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Crónica oficial 5.

El Ranchete – Barahona

Una vez concluido el Camino de los Hidalgos, la expedición cambia el rumbo y pone dirección al sur oeste del país. Abandonamos la finca “ La Protectora” a media mañana con la intención de llegar al proyecto “Eco Bosco”, una instalación de los salesianos que fomenta la educación medioambiental.

El viaje dura unas cuatro horas y resulta curioso observar los autobuses y la conducta de los expedicionarios en este tipo de viajes. En un primer momento son espacio de música, charla, cante e incluso algún baile. A partir de la primera semana de la expedición, el cansancio acumulado los transforma en lugares de silencio y reflexión. Las cabinas se transforman en camarotes improvisados donde todos sus ocupantes dormitan profundamente. Ana, expedicionaria de El Puerto de Santa María lo resume de manera muy gráfica: “ Un viaje de 6 horas a Madrid en autobús es lo más aburrido del mundo, y eso que voy con móvil. Pero en este viaje, es uno de los momentos que más disfruto”. Y es que este viaje también sirve para que se valoren las cosas cotidianas que damos por seguras en nuestros día a día. Un trago de agua fría, una coca cola, una ducha,  un hielo, una silla, un sofá, se convierten en bienes preciados que se disfrutan con gran intensidad cuando se consiguen. Para eso también sirve España Rumbo al Sur, para aprender a valorar los que tenemos asimilado como bienes seguros e inmutables en nuestra sociedad, pero que en cualquier momento pueden cambiar.

Llegamos a Villa Altagracia al atardecer, y tras una breve marcha nos reciben en Eco Bosco. Esa tarde se dedica al programa académico. Alba Martín Moreno,  Doctora en biología molecular, además de monitora de ERS, explica a los expedicionarios, de un modo sencillo, un tema tan complejo como el de la identificación genética de los restos humanos arqueológicos y con un ejercicio práctico, consigue que se inicien en el método de investigación científica.

Ana Nadal Quirós, Profesora de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, dictó una conferencia titulada “El que tiene no tiene dinga, tiene mandinga. La importancia del legado africano en el Caribe”. Ana explicó a los asistentes, de un modo muy gráfico, que las personas que fueron traídas como esclavos a no eran recipientes vacíos. Traían su cultura, su historia, sus tradiciones, su lenguaje y su religión.  Poco a poco, esta cultura se fue fusionando con la caribeña. A través de ejemplos de la música, la literatura, la comida, las palabras, la santería, Ana consigue mostrara a los expedicionarios la importancia del legado africano y de la corriente literaria que reclama el orgullo de la negritud.

A la mañana siguiente pusimos rumbo a Barahona, que se ubica al suroeste de la República Dominicana. Nos recibe el Padre Ysidro, sacerdote salesiano que abre las puertas del liceo técnico Cristo Rey para que podamos acampar. El Padre es hermano de Elisaul, el cocinero dominicano de la expedición. Ambos comparten no solo rasgos, sino la capacidad de transmitir alegría a los demás. El Padre Ysidro nos cuenta que el liceo está situado en el centro de varios barrios enfrentados, y que su principal labor, además de la educación y la pastoral, es sacar a los jóvenes vulnerables de la calle, para evitar que caigan en la droga y sean captados por la delincuencia. El problema que tiene Barahona es que es en un lugar de entrada de droga, que luego se envía a EE.UU y Europa. El Liceo, gracias al padre Ysidro se ha convertido en un lugar de paz – podríamos pensar que es una zona neutral – donde los jóvenes se relacionan a través del deporte y la educación, a pesar de vivir en barrios rivales. El centro educativo atiende a más de 1500 jóvenes, tanto en actividades educativas como en las de erradicación de la violencia a través de la reconciliación. Con solo dar un corto paseo por el barrio, se puede apreciar como todo el mundo respeta y aprecia al padre Ysidro, y eso es el fruto de una labor de años de trabajo en uno de los barrios más duros de Barahona.

Si ustedes han venido a la República Dominicana seguro que conocen el larimar, una piedra semipreciosa de color azul que suele comprarse como recuerdo (o quizás se la hayan regalado en alguna ocasión). Ese mineral se extrae en unas minas situadas en Barahona y vamos a visitarlas por la tarde. A pesar de ser domingo y de tener poca actividad el yacimiento minero, las angostas “toperas” nos muestran lo duro que es la vida del minero de larimar. El sistema funciona a través de concesiones particulares y una vez conseguida, se comienza a perforar un agujero por el que cabe poco más que un hombre. Llegados a los 40 metros se abre una vía paralela en busca de las vetas. Grandes máquinas insuflan oxígeno a los agujeros para evitar que los mineros se ahoguen. Con solo asomarnos al hueco de la mina se aprecia la dureza de las condiciones de trabajo. El aire que sale del hueco de una de las bocas de la mina es asfixiante y más caluroso que el de la superficie. El salario por picar 8 horas en ese “infierno” es de 500 pesos dominicanos ( apenas 10 € al cambio actual). Le preguntamos al guía cuantas personas mueren al año en las minas y no sabe respondernos. “ Bastantes”, nos dice, pero no conseguimos obtener más información. Los expedicionarios quedan asombrados de que existan modos de ganarse la vida tan duros. Si tienen larimar o lo compran en un futuro, aprécienlo no solo lo por lo que vale, sino por lo que cuesta obtenerlo.

Al día siguiente salimos de Barahona rumbo a Pedernales (Bahía de las águilas), un parque natural donde desovan las tortugas y nos permiten acampar con un permiso especial del Ministerio de Medio Ambiente.

El padre Ysidro, al despedirnos del Liceo, tras una mañana en la que los expedicionarios han compartido experiencias con los jóvenes del barrio,  nos vuelve a recordar que la casa de los salesianos es la nuestra y que siempre que los necesitemos abrirán sus puertas a nuestra juventud.  Es justo y necesario agradecer esta hospitalidad de los salesianos, pues sin ella este viaje no se podría haber hecho del modo que se ha planteado. Los niños de los barrios rivales salen despedirnos en el Liceo. Zona neutral, de paz y concordia gracias al padre Ysidro.

Alfredo Liñán de Lafuente
Cronista oficial ERS 2022

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