Día 1
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Crónica Madrid rumbo al Sur . 23/08/07 Catalina Terreros, Teresa Eizaguirre y Mar Aldaz.

Madrid Rumbo al Sur  2007 inicia su periplo con el acto de despedida ofrecido por la Comunidad de Madrid con representación de sus Consejeros de Inmigración y Cooperación y Asuntos Sociales y Familia, junto con el director de Madrid Rumbo al Sur.  El acto tuvo lugar en el Parque Paraíso en San Blas y contó con la presencia del Embajador de Sudáfrica. Posteriormente  los jóvenes se despidieron de sus nerviosos padres y  nos trasladamos a la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, dispuestos ya a emprender la aventura de este año.

El vuelo a Johannesburgo se hizo esperar, pero la hora de retraso no borró las sonrisas ni la ilusión de los expedicionarios y finalmente embarcamos.

Tras 10 horas de vuelo, aterrizamos en Johannesburgo, que junto con Ciudad del Cabo y Pretoria constituye el núcleo judicial, comercial y administrativo de Sudáfrica.  La minería de oro y diamantes, es el motor económico del país.

Es difícil pensar como nosotros atravesamos toda África, en tan solo 10 horas, el mismo inmenso continente que los antiguos navegantes Portugueses  tardaban más de 8 meses con sus antiguas carabelas en llegar al Cabo de Buena Esperanza, hoy Ciudad del Cabo.

En el aeropuerto nos recogieron los autobuses con los que recorrimos toda la región del Trasvaal, tierra de los antiguos colonos Holandes, “Boers”
Llegamos a Komatipoort, último lugar antes de la frontera con Mozambique.
Montamos el campamento en Komatipoort, puerta principal del parque Kruguer, en el que fuimos agasajados con un “braaivleis en pap”,  barbacoa típicamente sudafricana.
Mañana nos espera una caminata hasta la frontera Mozambicana, el paso de fronteras en África sigue siendo difícil….

 

 

Lucía Ayala. 23/08/2007

El día empieza sin darnos cuenta, entre sueño y sueño en el estrecho asiento del avión. Y es un ligero desayuno el que nos indica el inicio del nuevo día. A las 10:45 aterrizamos por fin en tierras africanas y con una gran ovación celebramos todos la esperada llegada.

Todos juntos y organizados por los monitores cargamos el material en el camión y los macutos en los autocares y ya estamos listos para nuestro primer contacto con Sudáfrica.

En Johannesburgo, en un primer momento, no observamos grandes diferencias con nuestra ciudad, pero no mucho más tarde nos damos cuenta de las inmensas diferencias sociales que aún hay: niños blancos salen de un colegio con uniforme y aparente prestigio, mientras niños negros venden todo tipo de objetos en los semáforos, cubriendo a los más pequeños expuestos al sol con paragüas.

Continuamos el camino en el autobús, hasta detenernos a comer en una hamburguesería. Tras la parada seguimos nuestro largo viaje que horas más tarde es recompensado por un gran banquete que nos tienen preparado a nuestra llegada.

Día 2
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Aunque en España estén en pleno verano, nuestro verano austral lo sentimos muy diferente.  Estamos inmersos en las cambiantes estaciones del hemisferio sur.  La primera noche durmiendo al raso ha sido fría y húmeda.  Toda la expedición nos dirigimos hacia la frontera de Komatioort, atravesamos el río cocodrilo que separa Sudáfrica  de Mozambique donde hemos tenido la suerte de ver unos cocodrilos.

La villa de Ressano Garcia  recibe el nombre del promotor de la línea férrea creada a finales del S.XIX para comunicar la ciudad de Maputo con Johannesburgo.  Hoy vemos su antiguo esplendor en sus desvencijadas calles con un aire de decadencia que nos traslada al tiempo en que Mozambique era una provincia Portuguesa.

El historiador de MRS, el padre Juan Sánchez Arenas nos habla de lo que hemos visto y sentido al cruzar de Sudáfrica a Mozambique.  Nos dice, y lo comprobamos, que en MZ, la gente ríe, sonríe; la tierra huele diferente y el sonido es diferente.  Nos presenta a un amigo suyo misionero, el Padre Pepe, que lleva más de  treinta años dedicado a la ayuda en Mozambique.

La distancia que separa Ressano Garcia de Maputo es de 120 Kilómetros.   Por carretera hubiéramos tardado aproximadamente una hora, pero no hubiéramos descubierto como medir el tiempo en África.  El tren ha tardado en llegar a la capital de Mozambique, Maputo, seis horas. 15 paradas.  Un ir y venir de personas subiendo y bajando del tren, comprando y vendiendo coloristas mercancías por los andenes, y sobre todo sonriendo y saludando.  Las conversaciones entre los jóvenes de MRS y los mozambicanos no han cesado durante todo el viaje, haciendo muy amenas las largas horas.  El idioma oficial del viaje es el “Portuñol”.

Finalmente hemos llegado a Maputo, ciudad de tamaño considerable con su millón de habitantes.  La llegada a la estación central ha sido como viajar en el tiempo y trasladarnos a finales del siglo XIX, época de su arquitecto A.G.Eiffel.

El campamento se ha montado hoy en un sitio privilegiado.  La antigua fortaleza de Nuestra Señora de la Concepción, ciudadela militar construida por los portugueses en el s. XVII.  Rodeada de inmensos edificios, esta pequeña joya resiste al paso del tiempo, en un Maputo que transforma en un ciudad “moderna “.

Cenamos en uno de los restaurantes más antiguos de Maputo,  1908, nombre y  año de su construcción.

Agotados, llegamos a nuestra peculiar casa de esta noche, y rodeados de cañones y colocamos nuestros sacos al lado de unas sepulturas de piedra de la época colonial.

 

Catalina Terreros y Mar Aldaz

Al despertar el alba nos levantamos y comimos un desayuno que ya habiera envidiado el mejor hotel de Ámsterdam. Recogimos todo y cargamos las mochilas en el camión.

El padre  Pepe nos contó lo que íbamos a aprender durante el viaje y después comenzó la caminata hacia el río, donde pudimos ver un cocodrilo.

Como bohemios y buenos viajeros que somos, recorrimos lo que quedaba hasta la frontera a pie, viendo cómo los autocares vacíos pasaban a nuestro lado. Cruzamos la frontera como si fuera nuestra casa y una mujer nos preguntó sobre nuestro destino. Nosotros coreamos muy alto: ¡Nos vamos a Mozambique!

Mozambique es un país distinto, separado por una alambrada muy brillante que intimida. Por el camino hasta la estación de tren nos encontramos con los puestos de la calle que vendían desde calcetines hasta tabaco.

Por fin subimos al tren, y como pudimos nos fuimos acomodando dentro. Al ser éste el único tren que pasa al día en dirección Maputo, estaba saturado y en cada parada nos deteníamos casi quince minutos.

Hablando con niños y ancianos, cantando, haciendo fotos e intercambiando comida tomamos el primer contacto con Mozambique, y tras seis horas en el tren (para recorrer 120 kilómetros) y una comida militar a elegir entre lentejas, cocido madrileño, ensalada o fabada, llegamos finalmente a la estación Central.

Allí nos esperaban unos señores muy elegantes y muy trajeados que no trataron con nosotros. Nuestras pintas eran lamentables, pero por fin habíamos llegado a Maputo.

Andando llegaron a la fortaleza en la que pasaremos la noche. Hicimos una cadena casi caótica para bajar todas las mochilas del camión, nos aseamos y nos fuimos a cenar a un restaurante preparado especialmente para 130 viajeros hambrientos.

Sin tiempo para una sobremesa en condiciones, nos vamos a la fortaleza de nuevo, donde tendrá lugar una presentación del equipo de MRS y la proyección de una película en el jardín del museo de Historia.

LUCIANA FERRER.

Día 3
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Nos acercábamos al colegio de los Salesianos, era el primer proyecto que visitaríamos y no sabíamos qué nos encontraríamos allí exactamente. Nada más llegar vimos una iglesia y poco más adelante se encontraba el colegio. ¡Qué nervios! Entramos en una sala en la que habían colocado bancos para nosotros y habían preparado la comida.

Algunos de los niños que allí estudiaban nos esperaban sentados y fue genial poder estar junto a ellos y mezclarnos con otra cultura.

Me acerqué a un chico y empezamos a hablar. Era impresionante los esfuerzos que hacía por tratar de que nos entendiésemos; se llamaba Arsenio y tenía quince años. Habló de su colegio, de sus clases y catequesis con tanta ilusión y admiración…Nos cambiamos nuestros colgantes. Me explicó el significado del suyo: era una caracola que representaba la cercanía al mar.

Comimos todos juntos bailando como locos y riendo sin parar. Bailaban genial y nos enseñaron montones de pasos, así como nosotros a ellos. Era una total fusión, todos éramos iguales, todos éramos amigos. Las mujeres que servían la comida cantaron una oración en portugués y Arsenio se dio cuenta de que no entendíamos mucho e intentó explicarnos cada palabra. En nuestros ojos se veía un deseo mutuo por aprender.

También jugamos al fútbol y al baloncesto. Me sorprendió mucho su manera de jugar, con un gran espíritu de equipo. Me encantó.

Después de la charla de un salesiano y con una gran pena en nuestros corazones debíamos despedirnos.

Me sentía super triste, pero a la vez llena de una sensación muy especial. Había perdido de vista a Arsenio y cuando ya creía que no volvería a verle vino corriendo y enlazamos nuestros brazos en un gran abrazo.

Nuestro próximo destino sería Namaacha, donde nos acogerían en otro colegio. Cuando llegamos no podíamos creer lo que nos habían preparado: una bienvenida con bailes y canciones que desbordaban ilusión. Incluso algunos de nosotros nos emocionamos.

Aquellos niños eran tan alegres…lo daban todo al igual que nosotros por pasar un buen rato. Fue genial.

Después de este largo día nos fuimos a dormir con una sonrisa de oreja a oreja, con el corazón lleno de ilusión y sentimientos que se agolpaban en nuestra mente.

SANDRA CASARES ACUÑA

Día 4
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El despertador suena demasiado pronto en el internado de María Auxiliadora donde hemos pasado la primera noche de Naamacha.   Es una misión que acoge niños y niñas huérfanos, y es gestionada  por la ONG Madreselva.  Es llevado por una decena de monjas de diversas nacionalidades entre la que cabe destacar nuestra anfitriona más entrañable, la hermana Carmen, que lleva 9 años en Mozambique.

Tras un desayuno al alba,  nos ponemos en marcha hacia Macacua.  Es domingo, y las hermanas tienen por costumbre acudir a dar misa a esta pequeña población.  Durante las casi dos horas y media que dura el trayecto, tenemos la oportunidad de descubrir el paisaje devastador de los campos quemados y pequeñas agrupaciones de casas abandonadas.   En este caso, y como excepción, nos vimos obligados a andar por la carretera, como precaución por ser ésta la zona más minada de Mozambique durante la guerra.  Pese a esto, no perdemos detalle de las gentes que se acercan a nosotros para saludarnos al pasar.    Entre otras etnias que descubrimos, están los Swatsis, que nos cuentan el porqué de sus curiosos lóbulos de orejas agujereados.  Es un rito por el cual, al pasar un niño swatsi de “minino” a “rapaz” , es decir al convertirse en hombre, se le perforan las orejas.

Al llegar a Macacua, y como es tradicional en Mozambique, somos recibidos por los miembros de la comunidad.  Nos dedican unas preciosas canciones y bailes, una de las cuales es cantada por ellos en momentos de autentica felicidad.  El padre Juan, el sacerdote de el expedición da una misa voluntaria.   Mientras unos descubren la manera tan diferente de dar misa en Mozambique con cantos y bailes dentro de la iglesia, otros charlan en el exterior con el resto de los aldeanos.  A la salida de la iglesia, nos sorprende el paramotor de Sancho, aventurero miembro de nuestra expedición, planeando por el aire.

 

Después de 5 días en este país, en Machamba descubrimos la realidad más dura del campo y de la pobreza, pero también vemos algo que nos contagia la esperanza.  Por un lado visitamos, ya de vuelta, un poblado con sencillas chozas de paja en las que nos adentramos para descubrir la más autentica miseria.  La esperanza nos la aporta un proyecto en terreno cercano, promovido por la Casa de María Auxiliadora.  Se trata de una cesión de  tierras por parte del Gobierno, para su explotación por  mujeres. El principal objetivo es que éstas puedan criar a sus familias con las hortalizas producidas, y también obtener  un excedente para poder venderlo en mercados de la zona. Es el claro ejemplo de sostenibilidad, palabra tan de moda hoy en día, pero en autentico  contacto con la realidad.

