De Halie Selassie, Lucy y el África verde

Altozanos y laderas verdes, de un verde casi fluorescente, como el de las vascongadas, se desperdigan por el horizonte como repartidos a puñados, tachonados aquí y allá por casas de granjeros, fabricadas con maderas y barros y de techos circulares. Rebaños de cabras, vacas y ovejas pastan la hierba infinita, y se cuelan alguna que otra vez en la carretera. Su presencia confiere al paisaje un aire idílico, como de cuento. Hemos abandonado ya la caótica Addis Abeba y vamos en busca de la Comunidad misionera de San Pablo Apóstol y María Madre de la Iglesia en Mukaturi, al norte de la capital.

A esta población de ahora 14.000 habitantes llegó la Misión hace 12 años después de que el Gobierno etíope pidiera ayuda a la Iglesia Católica dada la alta tasa de mortalidad infantil. Era tal la situación que a los niños en esta zona no se les ponía nombre hasta que cumplían siete años, por no generar un vínculo más fuerte, dado el alto riesgo de que fallecieran por desnutrición.

Hasta esa edad a todas las niñas se las llama muti y a todos los niños abuti. De hecho, parte de su cultura establece que el último en comer en la mesa, cuando se sirve la injera, el alimento tradicional, una especie de crepe relleno de verdura elaborado con tef, un seudocereal de la familia de la quinoa, era el niño pequeño, porque no trabajaba. No se ganaba el sustento. Ya con cuatro años o cinco, los pequeños tenían derecho a comer igual que los demás acudiendo a cuidar del ganado o ir a por agua, principalmente de los ríos. Agua en mal estado que hacía que las enfermedades gastrointestinales fomentaran a esa maldición de la mortandad infantil.

Mucho de lo que ocurría en esta zona principalmente agrícola cambió en buena parte con la llegada de la Misión. Después de realizar un exhaustivo estudio socioecónomico, decidieron apostar por mejorar su sistema agrícola, ya que las familias solo producían cosecha en época de lluvias. Con ellos aprendieron que pueden cosechar todo el año utilizando determinadas técnicas y con semillas traídas de Europa. Además, perforaron numerosos pozos por la zona, lo que facilitaba que los niños no perdieran horas de su tiempo en ir a buscar agua y pudieran acudir a la escuela.

“A muchas mujeres de la zona las enviamos a estudiar a la capital para que se formaran como profesoras de Infantil”, cuenta Luz María Mejía, la responsable del centro en una conferencia que llama mucho la atención de los expedicionarios, que la asedian a preguntas sobre la vida aquí, donde 350 niños de entre tres y seis años estudian y comen en sus instalaciones, que aparte de sus numerosas aulas, suman un extenso huerto y una granja con vacas lecheras. Desde diferentes poblados acuden aquí a pedirles ayuda en sus plantaciones. De hecho, la Misión tiene proyectos en varias poblaciones, donde también intentan cambiar el modo de vida.

Después de que el camión de cocina pinchara y no llegara a tiempo para dar la comida, los expedicionarios pudieron experimentar lo que Luz María les explicó sobre la población local, que sólo podían comer una vez al día, esta vez sobre las ocho de la noche. Muy lejos quedaba ya la enriquecedora visita de esta mañana a la Universidad de Addis Abeba, donde hemos conocido las tradiciones de este país de las 80 tribus, de las 80 culturas, de las 80 lenguas, en el museo de estudios etíopes, situado en el Palacio Minilik, donde residía Halie Selassie, el negus, el rey de reyes, el último emperador en ocupar el trono imperial de Etiopía, más de 40 años. Hasta 1974, cuando el Derg, un comité de mandos militares, le derrocó, para después asesinarlo por orden del militar Mengistu Mariam y enterrarlo bajo el retrete de la habitación del monarca. Posteriormente fue exhumado y sepultado en la catedral de la Santísima Trinidad de Adis.

Los aventureros pudieron recorrer precisamente las estancias personales del emperador, entre ellas el despacho donde el aventurero y periodista Miguel De la Quadra Salcedo le hizo la última entrevista en vida a Selassie, que fue emitida por TVE. A continuación, una de las visitas más esperadas, el Museo nacional de Etiopía, donde se encuentran los restos del primer homínido, Lucy, la australopitecus afarensis de 3,2 millones de años de antigüedad hallado en el valle del Riff que logra explicar la relación entre los primates y los humanos. Se logró recuperar en 1974 el 40% del esqueleto de esta hembra plenamente bípeda y junto con otros importantes hallazgos convirtió a esta zona de África “en la cuna de la evolución”, como explicaría más tarde en una interesantísima conferencia Martínez de Ubago, ingeniero agrícola y paleantropólogo donde dibujó con gran profusión de datos científicos la evolución humana desde los primates.

Es la una de la mañana cuando la expedición se va a dormir en una jornada muy completa, donde también hubo tiempo en Addis para visitar el Centro de Estudios etíopes de los Jesuitas, donde el padre Ademaro les da una breve conferencia sobre la situación política y económica del país. Los expedicionarios le preguntan cómo puede evolucionar Etiopía con tantas tribus y culturas distintas. Su respuesta no puede ser más certera. “Tenemos que crecer como país respetando las diferencias del otro”.

 SERAFÍN DE PIGAFETTA

Cronista oficial de España Rumbo al Sur