¿Dónde está mi corazón?

Mi pasaporte ahora tiene dos sellos: uno de entrada a la República Dominicana el pasado 20 de Julio y muy a mi pesar, otro de salida con fecha de hoy, 5 de Agosto.

Ayer visitamos la ciudad de Samaná donde nos recibió la alcaldesa de la ciudad. Nos acogieron con bailes típicos del país acompañado de un discurso, en él la anfitriona dijo: “espero que la República Dominicana haya tenido el suficiente impacto en su corazón como para que quieran volver”.

El problema: yo ya no sé dónde está mi corazón. Un trozo se quedó en la visita a Cometas de la Esperanza y su labor con los niños buzo, otro cacho está en un pueblo de Barahona con la niña del vestido rosa, también se quedó en el pico Duarte. Sin duda, gran parte lo tienen mis compañeros rumberos y otro siempre ha estado con mi madre.

Recordando lo que digo la alcaldesa, tengo claro que este país me ha cambiado y algún día volveré para que mi corazón se reencuentre con las partes de él que siempre estarán aquí.

Cristina Santacreu
Expedicionaria ERS 2021

 

El último día mi expedición

El último día de expedición, el ir y venir de los expedicionarios recogiendo sus macutos, la organización introduciendo todo el material en los camiones rumbo al aeropuerto. Desde el momento en el que abres los ojos notas que algo ha cambiado, el ambiente es distinto todo el mundo tiene ganas de reencontrarse con sus seres queridos, pero nadie quiere dejar atrás todo lo vivido. Pasados los primeros compases de la mañana empiezan a circular los cuadernos de tus compañeros pidiéndote unas palabras de despedida, en este momento te haces plenamente consciente de que en menos de 24 horas te vas a separar de la gente con la que has convivido día y noche durante 16 días, amigos que se han convertido en parte de tu familia y gente que eran completamente desconocidos, ahora compartís una historia que os acompañará el resto de vuestra vida.

Si ya era duro el viaje de vuelta lo es más aún los días venideros, son unos días en los que te sientes vacío, desorientado, exhausto, has pasado de tener mil cosas que hacer, más de ciento veinte historias por conocer, a despertarte en tu casa, en tu cama, recién duchado, con el desayuno esperándote en la cocina y rodeado de tu familia. Aunque la alegría por el regreso es innegable, el hueco que deja toda la gente que has conocido no es sencillo de llenar. Ahora solo toca mirar hacia delante y poner Rumbo a una nueva aventura.

Julio Ayala Maya
Expedicionario ERS 2021

 

Ya estamos de vuelta en España y en mi caso de camino a la playa; mirando el paisaje no puedo evitar pensar en los contrastes entre ambos países, presentes en las diferencias entre el paisaje tropical, verde y frondoso de República Dominicana y el paisaje seco y amarillo español.

Sin embargo, estos contrastes también están presentes en otros aspectos como las ciudades, la manera de vestir de la gente y la forma de ser de las personas, que es una de las cosas que más me ha sorprendido de este maravilloso país.

Hemos tenido la oportunidad de conocer una cultura que tiene mucho que enseñarnos. Los dominicanos son personas cercanas pero sobre todo son personas llenas de vida, personas que son capaces de exprimir cada día al máximo y disfrutar de cada momento. Siempre con una sonrisa y acogiéndonos en cada lugar que visitamos como si fuésemos su familia.

Son personas que ponen el amor hacia los demás por encima de todo, y que a pesar de las dificultades, nunca dejan de confiar en que las cosas saldrán bien.

Esta manera de afrontar la vida, me hace replantearme la forma de vivir que tenemos en España, creo que en este lado del Atlántico a veces nos faltan esas ganas, porque a pesar de ser nosotros los que en teoría tenemos más facilidades para vivir mejor, son ellos los que son más felices.

Este viaje me ha servido para darme cuenta de que no es más feliz el que más tiene sino que debemos buscar ser felices con poco; que con una mochila y cuatro camisetas se puede ser feliz; y que como nos comentó un padre dominicano hay más en el dar que en el recibir y así lo hemos comprobado estos días.

Muchas gracias por todo,

Inés Ferrer
Expedicionaria ERS 2021

¿Y tú, qué harás cuando lleguemos a españa?
Fue la pregunta que se oía los últimos días entre todos nosotros.
Ya han pasado 24 horas desde la vuelta a nuestra realidad y es como si te despertaras de un sueño del que no te querías despertar.
Hace 18 días embarque en una nueva aventura con ciento y pico chicos de la misma edad.
vuelvo atrás y me imagino en el avión hace 18 días muerta de nervios y sin saber lo mucho que me impactaría este viaje.
No voy a mentir, el despertarte sobre las cinco y media, seis de la mañana, el pasar hambre y sed y la incertidumbre del día a día fue duro a veces,  pero de alguna  manera ahora mismo daría todo por volver y eso es  lo bonito y extraño de rumbo al sur.
Durante la expedición hemos hecho cosas inolvidables como ver caimanes, bailar bachata, marchas, subir el pico más alto del país , charlas, dormir en sitios imaginables, ir a playas paradisiacas jugar con niños y mucho más.
Ya estamos de vuelta en casa con duchas, comida y una cama cual no hemos visto en 18 días, pero daría todo eso por la esterilla, las duchas en el mar y mi ración diaria de chope.
No podemos volver a República Dominicana pero todos los recuerdos los guardo como la mejor experiencia de mi vida.