Por la tarde fuimos a conocer la Casa do Galiato.  Si hasta este momento la expedición al completo se había sorprendido con las buenas condiciones de las instalaciones de los proyectos de cooperación,  al llegar a ésta, la sorpresa fue mayor.  Misión fundada por el Padre Rodrigo, fue construida en 1991, justo antes del final de la guerra. Se trata de una inmensa organización, con 150 niños internos, y unos 500 que acuden a diario a las clases, procedentes de las aldeas vecinas, para las cuales la Casa do Galiato ejerce un papel primordial.  La Casa es como el ayuntamiento de todas las aldeas vecinas, a las que ayudan por medio de asistencia de todo tipo. Así nos lo cuenta Maria José Abad,  Vallisoletana residente en Mozambique desde 1996, y antigua directora del Museo de Arte contemporáneo de Valladolid, que decidió dejarlo todo por los niños de Galiato.

 

Los cánticos y bailes nunca faltan cuando la expedición MRS llega a cualquiera de estos centros, pero en esta última visita, la conexión entre nuestros jóvenes y los jóvenes mozambicanos fue muy especial.

Finalmente y tras una larga jornada, emprendemos el viaje de vuelta a Naamacha, con la certeza de que a medida que pasan los días, las emociones, las experiencias, y la complicidad con Africa se intensifican.

Día 5
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Nuestra segunda mañana en el colegio Mª Auxiliadora comenzó  cuando Pablo, monitor de la expedición, nos desperezó con una sesión de deporte. Después del desayuno nos esperaba un intenso día de actividades con los jóvenes del colegio.

Mezclados en pequeños grupos, los jóvenes y los expedicionarios fueron rotando por los distintos talleres que la Asociación Madreselva nos había preparado.

En el taller de lengua aprendieron a decir algunas palabras en lengua  Changana, una de las lenguas de  la zona de Namaacha, mientras otros disfrutaron con la música y bailes locales en el taller de danza. Como el colegio cuenta con una gran extensión de terreno dedicada al cultivo de frutas y hortalizas, un tercer grupo se dedicó a la recogida y limpieza de ajos y mandiocas del cual se autoabastecen, aportando así su granito de arena a la labor. Nuestros agricultores vieron recompensado su trabajo al degustar  en la cena, unas exquisitas mandiocas fritas.

En otro punto del colegio, los chicos aprendieron, que no se necesita mucho para pasarlo bien jugando. Sencillamente con alambre y latas de refresco vacías, los niños de Namaacha enseñaron a nuestros jóvenes a fabricar elaboradísimos y originales coches de juguete.

El anfiteatro del Colegio, usado durante la guerra como refugio, presentaba  nuestra llegada un aspecto muy deteriorado.  Por ello, y como proyecto con posibilidad de continuidad, MRS quiso participar en el saneamiento del mismo. Una treintena de nuestros chicos, se dedicó a la pintura de las paredes. Las paredes quedaron limpias y relucientes en claro contraste con el aspecto de sus camisetas. Mientras tanto, el grupo de bomberos de la Comunidad de Madrid que nos acompaña, subidos al tejado, repararon  alguno de sus agujeros,  testigos de las brutales guerras que durante 30 años asolaron Mozambique.

A media tarde recibimos la visita de representantes de la Administración de Educación de Namaacha, que quedaron entusiasmados con el proyecto de MRS, y con nuestros jóvenes. También llegó Laura Ruiz de Galagueta, Directora General de Voluntariado de la Consejería de Asuntos Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, que nos acompañará durante unos días.

Para finalizar la jornada, hicimos un recorrido por el centro de Namaacha, destino  de descanso veraniego preferido por los portugueses en la época colonial. Las maravillosas villas coloniales quedan como reminiscencia de este pasado periodo. En nuestro paseo, visitamos la iglesia de la Virgen de Fátima, único santuario en todo el Indico de la patrona de Portugal y lugar de peregrinación anual de muchos católicos mozambicanos todos los 13 de Mayo.

 

Olga Escalona, Teresa Eizaguirre y Catalina Terreros.

La crónica de este día comienza en el colegio María Auxiliadora, en el pueblo de Naamacha a las 5:00 am en nuestros sacos de dormir.  Después de desayunar y hacer ejercicio escuchamos el saludo a la bandera de los niños y niñas del colegio.  Nos dejó tan impresionados que pedimos que nos enseñaran el nuevo himno nacional de Mozambique que dice así:

 

                          “Mozambique nossa terra gloriosa
                          pedra a pedra contruindo un novo dia
                           Milhoes de braços unam sua força
                          O patria amada vamos vencer!”

 

En este día, nos hemos quedado a ayudar a esta gente que nos ha acogido con mucho cariño, como si fuéramos amigos de siempre.

Hemos realizado varias actividades.  A mi grupo le ha tocado pintar el pequeño teatro que tiene el colegio.

Después de limpiar y pintar las paredes del teatro, que quedó muy reluciente, me dejé caer por el huerto que poseen, que está muy bien, aunque espero que vuelva a llover seguido, ya que la mayoría de los cultivos, como el ajo que hemos recogido y pelado, salen muy pequeños.

Me está gustando mucho de Mozambique la gran variedad y riqueza de sus comidas, que hacen que no pasemos hambre a lo largo de esta expedición.   En el día de hoy, tras comer un rico pollo con arroz, tuvimos otros talleres dirigidos por los profesores del colegio.  Más tarde fui a jugar un partido de “basquetebol” con los chicos del colegio .  Realmente nos lo hemos pasado en grande.

Después fuimos a dar un pequeño paseo por la zona de Naamacha, hasta la Frontera con Swazilandia, un país muy pequeño que queda muy cerca de aquí.

Para terminar,  una rica cena, en la que probamos la mandioca frita, que a todos gustó y una conferencia de Alberto, que nos enseña sobre todo de “Cooperación y educación al desarroll”.

Este día ha sido uno de los más ajetreados hasta el momento, y no aguanto a quedarme despierto a ver la película que nos han puesto.

Así que sin más me despido diciendo que MRS, promete mucho

 

Hugo Fernández MENA.  Expedicionario MRS 2007

Día 6
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Una luna llena resplandeciente  nos da la bienvenida a orillas del Océano Índico de arenas que pisamos la mayoría de la expedición por primera vez. Una larga jornada de viaje en autobús, cuya primera y principal parada fue la de visitar un proyecto que apuesta por la esperanza y la justicia a través de la sanidad.

Casi 24 horas antes de la luna nos desperezaba sorprendiendo a la aurora que con incluso sus primeras luces acompañaban a la gesta del pequeño almuerzo que es como aquí se conoce el desayuno occidental.

El autobús sirvió de improvisada cama ambulante hasta la llegada a la sede de Médicos del Mundo en Matola. Allí nos presentaban los responsables Eduardo, Pilar y a Ana, el proyecto dirigido a mejorar la salud de la población mozambicana, apoyando al desarrollo y la vida digna a través de la  salud. Pilar veterana ya en este proyecto, señaló que en Mozambique y en toda África, el continente más olvidado hay mucha gente que merece vivir bien y está sufriendo.

A continuación Ana, médico de familia y coordinadora del área de prevención y erradicación del SIDA nos puso en conocimiento el porcentaje de la población africana que la padece siendo en Mozambique del 46%, aunque el número real de infectados podría ser mayor. Otra de las prioridades de MDM es la formación de médicos y enfermeras locales para que una vez finalizado el proyecto el país cuente con un personal capacitado para continuar desempeñando esta tarea.
Una vez presentado el proyecto nos dirigimos a las instalaciones. Allí nos encontramos con un centro de salud donde la maternidad y el seguimiento de la salud de madre e hijo es uno de los aspectos más importantes.
Se nos mostró en una representación amena y divertida, como el teatro puede ser un medio eficaz para concienciar a la población de la prevención y riesgos de contagio. Concluida la obra los miembros de la expedición utilizamos diferentes gestos como vía de comunicación para expresar nuestro apoyo y comprensión hacia su precaria situación enriqueciéndonos con su cercanía y agradecimiento.

Reanudamos nuestra ruta almorzando en el autobús que de nuevo sirvió de cama ambulante de una larga siesta.

Cerca del atardecer atravesamos el caudaloso Limpopo, uno de los ríos mas importantes del país, que dan vida con el trasiego de las gentes y sus mercancías, a los lados de la carretera cercana al río. Gentes que despiden el día contemplando la puesta de sol, sentados en las entradas de sus precarias casas, diseminadas entre la frondosa vegetación.  Entrada la noche podíamos distinguir en el camino tenues luces de hogueras en la oscuridad que nos sugería la presencia de núcleos familiares.

La hora de la cena nos invitó a realizar una parada frente a un brazo de mar regado por la plateada luz lunar.  Fue una sencilla cena en consonancia con el lugar en donde recibíamos una calida atención.  A medianoche, llegamos al cruce dirección Morrungulo, y nos preparamos para completar los últimos trece kilómetros de la jornada a pie.

 

Alberto Medina. Profesor de Cooperación y desarrollo de la ONG Entreculturas.
Pedro Arranz. Astrónomo del Planetario de Madrid.

Despierta MRS cuando en Mozambique todavía no ha salido el sol. Las estrellas invaden el cielo africano justo antes de despedirnos del centro educativo “María Auxiliadora”  sabiendo que de vuelta hacia casa volveremos a gozar de su hospitalidad.

Namaacha se acaba de levantar y con los primeros rayos de sol, toda la expedición emprende un largo viaje hacia la costa Mozambicana.  Antes de llegar a nuestro destino final, realizamos una serie de escalas.  La primera de ellas, en el pueblo de Matola, donde visitamos una sede de Médicos del Mundo.  Gracias a su coordinador general , Eduardo, y a doctoras que formaban parte de la ONG, como Ana y Pilar, conocemos a lo que se dedican y qué objetivos tiene esta organización.  Entre ellos, el más importante es combatir el Sida en África.

Tras ser conscientes de la trágica realidad en cuanto a la salud de esta sociedad continuamos el viaje dirigiéndonos esta vez hacía un centro de salud en el pueblo de Ndlhavela que presentaba similares características que el resto de los pueblos visitados y sin poseer conducción eléctrica hasta las casas.
A este centro de salud nos acompañó Pilar que fue como una guía y a la vez nos relató sus propias vivencias.
Una de las cosas que mas me llamaron la atención fueron los mensajes optimistas en muchos centros como: ¨ Nao deixe morir a esperanza¨. En el día de hoy a hemos estado presentes en dos hechos que han cambiado la vida a dos personas.
El primero ha sido traumático, porque a través de un test rápido han diagnosticado SIDA a una persona que se encontraba en el centro de salud; y la segunda ha sido impresionante. Dos de nuestras compañeras ha presenciado un parto. Una experiencia inolvidable. Ha sido una mañana con sentimientos muy encontrados. Para mi eso es África: una mezcla de emociones de todo tipo, y es que se puede pasar de la alegría a la tristeza en muy poco tiempo.
Al medio día comimos en el autobús, el cual nos llevó directamente a la tercera comida del día, la cena.
La cena estuvo muy bien, entre risas y grandes platos de comida descansábamos de lo que se nos echaba encima; una larga marcha nocturna hasta llegar a la playa.
De momento todo ha pasado con normalidad, es un día mas en España, pero un día especial en África.

 

Irene Mármol. Expedicionaria.

Día 7
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La expedicion inicia la marcha .  Es noche cerrada, rodeados por vegetación, el camino se va volviendo cada vez más complicado, la arena que se acumula en la senda y el camión empieza a trabarse.  Tal vez por casualidad, o por otros motivos para las supersticiones, el camión se enclava en la senda justo a la vera de cinco tumbas sin nombre.   Los ruidos de la noche se confunden con el chirriar de los neumáticos atascados.  No es tiempo para dudas, hay que arrimar el hombro.  El grupo se pone manos a la obra y con ramas secas unos, quitando arena otros, y empujando todos, se logra lo que parecía imposible:  ¡El camión vuelve a rodar!

Toda la tensión y el esfuerzo acumulados parecen esfumarse ante la primera visión del Campamento de Morrungulo.  Quedan pocos minutos para que amanezca, y muchos de nosotros preferimos retrasar todavía un rato más nuestro descanso para contemplar el espectáculo del sol saliendo por el horizonte.

Morrungulo es una de las zonas del país con más palmeras de coco. En un tiempo pasado, durante finales del siglo XIX, la explotación de la Copra fue uno de los motores comerciales de Mozambique. La Copra era el aceite producido por los cocos que se usaba como combustible para los quinqués. La llegada de la electricidad hundió este emporio.

El programa académico MRS comienza hoy. Entre palmeras y arena los talleres se dividen por grupos. Aprovechamos los conocimientos de nuestros profesores: Carmen Manzano en el taller de arqueología  experimental nos inició en la talla de útiles de piedra paleolíticos; Mari Carmen Ureña nos enseña a orientarnos tanto por medios naturales como con la brújula y el mapa; Ángel Sevillano nos enseñó a desenvolvernos en situaciones extremas en el taller de supervivencia; con Alberto Medina en el taller  de cooperación encontramos un momento para debatir y contrastar opiniones acerca de las situaciones vividas durante el viaje; Marta Mendoza, en el de cuaderno de viaje nos ayudó a plasmar nuestras sensaciones; Pedro Arranz en el de astronomía nos descubre algunas cuestiones básicas del cielo del Hemisferio Sur; por último, Jorge Cerame, médico de la expedición, en el de primeros auxilios, nos prepara para saber actuar en caso de tener que hacer una reanimación básica.

