate y se une a la expedición, para transmitir su experiencia de más de 13 años en el desarrollo de proyectos de cooperación en la República Dominicana.

Salimos hacia la Playa de Las Canas de Samaná. Si creen que ya no quedan playas paradisiacas y desiertas en el mundo, es que no la conocen. Eso sí, para llegar a esta playa hay que ganárselo, ya que Google Maps no muestra el camino.  Vayan en coche hasta el poblado de “Agua Sabrosa” y allí, cojan la mochila y caminen cerca de una hora por un camino que asciende por la ladera norte. Eso es lo que hicieron los expedicionarios y llegaron a una de las playas más espectaculares que existen . Ríanse de las fotos del anuncio de Ron Bacardí.

Arena blanca, agua transparente a veintisiete grados y miles de palmeras recorriendo el litoral. Resulta muy fácil imaginarse la vida de los taínos de la zona y su extrañeza al divisar las carabelas repletas de hombres barbudos.

Ese día, tras casi ocho horas de marcha en total, todos disfrutamos de un baño que pocos podrán olvidar. Tras ello, se montó el “techo bacha” por si la noche traía tormenta, pero finalmente el tiempo nos respetó y no fue necesario refugiarse.

La mañana del día siguiente se dedicó al programa académico. Sergio Martín, periodista de RTVE (seguro que les suena si ponen su nombre en Google), impartió un taller de radio y consiguió que en poco más de una hora, los distintos grupos de expedicionarios grabasen unos minutos de un programita radiofónico. Fernando López (profesor de ERS del taller de radio y secretario de la Cruz Roja) y Raquel Gómez (monitora y profesora de teatro de ERS), crearon un taller de teatro que traslada a los acampados la necesidad de conocerse a sí mismo, de ser conscientes de sus movimientos y de perder la vergüenza para actuar en público. Jaime Fernández (el español que fundó la ONG en el Limón y que se incorporó al viaje) les explica las dos caras de la cooperación y les transmite su experiencia vital. Gonzalo de las Cuevas (profesor del cuaderno de viaje de ERS y representante de Fundación Mutua) y Ana Quirós (profesora de humanidades y redacción de ERS) organizan un taller de crónicas y cuadernos de viaje que ayudan a los expedicionarios a escribir sus vivencias (muchas se publican en la web) y a dibujar los paisajes que más les fascinan.

A última hora de la mañana, se explora una cala cercana y tras menos de una hora de marcha,  llegamos a la playa del Ermitaño, otro lugar escondido que alberga un paraje espectacular. El camino de acceso es complicado, pero el lugar merece la pena.

A media tarde se recoge el campamento y comienza la marcha hacia “ Agua Sabrosa”, entre lamentos por abandonar un lugar tan especial. Muchos aseguran que volverán en un futuro con sus familias. Carolina, expedicionaria de Madrid, me cuenta en el desayuno que la playa le pareció un sueño, que nunca pensó visitar un lugar así a su edad (y me pide que mande recuerdos a sus padres. Que está muy bien. Encargo que cumplo en este párrafo). Ponemos rumbo hacia Santiago de los Caballeros, ciudad fundada en 1495 que se encuentra al norte de la isla, y que debe su nombre a sus primeros pobladores, que según la historia fueron 30 caballeros de la Orden de Santiago. Allí la expedición comenzará a preparar un nuevo reto, pero eso ya es materia de la siguiente crónica.

Alfredo Liñán
Cronista Oficial ERS 2022

 

 

 

 

 

 

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