20/07/2025
Hace cinco días que estamos en Colombia. Muchos ya se han acostumbrado a sus constantes cambios, a la falta de sueño y al frenético ritmo de la expedición en la que estamos embarcados. Por las calles de Pueblo Rico ha corrido la noticia de nuestra presencia. Vamos a misa de 7:00, nos saludan las señoras en las puertas de sus casas, los niños nos siguen, nos preguntan quiénes somos, de dónde venimos, llegamos a la plaza de la Iglesia.
Tras la misa voluntaria vamos al campo de fútbol del pueblo, el equipo de Pueblo Rico ha preparado un partido entre ellos y la expedición. Las gradas se dividen entre los que apoyan a los expedicionarios y a los locales. Partido lleno de emoción, nos van ganando 3-0. Creever, jefe de cocina, entra al campo. Su experiencia se hace notar y remontamos. Vamos 3-3 y queda poco tiempo. En los últimos minutos el número siete del equipo local mete un gol que nos desmoraliza casi completamente, pero sorprendentemente volvemos a empatar, gritos y vítores en la grada. En los penaltis Jaime, monitor del grupo 1, hace un paradón digno de las mejores ligas del fútbol. Luego es Creever el que mete el penalti decisivo. Todos saltamos de la grada a celebrar la victoria y nos vamos contentos de vuelta al campamento.
Se da la orden de limpieza y recogida. Nos subimos a los autobuses entre agradecimientos y despedidas a este Pueblo que tan bien nos ha recibido. Partimos en convoy, siete horas nos esperan hasta Medellín.
A lo largo del camino algunos miran por la ventana, duermen o hacen sus cuadernos de viaje. Entramos en la región de Antioquia, cuya capital, Medellín, ha sido escenario de muchos eventos históricos para Colombia. Ciudad fundada en el siglo XVII, hereda el nombre de la ciudad extremeña en la que nació Cortés. Hundida en un enorme valle, las montañas que rodean la ciudad están invadidas por casas de chapa y ladrillo. Nosotros vamos a la Ciudad Don Bosco, de los salesianos. Este complejo cuenta con escuelas de formación profesional reglada, con instituto, colegio y un internado para niños en una situación vulnerable, sección en la que acamparemos estos días. Está en lo alto de un enorme monte a las afueras de Medellín. Al llegar vemos la enorme ciudad a nuestros pies, sus miles de calles iluminadas, sus ruidos, vemos la niebla que cae desde lo alto y da a parar en este enorme mar de gente.
Al llegar nos instalan en la piscina, Laura Giraldo, una de las encargadas del internado, nos da una charla de bienvenida y nos previene de las reglas que debemos seguir con los niños del internado. Mañana tendremos actividades y conoceremos en profundidad la labor de los misioneros salesianos en este lugar. Mientras tanto se monta la radio, donde Jimbo trae consigo a Guillermo, a Mireya y Esther, que tocan y cantan en directo para los micrófonos, tres artistas de categoría. También se habla de la música del Caribe con Raúl y con Mar, eruditos en cuanto a la música se refiere, creadores de la banda sonora de la expedición. Antes de dormir una interesantísima charla de Mica sobre el reparto del territorio, sus características y de cómo repercute esto en la sociedad.
Y aquí, desde la cima de esta ciudad loca, España Rumbo al Sur duerme a la espera de un mañana novedoso, de un nuevo sueño, como hasta ahora lo han sido todos y cada uno de los mañanas.