El día fue acabando y descansamos bajo el cobijo de los cocoteros.

 

Jorge Cerame, Mari Carmen Ureña, Robert del Arco, Carmen Manzano.

Día 8
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Amanece en Playa Bonita mientras los expedicionarios recogen el campamento. Tras un ratito de deporte, fueron dándose una buena carrera hasta el “chiringuito” donde las espectaculares vistas del océano Índico acompañaban el bocadillo que nos daría fuerzas para empezar el día.

Dejamos el camping de Morrungulo para dirigirnos a pie hasta los autobuses, que se encontraban a 14km. de nosotros. Los autobuses nos llevan en un par de horas hasta Vilankulos. Se nota el cansancio porque vamos durmiendo la mayoría.

Llegamos ya tarde a Vilankulos, donde nos están esperando los propietarios de los barcos de vela latina, los Dhow, que nos llevarán hasta el Parque Natural de Bazaruto. Estamos emocionados ante la idea de viajar en estos barcos y embarcamos con muchas ganas. Sin embargo no podemos llegar muy lejos, porque el viento no es muy favorable.

Las embarcaciones regresan, deberemos posponer nuestro viaje hasta la mañana siguiente.

Sin desanimarnos montamos nuestro campamento en un hotel en primera línea de playa, pero en reconstrucción.

Tenemos hambre y para nuestro deleite cenamos camarones, que son langostinos, langosta y raciones del ejército.

Tras esta cena y un buen rato de charla, nos vamos a dormir a nuestros sacos, bromeando ante la idea de dormir esta noche en un hotel.

Carmen Manzano. Arqueóloga

Después de una larga noche de descanso, nos levantamos a las cinco y media para recoger nuestras cosas y dejarlo todo preparado para nuestra salida de la playa de Morrungulo. Tras organizarlo todo fuimos a hacer deporte a la playa antes de dirigirnos en carrera a desayunar.

Cuando hubimos disfrutado del desayuno volvimos al campamento que teníamos junto a la playa, y allí estuvimos recogiendo y limpiándolo todo para no dejar rastro de nuestra presencia.

Y por fin partimos hacia los autobuses por el mismo camino que habíamos seguido hacía ya una noche, esta vez de regreso. Fueron tres horas bajo el sol que todos fuimos capaces de soportar, a pesar del cansancio y el calor.

Terminada ya la marcha, nos repartimos todos en los autobuses para comenzar nuestro viaje hacia un nuevo destino. Pudimos descansar durante las cuatro horas que duró el traslado al puerto de Villankulo. Allí traspasamos los macutos a los barcos de vela, en los que partimos hacia la isla de Bazaruto.

Sin embargo, no sería hoy el día en que llegaríamos a dicha isla, ya que la corriente estaba en nuestra contra y, como la marea estaba subiendo, no pudimos sino volver sobre lo recorrido, retroceder e instalarnos en un edificio en obras que nos cedieron para pasar allí la noche.

Al fin, y después de una rápida e improvisada cena, decidimos que ya iba siendo hora de ir a descansar para poder cruzar el mar hasta la isla a la mañana siguiente, porque la navegación en los barcos tradicionales de vela latina (Dhow) se pospuso para entonces.

 

Saul Mora

Día 9
Oficial

Dejamos nuestra improvisada morada de Vilankulos al alba tras el primer intento fallido del día anterior.  El tiempo nos es  favorable y conseguimos salvar la distancia hasta el archipiélago del Parque Nacional de Bazaruto a bordo de cinco Dhows, embarcaciones típicas del Indico que a día de hoy siguen conservando su estructura original, de bajo calado y vela triangular que permite aprovechar todo tipo de vientos. Se remonta al siglo VII y VIII,  época de auge comercial del Indico.

Después de una travesía en la que hemos recorrido una gran distancia gracias al viento y a la habilidad de los patrones, por fin llegamos a Isla Benguera, al este de Vilankulos. La marea ha bajado, lo que nos obliga a atracar a una distancia de varios kilómetros de nuestro destino, atravesando a pie lo que unas horas antes era navegable.

Una vez instalado el campamento, comida tradicional: marisco, arroz y pescado. Tras disfrutar de unos baños en el mar y cazar algunos cangrejos cae la noche, lo que nos  permite disfrutar de un precioso cielo que Pedro, el profesor de astronomía, nos ha mostrado. Estamos disfrutando de un firmamento que en Madrid no podemos contemplar, como la constelación de la Cruz del Sur y el Centauro y objetos celestes como las nubes de Magallanes, no visibles desde España.

Algunos nos vamos a dormir ya mientras que otros siguen contando historias al calor del fuego…

Mari Carmen Ureña, Robert del Arco, Carmen Manzano, Olga Escalona, Catalina Terreros

Día 10
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El parque nacional del archipiélago de Bazaruto, es uno de los más importantes de Mozambique.  Consta de seis islas, que tras la independencia de Portugal , cambiaron sus nombres de santos, por nombres locales.  Nuestro campamento se encuentra en la isla de Benguerra, antigua San Antonio.  La biodiversidad de estas islas, cada una con sus peculiaridades, es impresionante, y dada la levísima explotación de éstas, es relativamente fácil disfrutar de diferentes espectáculos de la naturaleza.  El ciclón Fabio, que azotó el archipiélago en Febrero de este año, ha dejado las infraestructuras muy dañadas, entre otras el único complejo hotelero de Benguerra, ahora en reconstrucción.  Esto nos ha convertido unos huéspedes especiales de la isla,  quedándonos a solas con los animales por la noche.

Antiguamente, el comercio de “perolas”, sigue existiendo.  Las mejores perlas del Indico, que eran intercambiadas por los Portugueses por marfil, ahora cuatro siglos después nos las ofrecen los pescadores, abren sus manos curtidas por el mar que brillan con irregulares bolas de nácar.

 

El día se presenta tranquilo, y en un lugar idílico como éste, se pasa el día de taller en taller.  Después de ver el amanecer en la playa,  al ritmo de abdominales y flexiones, se divide a la expedición y unos y otros parten a sus actividades.  Uno de los reclamos de la jornada es el taller de buceo, junto con los de pesca, lógico teniendo en cuenta el lugar. Pero también los talleres de Dibujo, Historia de África, Cooperación, y Realización de adornos a la manera prehistórica con objetos marinos han sido muy bien acogidos.

El grupo de buceo, tras un viaje de una hora y media en un barco de pesca de motor, ha llegado al arrecife de la isla de Bazaruto,  la principal del Archipiélago. En un primer momento, el estupor se ha apoderado de los chicos, que al ver las enormes olas que rompían tras la roca, veían imposible poder bucear ahí. Era como si el mar se dividiese en dos.  Rubén Torres, monitor de MRS e instructor de buceo de profesión, tras explicarles la metodología del buceo de superficie, les ha tranquilizado pero también les ha advertido que las bajo el agua, las cosas son tan bonitas como peligrosas.  El grupo se ha inmerso en un mundo maravilloso, y la amplia variedad de especies ha inundado sus ojos en un mar de colores, formas y siluetas jamás imaginados, ni tan siquiera por el instructor.   Infinidad de esponjas, corales, y peces bailaban al son de las olas.

El taller de pesca se ha dividido en dos grupos diferentes: pesca desde la orilla capitaneado por el monitor Manuel Pedregosa y otro grupo que embarcó en un Dhow tradicional, Mar Aldaz estaba al mando de éste último. Nada más desplegar la vela latina, el Dhow “Teresa” se encaminó hacia el canal entre las islas de Benguerra y Bazaruto. Dos rapalas eran el cebo para los provocar la picada.  Con nuestro “Currican” tentábamos a los peces que parecían dormidos, hablando mientras con los pescadores de la zona.  De barco a barco y entendiéndonos entre Tsitsua y Portugués, comentábamos nuestro día de pesca, los pescadores locales dicen que no es un buen día por la influencia de la luna.  Decidimos ir a pescar cangrejos, en la lengua más a occidente de la isla de Benguerra, encontrando ahí cangejos “violin” para convertirlos en cebo, y probar otra técnica de pesca.

El  padre Juan, cura comboniano y gran conocedor del continente africano, como primer paso para la posterior explicación de la historia de Mozambique,  ha introducido a nuestros expedicionarios en laHistoria de África.  Estos la han recibido con enorme entusiasmo por el desconocimiento de ésta tienen. África sigue siendo el continente olvidado, y casi no está recogida en la historiografía.

Al atardecer, a un par de kilómetros del campamento y tras un agradable por la playa, hemos descubierto una laguna, pegada a la playa, para intentar observar cocodrilos, típicos de la isla.  Por primera vez en muchos días, y para no ahuyentar a los reptiles, conseguimos que el grupo de 101 expedicionarios permaneciera en silencio durante más de 30 segundos.  Desgraciadamente, para la mayoría, el sacrificio no fue fructífero, y se quedaron sin ver el cocodrilo.  En cambio unos pocos, gracias a la experiencia de un nuevo integrante de la expedición, el profesor Javier Castroviejo, quedaron anonadados con la inmensidad del animal.

Durante la cena, y como es lógico, la aventura de esos pocos afortunados ,  ha monopolizado las conversaciones. Ha sido una deliciosa cena a base de mariscos variados, pescados y el siempre presente arroz.   Tras la cena, el Profesor Castroviejo,  biólogo, premio nacional de medio ambiente y ex director del parque nacional de Doñana, nos dio una interesante charla.

 

Nada más empezar, y sin divagar, el profesor ha expuesto la problemática actual medioambiental, que nos lleva, inevitablemente no a la destrucción, pero si a lo que será otro planeta.  Aproximadamente un 60 % de las especies desaparecen por la actividad antrópica.   Uno de los principales problemas es la realidad del medio ambiente como una externalidad, sin un precio de mercado, lo cual dificulta su protección al no tener los espacios verdes y las especies animales un valor concreto.  Es necesaria una síntesis entre economía, derecho y ecología.

Catalina Terreros.

Muy buenas,

¿Cómo va la vida en el otro continente?  Aquí mientras nos acercamos al ecuador del viaje, nos dedicamos unos días al descanso más que al trabajo.  En estos parajes, que parecen sacados del mismo paraíso, estamos teniendo la oportunidad de ir formándonos y conociendo más esta zona, estas gentes.

Hoy el día ha empezado tempranito, y para coger energía nos toca hacer gimnasia en la playa, con la suerte de poder ver salir el sol  mientras la luna continua dominando el cielo, y las olas rompen contra la orilla.

Con las pilas cargadas dedicamos la mañana a asistir a los distintos talleres de cooperación, arqueología, historia, cuaderno de viaje, buceo, pesca y caza de cangrejos.   En los más dinámicos pasamos un buen rato, y en los demás planteamos interesantes tertulias en las que se tocan muchos temas como el ¿Cómo actuar? ¿Hacemos bien trayendo nuestras formas de vida? gracias a las cuales ponemos nuestros puntos de vista en común y reflexionamos sobre todo lo que vamos viendo.

Ya con la tarde echada encima hemos ido en busca de cocodrilo, pero sólo unos pocos han sido los afortunados en ver esos enormes animales. Otra vez será.

Por hoy poco queda por hacer en el lugar, todos con las mosquiteras preparadas y rodeando grandes hogueras de fuego, esperamos a que llegue la hora de dormir.

Mañana tendréis más noticias

Arantxa Berzosa
Johanna Hansing

Día 11
Oficial

Después de la famosa aventura del cocodrilo del día anterior, el día de hoy ha sido principalmente un día de viaje y viaje.  Como todos los días nos despertamos temprano, como a las 5h30, e inmediatamente después desayunamos para intentar embarcar lo más rápido posible.  Del campamento a la caseta de dirección del parque donde nos esperaban los Dhows, hicimos una marcha entre los matorrales y tardamos unos 40 minutos.

Embarcamos, y yo, concretamente, me subí en un velero que no era el que anteayer monté, no era tan amplio ni tenía motor.  Afortunadamente iba en la popa, y pude acostarme y dormir las dos primeras horas.  Luego, los demás expedicionarios tripulantes también se acostaron encima de todo el mochilerío.

Las seis horas de viaje pasaron rápidamente para mí, a excepción de unos interminables minutos en los que no hubo viento y estuvimos casi totalmente inmóviles.  Por cierto no pudimos conversar con los marineros porque no hablaban bien el portugués y estaban la mayor parte del tiempo impulsando el barco con sus pértigas.

