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Crónicas expedicionarios 4 agosto

Vistas desde la ventanilla de mi vehículo
Día 11 de la expedición España Rumbo al Sur.
Nada más abrir los ojos, tras un breve aseo personal  desayuno emprendemos nuestra ruta hacia Debre en convoy, formado por tres autobuses, dos camiones de carga, tres furgonetas, una camioneta y 170 almas.
Una buena amiga de nuestra expedición decidió constituir hace tres años aproximadamente una fundación para apadrinar niños en colaboración con los salesianos residentes en Debre.
Es el primer día desde que llegamos que experimentamos un calor tórrido con una humedad también alta. Los etíopes pasean por las calles y carreteras con parasol.
La primera parada viene impuesta por nuestros conductores que desean tomarse una taza de café que les ayude a afrontar una nueva jornada de conducción. El lugar es bien conocido por lo visto, y parada obligatoria para transeúntes y conductores. Podríamos decir que es la Casa Pepe del Despeñaperros etíope, pero el local carece de nombre. Su especialidad es una ensalada de papaya con zumo de lima recién exprimida muy refrescante que no dudamos en degustar. El paréntesis ha merecido la pena.
Continuamos por pueblos de la región Amhara donde la inmensa mayoría es musulmana. El cristianismo tiene una presencia residual. Desde antes de llegar a los pequeños núcleos de población podemos divisar desde la distancia el minarete de las mezquitas coronadas por la luna y la estrella. A pesar de la diferencia de moral no denotamos cambio alguno en la arquitectura.
A ambos lados de la carretera divisamos fértiles minifundios con cultivos de maíz y caña de azúcar principalmente, y durante kilómetros vemos numerosos dromedarios que dejan descansar, al menos en este área, a los sacrificados asnos etíopes.
En un control de carretera sin sentido, un grupo de militares u hombres vestidos como tales detienen nuestra expedición usando como barrera una cuerda sostenida por dos de ellos sentados a un lado y otro del camino. A su lado, más de veinte menores de unos diez años venden hojas de chá, planta psicotrópica de uso extendido entre la población. En la parada ante la barrera, que finalmente franqueamos, extiendo el brazo y reparto entre algunos de los niños trozos de caña de azúcar que he comprado kilómetros atrás y que toman con gran alegría. Quizás les sirva de pausa para volver a disfrutar momentáneamente de la infancia que parecen haber dejado atrás.
Tras dos controles más atravesamos un río abandonando tierras amharas para adentrarnos en Sumer Shoar, gran región etíope de devoción mayoritariamente cristiana, donde hablan un dialecto diferente: otro más entre los 82 existentes en toda la nación.
En los primeros pueblos observamos como las mujeres visten elegantes y conservan limpias sus prendas coloridas y mayoritariamente estampadas. Los hombres más jóvenes visten occidentalizados, y no tan pulcros y sólo los ancianos mantienen la estética más conservadora. Los niños juegan con objetos elaborados por ellos o por sus padres, siendo el más común un palo que hace correr un aro o una rueda, aunque también se divierten zurriendo látigos. Aprovecho para dar a un zagal una revista-cómic con la esperanza de que despierte en él el deseo de aprender nuestra lengua española y poder entenderlo algún día.
Cada vez que atravesamos un pueblo o ciudad, no es raro ver numerosas mesas de villar americano, algún futbolín y mesas de ping-pong en el exterior de locales donde sirven café y bebidas. Entretenimiento mayoritariamente practicado por jóvenes varones entre 17 y 28 años mientras los más jóvenes miran y aprenden.
Tras la comida hacemos una nueva parada para visitar una colonia de babuinos Gelada, que se mezclan con cabras, ovejas y pastores en la cima de una montaña, pero huyen al vernos como desconocidos que somos interruptores de su rutina. Al mismo tiempo el conductor de mi vehículo me obsequia con unas ramas que recoge de un arbusto etíope llamado motes, de largas hojas verdes e intenso olor que recuerda a la albahaca y a la menta. No es mala opción para combatir el fuerte olor a gasoil que desprenden nuestros vehículos.
Atravesamos Addis Abeba 35 kilómetros antes de llegar a nuestro destino y el conductor me indica presumido dónde vive: una vivienda moderna que nada tiene que ver  con lo visto estos días pasados, y me habla orgulloso de su familia. Así son las conversaciones en las largas travesías, donde a uno le da tiempo hablar de casi todo.
Finalmente logramos nuestro objetivo y atravesamos las puertas de la misión salesiana donde nos asentaremos durante dos noches y un día. Aún nos queda mucho que ver y, antes de que acabe, ya deseo que nuestra aventura se alargue aún más en el tiempo.
Fernando Passage

Ojalá siempre, Rumbo al Sur
Si me dijeran cómo calificar España Rumbo al Sur de alguna forma, sería como una montaña rusa de emociones. Hay días en los que uno se siente lleno y completo y otros en los que simplemente no paras de preguntarte qué haces tan lejos de casa.
Sin embargo, si hay algo que este viaje me ha dado ha sido una pequeña familia donde me siento cómoda, integrada, pero sobre todo feliz; y que además, hace que te encuentres como en casa haciendo que todo parezca mucho más fácil.
A pesar de llevar ya 10 días aquí, este país no para de dejarme sin palabras, con sus increíbles paisajes repletos de ese característico color verde en cada rincón, esos puntuales cielos estrellados que iluminan hasta la noche más oscura y esas personas que lo habitan que te regalan sonrisas sin pedir nada a cambio. Ya vamos por el ecuador de esta maravillosa experiencia, que parece que no tuvo un principio pero que desgraciadamente, sí que va a tener un final. Así que sólo espero seguir aprendiendo y disfrutando de cada momento de la aventura.
Fiona Rojo Acero

Once días han pasado
y seguimos sin ducharnos.
Las toallitas nuestros grandes aliados,
poco a poco se van terminando,
pero ya estamos acostumbrados
a la suciedad y a no limpiarnos.
El dormir cuatro horas cada noche
hace que el sueño se vaya acumulando,
las ojeras aumentando
y nuestros caretos empeorando.
Pero aquí seguimos los rumberos
con la moral bien alta,
con sonrisas en la cara,
esforzándonos al máximo,
cantando en los buses, alucinando con los paisajes ,
aprendiendo de lo que nos enseña este país,
abriendo nuestra mente y corazón,
disfrutando de cada minuto en Etiopía
y haciendo de la expedición
una experiencia inolvidable.
Julia Caballero y Victoria de la Fuente

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