Desde que llegué a Perú, no he hecho más que darme cuenta de detalles a los que nunca hubiese prestado atención en España. No sólo me fijé en la pobreza, el hambre, la propaganda política sino también en la cercana unión entre España y Perú.
Empecé a tomar conciencia cuando con tan solo pasar por la calle nos gritaban «Viva España!» y no solo el día del mundial de fútbol. Cuando los peruanos nos ven, a la mayoría se les ilumina la cara y muestran interés por saber de dónde venimos. Sin embargo, esto solamente es el lazo social entre dos culturas que, aunque no lo parezca, no son tan opuestas.
Cuando de verdad caí en la cuenta de ésta fuerte conexión entre los dos países, fue en la visita a la Iglesia de Guadalupe, donde el lazo social se transformó en uno religioso e histórico. Ahí nos explicaron la vital importancia de España en el pasado espiritual de Perú, marcando fuertemente su estatus religioso y sus actitudes hacia la España del presente. Le Fe, algo que en lo que Rumbo colabora uniéndonos a ella, trae consigo un prestigio precioso por el cual ambos países encuentran su propia ruta hacia el Señor, haciendo ésta unión más sólida.
Al ser un grupo tan grande de jóvenes, no pensé que la bienvenida de los peruanos iba a ser tan buena, sin embargo mi percepción era incorrecta ya que muestran interés por nosotros, los españoles y también por España: nuestro país, nuestra patria, nuestra casa.