Por fin llegamos a Vilankulos, pero tuvimos que esperar rato hasta que llegaron el resto de barcos, pues nosotros habíamos llegado segundos. Mientras esperábamos, vimos a unos pescadores a lo lejos en la playa, y los monitores nos pidieron a algunos de nosotros que fuéramos a ayudarles.  Fuimos unos cuantos expedicionarios y ayudamos a poner de vuelta en el bote pesquero la enorme red que habían usado para pescar.  Uno de los expedicionarios agarró de la red con sus manos un enorme calamar, y me acerqué con mucha curiosidad.  Era un bicho transparente y muy bonito.  Al agarrarlo, me manché con su tinta y disfruté de su rara textura.   Alguien me dijo que lo devolviera, pero entendí mal y quise devolverlo al mar, pues era muy bonito.  Un pescador me regañó y terminé poniendo la “lula” en el bote. Al volver donde habíamos desembarcando, con mi camiseta llena de tinta, dije que me había atacado un calamar, pero al final se supo toda la verdad, y yo quedé en ridículo.

Luego subimos a los autobuses y partimos hacia el parque de Gorongosa.  Después de 5 horas de viaje aproximadamente, y con retraso, y por suerte, paramos en una misión de curas combonianos improvisadamente, pues no pudimos llegar a Gorongosa.

 

Jose Antonio Paredes Estrada

Día 12
Oficial1

Crónica del día 3 de Septiembre. Laura Sánchez

Ya hemos trazado la línea que dibuja el periplo en dos mitades. El invierno está quedando atrás y el Sol cosquillea intenso en nuestra piel cada vez más del color de la arena que pisamos.

Abrimos los ojos cuando aún no se ha abierto el día y retomamos nuestro rumbo hacia el parque de Gorongosa. La luz del amanecer golpea en las ventanas del autobús y se tambalea en nuestros párpados dormidos. Atravesamos una de las puertas principales del parque y nos adentramos por los caminos que llegan hasta Chitengo, la sede central del parque, donde establecemos nuestro campamento.

Llega el momento de subirnos a las pic-ups y a los vehículos especiales para sumergirnos entre las palmeras y los árboles del color de la lima que inundan el paisaje del parque.

Nuestros ojos expectantes dejaban caer la mirada sobre cualquier movimiento, por muy leve que fuera. El aleteo de las hojas con el viento se tornaba en posibles leones, elefantes o leopardos, pero allí no había nada. A medida que avanzábamos por los enrevesados caminos la curiosidad iba siendo mayor, los expedicionarios se sentían como auténticos aventureros al poder ver con sus propios ojos los animales en su hábitat natural.

Fueron las perdices las primeras que se cruzaron, y poco a poco fueron apareciendo los facoceros (como curiosidad, Pumba en la película de El Rey León), que acabaron siendo los animales más vistos de todos. Los antílopes, gacelas e impalas se asomaban tímidos entre los árboles, pero desconfiados se alejaban rápidamente mostrándonos sus impresionantes saltos. Los más afortunados tuvieron la oportunidad de ver un león tumbado y algunos elefantes, a los que miraron con recelo, miedosos al conocer las experiencias del guía, quien informó al grupo sobre el fuerte carácter de desconfianza  de estos animales, que pueden atacar agresivamente ante movimientos bruscos. Familias enteras de babuinos subían y bajaban de los árboles, saltaban de rama en rama o corrían con sus crías a cuestas. Se abrían enormes explanadas verdes, salpicadas con pequeñas lagunas donde los cocodrilos permanecían inmóviles bajo el devenir constante de las aves que se acercaban a comer a las aguas. Desde un viejo mirador nos asomamos al lago donde las cabezas de los hipopótamos emergían del agua abriendo sus enormes bocas.

El atardecer cayó sobre la sabana con una paleta de colores que nos hechizó, y la inmensidad del cielo coloreado de fuertes rojos, naranjas y violetas nos acompañó de regreso. La noche penetró antes de que llegásemos al campamento, y la oscuridad africana fue el marco que nos acogió cuando todo lo que habíamos visto ya estaba palpitando en nuestras retinas.

Catalina Terreros

4: 00 am nos despertamos con todo mojado por la humedad en la misión de los combonianos; casi una hora después estábamos todos en los autobuses partiendo hacia Gorongosa. Entonces todos caímos rendidos. El silencio reinó en el autobús. Todos nos acomodábamos como podíamos con el compañero como piezas del juego del Tétrix. Casi llegando a nuestro destino, en la entrada del Parque Nacional de Gorongosa, pudimos ver monos. En el camping nos acogieron con dulces bollos y tostadas y leche; todo un manjar después de tanto tiempo desayunando leche condensada. Después lavamos ropa que ya hacía mucha falta, y nos sentimos terriblemente independientes, ¿yo frotando una camiseta teniendo una lavadora,? esas pequeñas cosas nos hacen pisar la tierra de vez en cuando.
Pudimos darnos una ducha, la más agradecida de mi vida, todos nos abrazábamos y demostrábamos lo bien que olíamos. El mar humor y la suciedad se fueron por el desagüe. Después de otra abundante comida algunos nos fuimos a recorrer el parque repartidos en coches y minibús, entonces pensé: algunos estais en Madrid celebrando algún cumpleaños o examinándonos de las recuperaciones de septiembre y yo aquí viendo monos, leones, gacelas, antílopes, cerdos facoceros y cocodrilos, y me di cuenta de la suerte que hemos tenido. Después de montar el campamento nos ponen la película de la ¨ Reina de África ¨ . Hoy me he sentido como en un documental de la 2, peor esta vez, no miraba sin ganas desde mi sofá, esta vez estaba yo dentro.*

Felicidades papa!

Día 13
Oficial

Un nuevo día en el campamento de MRS, como siempre nos despertamos prontito.

Para empezar el día hacemos un poco de ejercicio con Pablo, y tras esto, desayunamos, aunque peleando por la comida. A continuación nos vamos un grupo de safari. En realidad vemos pocos animales, algunos antílopes y facoceros, pero nos encontramos a unos turistas franceses atascados con un coche en el lecho de un río. De esta manera nos encaminamos hacia ellos y con un poco de esfuerzo conseguimos sacar su coche. A la vuelta nos espera un agradable baño en la piscina del camping. Después nos tomamos unos refrescos en el bar: 10 meticais cada uno, unos 30 centimos , todo un lujo.

Tras una comida movidita (avalancha de personas, empujones,…) nos vamos a visitar un poblado cercano al parque, en el cual vemos la dura realidad de algunas familias. Visitamos la escuela, que solo dispone de dos aulas, bastante mal equipadas. Cantamos unas canciones con los niños: es admirable ver la alegría que tienen, una sonrisa contagiosa.

Volvemos al campamento, nos quedamos hablando por allí un rato, se van intuyendo las parejitas poco a poco…a ver qué tal se nos da.  Nos acercamos a la tienda a comprarnos algunas cosillas: camisetas, pegatinas y postales. La verdad es que es un poco caro, es para turistas.

La cena me sienta un poquillo mal. Antes asistimos a una conferencia  en la cual nos explican cuales son los objetivos del parque. Estamos un poco cansados y no hacemos mucho caso.

Después de la cena nos sorprenden con una carrera de orientación.

Mario Oliva

Día 14
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Con uno de los que seguramente se convertirá en uno de los mejores recuerdos de Mozambique, abandonamos el Parque Nacional de Gorongosa en dirección de Manica, segunda ciudad en importancia de la provincia del mismo nombre y situada en la zona centro del país.

Tras un viaje tranquilo, llegamos a Manica.   Desde el primer milenio, los comerciantes árabes venían a Manica a por oro, todavía a día de hoy fuente de riqueza de la zona.  Durante la época de la colonia, los portugueses siguieron con este comercio.  Las técnicas tradicionales de extracción del mineral siguen usándose.

Llegamos al Manica Lodge,  donde nos recibe la Hermana Justina, responsable de una ONG Mozambiqueña financiada por Cooperación Austriaca dedicada a programas de formación a familias en agricultura sostenible y canalización del agua.
Tras una breve explicación de lo que veremos mañana al visitar los proyectos, y una copiosa comida comenzamos la ascensión al monte Chinhamapere, lugar sagrado de los Shona ,que alberga unas extraordinarias pinturas rupestres.

En las faldas del Monte, como manda la tradición, esperamos pacientemente la llegada de la “dueña de la montaña”.  Esta sacerdotisa,   según la creencia local,  vive eternamente y se reencarnándose en sus descendientes femeninas y es,  la única que puede dar permiso a los visitantes al sagrado monte.  Tras una breve ceremonia en la que la dueña,  cubriendo su cabeza  con una capulana blanca,  se comunica con los espiritus, éstos  dan o no su beneplácito.  Hemos tenido suerte e intentamos seguir sus descalzos pies hasta la cima de la montaña, caminamos todos detrás de ella en silencio y pese a que tiene 86 años, nos cuesta llevar su ritmo. Una vez llegamos a la cima, nos impresiona la vista del abrigo con un panel de granito donde se encuentran las magnificas pinturas rupestres.  Olga Escalona profesora de arqueología y monitora de MRS nos explica algunos datos sobre ellas:

La existencia de estas pinturas se conoce al menos desde la época colonial cuando los portugueses, en sus primeras prospecciones,  mencionan en sus        escritos unas grutas con dibujos.  No es hasta 1930, cuando estudiosos las catalogan y las registran en la carta arqueológica de Mozambique junto con        otras pinturas y gravados de la zona de Manica y Tete.  En la zona superior del panel encontramos seis guerreros representados danzando y atribuidos  al         periodo Neolítico  y debajo dos antílopes y una serie de representaciones humanas adscritos al Paleolítico bastante más deterioradas. Las pinturas han sido      propuestas por el gobierno de Mozambique para formar parte del Patrimonio de la Humanidad.

Bajamos de la montaña al atardecer y la amable anciana nos despide diciendo ¨Maita basa¨ ¨Maita basa¨ que en lengua Shona quiere decir muchas gracias. Esta amabilidad se respira en toda el valle de Manica,  y nos sorprende el contraste con las ciudades, donde la población está más acostumbrada a tratar con turistas.

 

A unos kilómetros de Manica,  los autobuses nos llevan por una pista de tierra roja, hasta donde tienen acceso, momento a partir del cual emprendemos una marcha dirección Quinta da Fronteira, en la cima de una montaña, donde pasaremos la noche.

 

Catalina Terreros

A las cinco y media amanece en el camping de Gorongosa.  Vemos como la niebla se ha apoderado del paisaje durante la noche, y como poco a poco va dejando paso al sol mientras nosotros recogemos las mochilas.  A continuación hacemos deporte para despejarnos en el campo de fútbol.  Intentamos no demorarnos mucho para salir lo antes posible hacia el oeste del país.

Tras casi cinco horas de autobús, dejamos atrás la provincia de Sofala para adentrarnos en Manica.  Es en este lugar, en el Manica Lodge, donde mientras esperamos la comida , el Padre Juan nos hace una pequeña  introducción  sobre la geografía de la provincia.

Entre el excitante ritmo de los djembes tocados por alguno de los expedicionarios, partidas de mus y prácticas de tiro con arco, nos dan paso al comedor entrando grupo por grupo a coger la comida.  Ya con el estómago satisfecho, llegamos en autobús hasta la villa de Manica.  Este pequeño poblado se encuentra en el pie de la montaña Chinhamapere, muy cerca de la frontera con Zimbawe.  Las casas son de adobe, circulares y pintadas de color anaranjado.  Antes de comenzar la marcha hacia a la cima de una cercana montaña para ver unas pinturas rupestres, esperamos sentados sobre las sobresalientes y curiosas raíces de los árboles.

Con la llegada de la sacerdotisa y dueña de la montaña sagrada, iniciamos la ascensión teniendo que cumplir una serie de requisitos para dar paso a la ceremonia, como por ejemplo no grabar ni fotografiar y guardar riguroso silencio durante la subida.  Según la tradición, hay que coger agua de un río, comer junto a una roca y subir descalzo.  A medida que ascendemos  las vistas son más espectaculares.  Una vez llegamos a las pinturas, casi en la cima, la sacerdotisa realiza un ritual en su lengua dando palmas y bailando.  Una vez resueltas nuestras dudas gracias a la ayuda de un traductor, la sacerdotisa le concede unos minutos a Olga, una de nuestras monitoras, para hablarnos sobre las características de las pinturas rupestres.  Nos explica que pertenece a al paleolítico unas, y neolítico otros, y sus protagonistas son antílopes y guerreros.  Cierra la ceremonia con un pañuelo blanco sobre la cabeza y arrodillada frente a la pared en la que se encuentran las fabulosas pinturas.

En el descenso hemos seguido las mismas pautas que en la subida.  Un día más hemos podido contemplar el hermoso atardecer con un anaranjado sol escondiéndose en las azules montañas.

Retomamos el viaje en autobús en dirección a Quinta da Fronteira, donde pasaremos la noche.