Jimena Conde
Expedicionaria ERS 2021

 


17:30h y solo has comido una barrita a pachas con tu compa desde el desayuno de las 7:00h. El hambre aprieta.

3:00h y y te encuentras de madrugada poniendo la mosquitera entre bostezos y traspiés del cansancio. Cierras los ojos y oyes “Diana, Isla de la Española, buenos días, todos arriba.” Solo han pasado 3h pero parecen que fueran un par más (o no).

10h de bus parecen minutos entre siestas mal dormidas, intensos debates, acordes de ukelele y risas, muchas risas.

10h de ascensión al Duarte quizás no fueron tan breves mientras cruzabas “El arrepentimiento” bajo tu capa de agua con el diluvio universal cayendo sobre ti.
Pero sí lo fueron cuando tocamos el cielo de las Antillas después de 30km y bandera dominicana ondeante al amanecer.

65 días tardan en eclosionar los huevos de las tortugas marinas de la Bahía de las Águilas. Pero en apenas media hora la luna y el sol se dan la mano sobre sus aguas caribeñas.

La última vez que supiste qué día era te dirigías a Barajas con dos macutos a la espalda y, de repente, te duchas con agua caliente – o sencillamente te duchas -, bebes de algo que no es una cantimplora con arena y dejas de sentir el suelo bajo tu espalda cada noche.

Es la magia de España Rumbo al Sur, el tiempo se dilata y se contrae de forma extraordinaria. Pobres los ilusos que pensaron que Rumbo había llegado a su fin.

Buen viaje, amigo rumbero. Esto no ha hecho más que empezar.

El 6 de agosto de 2021 era, sin nosotros saberlo, el primer día del resto de nuestras vidas; las vidas rumberas.

Una vez rumbero, siempre rumbero.

Laura Correa
Expedicionaria ERS 2021

 

No quepo.

Una palabra un tanto inusual en el día a día. Yo, en cambio, la he utilizado hoy al menos tres veces ya.
“No quepo” le decía ayer a mi binomia cuando montabamos la mosquitera compartida. Utilizando de apoyo las mochilas de ambas. Misión: no morir acribillados por los mosquitos.

“No quepo” le decía al dominicano que me ha echado una mano en la cueva subaquatica de las pozas. Una cueva que te conducía río arriba hacia las cascadas de agua cristalina.

“No quepo” me digo a mí misma mientras escribo esta crónica bajo la luna llena. Los pies hundidos en la arena blanca y salpicados por el agua caribeña a las tantas de la mañana.

No quepo en mí, mi alegría no cabe en mí.

El sonido de las olas romper acompaña al reflejo de la querida luna.

“No quepo” pienso mientras plasmo en un cuaderno lleno de recuerdos mi felicidad al estar en la orilla de una playa paradisíaca mientras los demás expedicionarios duermen.

Un cuaderno, mar y felicidad. Porque no cabe más alegría en mí, no quepo.

Maider Aranguren
Expedicionaria ERS 2021

 

Hay lugares de los que no se vuelve y este es uno de ellos. Parte de mi se ha quedado ahí, parte de ellos se ha venido conmigo, como una astilla en el corazón, una cuenta pendiente (con el lugar, conmigo misma).
He conocido la vida, he visto cómo se aferra al mundo, cómo lo inunda todo, incluso la he visto nacer. La vida se nutre de vida y se nutre de muerte. La he visto en su forma más pura, en su estado más salvaje, más natural, la he visto sin filtros, la he visto desnuda, sin edulcorantes, la he visto real, cruel, inocente.
Miro a través de la ventana del autobús y veo un paisaje infinito, que asciende al cielo en tonos verdes, y que limita con el suelo de tono marrón donde se posan las plantaciones de caña de azúcar y hogares hechos de madera y chapas metálicas. Viviendas bajas, de muy poca amplitud y muy endebles a simple vista, sin agua corriente, pocos muebles donde se apilan objetos básicos, y de las paredes cuelgan telas de color y fotos. Son casas en las que todo se comparte, desde la comida, hasta la intimidad. Animales de granja merodean con libertad y pies descalzos corren tras una pelota. Todo inundado por la luz y vegetación. Desde la distancia se puede respirar la felicidad, la tranquilidad y sencillez del lugar.
Miro al interior del autobús y todo son sonrisas, personas que expiran felicidad, entonando al unísono una de esas canciones que mueve masas. Nadie piensa en mañana ni en ayer, todos contemplan el paisaje pasar y se miran a los ojos en cada estribillo. Y ahí sentada, esto lo es todo para mi: tengo el pecho lleno. Me doy cuenta de que la belleza habita en lo sencillo, de que la felicidad viene de lo pequeño, de lo admirable que es saber fascinarse con lo conocido de manera ingenua, encontrar la adrenalina en la paz.
Daniela Azpiroz
Expedicionaria ERS 2021