‘Farenyi fajáro’

Hanna se crió junto a cuatro hermanos en un humilde hogar de Muka Turi, donde hemos dormido esta noche -con algún susto que otro, ya que había hienas merodeando- en la Misión de San Pablo Apóstol y María Madre de la Iglesia. Con nueve años la Misión la acogió. Acudía a comer allí todos los días y colaboraba con ellas. Los lazos se fueron entrelazando. Ella se graduó y se sacó el Bachillerato, algo que muy pocos estudiantes de origen humilde consiguen en este país, y la Misión le tramitó todo el papeles para ir a España y le consiguió  una beca para estudiar fisioterapia en la Universidad.

Todos los veranos vuelve a colaborar en la Misión. Hanna tiene unos ojos marrones oscuros y profundos, habla español con seguridad y actúa con una gran determinación cuando acudimos a Arkisho, una pequeña granja a las afueras de Mukaturi, uno de los cuatro centros donde prestan ayuda a la población local.

Las granjas están separadas por cientos de metros las unas de las otras, a veces kilómetros, que las madres recorren a diario para que sus hijos coman en el comedor de la Misión, donde se les garantiza el soporte vitamínico y proteico necesario para que tengan una buena nutrición, algo que hasta su llegada no hacían. A alguno de los niños se les ve visiblemente flacos y con la tripa hinchada, algo propio de no tener una alimentación adecuada y de padecer enfermedades gastrointestinales.

Hanna, junto a Jorge Delgado, voluntario español, realizan encuestas a las familias nuevas que se apuntan al programa para conocer sus producciones agrícolas, las características de los miembros de la familia y su situación económica. Conocen así sus necesidades y dónde pueden ayudarles más. “Les traemos la comida y a las madres las enseñamos a cocinar. Los niños no pueden venir a la escuela de Muka Turi porque están lejos y no tienen transporte”, cuenta la hermana Josephine.

“Aquí sólo plantaban el tef y sólo en época de lluvias, pero nosotros les enseñamos a plantar cereales, espinacas, acelgas, zanahorias o chirimoyas. Ellos no sabían que aquí se podía plantar de todo”, explica Josephine mientras los expedicionarios se afanan en limpiar la despensa y el comedor. Otro grupo ayuda con las encuestas y un tercero se dedica junto a Telmo Aldaz De la Quadra Salcedo, director de la expedición, a echar una mano al padre de familia a recoger la caca de las vacas -si tal cual- del suelo para poder elaborar con ella las paredes de la cuadra realizando una especie de argamasa mezclando las heces con barro y paja.

“La verdad es que era un poco guarrería, pero ha estado bien”,  comentaba uno de los expedicionarios mientras varias de las aventureras jugaban con los niños mientras los más mayores del poblado se entretenían con el vuelo del dron de Vito Aldaz De la Quadra Salcedo, al que empezamos a apodar, y así se lo repiten incestantemente  los locales como “farenyi (blanco) pájaro”. Uno de los vecinos más mayores, con ojos como platos al ver aterrizar la máquina, le dice “farenyi fajáro” y así se queda, porque no hay nada más propio en África que te ponga mote un oriundo del lugar.

Algunos de los jóvenes en Arkisho procedían ya del segundo grupo, cuyo vuelo aterrizó ayer de madrugada. Su llegada fue celebrada con alegría por el resto de la expedición, que suma ya 170 personas, una de las más numerosas que se recuerdan en España Rumbo al Sur. Mientras los recién llegados recibían los talleres de supervivencia y sobre paleoantopología que el resto de la expedición ya tuvo en días anteriores, los grupos se repartieron entre Arkisho y otro poblado alejado donde la Misión dispone de un centro nutricional.

La tarde trajo el trabajo en equipo para “pavimentar” los lodazales que rodean la Misión y que han hecho que andáramos de aquí a allá por el campamento con barro hasta las orejas. Las conferencias sobre emprendimiento de Nacho y Diego, responsable del departamento financiero para la juventud del BBVA, y la del guapérrimo y superdotado, de Roberto Bécares sobre cuaderno de viaje diluyeron la tarde-noche, en la que nos esperaba un sabroso guacamole con arroz de cena mientras la niebla y la humedad comenzaba a apoderarse del campamento       

Serafín de Pigafetta
Cronista oficial de España Rumbo al Sur