Ana  Corrales y Cristina Blas

Día 15
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Seis y media de la mañana. Ha amanecido hace ya rato y todos agradecemos que nos despierten “tarde”. Abrimos los ojos y nos encontramos en un paraíso: eucaliptos que llegan al cielo, flores que nos envuelven en aromas y un río que susurra paz. Para no romper la rutina, comenzamos el día con un poco de ejercicio y luego algunos nos acercamos a bañarnos en una pequeña cascada antes de desayunar.

Durante la mañana nos dividimos y visitamos un proyecto de agricultura sostenible, que aquí es un medio de subsistencia para muchas familias. Es un día muy caluroso y todos acogemos encantados la hora de comer, ¡nos ponemos las botas!

Después, rápido como siempre, vamos a un criadero de cocodrilos. Cazan uno que luego devuelven porque nos daba pena.

La vuelta en autobús es muy animada y a todos se nos olvida el cansancio, un cansancio que no tardamos en recordar cuando comenzamos la marcha nocturna hasta el campamento en Quinta de la Frontera.

El sueño ya se está apoderando de nosotros y poco a poco se acerca el momento de acurrucarse y cerrar los ojos.

 

Cristina Pérez

Por mucho que intentáramos, ayer no podíamos imaginar toda la belleza que encierra este bosque. La luz matutina se filtra tenuemente por entre los inmensos eucaliptos, reflejándose en la multitud de coloridas flores. El murmullo de la cascada se entremezcla con el piar de los pájaros. El idílico lugar forma parte de la finca de un boer de antes de la guerra, que amante de la naturaleza, creó un autentico jardín botánico.
El edificio, a medio reconstruir, aún conserva intacta la piscina que el guarda del actual hotel trata de mantener limpia. Contrastes de este país donde la vida transcurre de manera tan diferente.
Para desayunar debemos descender unos 800 metros. Algunos van por un atajo, pero yo decido caminar despacio disfrutando de tan magnifico paraje.
El ritmo de este país es algo que todavía nos sorprende a muchos. Tres mujeres con gran calma fríen huevos de uno en uno. Para nosotros, europeos sujetos a un reloj, nos resulta desesperante, pero al final desayunamos todos.
Sor Justin nos espera para presentarnos los proyectos de los que nos habló ayer: Enseñar a la población cómo autogestionar los recursos naturales de la zona y no perder una sola gota de agua.
Divididos en tres grupos vamos a conocer el alcance de su trabajo. El proyecto alcanza a 22 grupos de 5 a 7 familias  y está gestionado en tres fases. En la primera se ayuda a la familia a  mejorar su huerta, se le enseña a hacerla más productiva y variada de manera que puedan cubrir sus necesidades alimentarias todo el año. En la segunda se introduce el cultivo y manipulación de plantas medicinales para primeros auxilios familiares. Así aprendemos que la buganvilla tan frecuente en España sirve para hacer jarabe para la tos.
Por último se llega al punto más importante de todo el proceso: el aprovechamiento del agua. En varias casas como que visitamos nuestro grupo han construido pozos y se están construyendo cisternas para recogida de agua de lluvia que se empleará en la estación seca tanto para consumo como para la huerta.
Todo en la casa gira en torno al agua. La huerta está más baja que la casa, el fregadero a desagua directo a los frutales, que rodeados de cañas a modo de valla y cubiertos de paja guardan mejor la humedad de la noche.
Mientras comemos en Manica Lodge, un grupo nos cuenta que ha podido ver como los llamados ¨ garimpeiros ¨ extraen el oro a la manera tradicional, con bateas en el borde del río. La zona de Manica es rica en este mineral y ha sido un reclamo desde la antigüedad hasta nuestros días; hoy todavía los comerciantes te ofrecen oro envuelto en billetes de 50 meticais, por las calles de la ciudad.
Pasamos la tarde visitando un criadero de cocodrilos. Los que tienen ahora son demasiado pequeños y algunos de los chavales, supervisados por los dueños delcriadero se atreven a tocarlos y, por supuesto a fotografiarse con ellos.
Nuevamente caminata nocturna hasta el campamento y otra vez junto al fuego intercambio de impresiones del día. La interesante charla de Antonio Marcos bombero GERA y Geólogo de la expedición es el culmen de un día intenso, cargado de buenos momentos.

Teresa Eizaguirre

Día 16
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Amanece con la niebla, sin frío pero bastante húmedo, son las 5:30 de la mañana cuando el campamento empieza  a desperezarse, en esta segunda mañana en Quinta de la Fronteira y ante la inminencia de nuestra partida hacia el siguiente destino se nos presenta más impresionante si cabe la espectacularidad y variedad de su vegetación.

El viaje hacia Beira se presenta un poco más complicado que en días anteriores debido a que alguno de los chicos tiene problemas gastrointestinales, contratiempo inevitable en este tipo de viajes.

El Club Naútico de Beira nos esperaba a comer a la una pero llegamos cuatro horas más tarde con hambre y sed. No tardamos en liquidar completo el mágnifico buffet.

Beira es una ciudad grande,  considerada por muchos la hermana pequeña de Maputo, es la segunda en importancia en el país, pero la realidad es otra, Beira se limita a ser un corredor ferroviario que une su puerto con Zimbabwe. Las casas y edificios coloniales se suceden y permiten imaginar la belleza y esplendor de antaño. Desgraciadamente ninguno de los moradores de estos templos del pasado tiene la capacidad para mantenerlos. La ciudad tiene la cara triste. Grandeza y decadencia, pero a la vez, historia y encanto.

Después de la comida teníamos que haber visitado la fabrica de Pescamar, filial de Pescanova y último eslabón de la cooperación, pero ya es tarde y  hay que montar campamento. Vamos a dormir en una parroquia que además tiene colegio y orfanato en una zona poco segura de la ciudad. La aglomeración de la gente alrededor de los autobuses nos pone nerviosos, pero finalmente gracias al trabajo de monitores,  bomberos, profesores y organización, todos ellos perfectamente coordinados por Gonzalo, llegamos al centro sin problemas.
Esta noche Pescamar nos obsequia con una abundante y deliciosa cena y posterior bailoteo. Lo pasamos muy bien y dormimos cansados y a pierna suelta.

Teresa Eizaguirre.

Hoy, día siete de septiembre, amanecemos en la antigua mansión de Quinta de la Frontera, bajo una niebla espesa que frustra nuestra intención de subir a las cataratas para darnos un apetecible baño. Todos, con rostros cansados, esperamos librarnos del ejercicio matutino, pero no puede ser, ¡nos ha tocado sudar!

La mañana se ve empañada, aparte de por la densa niebla, por la marcha de una monitora, Marta Mendoza, que se ha hecho querer entre los chicos y chicas de MRS.

Más tarde, acudimos al desayuno con mucho apetito, pero la excesiva lentitud de los cocineros retrasa dos horas nuestros planes.

Entorno al autobús nos espera una marabunta de niños y alrededor unos quioscos de comida, donde compramos paquetes de galletas. Ya dentro, el sueño y una epidemia de “incontinencia”, nada grave, se apoderan de nosotros. El viaje hasta Beira se prolonga durante siete horas, y nuestra impuntualidad provoca que la comida que teníamos programada en el Club Náutico se convierta en una merienda.

Llegamos a nuestro destino, una nave ocupada por una misión en la que apenas hay espacio para todos. Organizamos el campamento y salimos a cenar a un buen buffet, hospitalidad de Pescanova. Después de la cena nos podemos echar unos bailes y unas risas, que nos alegran los últimos momentos que nos quedan antes de dormir.

Alvaro y Elena

Día 17
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Para abrir el apetito recorremos el camino que nos separa del desayuno en el Club Náutico. Después de varios días de lugares idílicos retomamos contacto con la triste realidad Mozambiqueña paseando por uno de los barrios marginales de Beira.

Debido a los siempre presentes contratiempos africanos, hay cambios en los vuelos que teníamos reservados hacia Isla Mozambique y la expedición tiene que dividirse en dos grupos para conseguir llegar a este nuestro siguiente destino.
El primer grupo queda visitando las instalaciones de Pescamar, mientras que el segundo parte hacia el aeropuerto.
Francisco Vila, director ejecutivo de Pescamar en Mozambique y cónsul honorífico de Beira, nos enseña las instalaciones de la empresa situadas en el puerto y nos explica cual es la labor que desempeña su empresa dentro del desarrollo económico de la zona. Desde la sede podemos ver atracados algunos de los barcos factoría, donde pescan, limpian, congelan y envasan el langostino que después se exporta.
En una línea muy en consonancia con la tendencia actual, Pescamar lleva a cabo una política de responsabilidad social. Pescamar dota de asistencia médica a sus empleados y familias y los retribuye con un sueldo muy por encima de la media.

Finalmente llegamos escalonados a isla Mozambique, donde nos reunimos para cenar. En el restaurante ¨ Las Reliquias ¨ nos espera Carlos Blasco, cónsul  de España en Mozambique. Al lado del mar, cenamos y nos relajamos disfrutando con los bailes Macuas y dormimos en el Lar Francisco Javier antiguo edificio del consulado francés en la Isla.

Catalina Terreros y Olga Escalona

Quedan sólo diez días para que esta experiencia acabe y todos nos encontramos con ganas de volver con nuestra gente, pero por otro lado, también de quedarnos aquí para descubrir aún más cómo es África, y como es su población, sumergirnos día a día en su difícil realidad, tan complicada que es imposible abarcarla en un mes.

Después de una calurosa noche en la misión que nos acogió en Beira, el despertar ha sido bastante tranquilo. Tuvimos tiempo de ducharnos y de organizar nuestra mochila para el largo viaje que nos esperaba hasta Isla Mozambique.

El desayuno nos esperaba en el Club Náutico, a una hora de nuestro campamento. Nos separaron en grupos y fuimos caminando hasta allí, lo que resultó ser una gran oportunidad para tener contacto con la vida cotidiana de Beira, segunda ciudad más importante después de Maputo. Durante nuestro camino nos encontramos de cara con la miseria que existe aquí, reflejada en sus barrios, sus mercados, sus casas, y en el clima de supervivencia diario que vive su gente.

Tras el desayuno fuimos invitados a visitar la fábrica de Pescamar, perteneciente a Pescanova, de la mano de Francisco Vila. Un muy buen ejemplo de lo que es una empresa comprometida con el desarrollo de este país, ya que sigue una política excepcional en cuanto al cuidado y formación de sus empleados, pagándoles incluso el tratamiento retroviral si lo necesitan.

Regresamos para comer en el Club Náutico, del que marchamos rápidamente hacia el aeropuerto. Llegamos a Nampula cerca de las nueve, tras una hora, más o menos, de vuelo. Tres horas por carretera nos llevan a Isla Mozambique, antigua capital de este país, donde cenamos y disfrutamos de una exhibición de cantes y bailes africanos.

Sergio Sánchez y Javier Pelluz

Día 18
Oficial1

“Ilha Moçambique, Burbuja en el Índico”
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La isla se hace desear. Con el aeropuerto más cercano en Nampula, doscientos kilómetros al interior, son necesarias varias horas para llegar a la antigua capital desde cualquier otro punto del alargado mapa mozambiqueño.
La expedición de “Madrid Rumbo al Sur” cruza el puente de un solo carril, único cordón umbilical -de cuatro kilómetros-  que une al resto del país, Isla Mozambique.
“Una burbuja de jabón en el océano”. Solo la sombra de aquella descripción de Virgilio de Lemos, natural de la isla, es hoy la realidad. O más bien, la irrealidad de un lugar demasiado marcado por las cicatrices de la Historia y el abandono. “La viuda de Mozambique”, como muchos la consideran por su condición de víctima de las infidelidades sucesivas de todo un país del que fuera sede administrativa principal y ahora aparece, ante los ojos de los expedicionarios de MRS, como ciudad fantasma. Las calles y casas de trazado colonial, el Fuerte de Sao Sebastiao -residencia del gobernador hasta el siglo XVIII- o la Capilla de Nuestra Señora do Baluarte son poco más que fósiles del esplendor perdido. La vegetación se abre paso entre las negras y rotas fachadas, apenas en pie, que esconden esa “otra realidad” actual de Isla Mozambique. Ningún censo avala cifras oficiales. Pero se calcula que entre 20.000 y 40.000 personas forman la población de infravivientes. Okupas a su pesar en una antigua urbe hoy desurbanizada, de gentes hacinadas en habitaciones improvisadas entre los restos de una próspera clase media, ahora sin luz eléctrica y con los niños lavándose o hasta bebiendo en los charcos.
Solo alguna escavadora -como perdida de ruta- y escasos braceros avanzan por algún rincón entre el laberinto de paredes semiderruidas. Un hotel gobernado por un ciudadano francés o un edificio en restauración, con la cooperación de la hermanada ciudad noruega de Bergen, ¿son algo más que los primeros indicios de la recuperación física y hasta moral de Isla Mozambique?.
Tener el título de Patrimonio de la Humanidad desde 1.991, no ha servido de momento para que pueda recuperar el mínimo de la dignidad y de la calidad arrebatadas. Olvido de la UNESCO, además, incluir en la catalogación como espacio a proteger el mundo submarino que la circunda: los arrecifes de coral, sin duda su mayor riqueza natural, según han comprobado los jóvenes de MRS en el taller de buceo y la navegación a la vecina isla de Goa, donde se pudo conmemorar -sobre un improvisado altar de concha de tortuga- la primera misa celebrada un once de septiembre de 1.483 por San Francisco Javier.
Queda el recuerdo vivo del paso del santo, en su escala -algunas versiones históricas aseguran que obligada por la malaria- camino de la India. Queda, en presente cotidiano, la belleza de la singular manera de maquillarse de las mujeres makuas, una mezcla de polvo vegetal y agua que forma una hidratante máscara blanca protectora de los efectos del sol y de la sal.
Seguimos ruta. ¿Dejamos una isla o un símbolo?. ¿Un lugar singular o un ejemplo del conjunto de la situación mozambiqueña?. ¿Su futuro está ligado al del resto del país y del continente negro ó quedará por mucho tiempo más como una pequeña proa varada en el Índico?.
Ilha Mozambique, una burbuja negra en el océano, que alguién -muchas voluntades harán falta- algún día volverá a hacer brillar..

