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Crónicas 704

4 Julio 2012

Jaime Martínez de UbagoJuan Fernández Cenamor
Monitor y profesor de música de la expedición – Crónica 4.07.2012

Una vitoriana de Chamberí, pequeña por fuera, ordena con su presencia el más caótico de los lugares. Un mercado africano. A todos conoce y todos la conocen. Y la respetan. Y la quieren. Cabeza de seis mujeres admirables y catorce más convirtiéndose en ello. Más que admirables. Este mundo es mejor porque ellas están aquí. Era peor cuando aún no estaban, y será peor si algún día no están.

Pequeña. Pero fuerte y tenaz. Seca y cariñosa a la vez. Entera y buena. Buena todo verdad. Buena sin sombra de afectación. Nos cuenta una historia, que con su vida ha escrito. Una historia de llegadas difíciles que ella cree fáciles. De 41 años de trabajo incansable. Una historia de djou-djou, de hechiceros y espíritus, del gambe, de madres e hijos. De vidas inevitables y muertes que debieron ser evitadas. De más madres. De más niños a los que hoy ya no se lleva nadie. De muertes que hoy ya no matan, porque ellas están aquí. Serenamente, sin sensiblería que asome, llora con recuerdos que tienen ya mi edad. Y entonces nos divide en dos; los que hemos podido controlar la emoción, y los que no habéis podido. Pero era la misma.

Quiero contar quién lo ha hecho, pero no me dejan. Ellos no me dejan. Que tu mano derecha no sepa lo que ha hecho la izquierda. ¿Puedo usar nombres falsos? Puedes. Gracias a Carlos, Pablo, Rocío, Mamen y Elena, una mujer vive y podrá ver crecer al niño que parió hace dos días en la selva.

Hoy sólo quisiera pedirle al Dios en el que nunca creo, que me diera un reflejo de la fuerza y bondad que todos demuestran, casi sin saberlo.

Expedicionario MRS 2012 – Crónica 4.07.2012

Después de hacer el ejercicio desayunamos y atendemos a la charla de las Siervas de Maria del centro de salud de Bamenda. En 2003 se puso en funcionamiento este centro hospitalario atendiendo con un personal menor a una decena de personas a una cifra que ronda los dos mil pacientes al mes. La mayoría de pacientes son tratados de SIDA, malaria, tifus, o son mujeres que vienen dar a luz.

Vamos andando al mercadillo de Bamenda. Todos los dueños de los puestos nos saludan con amabilidad. Vendían de todo y en pésima conservación. Toda una vaca a tu disposición recorriendo sólo cuatro puestos. En uno te venden la cabeza, en el otro las pezuñas enteras, en el siguiente la cola, y en el último de ellos la carne restante. Las moscas se posaban en la carne ante los ojos de los mercaderes que no hacían nada para evitarlo.

Después nos han cambiado el dinero, de euros a francos, 661 equivalen a un euro, es ínfimo el valor de esta moneda. Regatear es entretenido, atrevido y un poco arrogante, no obstante aquí es el sistema para establecer los precios que siempre nos presentan más caros a los blancos. Para hacerse una idea, una camiseta que vale 2000, la querían vender a 5000.

Hay varias cosas que como extranjero me han llamado mucho la atención: la primera sorpresa es común en todos, la facilidad con la que niños y mujeres cargan sobre sus cabezas platos enormes con cualquier tipo de cosas como alimentos, sobre todo el plátano. En segundo lugar, también ha despertado mi curiosidad que aquí no hay edad para trabajar; dos niños se ponen de puntillas en este mismo momento para poder sobrepasar la mesa en la que venden cacahuetes. Por último, lo que más me ha impactado es que en toda la mañana en el mercadillo no ha aparecido vagabundo ninguno. En Madrid a cada 300 metros te encuentras con uno.

Todo es diferente a un mercado en la “civilización…” ¿Es pobreza? No lo sé… Aún así la alegría se dejaba caer en las caras y manos de la gente. Sus miradas, ya fuesen mercaderes o paseantes, eras receptivas y amables, y sus bocas siempre dejaban escapar una sonrisa sin ningún esfuerzo. El ambiente era único. Muchas palabras con las que describir está atmósfera de Bamenda: desordenada, pero sin llegar a ser un caos. Amable, sin rencor, colorida, ruidosa, musical, sucia pero sin apestar. Y sobre todo risueña. En mi vida había oído tantas carcajadas en un tiempo menor a tres horas.

Aún no he asimilado este viaje, está llenando mi sangre de algo nuevo.

P.d. Dedicado a Marina Castrillo, (Ganadora del concurso de fotográfia de Senegal 2011, volverá a MRS en el 2013.) por presentarme la oportunidad de cumplir uno de mis sueños, sentir África.

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