 

Javier Arenas

Tocando diana a las 05:30 y con cada vez más cara de zombis, nos vamos a la fortaleza de Isla Mozambique construida por los colonos portugueses para uso defensivo.  Tras varias fotos de grupo y con un agujero en el estómago por hambre, nos vamos a desayunar al Lar Francisco Xavier.  Nos distribuimos por grupos y unos pocos somos elegidos para hacer buceo en la Isla de Goa.  Tras una larga espera en la playa, cogemos una lancha que en media hora fondea cerca de la isla, donde al llegar tuvimos que tirarnos al mar para llegar a la orilla nadando.  Los primeros que llegaron tuvieron tiempo de hacer snorkel en la misma playa, y vieron peces payaso, erizos, corales…

Al estar ya todos reunidos, celebramos la eucaristía en la misma playa en que Francisco Javier por primera vez dio misa en el Indico.  Como altar utilizamos un caparazón de tortuga gigante y estuvimos sentados en rocas bajo los árboles bajo la sombra de un cocotero.  Fue una misa diferente pero a los veintena que estábamos ahí nos encantó.

Al finalizar bordeamos la playa mientras cogíamos conchas, hasta una zona tranquila donde otros grupos practicaron una inmersión. La segunda tanda vió más o menos lo mismo que la primera. Después fuimos a una zona rocosa cerca de la playa, en la que había una serie de sifones.  Nos los pasamos muy bien, pero acabamos empapados. Nos acercamos a un faro abandonado y tras husmear por la antigua casa, subimos arriba del todo, desde dónde vimos una familia de ballenas.  Todos estábamos emocionados y compensó el no haber visto leones en Gorongosa.  Luego bajamos y nos reunimos con el resto para esperar a los barcos de vuelta.

Tras la vuelta en la lancha, y con un hambre atroz,  fuimos a comer a un restaurante muy chulo.  A las cuatro, había una reunión para ver quien volvía a Beira y quien se quedaba en la isla hasta la madrugada.  Los del buceo nos quedamos porque no habíamos tenido tiempo libre y queríamos aprovechar para hacer algunas compras típicas.  Algunas chicas fueron elegidas para que se les untara con mushiro  (una parte sacada de una caña, que hidrata y protege la piel, y que cuando se seca deja la cara blanca) que es una costumbre local.

A las seis tuvimos un encuentro con estudiantes de la isla, en la antigua casa del gobernador, para conocernos y charlar un poco.  Pasamos el resto de la noche juntos y cenamos en el restaurante, dónde disfrutamos de unos bailes típicos mozambiqueños.  Nuestros amigos poco a poco se fueron yendo, y antes de volver al orfanato a dormir, nos paramos a ver la iglesia de Francisco Xavier, en la cual se encontraba una piedra que servía como altar y que según la tradición se utilizaba como campana.

El día acabó a eso de las 11, y ya metidos en los sacos, nos dimos cuenta de la oportunidad que habíamos tenido de conocer a chavales de nuestra edad, con lo que compartimos sueños y ambiciones, a pesar de la disparidad de culturas.  Nos dormimos pronto porque al día siguiente nos levantaríamos a las tres de la madrugada,  para coger el avión que nos llevaría a Beira.

Día 19
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El parque nacional de Gorongosa es extraordinario en muchos aspectos, que van desde su riqueza biológica y el interés de sus formaciones geológicas, al hecho de constituir un ejemplo sin precedentes de recuperación de un santuario natural excepcional.

Este parque incluye dos zonas elevadas bien diferenciadas, la oriental que es una meseta, y la occidental, una serie de montañas de perfil suave.  Además destaca una amplia zona baja central que constituye la parte más meridional del valle del Rift, el cual que se prolonga precisamente desde Gorongosa hasta Etiopía.  El valle del Rift es bien conocido en su conjunto, se mire por donde se mire, bien sea por los interesantísimos yacimientos paleontológicos de donde han salido restos fósiles de homínidos, esenciales para el conocimiento de la evolución humana, bien sea por los ya míticos parques naturales que lo jalonan, bien  por constituir una fractura a lo largo de la cual África oriental se separa, de forma lenta pero inexorable, de África occidental.

Volviendo a Gorongosa,  señalar que la diversidad y abundancia de su fauna, especialmente de grandes mamíferos, llamó la atención de los europeos desde  que lo conocieron. Fue reserva de caza casi desde la llegada de los portugueses hasta los años 30, cuando pasó a ser declarado parque nacional.  Las zonas montañosas y la meseta están cubiertas por un bosque deciduo semiseco de biombo, que es en realidad una sabana arbolada.  Los cauces que lo surcan albergan magníficos corredores de bosques galería, que recuerdan casi una verdadera selva pluvial.  En la zona central y en el valle del Rift, dominan extensas praderas herbáceas, conocidos como “tandos” que se inundan en la época de lluvias, y se alternan con enormes lagunas y cauces de diferente porte,. El clima es claramente estacional y los 800 mililitros de precipitación media anual se concentran en los meses de noviembre y abril, de tal forma que el parque tiene que cerrarse de enero a marzo porque sus suelos arcillosos se vuelven intransitables.  La época seca, que alcanza su punto culminante en octubre/noviembre, se prolonga el resto de meses del año.

Se han identificado cuatrocientas especies de aves en todo el parque, es decir más que en toda España.  Los pequeños mamíferos y los reptiles apenas están estudiados. Al hablar de  los grandes mamíferos, hemos de mencionar dos épocas bien diferenciadas, lo cual nos llevaran también a consideraciones y lecciones de más calado relacionadas con este espacio único. Nos referimos a la situación existente previa a la independencia hasta la independencia en 1975,  y desde entonces hasta la firma del tratado de paz en 1992.

Durante la época de la colonia era uno de los mejores y más espectaculares  parques africanos.  Para que tengamos una idea de lo que esto significa, daremos unas cifras: 14.000 búfalos, 220 elefantes, 2000 hipopótamos, 700 ejemplares del imponente antílope caballo negro, innumerables cebras, más de 300 leones, rinocerontes blancos, y un largo etcétera.   Tras los 17 años de desastres y guerras civiles que sufrió Mozambique, apenas quedan hoy unos doscientos elefantes, unas docenas de leones, y un centenar de búfalos.  El rinoceronte blanco desapareció, al igual que el eland y otras muchas especies.  La devastación fue tal que incluso se extinguieron la hienas y los chacales. Gorongosa fue solar de batallas y enfrentamientos cruentas entre el Frelimo y la Renamo, las dos formaciones políticas que se enfrentaron en la guerra civil, y cambió de manos muchas veces.  Las magníficas instalaciones del parque construídas por los portugueses, fueron arrasadas, el equipo de guardas disperso,  y la fauna fue eliminada bien para servir de alimento al ejercito, bien como objeto del comercio ilegal de marfil en el caso de los elefantes o del cuerno en el caso de los rinocerontes.

Las consecuencias ecológicas de esta masacre  no se hicieron esperar. La desaparición de los grandes herbívoros propició un crecimiento espectacular de las altas gramíneas y ciperáceas que forman los pastizales, los cuales al secarse tras el periodo de lluvias, se transforman en un combustible, causante de espectaculares incendios.  La ausencia de los hipopótamos que fertilizaban lagos y lagunas, mantenían despejados los cauces, y permitían una activa circulación del agua en la época de lluvias, todo lo cual era esencial para mantener el dinamismo del sistema hídrico, causó un serio deterioro ecológico.  Finalmente mencionar el monte Gorongosa, situado cerca del parque pero fuera de sus límites, nacimiento de muchos de los cauces que le aportan agua.  Este monte ha servido y sirve de asentamiento a miles de refugiados y desplazados por la guerra, los cuales han desencadenado un proceso de deforestación y erosión, que incrementa, junto con la desaparición de los hipopótamos, los problemas hídricos, no sólo del parque sino de toda la región.

Y ahora, tras tanta desolación vamos a dedicar unas líneas a uno de los aspectos más esperanzadores de Gorongosa, que constituye un ejemplo único en el mundo de enorme importancia, que esperemos sea imitado en el futuro.  Se trata de la aparición en escena de la Fundación Carr creada por el estadounidense Greg Carr, quién hizo fortuna en el campo de la informática. Este filántropo de 47 años, quedó tan prendado de Gorongosa y de sus paisajes, como consternado por el trágico destino que había sufrido, que decidió emprender un proceso de restauración sin precedentes.  Tras laboriosas gestiones con el gobierno mozambiqueño,  que todavía siguen su curso,  hace menos de 2 años se puso manos a la tarea, con unos resultados más que alentadores.

Las infraestructuras del parque, modernas, funcionales  y de buen gusto, están siendo construidas en su totalidad.   El equipamiento en las instalaciones, desde las conducciones de agua hasta los vehículos, se mantiene y funciona a la perfección. La vigilancia se reactivó y la guardería, sometida a una intensa instrucción, patrulla ya por todo el parque. Los incendios se apagan.  Los 10.000 habitantes que viven dentro de este parque de 4.500 Km2 , algo menos de la mitad de Navarra, así como los que se asientan en sus proximidades, reciben una continua atención.  Se construyen escuelas y clínicas, se imparten cursos de capacitación y se les da empleo.  Una buena parte de las pistas para visitantes dentro del parque han sido rehabilitadas.  Los visitantes empiezan a fluir y alaban el restaurante y los cómodos bungalows y en conjunto se percibe un dinamismo y una actividad reconfortantes.  Se puede observar como se planta grama,  se recoge cualquier desperdicio, se afanan las cocineras o el personal de limpieza, se atiende a un turista o se sale de excursión.

La fauna salvaje evidencia también por su número y su actitud, los grandes cambios.  Los facoceros, oribis, impalas y antílopes acuáticos ya no huyen despavoridos al atisbar un todoterreno.  Lo mismo sucede con las innumerables tropas de babuinos chakma y monos simango; se pueden ya observar elefantes y leones. De todo  ello pueden dar fe dos de los grupos de MRS, que describieron con entusiasmo el encuentro con ellos.  Pero no todo no queda ahí, existe un ambicioso programa de reintroducción. Se están trayendo, con todas las garantías sanitarias, docenas de búfalos y gñus de Suráfrica: en breve vendrán rinocerontes y otras muchas especies,  hienas incluidas. Toda esta fauna se aclimata en recintos de diferentes tamaños, divididos en pequeñas zonas valladas, incluidas en un santuario de 6.000 Ha.  Además en breve el parque se ampliará en otras 150.000 Ha que incluyen el monte Gorongosa y su cuenca hidrográfica.

Quizás lo mas importante y lo mas discreto de este colosal esfuerzo de la Fundación Carr,  que cuenta este año con un presupuesto de 6 millones de dólares contra 100.000 que pone el gobierno de Mozambique, es el equipo humano. Se trata de profesionales de alto nivel, con verdadera vocación, que han dejado puestos de responsabilidad en la gerencia de importantes empresas, para sumarse a la aventura de poner a flote este arca de Noé.  Existe  un Director General y Servicios o  áreas de:  investigación, administración., turismo, comunicación y gerencia.  He podido hablar con varios de ellos y ver los programas de trabajo. Sin excepción me han causado una inmejorable impresión, y su eficacia es solo comparable a su amabilidad.  Me han informado que tienen una gran autonomía en sus funciones, que rinden cuentas por sus resultados, y que están verdaderamente contentos con su trabajo. Viven en tiendas o bungalows en el parque, al igual que hace Greg Carr durante los largos meses que pasa en Gorongosa.

Los componentes de MRS hemos aprovechado la capacidad organizativa de Hendrik Pott y de Pedro Canteiro.  Hemos disfrutado del las excelentes charlas de Vasco Galante y Richard Beilfuss, jefe del servicio de investigación.  Yo he podido aprovechar, y mucho, de mis conversaciones con Richard y la experiencia de Balldeu Chande, el administrador encargado de atender a las comunidades y jefe de guardería.  He sido atendido en todo momento por Vasco Galante, responsable de comunicación, cuyo nombre reitero con placer por sus múltiples atenciones. Me permito decir que la visita a Gorongosa, aunque el periplo Mozambiqueño no ha terminado,  ha constituido uno de sus puntos culminantes.

Ha sido enormemente gratificante observar la expectación y la emoción con la que nuestros jóvenes acompañantes observaban a los babuinos,  a las grullas coronadas y a los antílopes de agua, o la ilusión con que narraban su encuentro con los elefantes, los leones y los hipopótamos. También la cara de sano orgullo con que nuestros guías describían tal o cual especie o tal o cual manada, disfrutaban haciéndolo y se sentían parte de este proceso difícilmente creíble de renacimiento de Gorongosa.  Era la misma expresión que muchas veces ví en los visitantes y guardas de Doñana cuando localizaban un águila imperial, o en la marisma bética te mostraban las bandadas de silbones y rabudos invernantes que nublaban el sol.  La satisfacción del trabajo bien hecho.

Gorongosa en la época portuguesa llegó a recibir 20.000 visitantes al año. El primer año de gestión de la Fundación Carr,  las visitas llegaron a 5000.  A poco que ayude el Gobierno Mozambiqueño a esta iniciativa sin precedentes,  las visitas al parque superarán pronto las expectativas más optimistas. Gorongosa no solamente puede constituir un importante fuente de ingresos para Mozambique sino un polo de atracción que muestre una nueva manera de actuar y marque un punto de inflexión a nivel mundial, en las extraviadas relaciones del ser humano con la naturaleza.

 

Profesor Javier Castroviejo.

Volvemos de Isla Mozambique cansados, pero con buen sabor de boca. Toda la expedición se reúne en la plaza  do Municipio de Beira donde nos recibe el alcalde que obsequia al Jefe de la expedición, Telmo Aldaz con una moneda conmemorativa.

Antes de volver al Club Náutico para comer pasamos por la estación central de tren diseñada por Fernando de Castro, arquitecto de la escuela de Niemeyer. Una obra majestuosa de racionalismo expresivo que recuerda la construcción de Brasilia.

Después del almuerzo comienza otro largo viaje en el autobús camino hacia Inhassoro,  a pocos kilómetros de Beira un control policial retrasa unas horas la llegada a nuestro destino supuestamente a orillas del mar aunque la noche cerrada no nos permite disfrutar de las vistas.

El amanecer nos sorprende una vez más en nuestra habitual sesión de deporte, corriendo por la playa. Tras un desayuno y unas necesarias duchas, viajamos el resto del día hacía Inharrime. El penúltimo tramo lo hacemos en barco, esta vez con motor, desembarcando en Inhambane. Esta ciudad fue afectada en menor medida por la guerra y sus calles y edificios así lo reflejan.  Conservándose una de las pocas iglesias coloniales con un magnífico retablo del S XVIII: Nuestra Señora de la Concepción. Destacan también varios edificios de los años 30 estilo Art deco como se puede ver en el antiguo cine tofo.
Inhambane juntó con Lourenzo Márquez, fue uno de los principales focos económicos que contaba con tranvía cuyos raíles aun se conservan. El pulso entre ambas ciudades finalizó cuando a comienzos de s xx los principales agentes económicos de Inhambane se trasladaron a Lourenzo Matquez, actual Maputo.

Ya en el siglo XV,  cuando Vasco de Gama arribó al puerto de Inhambane, nombró a la zona como ¨ Tierra de las buenas gentes¨.. La turística playa de Tofo y su diversidad subacuática la hace en la actualidad un lugar de referencia.

Son sólo las 10 30 aunque nos sentimos como si fuera de madrugada,  cuando llegamos al orfanato de las hermanas salesianas que pacientemente nos esperan con un impresionante buffet en la misión donde pasaremos la noche.

Paloma Bozman.

Hoy Rumbo al sur  se despierta dividida, unos salen de isla Mozambique otros hemos dormido ya en Beira, para los primeros, vuelo desde Nampula, para los otros deporte en la playa.
Desayunamos en el Club Náutico de la ciudad, donde más tarde comeremos y terminamos la visita a Pescamar, empresa filial de Pescanova. Allí nos enseñan los astilleros y nos explican  las atenciones que esta empresa proporciona a los trabajadores, aquellas que en España son de lo más normal, pero que aquí supone todo un privilegio.

Seguimos la visita a pie para reunirnos con las autoridades de la ciudad, que cumple 100 años desde su fundación. También nos enseñan la estación de tren construida siguiendo las tendencias del racionalismo del s. XX , por algún arquitecto de la escuela de Oscar Niemeyer.

Nos despedimos de Beira para seguir acumulando Km, hoy empezamos a bajar, Rumbo al Sur por Mozambique, el camino de 20 intensos días, aun nos queda mucho por recorrer y demasiado por ver. Estando aquí tanto tiempo te das cuenta de lo importante que es observar, ¡Este país esta lleno de vida!
La tarde se hace larga camino  de Inhassoro. Todos compartimos cansancio y tiempo de sueño acumulado, pero además dentro de los autobuses  se mezclan emociones, ilusiones, alguna decepción, buenas relaciones… ¡es todo tan intenso!
Otro día más cerramos los ojos en África, Ya forma parte de nosotros!
Dicen que este continente se te pega en la piel, sus gentes y sus valores, es la magia del lugar o del viaje que estamos haciendo, pero ya tenemos un trocito de esta tierra que volverá con nosotros a Madrid.

Yasmina Pacios Mínguez

Día 20
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Como es habitual, seguimos madrugando y a las seis ya estamos en pie listos para el ejercicio matutino, más largo que de costumbre pero con un buen chapuzón en el mar como recompensa.

Ya estamos en la recta final del viaje y los monitores son más benévolos respecto a las prisas, así que nos tomamos todo con más calma e incluso podemos darnos una ducha a veces caliente, todo un lujo. Aunque se acaba la magia al introducirnos de nuevo en nuestras mugrientas ropas.

Tras la interminable cola conseguimos disfrutar de uno de los mejores desayunos hasta el momento: huevos con patatas fritas y leche auténtica, no en polvo. Reorganizamos los macutos y subimos en los autobuses rumbo a Inhambane, cruzando el Trópico de Capricornio, donde nos detenemos para capturar el momento.

Tras aproximadamente ocho horas de viaje en autobús cogemos unas lanchas motoras bastante rústicas para llegar directamente a la ciudad atravesando la bahía. Y ya en Inhambane nos separamos por grupos y comemos cada uno con nuestro monitor para no saturar los escasos restaurantes de la zona. Después de una apetitosa pero lenta comida, cuando ya se había puesto el sol, regresamos al autobús con destino a Inharrime, donde nos recibirían en un colegio con una suculenta cena y un pabellón habilitado para nosotros.

Julia Moreno y Camino Pérez

Día 21
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Empezamos la jornada haciendo deporte en el patio del horfanato mientras los alumnos nos miran divertidos ante nuestros esfuerzos. La mañana pasa rápido trabajando con la Fundación de Jóvenes del Tercer Mundo y la Fundación Salesiana en un conjunto de  tierras para labranza, conocidas aquí como machamba,  en las que hay que remover las malas hiervas y prepararlas para la nueva cosecha.
Hace un calor sofocante y los chicos, tras un rato con la hazada, toman conciencia del esfuerzo físico que requiere trabajar en el campo. Lo que ellos aran con muy buenas intenciones y con torpeza, las mujeres del lugar lo hacen en  poco tiempo y con su niño a cuestas. Dado el calor, la jornada de trabajo se hace partida: de cinco de la madrugada a 10 de la mañana y tras el descanso en las horas más fuertes de sol, continúa por la tarde a partir de las cuatro. Tras verlos partir en su merecido descanso, visitamos las escuelas del lugar y recorremos a pie los cinco kilómetros de vuelta que los niños del horfanato de Inharrime han de caminar todas las mañanas para ir al colegio.

Por la tarde se organizaron para los jóvenes de Inharrime y los jóvenes madrileños varias actividades deportivas y formativas con el Proyecto de Red Deporte y Cooperación . Las deportivas fueron boleyball y fútbol. Los talleres de Madrid Rumbo al Sur fueron: taller de escalada y rapel, taller de cooperación y taller de arqueología experimental.
La presentación por parte del astrónomo de la expedición, Pedro Arranz, de lo más destacado del cielo del hemisferio sur como las nubes de Magallanes, el cúmulo del Tucán, la Cruz del Sur y su posterior observación a través del telescopio acabamos el día.

Catalina Terreros

Qué calor he pasado por la noche, me he despertado con todo el saco mojado. Mientras esperamos para irnos a visitar un proyecto, la gente canta canciones que espantarían a la abuela. Hay mucho alboroto y parece que la gimnasia de Pablo ha despertado a todo el mundo.

Hoy tenemos la oportunidad de participar más activamente en un proyecto: visitamos una aldea y ayudamos a las mujeres a limpiar de hierbas el suelo y remover la tierra con la azada. Sólo estamos media hora trabajando y acabamos muertos, con un calor insoportable y una sed enorme. Si nosotros estamos así, imagináos las mujeres que pasan cerca de seis horas todos los días cavando, recolectando y plantando bajo un sol abrasador y muchas con el niño a cuestas en la espalda.

A la vuelta vamos andando y por el camino visitamos la escuela a la que asisten los niños de la región. Cada clase tiene un edificio hecho de caña y paja, con una pizarra y una mesa con su taburete para el profesor. Durante la semana dan clase de portugués, matemáticas, gimnasia, dibujo y música, estas tres últimas sólo una hora a la semana. Son clases bastante grandes y los niños se sientan en el suelo.

Aunque parezca imposible, hoy también es el día en que tenemos más tiempo libre después de comer, y lo aprovechamos para dormir, poner al día el cuaderno de viaje o jugar y hablar simplemente.

Por la tarde echamos un partido de fútbol contra los niños de aquí y pasamos el rato con ellos. Además, hay talleres. Yo me meto en el de arqueología experimental y tallo, o por lo menos lo intento, una punta de flecha en silex. Es bastante difícil y un poco peligroso porque el silex corta mucho y las esquirlas que suelta al golpearse para modelarlo pueden clavarse causando heridas. Yo me corto en el dedo, cerca de la uña, y aunque la herida no es muy grande, me duele.

Cuando aún estamos en el taller aparecen los periodistas que estábamos esperando y gente de la radio (Cope, TVE, RTV,…), que vienen a grabarnos y a redactar las últimas noticias de nuestra expedición.

Antes de cenar, preocupados por los piojos, me miran la cabeza: tengo liendres. Se lo digo a la enfermera y hasta mañana no me podrá mirar porque ya no hay luz suficiente, así que de momento me tapo la cabeza con un pañuelo y procuro no acercarme a nadie. Espero no tener piojos…

Esta última semana se está alargando muchísimo; los días se nos hacen eternos y el tiempo pasa, en general, muy despacio. Ya tenemos ganas de volver, aunque también queremos quedarnos. Echo de menos una cama y una buena ducha caliente, que falta nos hace.

Pedro, nuestro astrónomo, ya está preparado: comienza la clase de astronomía.

 

Miriam del Valle

Día 22
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Cada día los jóvenes de la expedición están más en forma. Muy a su pesar, el deporte les sienta bien después de las considerables comidas con las que nos agasajan nuestros variados anfitriones mozambiqueños.
Mientras desayunamos, la madre salesiana Lucilia nos explica lo fácil que resulta apadrinar un niño y nos ofrece la posibilidad de hacerlo.
Hoy toca jornada de viaje en autobús en un trayecto, largo y caluroso que acaba adormilando a gran parte de la expedición. Apenas conseguimos despertarnos para ver como cruzamos por el río Limpopo. Este es unos de los ríos más caudalosos de Mozambique.
En el año 2000, las lluvias torrenciales inundaron gran parte del país y con el desbordamiento del río Limpopo, se anegaron las tierras y poblaciones circundantes, resultando ser una de las zonas más afectadas.
Tras una marcha bajo el ardiente sol del medio día por fin llegamos a Okwe. Este lugar es una zona de reasentamiento para los damnificados por las inundaciones del río y los responsables de la Fundación Cear nos muestran los proyectos de desarrollo en los que vienen trabajando. Las casas de hormigón, idénticas, responden a una planificación de la zona. Cuentan con una pequeña huerta que la familia debe comprometerse a trabajar para poder beneficiarse de este proyecto. Tienen también un pozo cuyo mantenimiento corre a cargo de la comunidad ya que el agua, especialemente aquí y tras cinco años de sequía, es un bien escaso. El vivero es un laboratorio al aire libre en el que, injertando distintos árboles frutales, consiguen un crecimiento más rápido y una mejor resistencia a las inclemencias del tiempo de naranjas y limones. Así nos lo explica el agrónomo de la zona, Antonio.
La cena en el patio de las escuelas será al estilo Madrid Rumbo al Sur: espaguettis a las sobras. El resultado es sorprendentement esquisito y al son de la música cenamos a la luz de la hoguera. La velada finaliza con una conferencia dirigida por el profesor Alberto que recopila lo trabajado anteriormente en talleres de cooperación.

Catalina Terreros

Cinco de la mañana, todavía no ha amanecido, pero como todos los días, una voz ha gritado: ¡Buenos días por la mañana, quedan cuatro días! Al contrario que otros días, la mañana se ha levantado húmeda y nublada, pero esto no ha impedido que hagamos gimnasia. Antes de desayunar, la hermana Lucila nos ha hablado sobre el proyecto de apadrinamiento de los niños del horfanato de Inharrime.

Una vez en el autobús, tras largas y calurosas horas de viaje, hemos llegado a Okwe, donde el jefe del distrito nos ha dado la bienvenida, nos ha presentado a otros miembros de su gobierno y nos ha hablado sobre el proyecto CEAR, en el que intervienen la Comunidad de Madrid y el ayuntamiento de Bilbao.

Hemos cogido nuestras mochilas y hemos hecho una pequeña marcha bajo el ardiente sol, atravesando un camino de arena de playa que dificultaba cada paso hacia el colegio construido por esta organización, donde nos esperaban los profesores y los alumnos con sus danzas y canciones típicas. Pero como estábamos muy cansados y fatigados, no hemos podido disfrutar plenamente de ellos.

Al poco hemos comido raciones del ejército: fabada y sardinas. Más tarde, paseando nos han ido explicando cómo se organiza esta comunidad: ayudan en la construcción de un colegio y viviendas, cultivan limones, naranjas, arroz, tomates. En todos los proyectos trabajan las mujeres y hombres de la comunidad y los beneficios los dividen entre todos para su autoabastecimiento y venta.

A la vuelta, rodeados de niños de la zona, hemos podido descansar tomándonos un refresco y disfrutando del anochecer africado. Por la noche nos sentamos alrededor del caliente fuego de la hoguera y cenamos todos juntos unos ricos espaguetis. Y antes de acostarnos, Alberto Medina nos dio una charla sobre cooperación, donde el tema central fue la solidaridad.

 

Elena Guitierrez y Carmen Gómez-Ullate

Día 23
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Nos despertamos muy temprano en el asentamiento de Okwe, caminando por la pista de arena hacia la carretera, vemos amanecer. De nuevo emprendemos el viaje en autobús hasta Manhica, donde nos espera una mañana muy completa en la que vamos a conocer mútiples proyectos de desarrollo comunitario y el Centro de Investigación de Salud de Manhica, puntero en las enfermedades que asolan este país: la malaria y el SIDA.
Nos dividimos en 7 pequeños grupos para conocer las siguientes iniciativas en este municipio:

  1. Un centro de educación preescolar para niños huérfanos y desfavorecidos.
  2. Un centro de asistencia jurídica a la mujer para sensibilizar contra la violencia doméstica y el abuso sexual y atender a las víctimas.
  3. Visita al Núcleo poblacional de Amudeia, en la población de Tres de Febrero (de 1969, fecha en la que murió el fundador de la Frelimo Eduardo Mondlane).Este núcleo está formado en su mayoría por mujeres despedidas con la privatización de las azucareras quehan tenido que buscar medios alternativos para sacara adelante a sus familias, practicando agricultura y ganadería de susbsitencia.
  4. Horfanato de Niño Jesús que acoge a niñas huérfanas. Gestionado por tan sólo dos monjas franciscanas da cobijo a 75 niñas entre tres y dieciséis años.
  5. Iniciativa de refuerzo institucional de la Cooperación Española en el Municipio.
  6. Escuela de Maristas y visita a la gasolinera, fuente de ingresos para su financiación.
  7. Centro de Investigación de Salud de Manhica, dirigido por el Doctor Alonso que lucha contra la malaria y el Sida. Estet centro es auspiciado por Cooperación Española, la Fundación Clinic y el Gobierno de Mozambique.

Tras estas visitas, se ha celebrado una conferencia impartida por doctores del centro en la que se arrojan cifras escalofriantes sobre los porcentajes y perfil de población que en esta parte de Africa mueren de malaria y Sida.
La malaria es una enfermedad especialmente peligrosa para los más pequeños: con una mortalidad del 20% en niños menores de 10 años.
En Africa el Sida es una enfermedad exclusivamente de transmisión sexual y que afecta mayormente a mujeres y a niños. El 50% de las mujeres mozambicanas entre 15 y 24 años están infectadas.El país invierte sólo 24 dólares al año por persona en temas de salud y el coste del tratamiento sobrepasa los 100 dólares.

Por la tarde llegamos al asentamiento de Mumemo (en el distrito de Marracuene) formado por 600 familias provinientes del barrio de Chamanculo (en Maputo) que quedó arrasado por las inundaciones que sufrío el país en el año 2000. Este barrio se contruyó gracias a la colaboración de múltiples organismos que acudieron en su ayuda, incluyendo la Comunidad de Madrid y fue gestionado desde sus inicios por la madre superiora Susana Custodio, que nos tras darnos la bienvenida, nos guía en una visita por las distintas instalaciones a lo largo de la tarde. La jornada finaliza con un amistoso partido entre los jóvenes del barrio y los chicos de Madrid Rumbo al Sur con resultado 3-4.

Catalina Terreros

Mañana húmeda, 5 a.m. y Pablo nos despierta. Todavía prisionero en la indispensable mosquitera intento recoger mis bártulos lo más rápido posible, ya que tenemos 2 km. de marcha y un par de horitas de autobús antes de desayunar.

Una vez que está todo recogido, tenemos que colocar todos los pupitres que la noche anterior sacamos de las clases en las que dormimos, así como recoger nuestras basuras.

Los pies se hunden en el camino de arena blanca y fina, como si de una playa urbanizada se tratara. La vuelta marcha-paseo se hace mucho más cómoda que la ida en la tarde anterior. Las fuerzas renovadas y el frescor matinal aligeran nuestros macutos, y caminando, además, evitamos la sesión de gimnasia.

El trayecto en autobús se pasa entre cabezada y cabezada, hasta que llegamos a Manhiça, donde alrededor de las 8:30 estamos devorando nuestros panes con mantequilla y mermelada, acompañados por unos plátanos riquísimos.

Nos separan en grupos y asistimos a una presentación de Sergi Noguera, administrador del Centro de Investigación en Salud de Manhiça. Nos explica qué van a visitar los distintos grupos, disculpándose por tener que acabar la charla con la primesa de otra presentación con otros investigadores a la hora de comer. Cabe destacar que pudimos ver el parásito de la malaria al microscopio.

Montamos en la camioneta, un comboy de expedicionarios, cámaras y diferentes representantes de Madrid Rumbo al Sur. Sergi, que nos acompaña, nos explica la estructura y los objetivos del centro, así como los medios de financiación para éste.

Nos disponemos a visitar el centro. Lo primero que nos llama la atención es lo bien organizado que está todo y las numerosas mujeres que trabajan en él.

A medida que vamos viendo los diferentes departamentos (Demografía, Clínica, Centro de Datos, Laboratorio, etc.), podemos hacernos una mejor idea de la importantísima labor que este centro desarrolla.

Por ejemplo, el de Demografía trabaja en la creación de un censo paralelo al realizado por el gobierno, tratando de ser mucho más riguroso, preciso y frecuente (pues el estatal es cada 10 años). Esto les permite conocer mejor las necesidades de los mozambiqueños.

El Laboratorio focaliza su trabajo en la investigación de la lucha contra la malaria. A su vez, tiene distintas secciones (parasitología, bacteriologóa, microbacteriología, etc.), para poder ampliar su campo de acción en el estudio de otras enfermedades. Cabe destacar que pudimos ver el parásito de la malaria al microscopio.

Posiblemente el departamento de Clínica sea el que más ayuda a los enfermos a corto plazo. Este departamento surgió como apoyo a un centro de salud lozalizado en la acerca de enfrente. El centro realiza diagnósticos y autopsias gratis, y colabora con recursos humanos y materiales.

Después de terminar el recorrido por el centro con nuestras batas blancas y con 10 minutos de retraso, regresamos al restaurante donde todos los expedicionarios nos encontramos de nuevo para acudir a las exposiciones.

Sergi nos explica el concepto de “círculo vicioso” entendido en el marco de pobreza-enfermedad, ya que cualquiera de los dos es la causa y la consecuencia de la otra. Nos comenta también, como el doctor Pedro alonso (en su día aprendiz del médico, novel de Medicina y reconocida fama mundial, el doctor Patarroyo) se encuentra al frente del centro y está en disposición de presentar una vacuna para la malaria en 2010. Noguera termina su exposición enseñándonos cómo el centro selecciona y gestiona los proyectos de investigación.

Los otros dos ponentes explican cómo actúa la malaria y el trabajo que lleva a cabo el centro en materia de VIH-SIDA, respectivamente.

En la ronda de preguntas clarificaron temas como el porqué de la vacuna del Doctor Patarroyo no había sido comercializada y sí desacreditada, explicando que en su elaboración el Doctor se había saltado ciertos pasos. Nos comentaron también que actualmente hay 15 proyectos de vacuna contra esta enfermedad, y que sólo se considera el mejor de todos ellos.

Seguidamente comemos unos bocatas de filete y jamón con queso, y partimos en autobús hacia Marracuene, donde se encuentra uno de los proyectos de colaboración de la Comunidad de Madrid, en concreto un gran complejo, para un barrio de 6000 personas, con escuela, panadería, taller de mecánica y costura, etc.

Jugamos, prácticamente toda la expedición, un partido de fútbol con los chicos del barrio. Entonces una suculenta cena, después de la cual escribo esta crónica.

Bruno

JORNADAS EN LA RESERVA BIOSFERA DE LA SIERRA DEL RINCÓN
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JORNADAS EN LA RESERVA BIOSFERA DE LA SIERRA DEL RINCÓN

Este pasado fin de semana las dos ediciones de Madrid Rumbo al Sur han sido invitados por la reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón y la Asociación de Amigos de Doñana.
El viernes por la tarde llegamos a Montejo de la Sierra donde los alcaldes de los cinco municipios de esta sierra, nos recibieron explicándonos la riqueza de biodiversidad natural y ejemplo de cómo se debe gestionar un entorno natural.
El profesor Javier Castroviejo, premio nacional de medioambiente y presidente de la asociación Amigos de Doñana nos impartió una conferencia magistral sobre la reserva de la biosfera de la sierra del rincón y la importancia del medioambiente a nivel mundial.
El Director General de la Consejería de Medioambiente de la Comunidad de Madrid, Luis del Olmo Flórez, los Alcaldes de Horcajuelo de la Sierra, Montejo de la Sierra, La Hiruela, Prádena del Rincón y la Puebla de la Sierra y el quipo técnico de la reserva de la biosfera dirigido por la bióloga Elena de Mingo nos dieron la bienvenida.
Ángel Sevillano, jefe del parque del grupo GERA de los bomberos de la Comunidad de Madrid y oriundo de este Valle, nos explicó el recorrido de la marcha de ascensión hasta el pico de la Cabra a más de 1830 metros sobre el nivel del mar que el sábado íbamos a recorrer.
Después de una buenísima caldereta para cenar y de visitar Montejo todos dormimos en las escuelas municipales.
El día 24 amanece despejado, hace frio  -4 grados bajo cero en el exterior, nos hace ponernos en marcha rápidamente, desayunamos y todo el grupo nos dirigimos a recorrer los montes de la reserva.
Después de una marcha de más de 4 horas y de haber coronado el pico de Peña la Cabra, desde donde se podía ver la reserva, Navacerrada, Peña Lara, la Bola del Mundo, los pantanos y al fondo Madrid con sus grandes torres.
Los Alcaldes, el director general de Medioambiente, Luis del Olmo y todo su equipo, repusimos fuerzas en Montejo. El sol de la tarde tibio de finales de otoño nos despedía de esta sierra, donde todo Madrid Rumbo al Sur agradece la increíble acogida y hospitalidad que nos ha brindado este enclave único a solo una hora de la capital de España.
Prometemos volver, dando de corazón las gracias por estas increíbles jornadas que sirvieron para que las dos ediciones de Madrid Rumbo al Sur conozcan mejor que también en su comunidad quedan sitios únicos por descubrir.
A todos los chicos/as de las dos ediciones de Madrid Rumbo al Sur y a todo el equipo que acudió a estas jornadas muchas gracias.
Os animamos a visitar la reserva de la biosfera de la sierra del Rincón a todos, podéis informaros mejor entrando en su web  www.sierradelrincon.org